miércoles, 18 de julio de 2012

QUE DESPIERTE LA BELLEZA

"Sol ardiente de Junio" - Lord Frederic Leighton - 1895 - Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico)

En los primeros años del siglo XX el compositor inglés Ralph Vaughan Williams (1872-1958) escribe el ciclo de nueve canciones “Songs of Travel” (Canciones de Viaje), si bien la última de ellas, "I Have Trod the Upward and the Downward Slope", fue publicada y añadida al ciclo en 1960, tras la muerte del compositor, cuando la viuda de éste encontró el manuscrito entre los papeles de su esposo.

Los textos están tomados de una serie de poemas escogidos de la colección del mismo título escrita por Robert Louis Stevenson (1850-1894) y publicada poco tiempo después del fallecimiento en Samoa de éste. Que Vaughan Williams decidiese mantener para su ciclo el mismo nombre del de la obra de Stevenson y que el primero de los poemas, “The Vagabond” fuese el que abriese también dicho ciclo, se atribuye a la popularidad que gozaba la obra del escritor escocés por entonces, mientras que Vaughan Williams era todavía un compositor poco conocido, por lo que probablemente quisiese aprovechar el tirón que pudiera proporcionarle la fama de Stevenson.

Sea como fuere, lo cierto es que las canciones de Vaughan Williams obtuvieron un importante éxito y le otorgaron gran reputación ante la crítica y entre sus colegas. Así, por ejemplo, otro compositor ingles, Sir Arthur Bliss, del que ya he hablado también en alguna ocasión, cuenta en su autobiografía que, en la época en que estudiaba música en Cambridge, el ciclo “Songs of Travel” estaba presente en todos los pianos y el nombre de Vaughan Williams era “mágico” y objeto casi de “idolatría” como declaró el tenor Steuart Wilson.

Algunos han comparado este ciclo con el “Winterreise” de Schubert. Es verdad que Vaughan Williams era un gran admirador de la obra liederistica del compositor vienés y que en ambos ciclos la figura del caminante nos introduce en un recorrido vital descrito a través de la música y la poesía de sus canciones, pero más que la calidad intrínseca de “Songs of Travel”, donde todavía no aparece el Vaughan Williams más personal, maduro y deslumbrante, la importancia del ciclo radica en la consolidación de un género de canción puramente inglesa que hasta entonces prácticamente no era relevante.

El viaje reflejado en el ciclo es la propia trayectoria de la existencia humana, vinculada a la naturaleza y a la búsqueda de la belleza a lo largo de la misma. Yo quería traer hoy al blog precisamente la segunda de las canciones de “Songs of Travel”, “Let Beauty awake” (Que despierte la belleza), sin duda una de las composiciones de tono más romántico y de mayor intensidad lírica de todo el ciclo, y probablemente la más conocida. Fue compuesta originariamente para barítono y piano, aunque posteriormente se adaptaron versiones orquestales, así como una versión para tenor.

La canción es todo un canto a la esperanza, al optimismo, a la búsqueda de la belleza a lo largo de cada una de las fases de la vida y la necesidad de conseguir al final de la misma poder estar en paz con uno mismo y los demás. Ojalá fuéramos capaces en estos momentos tan complicados que vivimos, de lograr que despertase la belleza allí donde parece imposible.

La versión que he escogido de "Let Beauty Awake" es la que grabó al comienzo de su carrera el barítono galés Bryn Terfel dentro de un álbum titulado precisamente como la primera de las canciones de "Songs of Travel", "The Vagabond", donde, además del ciclo completo compuesto por Vaughan Williams, se incluyen temas de Butterworth, Finzi o Ireland. Está acompañado al piano por el magnífico Malcolm Martineau:


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Let Beauty awake
Let Beauty awake in the morn from beautiful dreams,
Beauty awake from rest!
Let Beauty awake For Beauty’s sake
In the hour when the birds awake in the brake
And the stars are bright in the west!
Let Beauty awake in the eve from the slumber of day,
Awake in the crimson eve!
In the day’s dusk end when the shades ascend,
Let her wake to the kiss of a tender friend,
To render again and receive!
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¡Que despierte la belleza
en la mañana de sus bellos sueños!
¡Que despierte de su descanso, que despierte la belleza
en la hora en que los pájaros despiertan en el zarzal
y las estrellas brillan en el oeste!
¡Que despierte la belleza de la pereza del día,
que despierte en el rojizo atardecer!
¡Cuando llega el crepúsculo y las sombras ascienden,
que despierte al beso de un tierno amigo
para de nuevo hacerlo y recibir!



domingo, 8 de julio de 2012

"JE ME SOUVIENS" - REYNALDO HAHN

“Mujer de azul leyendo una carta” (1663/1664) – Johannes Vermeer – Rijksmuseum

Hace ya bastante tiempo que no visita el blog la mélodie, y las buenas costumbres no se deben perder nunca, sobre todo en estos tiempos que vivimos tan llenos de sobresaltos económicos y medioambientales, en los que siempre es de agradecer un paréntesis musical que pueda aportarnos unos fugaces momentos de paz.

De Reynaldo Hahn (1874-1947) ya he escrito en alguna ocasión. El compositor de origen venezolano está considerado hoy en día, con toda justicia, uno de los más reputados autores de mélodies, género que comenzó a cultivar siendo apenas un adolescente, convirtiéndose en una figura habitual en las reuniones de los salones parisinos de finales del siglo XIX y principios del XX, llegando a componer más de un centenar de este tipo de obras.

En 1955, ya fallecido Hahn, los herederos del compositor hicieron llegar a la prestigiosa editorial musical Éditions Salabert nueve manuscritos originales inéditos, que se publicaron agrupados bajo el título “Neuf mélodies retrouvées” (Nueve canciones reencontradas). La selección no parece guardar ningún criterio y entre estas nueve piezas encontramos textos de diferentes autores, entre ellos de Guillot de Saix (1885-1964), un dramaturgo francés muy popular por sus adaptaciones teatrales de novelas de autores universales clásicos, y con un merecido prestigio por sus traducciones al francés de las obras de Oscar Wilde.

Precisamente una de esas traducciones fue el año pasado objeto de una curiosa polémica en Inglaterra, al estrenarse en el King’s Head Theatre de Londres (el teatro-pub del que ya escribí en otra ocasión, donde representan óperas y obras de teatro) una presunta creación inédita de Wilde titulada “Constance”, traducida por Guillot de Saix y cuya autenticidad se han empeñado en negar los herederos del escritor británico, quienes sostienen que fue obra del traductor francés a partir de algunas notas de Wilde.

Pero bueno, vamos a la música, porque yo realmente lo que quería traer hoy al blog es la primera de las canciones de la colección “Neuf mélodies retrouvées”. Se trata de “Je me souviens” (Yo recuerdo), también conocida como “Un soir, au reçu d'une lettre bleue” (Una tarde, al recibir una carta azul). Se dice que esa “carta azul” podría hacer referencia a un telegrama conteniendo la noticia de la muerte de un amante, que remueve entonces todos los recuerdos de los momentos pasados.

La versión que he elegido está protagonizada por la mezzosoprano norteamericana Susan Graham, una especialista en este tipo de repertorio, que aporta toda su fuerza expresiva, con un fraseo sentido y evocador y una línea melódica impecable, en esta interpretación en la que está acompañada por el pianista Roger Vignoles:


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