miércoles, 8 de diciembre de 2010

"DIE WALKÜRE" ABRE LA TEMPORADA EN LA SCALA


Ayer 7 de diciembre, día de San Ambrosio, fiel a su cita anual, el Teatro alla Scala de Milán abrió su temporada operística. En esta ocasión lo hizo por todo lo alto con una propuesta musical de envergadura como es “Die Walküre” (La Valquiria) de Richard Wagner, Primera Jornada de la tetralogía “El Anillo del Nibelungo” que, junto al “Das Rheingold” estrenado el pasado mes de mayo, y “Siegfried” y “Götterdämmerung” previstos para los próximos años, se pretende llegar a 2013, cuando se cumple el 200 aniversario del nacimiento de Richard Wagner, año en el que se quiere representar el ciclo completo, con esta coproducción entre el recinto milanés y la Staatsoper Unter den Linden berlinesa, que cuenta con la dirección musical de Daniel Barenboim y la puesta en escena del belga Guy Cassiers.

De nuevo, los humildes mortales que no podemos (ni queremos) pagar 2.400 inmorales euros por una incómoda butaca milanesa, pudimos asistir a la representación a través de la retransmisión en directo a cines de todo el mundo. Eso sí, con olor a palomitas y sonido de sorbetones de refrescos de cola… Peaje inevitable.

Conocedor de esa repercusión mundial del evento, Daniel Barenboim aprovechó la ocasión para sorprender a los ilustres asistentes al coger un micrófono y dirigirse a ellos agradeciendo su condición de Maestro Scaligero y, desde esa condición y en nombre de todas las personas que trabajan en los teatros de Italia, manifestar la preocupación por el futuro de la cultura en ese país y en Europa, y finalizó leyendo el artículo 9 de la Constitución italiana:


video de oneginrol

Sé que algunos criticarán que ese alegato a favor de la cultura se produzca en una función en la que el precio de un asiento es el doble del sueldo mensual de un trabajador, pero a mí me pareció un gesto digno de aplauso que honra al maestro Barenboim.

Pero bueno, yendo a la crónica de la función, he de comenzar diciendo que, a pesar de los reparos que se pueden hacer y haré, en general disfruté muchísimo con esta “Die Walküre”, gracias a Barenboim y a un reparto femenino antológico.

La dirección escénica de Guy Cassiers, continúa sin ser nada del otro mundo, pero me gustó más que la del “Das Rheingold” que vimos en mayo. Critiqué especialmente en aquel momento la permanente presencia de mimos y bailarines epilépticos, medio en bolas, alrededor de los cantantes, que entorpecían el seguimiento de la acción sin aportar nada. Esta vez, ese cuerpo de espontáneos molestos ha desaparecido completamente, lo cual ya es muy de agradecer.

En el aspecto negativo seguiría consignando la oscuridad excesiva del escenario que, aunque en los cines queda mitigada por los primeros planos, me temo que en el teatro, después de pagar los famosos 2.400 euros, tendrías que recurrir a la ONCE para que te fuesen contando lo que pasaba en escena.

La escenografía fue muy simple. El primer acto la casa de Hunding estaba representada por un cubo con paneles corredizos, lográndose un gran impacto visual con el juego de luces y sombras. La entrada de la primavera, por el contrario, me pareció paupérrimamente resuelta.
En el segundo acto la cosa no mejoró. Unas horribles estatuas de caballos y una bola giratoria en medio de una lúgubre oscuridad fue todo el sustento de las dos primeras escenas. Más me gustó la resolución del bosque creado con unas láminas en las que unas proyecciones creaban unos efectos interesantes.
En el tercer acto, la oscuridad fue a más y la escenografía a menos, unas cajas apiladas y unas barritas rojas colgantes constituyeron toda la propuesta en este acto final donde las proyecciones visuales cobraron mayor protagonismo, especialmente en la cabalgata y la llegada de Wotan.

Y es que probablemente haya un excesivo énfasis en la faceta visual de la propuesta de Cassiers, dejando en un segundo plano el concepto de dramaturgia. La dirección de actores fue muy pobre e, igual que ocurría con el Anillo de La Fura, estuvo más centrada en fortalecer ese impacto visual que en construir un ensamblaje dramático que sea el auténtico sostén de una propuesta en la que los elementos psicológicos y las relaciones entre los distintos personajes cobren auténtico sentido y sean los que diseñen su personal adaptación del drama wagneriano.

El vestuario me pareció espantoso y risible, con esas Valquirias envueltas en absurdas e incómodas gasas y tafetanes y sobre todo con un ridículo Wotan-Camarón de la Isla que era imposible que con esas pintas se hiciese respetar.

En definitiva, y a pesar de todo, la dirección artística no me molestó (a diferencia de en “Das Rheingold”), aunque no me pareció que aportara nada de nada. Pero en cualquier caso, era lo menos importante de la noche.

La dirección musical de Daniel Barenboim fue lo que empezó a ser verdaderamente crucial. De nuevo el bonaerense volvió a dejarnos boquiabiertos con su extraordinaria sabiduría musical. Desgranó con mano maestra el rico colorido orquestal de la partitura wagneriana, en una versión sin alardes exhibicionistas, muy lírica, llena de sentido y ajustada a las características del cuerpo vocal que tenía sobre el escenario. Los aspectos más líricos fueron resaltados con una inteligencia enorme, sin caer en lo empalagoso ni romper la tensión dramática, proporcionando el acento preciso en cada momento para crear las atmósferas requeridas. La poesía y belleza que consiguió extraer Barenboim de la Orquesta, ayer muy voluntariosa con unas maderas excelentes, fue magistral.

El reparto vocal elegido para abrir la temporada milanesa era de auténtico lujo, aunque hubo que lamentar la ya previamente anunciada cancelación de René Pape. Tenía un gran interés por haber escuchado el Wotan de René Pape en esta “Die Walküre”. Ya dije en mayo, cuando comenté “El Oro del Rin” de esta producción, que Pape me había gustado, pero no me había llegado a impresionar tanto como me esperaba y que para calibrar su Wotan habría que escucharle en esta Primera Jornada. Pero al final no pudo ser, Pape canceló y en su lugar asumió el rol el joven ucraniano Vitalij Kowaljow.

Kowaljow, que ya debutó el papel en la Ópera de Los Ángeles, tenía aquí una excepcional oportunidad para lanzar su carrera, con miles de espectadores pendientes de esta inauguración de la temporada scaligera. Al presunto bajo ucraniano no se le puede reprochar que no lo intentara, pero resultó evidente que no estuvo al nivel del acontecimiento, desluciendo bastante en comparación con sus acompañantes femeninas. Tiene una voz rica, profunda, de timbre cálido, pero con una fea tendencia a la nasalidad. Su dicción fue horrible y se afeaba más con el énfasis que ponía en las erres, posiblemente para ayudar la emisión. Su fraseo resultó monótono y plano. En los graves pasó enormes apuros para hacerse oír, los agudos se estrechaban cada vez más, le costaba matizar y llegó al final agotadísimo. Ciertamente no se le puede negar su entrega, y cumplió dignamente para esta misión sobrevenida, con un buen comportamiento escénico pese a su hieratismo gestual y el look Príncipe Gitano que le endosaron, pero su Wotan está a años-luz del que pienso que podría haber ofrecido Pape.

Para compensar, Nina Stemme fue una Brünnhilde excelsa. Pese a que soy rendido admirador de esta cantante, no esperaba que su interpretación me convenciera y emocionara tanto. Pensé que el papel podría venirle grande, pero la grande fue ella, convirtiéndose desde ya mismo en una Brünnhilde referencial. La homogeneidad de su voz es absoluta y desplegó un fraseo bellísimo con el que supo transmitir a la perfección el crecimiento psicológico del personaje. En el escenario desborda intensidad, siendo capaz de combinar con credibilidad los momentos de dramatismo más desgarrado con el lirismo más sublime. Su tercer acto fue grandioso y el momento de la noche para mí fue su frase “ihm innig vertraut”, en ese tercer acto, donde cogiendo la nota en pianísimo la sostuvo hasta lo imposible, mientras incrementaba poco a poco la intensidad de la emisión al tiempo que hacía lo propio toda la orquesta. Instante glorioso que, junto al abrazo con el padre, valen por toda la función. Es complicado decir de alguien que estuvo perfecto, pero yo me atrevería a decir que lo estuvo.

Y Waltraud Meier no se quedó atrás, componiendo una Sieglinde magistral, llena de emoción, con un dominio absoluto del plano actoral, demostrando que continúa siendo una cantante-intérprete de las que ya quedan pocas, con extrema sensibilidad y expresividad. Su escena de las alucinaciones del segundo acto quedará para el recuerdo. En lo vocal, su centro permanece bellísimo, cálido y envolvente, y sus agudos, con su característico trémolo, estuvieron muy lejos de ser chillados, dejando un tema de la “redención por el amor” que erizó el vello de toda la Lombardía. La encarnación del personaje que hace la alemana es irreprochable y su voz conserva una frescura y fuerza admirables. Bravísima.

La mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova, como Fricka, fue la sorpresa de la noche. Mostró una bellísima voz oscura y homogénea que manejó con muchísimo gusto y su fraseo fue perfecto. La única pega, no achacable a ella, es su juventud que hacía que pareciese la hija de Wotan y Brünnhilde.

Simon O’Neill fue el encargado de dar vida a Siegmund. El cantante neozelandés tiene una voz en exceso lírica para este papel que, hoy por hoy, le queda grande, mostrándose incómodo en la zona grave, donde tendía a engolar. Pero es que además ayer debía tener un mal día (de hecho hace menos de una semana se anunció que estaba enfermo) y, aunque algunos agudos fueron buenos y su control del fiato le permitió lucir unos “Walse!” largos, su voz presentó una nasalidad exagerada, mostró incapacidad total para el matiz y en un par de ocasiones galleó de forma descarada, estando todo el segundo acto al límite mismo de romper la voz, a lo Heppner, sufriendo muchísimo y haciéndonos sufrir a todos en cada intervención. Una lástima, porque los dúos con Sieglinde y con Brünnhilde, con otro tenor más apropiado, podrían haber sido históricos.

El veterano Sir John Tomlinson, a quien hemos podido escuchar en numerosos papeles wagnerianos, entre ellos el de Wotan, se encargó en esta ocasión del papel de Hunding. Su voz está seriamente desgastada y su fiato es mínimo, pero su experiencia dramática le permitió dotar al personaje de cierta autoridad.

Las ocho Valquirias estuvieron correctas, comportándose mejor en conjunto que individualmente.

La realización de la retransmisión volvió a disgustarme profundamente, continuando con una enfermiza obsesión por el primer plano y un absoluto desconocimiento de dónde se desarrollaba la acción. Y el sonido también fue muy defectuoso con muchos ruidos y descompensaciones. Pero bueno, ya que nos ahorramos 2.400 euros, no nos quejaremos demasiado.

Al finalizar, el público scaligero se mostró mucho más benévolo que en otras ocasiones y apenas escuché un par de conatos de abucheo: a la dirección artística (muy minoritario) y al saludar Barenboim al comienzo del tercer acto (incomprensible). Discretos aplausos para los varones y fuertes ovaciones para las protagonistas femeninas, con aluvión de bravos para Daniel Barenboim y la Orquesta.

Ya se ha anunciado que para el San Ambrosio de 2011 nos esperará “Don Giovanni”. Para entonces aún queda mucho, de momento seguiremos paladeando el recuerdo de la excepcional Nina Stemme, otra escandinava más a unir al Valhalla de las Brünnhilde de referencia.

12 comentarios:

  1. Divina y bellísima la Meier, mi Sieglinde for ever. Extraordinaria Stemme, Brunilda niña y cálida con ojos de mar y piel de marfil. Impresionante Gubanova, espectacular, la adoro desde anoche.
    De los hombres salvo sólo al príncipe gitano, que me gustó mucho. El Siegmund daba angustia verlo, respiré cuando por fin lo mataron, y el Hunding momificado no podía ni con la lanza.
    El INMENSO Maestro Barenboim creó belleza como sólo el sabe hacerlo, y creó también ejemplo diciendo lo que todos hubiéramos querido decir. Una vez más gracias, maestro.
    La puesta en escena cutre a más no poder (Esos caballos... esas lámparas... pero qué invento es eeeesto???) salvo por el primer acto. Lo de las sombras me encantó.
    Y perdona lo telegráfico del comentario, pero es que le acabo de decir lo mismo a Joaquim y ya me duelen los dedillos... jajajaja

    Enhorabuena por la crónica y besitos :)

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  2. Querida Papagena, que gusto leerte. Veo que coincidimos bastante. Bueno, en todo menos en que te gustase el miembro ese de Kamela metido a Wotan. El chico se comportó dignamente, pero gustar, gustar...
    Gran descubrimiento la Gubanova.
    Y Stemme, Meier y el Maestro, dioses del Walhalla.

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  3. Aunque tu y Joaquim opinéis de manera distinta en algunos puntos de esta ópera, he disfrutado leyéndole a él y ahora lo hago dándote, Atticus, la enhorabuena por tu estupenda y completa crónica.
    A mí el tenor me gustó y está clara mi inexperiencia walkírica o walkiriana...Encontre monocorde y entregado a Wotan y las tres damas me entusiasmaron: Meier tan exquisita, Fricka, autoritaria y Brunhilde heróica y desobediente. Me he reído con lo Hunding y Benidorm en In fernem Land. ¡Ah! En el mismo In fernem he dejado constancia de que mi hermana, al ver a Wotan, nombró rápidamente a Camarón.
    Como siempre he devorado tu texto con la sonrisa preparada. Un placer.

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  4. Yo solo he visto una Walkyria y version de concierto, y el martes salí levitando. Por Wagner y por Stemme, y por los segundos de la frase que citas, y tambien mucho por Barenboim y la orquesta. Pero, ventajas de los nuevos, el conjunto también me gustó mucho. Aunque comprendo muchas de las criticas a la escenografia, oscuridad incluida, también ví cosas muy logradas. Pero lo que más me ha sorprendido es el palo que todos le dais a Kowaljow, que a mí me pareció perfecto... Tendré que hacerme una comparativa.

    Gloria: Yo también me acordé de Camarón nada más ver a Wotan, aunque no estoy seguro de sí se parecía aún más a alguien que no consigo recordar.

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  5. De verdad hubo refrescos y chuches en tu sala? a todas las sesiones de cineópera que he ido me he salvado de las pestilentas palomitas. Me ha encantado tu crónica, yo también disfruté mucho. Me pregunto pq es tan habitual la escena oscura en la Walkure.
    A pesar de un Wotan inexpresivo, la despedida padre hija me estremeció, aunque seguramente es mérito de Wagner. En cambio, pobre Siegmund, la entrada de la primavera me dejó fría. Maravillosas las tres damas. Todos visteis a Camarón, a mí Wotan me recordó al padre de Simba, con su melena y sus pieles..

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  6. Glòria: El tenor tuvo momentos bastante buenos y la obra es tan bella que es normal que te pudiera gustar, pero hay que reconocer que el hombre pasó unos apuros horrorosos siempre al límite de romper la voz.

    José Luis: Kowaljow hizo un papel bastante digno pero jugaba en una liga muy inferior a las féminas. Si este te pareció perfecto, con Pape en plenas condiciones podríamos haber salido flotando.
    ¿El recuerdo no sería al del centro de Los Chichos?

    Kalamar: Palomitas creo que no se comieron en la sala, el olor entraba del exterior de la zona común de los multicines, y lo del refresco tampoco suele ser habitual, pero esta vez en pleno diálogo romántico entre Siegmund y Sieglinde sonó el slurrrrpfffprrr del que se estaba apurando con la pajita el final de su bebida.
    El mérito de la emoción intensísima del momento de la despedida es básicamente de Wagner, pero el plus en esta ocasión lo pusieron Barenboim y cada uno de los gestos de Stemme.

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  7. Pues he estado mirando fotos y podría ser. De hecho es un recuerdo ambiguo; debe ser algo subconsciente, tendría que ir al Dr. Freud...

    Ahora lo que me inquieta es saber como reaccionaste ante el slurrrrpfffprrr: Grrrrrrrrrrr, mjmjjjjjmmmmmmmmmmm, o qué.

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  8. De acuerdo en todo lo que has comentado. Unicamente discrepo un poco (puede que sea por mi falta de experiencia en Wagner)en el Wotan de Kowaljow, que me gustó de voz però lo encontré poco expresivo. Por el resto coincido al cien por cien, sobretodo con Stemme, excelsa en todo momento.

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  9. José Luis: -con permiso de Atticus-
    ¡Ya está! ¿No te recuerda a Charles Bronson?
    Bien, la pregunta va para todos y se refiere, claro, a Wotan.
    Gracias Atticus.

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  10. SI!! Bronson+Camaron, mejorando lo presente

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  11. Podemos hacer un Frankestein entre Camarón, los Chunguitos, Bronson, el padre de Simba y como me dijo Dandini, que le había comentado la Sra. Dandini en el cine y creo que acertó totalmente, JAMES BROWN, yo creo que es el que más.
    Estupenda crónica "come d'abitudine", Atticus.

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  12. Jose Luis: Mi reacción al slurrrrpfffprrr fue un silencioso mecaguentoloquesemenea.

    Josep: Ahora que veo tu foto en el comentario, ya sé a quien me recordaba la persona que tenía sentada dos o tres filas detrás mío... a tí. Estuve dándole vueltas todo el rato, y nada. Y si estuviste en el cine Kinepolis de Valencia es que eras tú. Vamos, doy por hecho que eras tú, pero mi despiste me impidió saludarte. Espero que otra vez esté más despierto.

    Glòria: Muy bueno lo de Bronson...

    Joaquim: Y transmite a la Sra. Dandini mi más efusiva felicitación por el recuerdo a Brown. ¡Genial!

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