jueves, 25 de junio de 2009

LA VALQUIRIA DE PLACIDO DOMINGO. Palau de Les Arts. 24/06/09


El Palau de Les Arts de Valencia fue testigo anoche, de nuevo, de una jornada wagneriana épica. La representación de “Die Walküre”, dentro del segundo ciclo del “Anillo del Nibelungo” se esperaba con gran expectación por varios motivos. El primero de ellos era el gran éxito obtenido en la función del día 16, correspondiente al primer ciclo. El segundo, era la retransmisión del evento en directo a ocho ciudades europeas y a la propia ciudad de Valencia donde se había instalado una pantalla gigante junto a la Catedral.
El tercer motivo se llamaba Plácido Domingo. El tenor madrileño se presentaba a sus 68 años en el coliseo valenciano dispuesto a afrontar el difícil papel de Siegmund, haciendo pareja con la “extraterrestreEva-María Westbroek como Sieglinde.

Si nos atenemos a la respuesta del público, hay que concluir que las expectativas existentes se cumplieron sobradamente. La abarrotada platea se mostró absolutamente enardecida ante el espectáculo ofrecido y jaleó con entusiasmo, no sólo al madrileño, sino a todo el elenco vocal, a la magnífica Orquesta de la Comunitat Valenciana con Zubin Mehta al frente, y a Carlus Padrissa y La Fura dels Baus.

Y es que, sin duda, tuvimos anoche la oportunidad de asistir a otra función mágica, redonda, y emocionante de Arte (con mayúscula), que ni siquiera se vio empañada por la actuación inmisericorde de la abanicadora del 4º piso con su permanente “riiiis, raaas” con golpeado en la zona mamaria incluido.

La noche comenzó con un retraso inusual (más de diez minutos), no sé si por problemas con la retransmisión del evento o con el retraso de alguna autoridad; y con una buena noticia (que Milling me perdone) cuando anunciaron que Stephen Milling sería sustituido por Matti Salminen en el papel de Hunding.

El viejoSalminen no defraudó, y de nuevo asombró con su tremenda voz, componiendo un Hunding que ya es de referencia.

Eva-María Westbroek volvió a maravillar. Toda una lección de canto e interpretación de la holandesa. Es la encarnación misma de la belleza del arte operístico. Ya no se puede decir nada mejor de ella. Es Sieglinde y punto. Quien quiera aprender a cantar el papel que la vea y escuche. No digo más. Bueno, sí: Le ruego a Les Arts que hagan lo imposible por traer de vuelta a Valencia a la Westbroek cuanto antes.

Brillantísimo se mostró también el Wotan de Juha Uusitalo, que volvió a bordar su monólogo del acto segundo, toda una exhibición de cómo transmitir cantando los pensamientos, desbordando expresividad y matización, consiguiendo unos pianísimos de ensueño. Me cautiva el final de ese acto, cuando mata a Hunding con el gesto de desprecio marcado en el libreto acompañado de un “Geh'!... Geh'!” (¡vete!... ¡vete!) que no canta, sino apenas exhala en un golpe de aliento. Llegó el finlandés al acto tercero en plenitud vocal, logrando transmitir con su ancha voz toda la evolución del personaje, desde el Wotan iracundo y vengativo, al compasivo padre que mira a los ojos de su hija por última vez. ¡Bravísimo, Uusitalo!

Jennifer Wilson cada vez se muestra más convincente en el rol de Brünnhilde, especialmente en “Die Walküre” (ya veremos como responde el sábado en “Siegfried”). Se movió por los agudos con total seguridad, pero, sobre todo, ofreció en el acto tercero todo un recital de canto expresivo y emocionante, a pesar de acusar un tanto el cansancio en el tramo final.

Tanto la Fricka de Anna Larsson como las valquirias, me gustaron más que el día 16. Así como también me dio la impresión de que la Orquesta sonó más cálida y menos contundente.

La estrella de la noche, Plácido Domingo, hizo gala de su todavía muy generoso caudal, bello timbre y centro espectacular. Su voz no es la misma de hace 20 años (lógicamente, porque si no habría que llamar directamente a Roma para su canonización), pero sigue manteniendo una considerable frescura. En el primer acto pasó algún problema con los agudos y su fraseo denotaba síntomas evidentes de cansancio y problemas de fiato, llegando a desconcertar en algún momento a la orquesta a la que le costaba seguirle. Sus “Wälse!” fueron cortos, pero bastante dignos, especialmente el segundo.

El segundo acto de Domingo fue espectacular. Mucho más acorde a su estado de voz actual y a su estilo de canto, le permitió exhibirse en un derroche de canto ligado y lirismo asombrosos.
En presencia escénica y dominio de las tablas sigue sin tener rival. Dramáticamente, su actuación y la de Westbroek fueron impecables.

Su Siegmund, como en general los personajes wagnerianos que ha cantado, tienden a tener ese toque ‘a la italiana’ que caracteriza al madrileño. Un “Siegmund alla carbonara” quizás, pero rebosante de una poesía que se adapta perfectamente a la lectura impuesta por Mehta de la partitura.

¿Que emplea trucos para ocultar carencias?, pues sí, pero eso también hay que saber hacerlo con dignidad y pulcritud, y lo que nadie puede discutirle es el heroico arrojo de enfrentarse al personaje a los casi 70 años de edad. Y si, además, consigue hacer vibrar todavía de emoción al público (y a fe mía que lo consiguió), no sólo no hay que criticarle, sino que merece que nos quitemos el sombrero y nos hinquemos de hinojos en su presencia.

La calidad tan excepcional de lo vivido estos días nos lleva a preguntarnos, como dice hoy Fedora en su emocionada crónica: "¿y después de esto, qué?".

Para finalizar os dejo este video de Plácido Domingo junto a Waltraud Meier en el final del primer acto de "Die Wälkure" en el Teatro Real de Madrid en 2003:


video de Onegin65

Aquí podéis leer las crónicas de Fedora, Titus, Maac y Papagena.

lunes, 22 de junio de 2009

GRÜMMER CANTA MOZART


Hoy comienza en el Palau de Les Arts, con “Das Rheingold” el segundo ciclo de la tetralogía wagneriana “El Anillo del Nibelungo”, en el marco del II Festival del Mediterrani. Tras haber asistido al estreno de “Götterdämmerung” y a “Die Walküre” del primer ciclo y haber constatado la inmensa calidad de la propuesta musical presentada, se me avecinan unos días de enorme emoción y pasión wagneriana.

Para relajar un poco la cosa he querido traer hoy aquí la delicada voz de la alemana Elisabeth Grümmer cantando Mozart. Una auténtica exhibición de frescura, naturalidad y sentida poesía que espero que os guste.

En primer lugar podemos escuchar su interpretación del aria “Ach ich fühl’s” perteneciente a “La Flauta Mágica” del Festival de Salzburgo de 1956:


video de iforgeti

A continuación podemos ver a Grümmer, junto a Antón Dermota, en el “Non mi dir” del “Don Giovanni” del Festival de Salzburgo de 1954 dirigido por Wilhelm Furtwängler:


video de baritonoguapo

Por último, escucharemos la maravillosa interpretación de Elisabeth Grümmer del Lied "Abendempfindung", sobre un texto de Joachim Heinrich Campe:


video de PoppoliDiTessalia


ABENDEMPFINDUNG (SENSACIÓN NOCTURNA) K.523

Abend ist's, die Sonne ist verschwunden,
Und der Mond strahlt Silberglanz;
So entfliehn des Lebens schönste Stunden,
Fliehn vorüber wie im Tanz.

Bald entflieht des Lebens bunte Szene,
Und der Vorhang rollt herab;
Aus ist unser Spiel, des Freundes Träne
Fließet schon auf unser Grab.

Bald vielleicht (mir weht, wie Westwind leise,
Eine stille Ahnung zu),
Schließ ich dieses Lebens Pilgerreise,
Fliege in das Land der Ruh.

Werdet ihr dann an meinem Grabe weinen,
Trauernd meine Asche sehn,
Dann, o Freunde, will ich euch erscheinen
Und will himmelauf euch wehn.

Schenk auch du ein Tränchen mir
Und pflücke mir ein Veilchen auf mein Grab,
Und mit deinem seelenvollen Blicke
Sieh dann sanft auf mich herab.

Weih mir eine Träne, und ach! schäme
dich nur nicht, sie mir zu weihn;
Oh, sie wird in meinem Diademe
Dann die schönste Perle sein!

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Es de noche, el sol ha desaparecido
y la luna irradia un brillo de plata;
así huyen las horas más bellas de la vida,
pasan fugaces como en un baile.

Pronto huirá la abigarrada escena de la vida,
y el telón caerá;
se acabó nuestra representación, las lágrimas del amigo
corren ya sobre nuestra tumba.

Pronto, quizás, - un sosegado presentimiento
sopla hacia mí, como suave viento del oeste-
terminaré mi peregrinar por esta vida
y volaré al país del descanso.

Si entonces lloráis junto a mi tumba
y veis, entristecidos, mis cenizas,
entonces ¡oh, amigos! me apareceré a vosotros
y soplaré impulsándoros hacia el cielo.

Regálame también tú una lagrimita
y coge una violeta para mi tumba,
y con tu mirada llena de vida
mira abajo, suavemente hacia mí.

Conságrame una lágrima y ¡ay!,
no te avergüences de consagrármela;
¡Pues ella será entonces la perla
más bella en mi diadema!


Traducción de Simón Nevado 2005

jueves, 18 de junio de 2009

DIE WALKÜRE (Richard Wagner). Palau de Les Arts 16/06/09


A pesar de tener entradas para el segundo ciclo de la tetralogía del “Anillo del Nibelungo”, que empezará a representarse la próxima semana, el martes decidí asistir a la función de “Die Walküre” (La Valquiria) correspondiente al primer ciclo. Mi motivación principal era el interés en escuchar al tenor alemán Torsten Kerl en el papel de Siegmund, rol que desempeñará Plácido Domingo el próximo día 24.

Las perspectivas eran muy buenas, con un elenco de cantantes de gran nivel a priori. Yo no había visto en directo ni a Torsten Kerl ni a Eva-Maria Westbroek, pero tanto las grabaciones que había escuchado de ellos como las referencias obtenidas, hacían presagiar una gran velada de ópera con la maravillosa música compuesta por Richard Wagner.

Al final el resultado no fue el esperado.
Fue muchísimo mejor. Una grandiosa noche, llena de intensas emociones. Una función donde todos los dioses del Walhalla parecían haberse conjurado para que los allí presentes no olvidásemos nunca la fecha del 16 de junio de 2009. De hecho, cuando esto escribo, sigo profundamente conmovido por el espectáculo musical vivido el martes. Hacía muchísimo tiempo (por no decir nunca) que no asistía en directo a una representación con todos los cantantes a un nivel tan alto. Realmente aquello parecía una competición a ver quién lo hacía mejor y, según discurría la obra, en lugar de ir a menos, se seguían superando.

Este impacto emocional me llevó en principio a pensar que no iba a escribir sobre la representación. Simplemente porque me sentía incapaz de encontrar adjetivos apropiados. Sabía que, escribiese lo que escribiese, me quedaría muy lejos de poder transmitir todo lo que merecerían los tremendos artistas que nos obsequiaron con su infinito talento.
Pero aún así me parecía injusto dejar sin reseña un espectáculo como el vivido el martes. Sólo pido benevolencia ante mi pobreza expresiva si no soy capaz de analizar todo lo ocurrido ni trasladar toda la emoción sentida.

Sobre la puesta en escena de Carlus Padrissa y La Fura dels Baus, poco hay que decir. Más de lo mismo. Sin que suene peyorativo. Ya conocíamos su propuesta y la llevamos viendo estos últimos años. Siempre he dicho que me parece positiva y especialmente adecuada a las dos primeras entregas de la Tetralogía. Los defectos, los de siempre. Demasiada distracción visual y poca dirección escénica de actores. Pero hoy no es día de hablar de defectos.

La Orquesta de la Comunitat Valenciana, cuya calidad creciente nunca me canso de alabar, con Zubin Mehta al frente, funcionó mucho mejor que en el reciente “Götterdämmerung”. Volvió el director indio a abusar un poco del volumen, lo que se notó especialmente en la escena de las Valquirias que quedaban un tanto tapadas cuando no se movían por el registro agudo. Su sección de cuerda volvió a maravillar y ofreció algunos momentos excelsos, como el preludio y la escena final del primer acto, con cuyo último acorde el teatro no sólo prorrumpió en aplausos, como suele ser habitual, sino en un auténtico estallido de bravos, un grito unánime, apasionado, sin que el público pareciese querer descanso alguno.

La pareja Siegmund (Torsten Kerl) – Sieglinde (Eva-María Westbroek), estuvo inmensa. Perfecta. Su rendimiento es casi imposible de superar.
Torsten Kerl compuso un Siegmund impecable. Con más expresividad de la que suele hacer gala habitualmente. Mostró su conocida facilidad para el agudo, y lo que más me sorprendió de él fue su increíble dominio del registro grave, donde se movió con una autoridad y nitidez extremas.

Eva-Maria Westbroek merece, desde ya, un altarcito en Les Arts y sentida veneración. Su Sieglinde fue excelsa. Para mí, sin duda, la gran sorpresa de la noche. Me conquistó totalmente. Su atractivo timbre oscuro refulgió esplendoroso a pleno volumen en esas proyecciones sobrehumanas que exhibió la holandesa. La expresividad de su canto y su derroche actoral contribuyeron a que saliéramos convencidos de que ella ERA Sieglinde. Mostró cierta tirantez en el agudo, marca de la casa, pero su canto es un puro hechizo.

Os recomiendo visitar aqui la entrada que ha hecho Maac sobre la Westbroek, donde podéis escuchar como canta, entre otros papeles, el de Sieglinde.

Jennifer Wilson, no sé si motivada por la calidad de la pareja del primer acto, estuvo también deslumbrante. Sus agudos fueron limpios y seguros, y la entrada en escena de Brünhilde fue apabullante, con unos “¡Hojotoho!” perfectos. Pero es que además la valquiria-palo de otras ocasiones se movió en escena con soltura y derrrochó expresividad en su canto, con un fraseo impoluto, elegante, bellísimo.

El veterano Matti Salminen, vestido a lo Chewbacca, fue un malvado Hunding que, una vez más, enamoró a la platea con su profunda y poderosa voz y su presencia escénica. La anécdota de la noche estuvo en el traspiés que dio al tropezar con una de las tibias que conformaban su hogar y a un pelo estuvo de darse tremendo morrón.

El Wotan de Juha Uusitalo en las anteriores ocasiones que le había visto, sin llegar a estar mal, no me había convencido del todo. Pues bien, Uusitalo también dio lo mejor de si mismo y fue un Wotan de grandísimo nivel. Mostró una voz consistente y bien proyectada que supo administrar inteligentemente. Sus larguísimos 20 minutos de monólogo del segundo acto fueron espléndidos, desbordantes de riqueza expresiva y capacidad de matización, culminando con un “Das Ende” estremecedor. Dotó por fin al personaje de todo el carácter que requería.

Anna Larsson como Fricka fue la que menos brilló de los solistas principales, pero cumplió dignamente, como también lo hicieron las 8 Valquirias pese al volumen orquestal y tener que cantar subidas en unas grúas que no cesaban de moverse arriba y abajo.

La ovación final fue auténticamente apoteósica, quizás la más intensa que he escuchado en Les Arts, con todo el público puesto en pie reconociendo la excelencia del espectáculo ofrecido.

Ante tanta emoción y descarga adrenalínica costaba luego conciliar el sueño, pero ¿para qué quería dormir si ya estaba soñando?. Soñando que en Valencia habíamos visto una “Die Walküre” digna de Bayreuth.

Para finalizar os dejo con un fragmento del comienzo del Acto III, la cabalgata de las valquirias, en el ensayo general de hace dos años en Les Arts:



video de iTubeVlc

domingo, 14 de junio de 2009

BLUE NOTE. 70 años del mejor Jazz


El mítico sello discográfico "Blue Note Records" cumple 70 años. Con motivo de tal efemérides se va a sacar a la venta la próxima semana un doble libro-CD titulado ´Essential Blue Note´que recoge algunas de las interpretaciones de sus figuras más representativas. Como en toda recopilación, la selección puede ser discutible y hay quien afirma que ha primado más el interés comercial en vender los nuevos artistas de la casa que en hacer un verdadero recopilatorio de las versiones originales de los temas que hicieron famosos a muchos de los que hoy son auténticas leyendas del jazz y que grabaron en 'Blue Note' sus principales trabajos.

En cualquier caso, la propuesta parece interesante y sólo por disfrutar de momentos como este "I guess I'll hang my tears out to dry" con Dexter Gordon al saxo, vale la pena:


video de daalmelo

Curiosamente, este sello discográfico, paradigma del jazz norteamericano, fue creado en 1939 por dos inmigrantes alemanes, Alfred Lion y Francis Wolff. El primer éxito lo obtendrían con la grabación que hizo el saxofonista y clarinetista criollo Sidney Bechet del tema “Summertime”, perteneciente a la ópera “Porgy and Bess” de George Gershwin, el cual podemos escuchar a continuación:


video de kolargool

A mediados de los años 40, 'Blue Note Records' pasa de grabar un jazz más tradicional a hacerse eco de los nuevos intérpretes de be-bop, conviertiéndose en toda una referencia entre los músicos de jazz, tanto por el buen trato que les dispensan en la compañía, donde les pagan incluso los ensayos, como por constituir el cauce de expresión de una generación emergente de jóvenes músicos, todavía desconocidos, que no encontraban acogida en las grandes discográficas de la época. Allí grabaron sus primeros trabajos gente como Bud Powell, Art Blakey, Lou Donaldson, Sonny Rollins o Miles Davies.

Una de las figuras emblemáticas de 'Blue Note' fue el extraordinario pianista Thelonious Monk. Cuando en 1947 lanzó “Round Midnight” no obtuvo la comprensión de los críticos ni de un público que lo recibió de manera un tanto fría. Años más tarde, el tema de Monk alcanzaría la consideración que merecía, y hoy en día se le considera una de las cumbres del género:


video de brucutu30

Los años 50 y principios de los 60 constituyen la época dorada del sello, y por allí pasarán nombres como Duke Ellington, Count Basie, Freddie Hubbard, John Coltrane, Jimmy Smith, Herbie Hancock o Wayne Shorter.

En 1966 'Blue Note' será absorbido por "Liberty Records" y en los 80 pasará a formar parte de "EMI Records", volviendo a resurgir tanto con la reedición de antiguas grabaciones como con la incorporación de nuevos talentos como Bobby McFerrin, Cassandra Wilson, Eliane Elias, Patricia Barber, Norah Jones o Diane Reeves, a quien podemos ver aquí cantando “Lullaby of Birland” en el Teatro Massimo de Palermo junto a la Orchestra Jazz Siciliana:


video de TheBrassGroup

Para finalizar os dejo con todo un clásico también incluido en el CD conmemorativo de Blue Note, nada menos que Billie Holiday y su versión de “Blue Moon”:


video de whatuswattingat

jueves, 11 de junio de 2009

ERICH W. KORNGOLD: "Das Wunder der Heliane" y "Die Kathrin"


Hace poco hablé aquí de “La canción de Marietta”, perteneciente a la ópera de Erich W. Korngold “Die Tote Stadt” (La ciudad muerta), su obra más famosa hoy en día.

Sin embargo, el propio Korngold consideraba que su mejor ópera era “Das Wunder der Heliane” (El milagro de Heliane) (1927), un trabajo musicalmente muy exigente, escrito algunos años después. La obra se encontró con el rechazo crítico de sus contemporáneos que la consideraban música “antigua” por responder a unos cánones melódicos que no eran precisamente lo que estaba en boga entonces, donde imperaban las composiciones más audaces caracterizadas por el atonalismo.

El aria más conocida de la ópera es “Ich ging zu ihm”. En ella, Heliane comparece acusada de adulterio ante el tribunal, tras ser sorprendida desnuda en la celda de un condenado a muerte, y explica que ha permanecido fiel y que tan sólo quiso ofrecer al prisionero una última visión de la belleza en su cuerpo desnudo. Podemos escucharla a continuación interpretada por Renée Fleming junto a la BBC Philharmonic Orchestra, bajo la dirección de Gianandrea Noseda. Es notable el modo en que va creciendo la intensidad orquestal gradualmente para acabar en un exhuberante derroche musical que es dificil que no emocione:


video de Onegin65

En 1935, tras haber iniciado su aventura americana en la composición de bandas sonoras con “El sueño de una noche de verano”, Erich W. Korngold regresa a una Europa políticamente convulsa y comienza a componer su ópera “Die Kathrin”. Entre idas y venidas a la meca del cine, continúa trabajando en su obra, la cual estrenó finalmente en Estocolmo en 1938, no pudiendo estrenarse en Austria hasta 1950. La ópera, con libreto de Ernst Decsey se basa en la novela “The maid from Aachen” de Eduard Jacob. Aquí podemos escuchar de nuevo a Renée Fleming, la BBC Philharmonic Orchestra y Gianandrea Noseda, interpretar el aria "Ich soll ihn niemals, niemals mehr sehn". En ella, la protagonista se ve obligada a escribir una carta a su reciente enamorado instándole a no verse más por imposición del señor para el que trabaja. Una delicada y bella melodía con ciertos rasgos mahlerianos al inicio e inequívocos recuerdos a “la canción de Marietta” de “Die Tote Stadt”:


video de Onegin65

Por último, quiero dejaros otro de los momentos de intenso lirismo de “Die Kathrin”, se trata de “Wanderlied” (la canción del vagabundo), que traigo aquí en la sensacional voz del tenor esloveno Anton Dermota. Espero que lo disfrutéis tanto como yo:


video de Addiobelpassato

viernes, 5 de junio de 2009

CYD CHARISSE. La grandeza del cine musical


Tula Ellice Finklea nació en Amarillo (Texas) el 8 de marzo de 1921. Desde muy pequeña recibió clases de ballet, llegando a formar parte a los 14 años de la compañía de ballet ruso de Sergéi Diágilev, donde bailaron nombres como Pavlova o Nijinsky.

Su nombre artístico, Cyd Charisse, proviene del apelativo cariñoso, Sid (de sister), con el que se dirigía a ella su hermano, y del apellido de su primer marido y profesor de baile, Nico Charisse, con quien contrajo matrimonio a los 18 años, y tuvo a su hijo Nico. Rota su relación, tuvo un breve romance con el multimillonario Howard Hugues, y en 1948 se casó con el actor y cantante Tony Martín, con quien permaneció unida durante 60 años, hasta el día de su fallecimiento. Un hecho verdaderamente inusual en Hollywood.

Comenzó en el mundo del cine participando como bailarina en papeles secundarios, generalmente exóticos, de películas musicales, algunas de ellas importantes como “Ziegfeld Follies” o “The Harvey Girls” (ambas de 1946).

En la Metro Goldwyn Mayer necesitaban bailarines y se enteraron que Cyd procedía de una compañía de ballet, así que le propusieron hacer una prueba. Al finalizar charló unos minutos con el productor Arthur Freed quien le dijo: “¿qué te parecería tener un contrato de siete años?”
“No sé” –respondió Cyd, entre apocada y sorprendida.
“Búscate ya un agente” –le espetó Freed- “estás contratada”.

Gene Kelly se fijó en ella y le propuso intervenir en la escena del “Broadway Melody Ballet” en “Cantando bajo la lluvia” (1952). Ahí cambiaría definitivamente el curso de su carrera. Hechizó al gran público con sus largas piernas y su aire provocativo de vampiresa rebosante de carnalidad, mientras danzaba en perfecta conjunción con Gene Kelly. Es inolvidable el plano en que Kelly, con un chaleco amarillo, se desliza por el suelo y se topa, a la altura de sus ojos, con la inacabable pierna de Cyd Charisse que sujeta, en la punta del zapato, un sombrero:


video de roquitoyyo

Estando un día en el plató ensayando, llegó Fred Astaire. Se dirigió lentamente hacia ella, mirándose en el espejo y a ella alternativamente. Charisse, conocedora de las manías de Astaire, se percató de que éste estaba comprobando si ella era demasiado alta para él, así que disimuladamente fue encogiendo sus rodillas para parecer más pequeña. Al poco de marcharse Astaire, Arthur Freed le dijo: “Cyd, tienes el papel, no le has parecido demasiado alta”. Así, pasaría a protagonizar otro gran éxito, “The Band Wagon” (Melodías de Broadway) (1953). Un musical absolutamente fantástico con algunos números inolvidables, como este “Girl Hunt Ballet”:


video de maryad4

Gracias a la repercusión del film, Charisse pasó a protagonizar otros musicales de primera linea como las maravillosas “Brigadoon” (1954) y “Siempre hace buen tiempo” (1955), ambas junto a Gene Kelly. De esta última podemos ver aquí la escena del baile en el gimnasio rodeada de boxeadores:


video de jgportilla

Después vino su participación en la que es una de mis películas favoritas. Posiblemente el último musical clásico de la época dorada de Hollywood, y que, curiosamente, fue también la última película musical que rodaron tanto Charisse como Fred Astaire. Se trata de “Silk Stockings” (La Bella de Moscú) (1957), una versión musical del film “Ninotchka”, dirigida por Rouben Mamoulian, con música de Cole Porter. La película, pese a su mensaje maniqueo y fascistoide, es de una belleza inigualable.
Cuenta con unos actores en estado de gracia: un Peter Lorre, ya muy mayor, pero desenvolviéndose a la perfección en un papel cómico; un Astaire, en plenitud de facultades, deslizándose con esa elegancia que sólo él sabía imprimir al movimiento de sus zapatos; y nuestra Cyd Charisse, bellísima y sensual como nunca, realizando una solvente interpretación tanto de la fría y racional camarada comunista Ninotchka, como de la delicada mujer cautivada por el amor, la belleza y las medias de seda (ahí es nada).
La escena en que se viste tras las cortinas con esas medias, y su baile con Astaire a los sones del conmovedor “All of you” compuesto por Cole Porter, son para mí dos de los momentos cumbre del cine musical. El último número, en el que Fred Astaire baila un precoz rock and roll vestido con sus antaño característicos bastón y sombrero de copa, y donde acaba machacando éste en el suelo, es todo un símbolo del final de esa mágica etapa del cine clásico musical que él contribuyó tanto a hacer grande. Lamentablemente no hay muchos videos disponibles en la red de la película por problemas de derechos, así que nos contentaremos con ver el trailer:


video de fredastairevault

Con los años 60 y el final del musical clásico, Charisse se centró en su familia y en papeles de corte más dramático, tanto en cine como en televisión. De esta época debe destacarse su participación en la película “Dos semanas en otra ciudad” (1962), dirigida por Vincente Minelli y coprotagonizada por Kirk Douglas, donde Cyd demostró su altura como actriz y que era mucho más que un par de piernas bonitas que se movían con elegancia.

El próximo día 18 se cumplirá un año del fallecimiento de esta gran actriz y bailarina, que se marchó tal y como vivió, discretamente, en silencio, con dignidad, alejada de la locura y falsedad del oropel Hollywoodiense.

Fred Astaire dijo: “Cuando has bailado con ella nunca lo olvidas”. Yo añadiría: “y cuando la has visto bailar, tampoco”.

Finalizo con otro de esos grandes momentos que nos dejó Cyd Charisse, el maravilloso baile en Central Park, junto a Fred Astaire, de la canción “Dancing in the Dark”, en la película “The Band Wagon” (Melodías de Broadway) (1953):


video de allnewj2008

lunes, 1 de junio de 2009

GÖTTERDÄMMERUNG (Richard Wagner). Palau de Les Arts. 30/05/09


Muchas caras conocidas en el Palau de Les Arts para asistir al estreno de “Götterdämmerung” (El Ocaso de los Dioses), la tercera y última jornada de la Tetralogía “El Anillo del Nibelungo” de Richard Wagner, que inauguró el II Festival del Mediterrani. También se vio mucho agropijismo e invitado de gorra, tras el regalo masivo de entradas que llevaron a cabo en Casa Helga los últimos días para evitar la visión de un patio de butacas con demasiados huecos en un estreno de esta categoría.

La puesta en escena de Carlus Padrissa y La Fura dels Baus siguió la línea de lo ya visto en el Prólogo y dos primeras jornadas del Anillo. El espectáculo visual sigue siendo sumamente impactante y está claro que La Fura puede gustar o no, pero a nadie deja indiferente. Yo me declaro en el primer grupo, pese a los reparos que siempre pueden hacerse.

Lo peor, a mi juicio, de este “Götterdämmerung”, fue el momento “boda de Siegfried” donde la estética cursi y de regalitos de boda cayendo del cielo, cuanto menos puede calificarse de inapropiada. Discutible fue también el funeral de Sigfried por el patio de butacas, que sólo colaboraba a descentrar al público en un momento musicalmente sublime. Por el contrario, el viaje por el Rhin y el comienzo con las Nornas tejiendo, me parecieron fascinantes.

Es criticable que tal derroche de medios visuales no se acompañe de una mayor atención a la dirección artística y a trabajar más los movimientos de los actores, quienes muchas veces parecía que no supieran dónde dirigirse entre tanta pantalla y miembros de La Fura por medio.

La decisión de colgar de los pies al tenor en un momento dado y hacerle cantar boca abajo, no puede justificarse en el burdo simbolismo que posiblemente se pretendiera para hacer ver que Siegfried obraba contra su auténtica voluntad, lo cual el libreto ya especifica suficientemente, sin necesidad de aumentar el martirio de los intérpretes.

Pese a todo, a mi el conjunto me sigue pareciendo muy interesante, innovador y a la vez plenamente apropiado para la obra wagneriana, a la que arropa, casi siempre, eficazmente, colaborando a dotar de magia visual la excelsa maravilla musical creada por el de Leipzig.

De la Orquesta de la Comunitat Valenciana, afortunadamente, no cabe sino volver a reiterar sus óptimas prestaciones y máxima calidad, con una sección de cuerda extraordinaria.

Zubin Mehta nos volvió a deleitar con su percepción de la obra que ya mostró en el Prólogo y dos primeras jornadas, destacando los perfiles más líricos de la misma, con un viaje por el Rhin absolutamente antológico. En la inmolación final el director ralentizó notablemente el tempo, no sabemos si a petición de una Jennifer Wilson que empezaba a mostrar signos de cansancio. Abusó Mehta un tanto de los volúmenes en algún momento, sobre todo en alguna escena del Coro, el cual ofreció, como siempre, lo mejor de sí, pese a las exigencias de la partitura y los requerimientos sonoros de la dirección musical.

Entre los solistas, Jennifer Wilson fue, con justicia, la gran triunfadora de la noche. Compuso una Brünnhilde excepcional, de referencia, con un poderío vocal tremendo, especialmente en el registro agudo, sin perder la capacidad de matización, mejorando notablemente respecto a su intervención del año pasado en “Siegfried”. Tan sólo se le podría reprochar que llegó a la inmolación mostrando cierto agotamiento, así como su hieratismo interpretativo.

El otro gran triunfador fue el Hagen del bajo Matti Salminen. Un veterano cantante de quien no vamos ahora a descubrir sus inmensas cualidades, que volvió a deslumbrar con la potencia, profundidad y limpieza de su voz, mostrando un dominio absoluto del personaje. Un auténtico lujazo.

Lance Ryan decepcionó mucho como Siegfried. Si ya el año pasado se pensaba que Leonid Zakhozhaev no era un Siegfried adecuado, ayer Ryan hizo bueno al ruso. Mostró volumen y entrega, pero su voz carece de brillo y presentó una exagerada nasalidad, que incitaba a enchufarle un par de inhaladores en sus napias.

Muy correcta estuvo Elisabete Matos, la reciente Turandot del mes pasado, como Gutrune, así como Franz-Josef Kapellmann como Alberich. Menos me gustó el Gunther de Ralf Lukas en lo vocal y algo más en lo interpretativo.

Muy dignamente defendieron también sus papeles Daniela Denschlag, Pilar Vázquez y Eugenia Bethencourt, como las Nornas, y Silvia Vázquez, Ann-Katrin Naidu y Marina Prudenskaya como las hijas del Rhin.

Cerrada ovación al finalizar para todo el elenco, tras casi 6 horas de representación, con especial intensidad para la Orquesta, Salminen y, sobre todo, la inmensa, en todos los sentidos, Jennifer Wilson.

Podéis leer aquí la crónica de Titus, aquí la de Mei y aquí la de Joaquim.

Y ahora a esperar el Anillo completo. Mientras tanto nos quedamos escuchando la Marcha del Funeral de Sigfrido, interpretado por la Orquesta Philharmonia dirigida por Otto Klemperer:


video de strophicus