miércoles, 31 de marzo de 2010

WILSON Y ÁLVAREZ, AIDA Y RADAMÉS EN LES ARTS


Poco se sabe todavía de lo que nos deparará la temporada 2010-2011 en el Palau de les Arts. Como suele ser ya habitual en Casa Helga, mientras otros teatros de ópera hace tiempo que han anunciado su programación para la próxima temporada, aquí se guarda silencio. De todas formas, como ya he dicho en otras ocasiones, prefiero el silencio a que, como también suele ser Helgiana costumbre, donde dicen digo digan Diego.

La última marcha atrás, Chiquito’s style, ha sido la noticia de que Gianandrea Noseda finalmente no vendrá a Les Arts como principal director invitado del coliseo valenciano, pese al anuncio en tal sentido que hizo la Schmidt en febrero cuando presentó la contratación de Omer Meir Wellber como “sucesor” de Maazel. La propia Helga Schmidt comunicó el pasado día 24 que Noseda no vendrá finalmente a Les Arts “debido a la apretada agenda que tiene hasta 2014”. Y digo yo, ¿la apretada agenda no se conocía en febrero, o es que el anuncio de su contratación se hizo antes de tener cerrado el acuerdo?

Respecto a la próxima temporada, poco ha trascendido. Sí se ha dicho oficialmente que habrá una “Aida” en la que debutará Omer Meir Wellber en el foso valenciano, quien se alternará en la dirección musical con Lorin Maazel. Una oportunidad única, sin duda, para comparar la manera de abordar ambos una misma obra de peso.

Por lo que he podido averiguar, parece que la pareja protagonista será la formada por Marcelo Álvarez como Radamés y Jennifer Wilson como Aida.
Álvarez interpretará ese mismo papel en Londres este próximo mes de mayo, en una producción de la Royal Opera House con dirección artística de David McVicar, que todo parece indicar que podría ser la que venga a Les Arts.

Por su parte, Jennifer Wilson, exitosa Brünnhilde en el reciente “Anillo del Nibelungo” valenciano, debutó el papel de Aida en Australia el pasado mes de noviembre obteniendo unas críticas muy favorables.

También parece confirmado que se podrá ver “Eugene Onegin” de Tchaikovsky, siendo Wellber el encargado de la dirección musical, al menos en algunas de las funciones.

En cuanto al resto, nada se sabe. Se rumorea que podría haber una nueva incursión en el terreno belcantista con el donizettiano “L’ Elisir d'Amore”.

Lo que sí se ha anunciado oficialmente en la prensa chilena es que el Festival del Mediterrani de 2011 incluirá “Tosca”, con Cristina Gallardo-Domâs en el papel protagonista y Marcelo Álvarez como Cavaradossi, en una producción firmada por Jonathan Kent que ya se pudo ver en la Royal Opera House londinense hace unos años.

Por lo que respecta al Festival del Mediterrani de este año, aun no se sabe nada de cuándo ni cómo saldrán las entradas a la venta. Yo sigo con la duda de si finalmente Elina Garanca hará acto de presencia para interpretar “Carmen” junto a, otra vez, Marcelo Álvarez, pero es cierto que, a diferencia de lo que ocurría hace unos meses, ahora en la página de la cantante letona sí figura prevista su participación en dicho papel los días 18, 21 y 30 de junio. Ojala se confirme y podamos disfrutar de su excepcional voz.


Como ilustración musical de esta entrada me apetecía recordar la Brünnhilde que nos ofreció en Les Arts Jennifer Wilson, nuestra prevista próxima Aida, en el dúo del Preludio de "Götterdämmerung", acompañada por Lance Ryan y la Orquestra de la Comunitat Valenciana dirigidos por Zubin Mehta:



video de pelagohippos

sábado, 27 de marzo de 2010

"LA VIDA BREVE" y "CAVALLERIA RUSTICANA" - Palau de les Arts - 25/03/10


La del jueves fue una noche inolvidable. Otra de esas mágicas veladas que hemos podido vivir en el Palau de les Arts por obra y gracia del Maestro Lorin Maazel. Y van ya unas cuantas. Es un auténtico privilegio el poder disfrutar como lo estamos haciendo en Valencia de la genialidad sin parangón de este hombre. Sabemos que próximamente dejará la dirección musical del coliseo valenciano, por lo que cada ocasión de escucharle se valora doblemente y procuramos aprehender esos momentos absolutamente mágicos que produce su genio y que sabemos que permanecerán para siempre en nuestra memoria.

Se estrenaba en Les Arts el programa doble compuesto por “La Vida Breve” de Manuel de Falla y “Cavalleria Rusticana” de Pietro Mascagni. Lo primero que he de decir es que me parece un enorme acierto de programación el emparejar estas dos obras que, aunque a primera vista parezca que no tengan más semejanzas que su corta duración, combinan perfectamente, al constituir dos visiones mediterráneas distintas sobre una temática similar centrada en el amor, los celos y el engaño.

Ambas se presentaban con la dirección escénica de Giancarlo del Monaco. La de Cavalleria era la conocida producción del Teatro Real de hace unos años, que me sigue pareciendo una solemne estupidez, mientras que la dispuesta para la obra de Falla era una producción original del Palau de les Arts que me resultó francamente interesante.

Los primeros minutos de “La Vida Breve” no me acababan de convencer. La permanente iluminación roja, dos enormes muros móviles por todo decorado y la protagonista continuamente retorciéndose en escena, me producían un agobiante desasosiego, pero conforme avanzaba la obra todo cobraba sentido. Salud, la protagonista, se siente atrapada en un mundo obsesivo del que no puede salir pese a ser consciente de su fatalismo. La realidad de lo que ocurre se mezcla con los sentimientos, los temores, las pesadillas y el mundo interior de Salud. El segundo acto, además de fantásticamente resuelto, con una inteligente mezcla en escena de lo que ocurre y lo que siente Salud, me pareció muy bello estéticamente, con un círculo formado por los asistentes a la boda y la sombra de unos ventiladores incidiendo sobre el mismo. Quizás sólo sobrase ese detalle de la salida a escena de la cantaora crucificada que olía demasiado a gratuita provocación.

Me gustó mucho también el vestuario ideado por Jesús Ruiz, destacando el detalle de la entrada del Coro durante la pesadilla del intermedio, embozados en negros ropajes que, cuando empieza la fiesta, se transmutan en vistosos trajes camperos y vestidos de faralaes, contribuyendo a acentuar el contraste entre la realidad y el oscuro destino de Salud.

Si “La Vida Breve” se desarrollaba dominada por el rojo, la propuesta escénica de “Cavalleria Rusticana” lo estaba por el blanco (sólo faltaba el azul para completar la trilogía de Kieszlowski). Toda la obra se desenvuelve en un único decorado compuesto por enormes bloques de mármol blanco en lo que parece ser una cantera. Ya en su día no me gustó y ahora me sigue pareciendo una escenografía fea y absurda, sin que la dirección de actores contribuya a dotar de sentido a semejante idiotez, que alcanza la culminación cuando se presenta una procesión de Domingo de Resurrección con un Cristo con la cruz a cuestas, propio de Viernes Santo. No entiendo tampoco por qué es Mamma Lucia quien cierra la ópera, en vez de una corista, con el "Hanno ammazzato compare Turiddu". Pero, en fin, seguro que Del Monaco sabe lo que quería decir con todo eso y algún día nos lo explicará a los más torpes con su verbo fácil.

En el apartado musical quiero empezar destacando la nueva muestra de perfección que dieron los cuerpos estables de Les Arts. La Orquestra de la Comunitat Valenciana estuvo impecable, y si siempre suena bien, cuando el Maestro Maazel coge la batuta alcanza cotas difícilmente superables. Los cellos volvieron a emocionarme especialmente, con un par de breves solos de Rafal Jezierski antológicos.

El Coro de la Generalitat también alcanzó la perfección, tanto teatral como musicalmente, en ambas obras. El “Innegiamo” que ofrecieron en Cavalleria fue absolutamente inolvidable. Tan sólo hay que reseñar en el aspecto negativo, aunque no es algo achacable a ellos, que los coros internos del comienzo de “La Vida Breve” apenas se escuchaban. Sin duda la escenografía en forma de caja cerrada y el volumen implacable que Maazel imponía a la orquesta influyeron mucho en eso, pero, sabiéndolo, hubiese sido deseable un reforzamiento del Coro. Claro que aquí nos topamos también con la decisión de doña Helga Schmidt de recortar drásticamente este año la contratación de refuerzos para el Coro. Sin embargo, sí que se veían figurantes, que son más baratos, haciendo bulto junto a los miembros del Coro. No me parece de recibo que los recortes económicos recaigan en aspectos como éste que van en detrimento del resultado musical. Antes que eso puede usted ahorrar, doña Helga, en esos infectos canapés que se venden en los entreactos, o en el chorro de invitaciones que se reparten para que luego queden sus butacas vacías.

En cuanto a las voces solistas en "La Vida Breve", el papel protagonista de Salud recayó en Cristina Gallardo-Domâs. Por fin, actuó en Les Arts, tras las últimas cancelaciones en Turandot y Faust de la pasada temporada. Yo tenía bastante miedo ante lo que nos pudiese deparar su actuación. Sus últimas intervenciones y su delicado estado de salud no llamaban precisamente al optimismo, pero he de decir que me sorprendió muy agradablemente. Se mostró en una aparente perfecta forma física a pesar de estar todo el tiempo en escena. Vocalmente lució sobrada de volumen y con mucha seguridad en los agudos. Su voz sigue teniendo la conocida tendencia al chillido, vibrato acusado e inconsistencia en la zona grave, pero en este papel esas carencias se convirtieron en virtudes, contribuyendo a acrecentar el dramatismo del personaje.

Jorge de León tuvo una correcta actuación como Paco, pero no me pareció destacable, aunque el papel tampoco daba mucho juego, y no es descartable que estuviese reservándose para el magnífico Turiddu que ofreció posteriormente.

María Luisa Corbacho destacó como la Abuela, y Felipe Bou como el Tío Sarvaor, cumpliendo dignamente el resto del reparto.

Mención especial merece la excelente intervención del guitarrista Juan Carlos Gómez Pastor y la cantaora Esperanza Fernández, esta última flamenquísima, de voz contundente y sentida, llena de matices, y con un comportamiento dramático inmejorable.

Por lo que respecta a los solistas que intervinieron en “Cavalleria Rusticana”, la pareja protagonista resultó sobresaliente. Anna Smirnova presentó un canto acerado y temperamental, absolutamente metida en estilo, derrochando intensidad dramática y arrolladora pasión. Su voz, de enorme volumen, tiene un timbre que no me resulta del todo agradable y cuenta con el lastre de un acusado vibrato, pero en esta ocasión, igual que comentaba antes con Gallardo-Domâs, eso jugaba a favor del dramatismo del personaje.

Jorge de León constituyó para mí la sorpresa de la noche. Su Turiddu me pareció excelente. El tinerfeño tiene una voz grande, potentísima, en la que se suele echar de menos una mayor dosis de sensibilidad, pero Turiddu no precisa sensibilidad, requiere potencia, resistencia y técnica, de todo lo cual anduvo sobrado, aguantando perfectamente los tiempos lentísimos impuestos por Maazel. Es un cantante que tiene todavía mucho que trabajar y aprender, pero este papel le va como anillo al dedo.

Gevorg Hakobyan, fue un muy buen Alfio y María Luisa Corbacho estuvo espléndida como Mamma Lucia. Natalia Lunar discreta como Lola.

Pero todo lo anterior fue secundario. Lo verdaderamente importante de la noche fue el Maestro Maazel. Fue él quien hizo que la velada se convirtiese en un acontecimiento imborrable. Yo le miraba en el atril y me preguntaba si lo que movía en su mano derecha era realmente una batuta o una varita mágica. Es asombroso escuchar los sonidos que logra este hombre extraer de la orquesta cuando dirige.

Maazel ofreció una lectura de la obra de Falla, muy acorde con la propuesta escénica de Del Mónaco, potenciando los aspectos más pesimistas y oscuros de la partitura. Desbordándose la brillantez orquestal en la danza nº 1 del segundo acto, donde el maestro, pese a sus 80 años cumplidos, dirigió con inusitada vehemencia sobre el atril.

En “Cavalleria Rusticana” la genialidad de Maazel aún fue más lejos, retardó los tiempos hasta el límite (sobre todo en el momento del brindis “Viva il vino spumeggiante”), consiguiendo que cada sonido y detalle de la partitura refulgiesen como nunca, y todo ello sin perder la intensidad dramática ni caer en el vacuo efectismo.

El Intermedio de Cavalleria es uno de los momentos más bellos de la historia de la ópera, pero con la varita de Maazel se llegó aún más lejos, convirtiéndose en algo sublime, cercano al concepto mismo de divinidad. ¿Es exagerado?, pues sí, pero es que es imposible describir de otra forma lo que nos hizo sentir el Maestro.

Esa noche, en mi insomnio originado por la emoción, recordé lo que en su día dijese Bruno Walter de Von Bülow: "He visto en su rostro la luz de la inspiración y la energía, he sentido la potente fuerza de sus gestos, notado la atención y devoción de los músicos... Vi súbitamente claro que era él quien creaba la música, quien había transformado cientos de intérpretes en su propio instrumento”.

Como decía al principio, sabemos que, mientras el Alzheimer nos respete, momentos mágicos como los vividos el jueves permanecerán para siempre en nuestra memoria. Y somos felices de saber que algún día podremos decir: “yo escuché en directo el Intermedio de “Cavalleria Rusticana” de Maazel, y todos nos envidiarán.

Me hubiera gustado traer el audio de ese momento, pero el proveedor habitual se ve que quedose también en éxtasis y no cumplió, así que me he tenido que conformar con un video del Maestro dirigiendo en 2007 a la Symphonica d’Italia. No es lo mismo, ni mucho menos, pero bueno, para compensar a los que hayáis tenido la paciencia de leer hasta aquí, puede valer. ¡Pero haced ya el favor de sacar entradas para verlo en directo!:


video de supersupercucciolino

Podéis leer también las crónicas de Alfredo y FLV-M

miércoles, 24 de marzo de 2010

JAYME OVALLE. "AZULAO" y "MODINHA"


Jayme Ovalle (1894-1955) fue un músico, compositor y poeta brasileño, que pese a ser casi una institución en su país natal, apenas es conocido fuera de sus fronteras.

Su personalidad bohemia y extravagante llamaba la atención en un Brasil, de principios del siglo XX, marcado en el ámbito cultural por la eclosión de un puñado de artistas agrupados en torno al peculiar modernismo brasileño y los literatos de la llamada “Generación del 22”, donde destacaba especialmente el poeta Manuel Bandeira.

Ovalle se aficionó muy pronto a la música gracias a su hermana, que tocaba el piano y la mandolina, pero el siempre indómito y rebelde Jayme no consintió en someterse a la enseñanza musical ortodoxa y prefirió aprender violín y viola de manera autodidacta.

Su obra musical es relevante aunque muy escasa. Pese a todo, compuso música de cámara, orquestal e incluso un poema sinfónico dedicado al navegante portugués Pedro Álvares Cabral.

Pero, sin duda, si por algo es hoy conocido Ovalle es por dos canciones, “Azulão” y “Modinha”, ambas con versos de su gran amigo Manuel Bandeira, y que son consideradas sus obras más importantes, habiéndose convertido en auténticos clásicos de la música brasileña y en pieza habitual de recitales y grabaciones de cantantes de todo el mundo.

Azulão” es la composición más popular de Ovalle, una partitura que rebosa lirismo y melancolía. Existen algunas interpretaciones notables, como las que tiene grabadas Victoria de los Ángeles, pero hoy he querido traer aquí una versión curiosa, protagonizada por el barítono francés Gérard Souzay, quien fue un referente en el campo interpretativo de la mélodie y que en esta grabación nos muestra, con su peculiar portugués cargado de acento, su maestría para afrontar la canción intimista aunque venga del otro lado del Atlántico:


video de einalemland

Modinha” es una hermosa canción que habla de amor. De un amor de corte antiguo, trovadoresco, apasionado e idealizado. Esta pieza trae a la memoria algunas composiciones de Villa-Lobos, y, pese a contar con una melodía sencilla, resulta profundamente cautivadora.

La traigo aquí en la preciosa voz de María José Montiel, quien la tiene grabada formando parte de un estupendo CD, del mismo título, dedicado a canciones brasileñas y que recomiendo vivamente, en el que la madrileña es acompañada al piano por Luiz de Moura Castro:


video de MrRobuso


MODINHA

Por sobre a solidão do mar
a lua flutua;
e uma ternura singular
palpita em cada coração.
Só tu não vens trazer alívio ao trovador
que vai tangendo apaixonado
as cordas da triste lira
que suspira desmaiando, suplicando o teu amor.
Eu te suplico, te imploro, te rogo,
prostrado aos teus pés com fervor
o teu sorriso de criança.
Vê: vou gemendo de dor
e na esperança de um dia melhor
unido a ti, tu és toda a fé que eu perdi
Mostra o semblante sedutor
acalma minh`alma!
concede ao menos a este amor
a doce esmola de te ver
e o coração tão infeliz por te adorar
perdido embora de desejo
bem sabe que não merece a maravilha do teu beijo
pede apenas um olhar…

lunes, 22 de marzo de 2010

DAS ROSENBAND

"Serpientes acuáticas II" (detalle) - Gustav Klimt - 1904 - Colección particular

Richard Strauss compuso en 1897 el lied “Das Rosenband” (La guirnalda de rosas) sobre un poema de Friedrich Gottlieb Klopstock, consiguiendo construir una de esas pequeñas y sutilísimas joyas musicales para las que el muniqués era un auténtico experto.

Hoy lo traigo aquí, en la magistral interpretación de Elisabeth Schwarzkopf, para felicitar a alguien muy especial, y darle las gracias por el regalo que supone tenerla cerca cada día.


video de darkprose

Im Frühlingsschatten fand ich sie,
Da band ich Sie mit Rosenbändern:
Sie fühlt' es nicht und schlummerte.

Ich sah sie an; mein Leben hing
Mit diesem Blick an ihrem Leben:
Ich fühlt' es wohl und wußt' es nicht.

Doch lispelt' ich ihr sprachlos zu
Und rauschte mit den Rosenbändern:
Da wachte sie vom Schlummer auf.

Sie sah mich an; ihr Leben hing
Mit diesem Blick an meinem Leben,
Und um uns ward's Elysium.

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En las sombras primaverales la encontré,
y la encadené con una guirnalda de rosas:
No la sintió y se adormeció.

Yo la miraba; mi vida cayó
con esta mirada a su vida:
Lo sentí bien pero no lo sabía.

Pero le susurraba palabras sin sentido
mientras le fijaba la guirnalda de rosas:
Despertó del sueño.

Me miraba; su vida cayó
con esta mirada a mi vida,
Y fuimos transportados al Elíseo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

"CLAIR DE LUNE". VERLAINE, FAURÉ Y DEBUSSY

“El amor en el teatro italiano” – Jean Antoine Watteau – 1716 – Gemäldegalerie - Berlín

El poeta francés Paul Verlaine, precursor del simbolismo, escribió en 1869 su colección de 22 poemas “Fêtes Galantes” (Fiestas Galantes), ambientados en un universo irreal e intemporal en el que describe la sociedad elegante y frívola del siglo XVIII, al tiempo que se hace presente la peculiar alegría melancólica y el íntimo patetismo que subyace en los personajes de la Commedia dell’Arte de Bérgamo. Estos poemas evocan los cuadros de Antoine Watteau, creador del género pictórico del mismo nombre (“Fêtes Galantes”), cuyos lienzos reflejan una serie de escenas de corte campestre y bucólico, en un mundo idílico, donde son una constante el placer, el amor cortés y los personajes de la Commedia dell’Arte italiana.

Verlaine inicia con esta serie de poemas una forma de expresión poética en la que el propósito no es tanto describir sentimientos como hacer que el lector llegue a ellos a través de una sugerencia simbólica.

El primer poema de Verlaine incluido en sus “Fêtes Galantes” es “Clair de Lune” (Claro de Luna), un texto cargado de símbolos y que ha sido motivo de estudio e inspiración para numerosos creadores, especialmente músicos, debiéndose destacar en este campo a Gabriel Fauré y Claude Debussy, cuyas geniales adaptaciones del texto de Verlaine se encuentran entre las obras más famosas de aquéllos.

Gabriel Fauré tomó el poema de Verlaine en 1887 y compuso la pieza para voz y piano “Clair de Lune”, una mélodie en la que la poesía de Verlaine encuentra perfecto acomodo en la sensual y sofisticada partitura de Fauré, quien consigue aquí una de sus más bellas creaciones, donde las palabras y las notas fluyen en ideal conjunción, mostrando ya esa notable madurez compositiva que le llevará a ser considerado hoy en día como uno de los grandes innovadores y maestros en el campo de la mélodie.

Seguidamente podemos escuchar “Clair de Lune” de Gabriel Fauré en la voz de Veronique Gens, acompañada al piano por Roger Vignoles:


video de elias12186

Al igual que luego hiciese Fauré, un joven Claude Debussy se inspira en Paul Verlaine para componer en 1882 “Fêtes Galantes”, un conjunto de canciones para voz y piano que escribió en una de sus visitas a la residencia de los señores Vasnier en Ville d'Avray. Estas mélodies fueron pensadas en un primer momento para que fueran interpretadas por la soprano Marie-Blanche Vasnier, y en ellas Debussy pone música a cinco de los poemas de Verlaine que integran sus “Fêtes Galantes”: “Pantomime”, “Mandoline”, “En sourdine”, “Clair de lune” y “Fantoches”. Las tres últimas serían revisadas en 1891 y publicadas de nuevo, corregidas, en 1903.

Aquí podemos escuchar a Diana Damrau acompañada al arpa por Xavier de Maistre interpretando la mélodie “Clair de Lune” de Debussy:


video de Lilith89ibz

Claude Debussy retomaría a Verlaine como fuente de inspiración y hacia 1890 comienza a componer su obra para piano “Suite Bergamasque”. Relegada al olvido por su autor, la obra no fue corregida y publicada hasta 1905, pese a que Debussy se resistía a ello pues creía que esta composición estaba por debajo del nivel de sus obras posteriores. Consta de cuatro partes: “Preludio”, “Minué”, “Claro de luna” y “Passepied”. El tercero de los fragmentos, con el mismo título que el poema de Verlaine, acabaría convirtiéndose en una de las páginas más célebres del compositor francés.

Para finalizar, os dejo con el archifamoso "Clair de Lune", de la “Suite Bergamasque” de Debussy, en la interpretación al piano de Claudio Arrau:


video de cristalpan

“CLAIR DE LUNE” (Paul Verlaine – 1869)

Votre âme est un paysage choisi
que vont charmant masques et bergamasques
jouant du luth et dansant et quasi
tristes sous leurs déguisements fantasques.

Tout en chantant sur le mode mineur
l'amour vainqueur et la vie opportune
ils n'ont pas l'air de croire à leur bonheur
et leur chanson se mêle au clair de lune.

Au calme clair de lune triste et beau,
qui fait rêver les oiseaux dans les arbres
et sangloter d'extase les jets d'eau,
les grands jets d'eau sveltes parmi les marbres.

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Vuestra alma es un exquisito paisaje
que encantan enmascarados y bailarines
tocando el laúd y danzando
casi tristes bajo sus imaginativos disfraces.

Mientras cantan en tono menor
al amor victorioso y la vida oportuna
no parecen creer en su felicidad
y unen sus cantos al claro de luna.

Al sereno claro de luna, triste y bello,
que hace soñar a los pájaros en los árboles
y sollozar de éxtasis a los surtidores,
los grandes surtidores esbeltos entre los mármoles.

jueves, 11 de marzo de 2010

MARIA JOSE MONTIEL EN EL PALAU DE LA MUSICA


El que se ha dado en llamar por las cabezas pensantes del Palau de la Música de Valencia "ciclo de lied", sigue siendo una de las formas más rápidas y eficaces de que el aficionado al canto en esta ciudad alcance un grado de depresión irremediable. Y ello no se debe en absoluto al nivel de las voces elegidas, sino a la escasa respuesta de un público que, igual que se agolpa ante las taquillas del vecino Palau de Les Arts para sacar una entrada, aunque sea sin visión, para escuchar una mediocre Traviata, deja vacío más de la mitad del aforo de la pequeña Sala Rodrigo del Palau, aunque pueda disfrutar por 17 euros de cantantes de la categoría de María José Montiel.

Precisamente fue la mezzosoprano madrileña, a quien dediqué hace unos meses una entrada en este blog, la encargada ayer de ofrecer un recital dentro del "ciclo de lied", en la que estuvo acompañada por la excelente pianista Laurence Verna y el guitarrista Ángel Romero.

Los asistentes nos encontramos para empezar con la inexistencia de programas de mano, circunstancia que fue excusada por el personal del Palau alegando que se había cambiado el programa a última hora, lo que llevó a que fueran los propios intérpretes quienes se vieran obligados a tener que ir anunciando cada pieza a viva voz.

Finalmente, el programa ofrecido fue el siguiente:

1ª Parte:

Robert Schumann - "Widmung" (Dedicatoria)
Franz P. Schubert - "Der Tod und das Mädchen" (La muerte y la doncella)

Edvard Grieg - "Ich Liebe dich" (Te quiero)
Jaime Ovalle - "Azulão"
Celedonio Romero – "Malagueñas"

Piotr I. Tchaikovsky – "Lied der Mignon"
Joaquín Rodrigo – "Pastorcito Santo"
Ernesto Halffter – "Cançao do Berço"
Ernesto Halffter – "Ai que linda moça"
Celedonio Romero – "Fantasía Cubana"

2ª Parte:

Federico García Lorca – "Canciones Antiguas":
- Anda Jaleo
- Los cuatro muleros
- Las tres hojas
- Las morillas de Jaén
- El Café de Chinitas
- Nana de Sevilla
- Zorongo
- Sevillanas del siglo XVIII
George Bizet – "Carmen" – Habanera
Tomás Barrera y Rafael Calleja – "Emigrantes" - Granadinas


María José Montiel salió guapísima al escenario y demostró encontrarse en un óptimo estado vocal, luciendo la plena madurez de un instrumento que controla con un impecable dominio de la técnica. He de reconocer que a mí la cálida voz de esta mujer me encanta, y la musicalidad y exquisitez con las que esboza cada frase me resultan plenamente seductoras.

Su centro sigue siendo bellísimo, y mostró seguridad y potencia en los agudos y
unos graves de peso. Proyectó su voz grande con autoridad, al tiempo que ofrecía una extraordinaria riqueza de matices. Jugó con las medias voces con sutil delicadeza y logró algunos filados espectaculares. Sus interpretaciones del “Azulão” de Ovalle y “Ai que linda moça” de Halffter (posiblemente los mejores momentos de la noche) estuvieron rebosantes de sensibilidad y llenaron la sala de emoción.

Si algo caracteriza a esta cantante es su absoluta entrega dramática y el sentimiento desbordante que transmite. Ella disfruta cantando y consigue que los que la escuchan disfruten con ella.

La enorme expresividad de María José Montiel estuvo presente en todo momento, especialmente en fragmentos como “Widmung”,
Der Tod und das Mädchen” o la “Cançao do Berço”. En esta última, hizo gala de un extremado lirismo, viéndose gentilmente acompañada además, desde el patio de butacas, en medio de un pianísimo, por un horrísono teléfono móvil que se hizo oir durante largos segundos y, lo que es peor, pasados unos instantes volvió a sonar. Y eso que antes de iniciarse la representación, se anunció por megafonía que en la sala los teléfonos móviles no dispondrían de cobertura. Tecnología punta la del Palau, por lo que se ve.

En la segunda parte, Montiel adornada con mantilla y acompañada a la guitarra por Ángel Romero interpretó con desparpajo, estilo y permanente sonrisa las canciones de García Lorca, aunque reconozco que me gustó bastante más la primera parte del recital.

Finalizó su actuación con una brillante Habanera de "Carmen", plenamente
seductora, dirigiéndose directamente al público, demostrando que es este un papel que domina y le va como anillo al dedo. Acaba de interpretarlo en Murcia y debutará con él la próxima temporada en el Liceu barcelonés. Y, como se preguntaba un buen amigo a la salida, quién sabe si podría ser la sustituta de Elina Garanca en el Festival del Mediterrani si se confirma la espantá de la letona.

Ángel Romero interpretó en solitario dos piezas compuestas por su padre, Celedonio Romero, en las que exhibió su virtuosismo rayando lo circense.

Como propina, Montiel acometió junto a Romero las Granadinas de “Emigrantes”, poniendo así punto final a una exitosa noche en la que sólo se echó de menos una mayor respuesta en taquilla.

Al acabar la función tuve la suerte de poder saludar personalmente a María José Montiel quien demostró ser, además de una excelente cantante, una mujer simpatiquísima, atenta y cercana, que no dudó en atender a todos cuantos llegábamos, pese a estar por allí metiendo prisas doña Mairen en persona y pelo.

Deberían replantearse quizás los gestores del Palau para el futuro una mayor difusión de este tipo de actuaciones o el incluirlas dentro del abono, no vaya a ser que el año que viene tengan que cambiar el eslogan y en lugar de esa majadería de “la música que se escucha con la piel” tengan que poner “la música que se escucha desde casa”.

martes, 9 de marzo de 2010

EL OSCAR DE MICHAEL GIACCHINO


El pasado domingo tuvo lugar en Los Ángeles la gala anual de entrega de los premios Oscar. En el apartado de Mejor Banda Sonora no hubo sorpresas y la estatuilla fue a parar al compositor norteamericano Michael Giacchino por su trabajo para la película de animación “Up”, dirigida por Pete Docter y Bob Peterson. Un premio que hace justicia a una partitura muy conseguida, donde la frescura y el clasicismo se dan la mano, arropando con maestría las imágenes de ese extraordinario film que va mucho más allá de ser una “película de dibujos”, para convertirse en uno de los mejores trabajos cinematográficos del pasado año, lleno de humanidad, emoción, ritmo visual y sentido del humor.

Giacchino comenzó componiendo música para videojuegos y en el año 2004 se dio a conocer internacionalmente con la excelente banda sonora de “Los Increíbles”, la película de la factoría Pixar dirigida por Brad Bird.

Tras diferentes trabajos para cine y televisión, entre los que se encuentra la estupenda música de la serie “Lost” (Perdidos), en 2007 compuso la que para mí es su obra más lograda, la banda sonora de otra película de animación de Pixar dirigida
por Brad Bird, “Ratatouille”, que, pese a estar nominada, no consiguió el Oscar que claramente merecía, el cual fue a parar finalmente a Dario Marianelli por “Atonement” (Expiación).

Este año, por fin, Giacchino ha conseguido el reconocimiento oficial a su, relativamente corta pero sobresaliente, labor compositiva. Además del Oscar ha obtenido premios tan prestigiosos como el Globo de Oro, BAFTA, Grammy, Broadcast Film Critics Association, IFMCA o Chicago Film Critics Association.

Su obra se caracteriza por unas orquestaciones muy cuidadas en las que, aunque partiendo de los cánones sinfónicos de maestros como Williams o Horner, Giacchino construye minuciosamente y con mimo sus temas, dando el sentido pleno y preciso que requiere cada trabajo.

En “Up”, Giacchino ilustra la entrañable aventura del octogenario Carl Fredricksen mediante una partitura con pinceladas jazzisticas, dominada por un motivo principal en el que, a ritmo de vals y con una orquestación propia
de los años 40, nos evoca el tiempo de juventud del protagonista. Este motivo cobra vida propia en el tema “Married Life”, posiblemente el más destacado de todo el score, y que fue premiado recientemente con el Grammy al mejor tema musical del año, donde el sonido del violín y las trompetas con sordina acompañan un prodigioso montaje visual en el que, sin palabras, en un ejercicio inmejorable de síntesis narrativa, se nos muestran los recuerdos de toda una vida en pareja que es evocada ahora por el protagonista recién enviudado, habiéndose logrado cuatro minutos cinematográficos soberbios, cargados de emotividad, jugando en ello un papel primordial el trabajo de Giacchino.

A continuación podemos ver ese fragmento mientras se escucha el tema “Married Life”:


video de iHUSTLEViDz

Una particularidad de esta premiadísima banda sonora es que no se ha editado en CD. El portal Itunes compró los derechos para su distribución en exclusiva a través de descargas vía internet, privando a los aficionados de un soporte físico para un trabajo de enorme calidad que, quizás ahora, tras haber sido galardonado con premios tan mediáticos como el Grammy o el Oscar, vea replanteada su política de comercialización.

Para finalizar, os dejo el tema que cierra la película “Up”, acompañando los títulos de crédito, y en el que se dan cita los motivos principales de esta extraordinaria banda sonora de Michael Giacchino:


video de 47drift

jueves, 4 de marzo de 2010

KATHLEEN FERRIER CANTA ROGER QUILTER


Hoy traigo al blog al compositor inglés Roger Quilter, un autor que no es muy conocido fuera de las islas británicas. Yo hasta hace muy poco no tenía ninguna referencia de él. Un día, escuchando el CD que la sensacional contralto Kathleen Ferrier dedicó a canciones de las islas, una melodía me llamó especialmente la atención y pude comprobar que se trataba de una pieza compuesta por Quilter. Así que me he encomendado a San Google y a Santa Perseverancia y he recopilado alguna información para conocerle un poco mejor.

Nació en Hove (Sussex) en 1877. Fue el tercero de los cinco hijos de Sir William Cuthbert Quilter un influyente y adinerado hombre de negocios, renombrado coleccionista de arte. Estudió en el elitista Eton College, una institución que odiaba profundamente, pero en lugar de continuar su formación universitaria en Oxford o Cambridge, optó por centrarse en sus aspiraciones musicales, acudiendo a aprender composición al Conservatorio Hoch de Frankfurt, a sugerencia de un amigo de la familia.

Debutó como compositor en el Crystal Palace de Londres, presentando en 1901 “Cuatro canciones sobre el mar” escritas sobre versos propios, pero la fama le llegaría gracias al interés que mostró por su obra el tenor Gervase Elwes. En concreto, Elwes manifestó haberse sentido muy impresionado por la versión que Quilter había compuesto del poema de Alfred Tennyson “Now sleeps the crimson petal”. Elwes era un tenor muy popular en la Inglaterra de principios del siglo XX, y dio a conocer al gran público las composiciones de Quilter interpretando su ciclo de canciones “To Julia” (1905), dedicado por el compositor al propio Elwes. Desde entonces y hasta la desgraciada muerte del tenor, acaecida en 1921 al ser atropellado por un tren en la estación de Boston donde se encontraba de gira, la obra de Quilter tuvo en Gervase Elwes a su mejor embajador.

A continuación, podemos escuchar a Elwes, en una grabación de 1916, cantando precisamente “Now sleeps the crimson petal”, la pieza que motivó su interés por Roger Quilter y que permitió que las composiciones de éste cobrasen popularidad:


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La consagración definitiva de Quilter le llegaría en 1911 con el estreno en el teatro Savoy de Londres de la obra infantil “Where the Rainbow Ends”, para la cual escribió la música incidental, obteniendo un gran éxito.

Roger Quilter centró casi toda su actividad en la composición de canciones, llegando a escribir más de un centenar, algunas de las cuales continúan siendo pieza habitual en recitales, especialmente de cantantes del mundo anglosajón.

Las canciones de Quilter llegaron a cobrar gran popularidad, convirtiéndose en auténticos referentes de la música inglesa de las primeras décadas del siglo XX, estando presentes con asiduidad en las emisiones radiofónicas de la época. Algunos años después surgió cierto desinterés ante una música que se consideraba sujeta a cánones demasiado clásicos y más cercana al folklore popular que a las nuevas tendencias musicales, una apreciación que no hace del todo justicia a la obra de este autor, donde encontramos algunas composiciones minuciosamente elaboradas, elegantes, refinadas y de gran fuerza, como sus “Five Jacobean Lyrics”, las “Three Shakespeare Songs” o las “Seven Elizabethan Lyrics”; e incluso en sus piezas para piano podemos apreciar unas construcciones que nos recuerdan claramente a Debussy o Stravinsky.

Como decía al comienzo, fue la interpretación de estas canciones por la contralto inglesa Kathleen Ferrier lo que me llevó a interesarme por la obra de Quilter, así que, para cerrar este post, considero que nada mejor que dejaros con algunas de las canciones de Roger Quilter en la maravillosa voz de Ferrier, una de mis cantantes favoritas y que seguro que muy pronto volverá de nuevo al blog.

En primer lugar podemos escuchar “To Daisies”, la tercera de las canciones que componen el ciclo “To Julia”, sobre textos del poeta inglés del siglo XVII Robert Herrick:


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Seguidamente, Ferrier interpreta “Drink to me only with thine eyes”, donde Quilter adaptó una canción popular, basada en el poema de Ben Jonson “Song to Celia”, y que se publicó formando parte de “The Arnold Book of Old Songs”, un conjunto de once piezas que el compositor dedicó a su sobrino Arnold Vivian, por quien sentía un especial cariño, y que falleció durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue capturado y ejecutado tras escapar de un campo de concentración en el norte de África:


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A continuación, escuchamos a Kathleen Ferrier, acompañada al piano por Phyllis Spurr, en “Fair House of Joy”, la última canción del ciclo “Seven Elizabethan Lyrics”, que a mí, particularmente, me trae a la memoria la música de Elgar o Vaughan Williams:


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Por ultimo, volvemos a oír “Now sleeps the crimson petal”, la segunda de las tres canciones de la opus 3 del compositor, siendo esta vez Kathleen Ferrier quien pone su mágica voz al servicio de la música de Roger Quilter y del poema de Alfred Tennyson. Al piano Pyllis Spurr:


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lunes, 1 de marzo de 2010

"LA NOVIA VENDIDA" (Bedřich Smetana) - Palau de les Arts - 28/02/10

Ayer asistí a la segunda de las representaciones en el Palau de Les Arts de Valencia de la ópera del compositor checo Bedřich Smetana, “Prodaná Nevesta” (La Novia Vendida). Si hace unos días manifestaba mi decepción porque no se hubiera llenado el Palau de la Música en el concierto de Kasarova, lo de ayer en Les Arts fue alarmante. Un domingo, en principio, no es mal día, para ver el recinto de Les Arts más lleno de lo normal, pero ayer presentaba un aspecto descorazonador. Está claro que la ópera no es de las más conocidas por el gran público, ni los cantantes intervinientes tienen un especial tirón mediático, sin embargo se trata de una obra musicalmente agradable y el elenco vocal elegido presenta un nivel notable y homogéneo, todo lo cual justificaría una mejor respuesta popular.

La más conocida de las óperas de Smetana tiene un libreto bastante tontaina y la historia carece de cualquier tipo de emoción dramática, pero la música nos brinda algunos momentos francamente brillantes, como su conocida obertura, y otros de acusado lirismo, como el dúo de la escena 2 del primer acto, o el aria de Marenka del acto III, que valen realmente la pena. Pese a todo, me parece mucho mejor la primera parte que la segunda, y hay que reconocer que la obra presenta ciertos altibajos a los que contribuyen de modo esencial unas escenas de danza demasiado largas que se hacen pesadas, sobre todo la del circo.

La producción de la Opera North de Leeds, con dirección de Daniel Slater, que se ha traído a Les Arts, traslada la acción al 9 de mayo del año 1972, a una Checoslovaquia comunista que celebra el día de la liberación del país de la dominación nazi por las tropas rusas. Este cambio temporal respecto al original, a mi entender, no tiene mucho sentido, pues en ningún momento se desarrolla un discurso dramático elaborado que haga justificable esa transposición histórica. El único cambio apreciable se produce en el papel de Kecal, el casamentero, que parece ser un miembro del Partido, pero sin que exista un trabajo similar con el resto de personajes o en la concepción escénica que construya una lectura paralela a partir de una sólida propuesta conceptual.

Por lo demás, la puesta en escena evidencia una cierta sosería y pobreza escenográfica, desarrollándose la acción en el tablado de la plaza de un pueblo en fiestas, con un uso de los espacios muy primario y poco imaginativo.
El vestuario parece comprado en un todo a cien y los pobres miembros del coro lucen unas pintas setenteras de la vieja Europa del Este bastante lamentables.
Me pareció un detalle propio de revista de pueblo que el director del circo (Robert Burt) hiciese un parlato del inicio de la escena segunda del acto III mezclando torpemente castellano y valenciano, cual comentarista del Canal 9, aunque hubo entre el público a quien el guiño le gustó tanto que prorrumpió en aplausos.

Lo mejor del trabajo de Slater considero que se encuentra en una dirección de actores bastante cuidada para lo que suele ser habitual, aunque creo que la obra daba mucho más juego del que se le ha sacado en esta ocasión.

En conjunto, la propuesta del director británico no es en modo alguno rechazable, pero tampoco aporta nada especialmente significativo.

El checo Tomás Netopil, que nos martirizó el año pasado con una dirección musical de “Cosí fan Tutte” merecedora de haberle retirado de por vida el carnet de director, ha ofrecido en esta ocasión un rendimiento mucho más satisfactorio, posiblemente por sentirse más cercano y entender mejor la música de su compatriota, logrando algunos momentos de indudable brillantez, comenzando por la famosa obertura, donde efectuó una lectura vertiginosa, compaginando la fuerza en la dirección con un eficaz trabajo de matización. Ha estado siempre muy pendiente del escenario marcando las entradas de los cantantes y el coro con precisión. Para mi gusto le ha sobrado un poco de volumen en ciertos momentos en los que ha puesto en algún apuro a los cantantes. No es que haya sido un trabajo de los que dejan huella, pero superó con mucho las expectativas después de sus nefastos antecedentes.

De la Orquestra de la Comunitat Valenciana poco nuevo hay que decir. Una nueva exhibición de buen hacer por parte de estos extraordinarios músicos, que siguen mostrando una capacidad enorme para adaptarse a cualquier tipo de repertorio y dirección musical. Una vez más debo destacar esa privilegiada sección de cuerda que ha destacado especialmente en la obertura, y merece también una mención expresa el solista de clarinete (desconozco su nombre) que ha tenido varias intervenciones francamente sensacionales.

Tampoco me cansaré de seguir elogiando al Cor de la Generalitat, que ha ofrecido otra lección de empaste y profesionalidad. Hubo algún pequeño desajuste en su primera intervención, pero posteriormente ha estado perfecto, con una escena de la cerveza, que abre el acto II, de impecable ejecución. En esta ocasión debe valorarse especialmente el alto rendimiento escénico exigido al coro, cumpliendo de forma sobresaliente como cantantes, actores y bailarines.

La soprano Sabina Cvilak, a quien dediqué un reciente post, fue posiblemente la triunfadora de la noche. Compuso una Marenka muy completa, aportando la picardía, romanticismo y carácter que requiere el personaje. Mostró una voz más bien pequeña, pero de bello timbre, que moduló con exquisito gusto regulando intensidades con mucho oficio. En la zona aguda se desenvolvió con autoridad, presentando más limitaciones en sus graves. El papel no tiene muchas ocasiones de especial lucimiento canoro, pero la eslovena supo sacar partido de sus intervenciones derrochando musicalidad.

El checo Aleš Briscein, como Jenik, no puede decirse que estuviese mal, pero no acabó de convencerme. Tuvo buenos destellos de lirismo, pero también alguna desafinación y le faltó sutileza. Fue en su faceta de actor donde presentó sus mayores carencias, estando por debajo de sus compañeros de reparto.

Vicenç Esteve, todo un habitual de Les Arts, tuvo que afrontar el papel de Vašek, que le exige no sólo cantar en checo sino además tartamudeando. Las excepcionales aptitudes para la comedia del catalán y un nivel vocal muy correcto le permitieron salir con éxito del empeño.

El bajo ruso Vladimir Matorin impactó con su enorme vozarrón cavernoso de auténtico bajo eslavo. Ciertamente los años no pasan en balde y sus graves no fueron tan poderosos y redondos como antaño, pero en cualquier caso, este veterano cantante, que tiene en su haber una de las más altas distinciones de la música rusa, el título de “Artista del Pueblo de la Federación Rusa”, hizo ostentación de una presencia vocal y escénica apabullantes.

El resto del reparto ofreció un buen nivel, gustándome especialmente la Ludmila de Pilar Vázquez.

Al finalizar la obra, todos los participantes fueron premiados con cálidos aplausos del público. Bueno, del público que quedaba, porque gran parte de los asistentes salieron a la carrera nada más caer el telón, como si hubiera un aviso de incendio.

Sin ser lo mejor que ha pasado últimamente por Les Arts, “La Novia Vendida” es una buena ocasión de acercarse al repertorio checo y a la siempre interesante música de Smetana, y pasar un rato agradable, y, visto como marcha la venta de localidades, es además una oportunidad óptima de conseguir entradas el mismo día de la representación al 50%.

Como colofón musical os dejo el aria de Marenka del acto III en la voz de Lucia Popp, cantando en alemán:


video de LaViolettaValery

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