viernes, 22 de abril de 2016

"IDOMENEO" (W. A. Mozart) - Palau de les Arts - 21/04/16

Estos días vuelve a aparecer el nombre del Palau de les Arts vinculado a presuntos casos de corrupción. Hay que ver lo poco que le cuesta a la prensa seguir transmitiendo esa imagen, casi con regocijo y chupeteo de dedos, y lo poco que se esfuerzan para promocionar y ser altavoz del tremendo valor cultural que, por ahora, y mucho más allá del monstruo calatravense, seguimos teniendo con nuestro teatro y que permite que podamos continuar disfrutando de espectáculos de gran nivel, como el ofrecido ayer con el estreno de la ópera Idomeneo de Wolfgang Amadeus Mozart.

El Intendente multiusos Davide Livermore ha sido una vez más el encargado de la dirección escénica en esta nueva producción del Palau de les Arts. Él mismo ha manifestado su particular interés en llevar a cabo este trabajo por tratarse de una obra maestra de Mozart, no todo lo conocida que debiera ser, y con la que tenía una espina clavada desde que, en 2010, presentase en Torino una producción de la que no se siente nada contento, por no haber entendido en aquel momento el verdadero sentido que debía transmitir con esta historia.

En esta ocasión el planteamiento de Livermore gira en torno a que, en definitiva, en esta historia de héroes, reyes, monstruos y dioses, todos ellos, el hombre, el dios y el monstruo, están en el interior de uno mismo. La acción la sitúa Livermore en un entorno imaginario, ambientado a finales de los años 60 o primeros 70 del pasado siglo, donde se habría desatado un conflicto atómico y el mundo se halla próximo a su extinción. Idomeneo se convierte así en un viajero espacial que vuelve a casa y que acabará logrando el perdón de los dioses cuando sea capaz de enfrentarse consigo mismo, con su propio Yo.

No voy a negar que la propuesta suene un tanto pretenciosa, pero reconozco que a mí me gustó. Se podrá estar más o menos de acuerdo con el discurso desarrollado por el director escénico, pero creo que la propuesta funciona y toda la construcción elaborada por Livermore tiene sentido. Su desarrollo narrativo es consecuente con el planteamiento y se procura adaptar a la historia original, aunque lo haga con más éxito en algunos momentos que en otros.

Si algo hay que reconocerle a esta producción es el trabajo de introspección en los personajes, con cuidada dirección de actores, y una fuerza visual que, aunque pueda ser excesiva por momentos, es uno de los grandes atractivos de la propuesta. Ya desde el mismo inicio, este poderío visual se pone en evidencia con ese rostro de estatua partido por la mitad que se va transformando en un Kunde envejecido, en cuyo ojo nos adentraremos, para continuar con unas imágenes, en un rutilante color muy cercano al de las películas de los 60, en las que se irá narrando la historia previa de Idomeneo. Una proyección que me pareció impactante, aunque vuelva a ser un ejemplo de esas oberturas escenificadas que tan poco me gustan.

También creo que funciona la recreación de la playa con una lámina de agua sobre el escenario. Eso también tiene sus inconvenientes, el primero es que el agua estará presente en todas las escenas, aunque tenga más sentido en unas (al inicio o con el palacio destruido) que en otras (en la llegada de Idomeneo a palacio o el encuentro con la Voz); y el segundo problema que genera es que (vale, llamadme tiquismiquis) hace ruido. Esperemos que la cosa quede ahí y no tengamos que decir que además no sé cuantos artistas se han constipado por tener que estar chapoteando toda la función.

Los espejos tienen igualmente un papel preponderante en esta producción, como elemento en el que los personajes pueden enfrentarse a ellos mismos. Así veremos como Idomeneo busca su reflejo, mientras que Elettra lo rehúye aterrada. Confieso que gocé particularmente cuando el espejo reflejó el foso orquestal.

El momento más sorprendente de la propuesta de Livermore llega con la aparición de la Voz, momento en el que se pretende simbolizar el encuentro de Idomeneo con su propio interior, mediante la recreación en escena de algunos planos de la mítica película de Stanley Kubrick 2001, una odisea del espacio, cuyo final se reproducirá también durante los últimos compases de la ópera.

No acabé de entender, con este planteamiento de conjunto bastante coherente, por qué, aunque se esté escenificando una ensoñación del protagonista, se ve a Idomeneo rodeado de gente en el momento en que llega a la playa y antes de que aparezca en el libreto Idamante como el primer ser humano al que verá, en lo que supone su condena al sacrificio.

Atractivo, con toques setenteros, el vestuario de Mariana Fracasso; y buen trabajo de iluminación de Antonio Castro, ofreciéndonos por fin una puesta en escena donde las tinieblas no son protagonistas.

Me pareció una buena idea que se haya optado por introducir el intermedio de la función a mitad del acto II, tras el aria Fuor del mar, evitando así hacer dos intermedios, en una velada ya bastante larga de por sí, o dejar la misma dividida en dos partes muy desequilibradas. Se han aprovechado además esas transiciones entre actos para ubicar algunos de los ballets.

El maestro Biondi ocupaba por vez primera el foso de la sala principal de Les Arts. Me gustó en la Martin i Soler con Silla, de Haendel, y bastante menos en los dos conciertos mozartianos en el Auditori-Purgatori, con Davidde penitente y la Sinfonía Jupiter. Hasta ayer, de hecho, no acababa de tener claro que su fichaje como codirector musical nos hubiera ofrecido nada relevante. Por fortuna, su dirección de Idomeneo me ha resultado mucho más convincente. Ya desde el comienzo, con una vibrante obertura, se apreció un pulso narrativo que no decaería en toda la velada.

Con gesto claro y preciso, Biondi supo llevar el conjunto con frescura y agilidad y la orquesta volvió a mostrarse homogénea. Dirigió con fluidez y sin hacer pausas ni paradinhas para buscar aplausos. Su Idomeneo es mucho más humano que heroico, remarcando las emociones de los personajes en los momentos más líricos y en aquellos en los que el sufrimiento interno se ha de hacer presente en escena. Jugó con las dinámicas con inteligencia y consiguiendo notables efectos dramáticos. Intensos musicalmente resultaron instantes como Qual nuovo terrore y Oh voto tremendo. Logró un buen engarce entre foso y escena, sosteniendo y sabiendo respirar con las voces, y retardando los tiempos cuando los comprometidos pasajes ponían a prueba la agilidad de los solistas. Especialmente brillante resultó el precioso (musicalmente) ballet final que, aunque es obvio que dramáticamente es un lastre, es una bellísima página en la que se lució la orquesta con unos sonidos cautivadores que pusieron un inspirado broche de oro a la noche.

En el foso se utilizó adecuadamente un fortepiano en el acompañamiento a los recitativos junto al violonchelo de Jezierski. Gran noche de las maderas, con virtuosismo de flauta y fagot y la, no por acostumbrada menos agradecida, magia del clarinete de Joan Lluna y el extraordinario oboe de Christopher Bouwman, ayer absolutamente pletórico.

Tanto el director de escena como el musical de esta producción han insistido, en los días previos al estreno, en destacar especialmente el trabajo y la calidad del Cor de la Generalitat. Livermore ya tiene más experiencia con ellos, pero lo está diciendo desde que debutase en Les Arts con La Bohème. Todos los profesionales que pasan por aquí quedan impresionados por la calidad de nuestro coro. Y no es para menos. Tener un coro en el que se compagine una calidad vocal máxima, con equilibrio y homogeneidad, con una desenvoltura y entrega escénica absoluta, es un lujo. Las exigencias en escena de esta obra volvieron a ser enormes y el desempeño de la agrupación fue nuevamente irreprochable, chapoteando lo que hizo falta, y vocalmente hubo pasajes de honda emoción, destacando en unos Oh voto tremendo y Qual nuovo terrore majestuosos y en el Scenda Amor final, bellísimo; pero también en Nettuno s'onori, Corriamo fuggiamo o en Placido è il mar donde, a diferencia de lo que me comentaba un amigo, a mí sí me convenció. Quizás en el doble coro Pietà, Numi, pietà hubo demasiado desequilibrio sonoro con el interno, al menos en la posición de la sala en la que yo me encontraba.

El Ballet de la Generalitat también fue puesto a prueba nuevamente con esta producción, y estos ya no es que chapotearan, sino que se bañaron cual elefantes en charca, con unos resultados magníficos durante toda la velada en cuanto a rendimiento escénico y estética visual. Más crítico he de ser con que les sigan pidiendo hacer ruiditos (esta vez risas) mientras suena la música, y con el planteamiento, que no la ejecución, de algunas coreografías de falla de sección 4ª, como la del ballet final, cuyo único objetivo parecía ser levantar la pierna y rebozarse de agua.

Gregory Kunde sigue afincado operísticamente en Valencia y esperemos que dure. Yo no las tenía todas conmigo con este Idomeneo, porque cada vez le veo menos mozartiano y su voz va perdiendo frescura y limpieza. Y, efectivamente, me resultó poco mozartiano y la voz ha perdido frescura… pero me conmovió con su interpretación hasta el tuétano. Comenzó su intervención con una emisión sucia y veladuras tímbricas, pero dibujó en su primer aria uno de los momentos de la noche, con una hondura y sentimiento que sólo avanzaba el aperitivo de lo que vendría después. Continúa siendo dueño de un inmenso poderío escénico y vocal, especialmente en una franja aguda que sigue cautivando. Potenció la faceta de padre doliente frente a la de rey majestuoso, y fragmentos como Eccoti in me o su escena con el Sumo Sacerdote fueron nuevas muestras de la emoción que es capaz de transmitir, con un fraseo contrastado e intencionado. Posiblemente en Fuor del mar es donde pasó mayores apuros, capando coloraturas, con un fraseo más apresurado y algún ligero problema de fiato.

De vez en cuando hay cosas en las que coincido con Livermore, y una de ellas es en su tirria a los contratenores. Yo le agradezco que en este caso para el papel de Idamante se haya optado por una mezzosoprano, Monica Bacelli, quien sustituía en el reparto a, la anunciada a principio de temporada, Varduhi Abrahamyan (un día tendré que hacer una recopilación de todos los cambios sin previo aviso que se han producido este año en Les Arts y creo que no se salva ni un espectáculo). Por lo que conocemos de Abrahamyan y lo escuchado ayer, no sé que será peor, pero he de confesar que Bacelli fue lo que más me decepcionó. Se le suponía sabiduría y estilo, no en vano tiene grabaciones mozartianas relevantes, como una Finta giardiniera con el recientemente desaparecido HarnoncourtLas Bodas de Figaro con Zubin Mehta; pero no me convenció en absoluto. En general mostró una gran expresividad, pero más gesticulante que vocal y generalmente fuera de estilo, con recitativos masacrados y arias intrascendentes. Su voz velada, mate, engolada, no corría adecuadamente por la sala y sus graves eran áfonos. La estética tampoco ayudaba y, con su pequeña envergadura y ostensible dentadura gomezburiana, se hacía complicado creerse que era el galán de la película.

Bastante mejor estuvo la brasileña Lina Mendes. La ex cantante del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo construyó una encantadora Ilia, con voz de soprano ligera, timbrada, que, a diferencia de la de Bacelli, corría perfectamente y destacaba en los números de conjunto sin estridencias, es verdad que tuvo puntuales destemplanzas en el agudo, sobre todo al inicio, pero mostrando una bella línea de canto, delicadeza y buen gusto, en un fraseo que, además, se reforzó con la mejor dicción de la velada.

La versión ofrecida por Biondi de este Idomeneo es la que estrenase Mozart en Munich, aunque se ha añadido la imprescindible y bellísima aria del tercer acto de Elettra, D'Oreste d'Aiace, recortada en aquella versión, una auténtica prueba de fuego para cualquier soprano. En general todo el personaje de Elettra tiene una escritura endiablada y la valenciana Carmen Romeu salvó la papeleta con nota. Bella voz la de Romeu, grande y con una zona central rica y con peso, si bien las subidas al agudo sonaron en ocasiones algo estridentes y destempladas. Lidió su complicada entrada Tutte nel cor vi sento con empuje y carácter, haciendo frente con valentía a los saltos de la escritura. En Idol mio se mostró sugerente y matizada y presentó sus mejores credenciales en la parte más complicada, ese D'Oreste d'Aiace donde resultó diabólica y apasionada, siendo muy aplaudida por el público. Su construcción del personaje escénicamente fue, además, inmejorable.

En los papeles menores intervinieron miembros del Centre Plácido Domingo. Emmanuel Faraldo, como Arbace, se mostró muy verde, lució un agudo fácil, pero poco más. Correcto Alejandro López, como la Voz; y bastante deplorable el Sumo Sacerdote de Michael Borth.

La sala presentó bastantes más huecos que en los anteriores estrenos, pero, aún así, una entrada muy aceptable, de nuevo con bastante gente joven para lo que suele ser norma en los estrenos. En general parece que gustó el espectáculo, aunque había gente bastante desorientada con la odisea espacial de Livermore, como mi vecina de delante que cada dos por tres le susurraba al marido “¿pero esto quéee eees?” y que se indignaba mucho cuando los subtítulos se apagaban en las repeticiones de las arias. En el aplausómetro vencieron claramente la orquesta, coro y Kunde, siendo también muy aplaudidas Romeu y Mendes. La salida de Livermore a saludar fue enormemente descriptiva de lo mucho que personalmente parecía importarle la valoración de este trabajo. Asomó en escena con sonrisilla forzada de “estoycagao”, pero en cuanto hubo unanimidad de aplausos, se desató su alegría besándose y abrazándose con todo el mundo.

En suma, una muy buena noche de ópera en la que se pudo disfrutar de una ópera nada habitual, pero con algunas auténticas joyas en su interior que, desde aquí, os animo a descubrir en las cuatro funciones que restan.

A ver si Juanpalomo Livermore, esta vez como Intendente, cumple con las previsiones y en los próximos días nos anuncia la próxima temporada. Estaré alerta para informaros.


36 comentarios:

  1. Gràcies per la teua magnífica crònica. Esperava que digueres alguna cosa del monòlit de 2001. La referència a Kubrick ja era evident en bona part de l'obra. Creus que feien falta el fetus i la planxa negra? Jo em vaig cobrir la cara de vergonya. Tot i això, la proposta escènica m'agradà molt. La veritat, esperava que seria un nyap i vaig eixir satisfet. Salutacions a tots.

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    1. Pues tienes toda la razon. Esa avalancha final de todos los elementos de 2001 cayendo a escena fue excesiva.
      Saludos

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  2. Josep Olivé.

    "Gracias Idomeneo, contigo empezó todo!" Acierto de Les Arts en representar esta ópera crucial de Mozart. El chico ya apuntaba maneras com Mitridate y Lucio Silla, pero con Idomeneo se hizo hombre de golpe. Fué como una especie de Big Bang: su estallido proporcionó un corpus operístico inenarrable. Hay en ella, en cantidad y calidad, todos los Mozarts que vinieron después, y cualquier melómano capta perfectamente fragmentos de la misma proyectados en todas y cada una de las óperas subsiguientes.

    No fué un Idomeneo memorable para ser recordado especialmente, pero sí fué un Idomeneo al que le pondría un notable. Primeramente decir que Biondi acertó en la versión, incluyendo interludios en los finales y principios de actos y la impresionante ária final de Elettra. Acertó también en incluir el ballet completo al final del tercer acto. Y por supuesto acertó en no incluir el ária final de Idomeneo y la segunda ária de Arbace, pero... pero... pero hombre de dios, Fabio, como cortas el duetto de Idamante i Illia del tercer acto, duetto que viene inmediatamente después del maravilloso recitativo en arioso en el que Illia declara su amor..."...t'amo, t'adoro, e se morir tu vuoi pria..."... Esta frase, en boca de Illia, es uno de los momentos más excelsos de toda la historia de la ópera, y después de otra frase que viene a continuación se inicia un duetto excelso que lastimosamente se nos escamoteó ayer. Por poco pido la devolución de la entrada! :-)

    Orquesta magnífica, coro en el nivel habitual de Les Arts, o sea, de alto a muy alto, muy bien Fabio Biondi e irregular resultado en los cantantes. Kunde no me acabó de convencer. Le canvia el color de la voz de manera ostensible y no me encaja con Mozart su estilo. Bacelli exactamente igual: voz poco amable para la dramaturgia musical requerida para Idamante, áspera i excesivamente corrosiva. Bien, muy bien Romeu/Elettra y Mendes/Illia.

    La producción impactante desde el punto de vista visual y estético. Presencia del mar un tanto excesiva pero bien proyectada. Sin embargo no conectaba la historia griega con lo que veía en escena. A ráfagas podía entender cierta conexión, pero el conjunto se me caía a pedazos. La ficción de la escena final de la película de Kubric es acertada en el plano puramente escenográfico, pero no dramatúrgico. Además, jamás entendí lo que Kubric nos quiso decir al final de su majestuosa película y por tanto su realísima evocación solo pudo traerme más confusión aún. Pero bueno, también el libreto tiene sus incongruencias metastasianas y nos hace aparecer a un dios romano (Neptuno) cuando debería ser griego (Poseidón). Y que más da todo esto cuando el que pone la música és el gran Amadeus? Pues eso, que donde haya un Idomeneo alli procuraré estar yo.

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    1. Gracias por tu crónica, Josep.
      Sólo una precisión, el dúo no lo corta Biondi, sino Mozart en la versión de Munich que es la que se representa aquí, con un único añadido que es el aria de Elettra. Biondi dijo en su encuentro con el público el día 19 que "no he cortado nada que no cortase el propio Mozart en esa versión, así nadie podrá decir por qué ha cortado esto o lo otro..."
      Jajaja...
      Y comparto tu final, qué más da todo cuando la música es tan maravillosa.
      un abrazo

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    2. Josep Olivé

      Si es que hasta los genios tienen sus cosas, porque cortar también la de Elettra en Munich...Pero bueno, gracias por la aclaración y por descontado se admite el argumento de Biondi, que para algo es el que sabe y manda (musicalmente)...pero como soy pelín quisquilloso, ya que incluye la de Elettra...pues eso... :-) :-) :-)

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  3. Fallas muy pocas veces, pero con lo de gesto claro y preciso de Biondi, te has colado, lo siento. Pregunta a los músicos a ver que opinan

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    1. Gracias por tu bondad, pero supongo que fallaré infinidad de veces. De hecho no pretendo acertar, sino dar mi osada opinión, sin ser músico, con lo que lo más fácil es que meta la pata.
      En esta ocasión a mí desde el público me parecía un gesto claro, no digamos si lo comparamos con otros como Gergiev, pero quien lo ha de determinar son los cantantes y músicos. Y ya te digo que algún músico me ha dicho lo mismo, que de claro nada.
      Gracias de nuevo por tu aportación.

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  4. Estupenda crónica con la coincido. Enhorabuena.

    No voy a reiterar lo que tú ya has dicho y muy bien, solo me gustaría decir que para mí fue una gran noche y que animo a todo el mundo a ir a Les Arts porque disfrutarán de una música bellísima y de una producción musicalmente muy buena.

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    1. Gracias, Assai. Me sumo a tu petición... ¡acudan a Les Arts!

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  5. Muy interesante función, la verdad. Bacelli no me pareció tan mala como algunos la pintaron, quizá le falta un punto más de seguridad en el grave, para la voz corre y escénicamente está en su sitio. Mendes para mi fue una sorpresa muy positiva y tiene todas las bases del canto en su haber. Lo mismo pasa con Faraldo, que a pesar de perder presencia en cuanto desciende la partitura, tiene la voz muy igualada y facilidad para el agudo. Romeu ha dejado de ser la promesa de hace 6 años en aquel lejano Puñao de Rosas de la Zarzuela para ser una soprano estimable. De Kunde poco se puede decir, yo no tengo explicación. Cómo se puede cantar un Requiem de Verdi, después de un Des Grieux (de Puccini), Otello, Devereux, y luego hacer un Idomeneo tan bien dicho. Quizá la agilidad no está tan suelta como en sus buenos tiempos,pero está. El "Vedrommi intorno" es muy respetable y el da capo de "Fuor del mar" con las variaciones, muy cuidadas por él como siempre, le da mucho juego para lucirse. Fantásticos el coro y la orquesta, y Biondi está magistral...con los "suyos". A los cantantes ni les dirige la mirada más que para alguna entrada problemática que le incumba también a su labor de foso. Es inadmisible se vea por donde se vea, y si no fuera por cantantes que se saben el papel y le aguantan el tempo, más de uno habría muerto en combate. Por lo demás, Livermore es garantía de decencia y en ocasiones de mucha calidad pero a las sexta producción uno pide algo que le diferencie de las demás. Idomeneo podría ser perfectamente Don Alvaro, Elettra, Preziosilla, los bailarines de Vespri y las proyecciones de Otello. Al final uno pierde la concepción de la obra entre tanto astronauta y trasiego de figuración.

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    1. Gracias por dejarnos tu siempre fundada opinión.
      Sólo te digo que Bacelli estuvo bastante mejor ayer que en el estreno, aunque no me enamora tampoco su voz, más quizás su técnica, pero ayer si se escuchaba algo más.

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  6. Un añadido sobre la función del domingo, se confirma lo de que la función de estreno suele ser la peor. No sé si opinas lo mismo, pero el domingo todo mejoró ostensiblemente. La orquesta y el coro en estado de gracia y el ballet musicalmente estuvo de reclinatorio.

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    1. El ballet final, musicalmente, es soberbio. Y, sí, coincido, ayer estuvo todo mucho mejor, sobre todo me llamó la atención la mejora de Bacelli.

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  7. Los días de estreno suelen ser más flojos, sobre todo con cantantes jóvenes y con pocas tablas; a Kunde supongo que le da igual, ya tiene mucha mili.
    Yo voy el día 28, así que no puedo opinar aún.
    Y sorprende que no esté ya todo vendido; aquí por desgracia se sigue llenando el teatro cuando hay nombres de postín, si no la cosa flojea. Me han comentado que el día del estreno en platea había mucha gente invitada, que se repartieron entradas gratis, más de lo habitual, quizás para evitar la foto de un patio de butacas con demasiados huecos.

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    1. Es normal que el estreno salga todo menos rodado. Lo que me sorprende un poco más es que la voz de Bacelli, que sigue sin entusiasmarme, al menos ayer corría y tuvo algunos detalles bonitos.
      Kunde también estuvo mejor.
      Respecto al regalo de entradas hay otras veces en que podría confirmártelo, en este caso no me consta. Y había huecos pero no demasiados.

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  8. Buenas tardes, me podrían decir que tal es el diector de mañana para el Idomeneo de les Arts, tenía ganas de ver a Biondi pero en la función de mañana lo sustituye José Ramón Martín.
    Muchas gracias

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    1. Es un repertorista que no ha dirigido en ningún sitio.

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    2. Yo no le he visto dirigir nunca. Es un repertorista de Les Arts que está estos días trabajando codo con codo con Biondi. Veremos

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  9. Si sólo pudiera decir una palabra sería "BIEN". Ahora, si analizamos...
    Hay valores seguros, que son nuestros: la orquesta y el coro, magníficos como casi siempre.
    Creo que la dirección musical de José Ramón Martín ha estado más que correcta (y no la puedo comparar con la de Biondi porque no lo he escuchado)
    Kunde, magnífico Idomeneo, a pesar de algún resbalón puntual; Idamante notable justo; Ilia, maravillosa en su dulzura; Electra fantástica, con algún desliz también, pero potente y furiosa cuando tocaba. A Emmanuel Faraldo como Arbace deberían hacerle repetir curso, aunque esa voz de feo timbre y escasa proyección no sé si la arreglará el tiempo o la técnica (recibíó, para mi sorpresa, los primeros aplausos de la noche...de un grupo de sus amigos sentados casi a mi lado, claro)
    ¿Y la propuesta escénica de Livermore? Reconozco que hubo momentos de una plasticidad hermosa; pero yo fui a la ópera, no a una performance de videoarte. Livermore se está convirtiendo en un perfecto artista fallero; barroco, excesivo, pretende filosofar en exceso mezclando todo lo que se le ocurre: yihadistas, obreros, soldados, astronautas, guerreros griegos, policías municipales, chicas de una peli de los 70, Cruela de Vil...el mar, el cielo, galaxias con y sin odisea, tifones y explosiones nucleares...seguro que me dejo algo ¿Alguien da más en menos tiempo?
    Y encima falta al respeto a Mozart: el agua, tan agradecida plásticamente, se usa y abusa para hacer ruido, incluyendo rompientes de olas grabadas en un malecón (no eres tiquismiquis Atticus, es que realmente molesta).
    El ballet final fue el acabose, mucho ruido acuático para una coreografía aburrida, repetitiva y ejecutada sólo de forma muy irregular y con graves problemas de coordinación; eso sí, con mucho ruido acuático, porque eso parece ser mejor que los pentagramas de Mozart.
    Hay en internet una grabación completa de Idomeneo de Salzburgo, dirigida por Harnoncourt, del 2006, de propuesta escénica moderna pero austera que no molesta a lo fundamental que es la música y la voz. A ver si por aquí algunos aprenden.
    Si los directores de escena siguen por estos caminos, queriendo robar el protagonismo a lo esencial, la música, yo voy a acabar pidiendo cartón piedra para que nada se mueva, nada moleste. Recuerdo un Orfeo y Eurídice de Gluck en el Teatro Colón de Buenos Aires: se abrió el telón y me quedé pasmao al ver una falla mala de auténtico cartón piedra y un cielo con nubecillas pintadas; el vestuario griego griego; pero al salir del teatro no recordaba nada de eso, sólo la maravilla de la música y el canto, porque allí era lo único importante.

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    1. Gracias por dejarnos tu crónica.
      No pude ir a esta función, así que no puedo opinar sobre el trabajo de José Ramón y, aunque me han hablado de algunos errores en entradas, su labor tiene muchísimo mérito.
      Yo cada día aborrezco más el cartón piedra, pero tienes razón en que el barroquismo desaforado y tanto interés en bombardearnos con conceptos e ideas, al final dejan de ser complemento para ser un obstáculo a lo esencial que, para mí, ha de ser la música y el canto.
      Un saludo,

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  10. Brevemente: Muy buena impresión en general, lo que es curioso porque a todas las piezas se les pueden encontrar defectos, pero el puzzle completo funciona muy bien. Lo mejor, la dirección de Biondi, muy en estilo y ligera sin caer en lo excesivamente superficial. Hubo un par de ralentandos (o ralentandi?) que no me gustaron, pero en fin, minucias. Entre los cantantes, me gustó Bacelli (diferimos, por tanto) y también Mendes, aunque le falta un poco de chispa. Romeu es la más implicada dramáticamente y la voz más interesante, pero los agudos los da por aproximación y de le nota que sufre en este papel, lo que le resta brillo al conjunto de su actuación. Kunde ya no está para mozarts. En directo se salva porque tiene ese magnetismo que sólo tienen los grandes y que hace que uno acabe dando por bueno lo que realmente no es tan bueno, pero realmente debería replantearse su elección de repertorio. Faraldo estuvo más que correcto, pero la voz es la que es, pequeñita y con una proyección mejorable. La puesta en escena de Livermore, como siempre en él, tiene mucho mérito ( y es una obra complicada para un director de escena) pero está salpicada de detalles de mal gusto que afean el conjunto. Mejoraría si se simplificara, pero Livermore es horror vacui a todo trapo. Conclusión: que yo me lo pasé muy bien, la verdad, y aunque ninguna de las partes pase de bien, el conjunto es de notable.

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    1. Se echan mucho de menos sus crónicas imperiales...
      El resumen es perfecto, a todo se le pueden sacar fallos pero el conjunto funciona.
      Espero que a la próxima podamos coincidir.
      Un abrazo

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  11. Asistí a la última represantación de Idomeneo del día 4 para asegurarme de que Biondi ocupaba el foso.
    Decir que el libretto de la ópera es bastante peculiar en su adaptación de la historia clásica. Esa Electra que no pinta nada en Creta. Esa referencia a Ajax y que Agamenón no era rey de Corinto. Y ese uso de los nombres latinos de Poseidón y Zeus.
    La puesta en escena, para mí, fue ambivalente. Hubo cosas que me gustaron y otras que ciertamente no. La referencia, nada sutil, a Kubrick fue de lo peorcito. Supongo que la constante presencia de la lámina de agua haría referencia a que el poder del malvado Neptuno está presente y condiciona todo el desarrollo dramático. Sin embargo hubo momentos que me gustó.
    No entiendo muy bien que en lo musical se busque la aproximación histórica y en la escena se nos pongan astronautas, antidisturbios y Electras vestidas como Twiggy. Por cierto, el traje de astronauta es una mala broma a la gran "humanidad" del Sr. Kunde. Abogaría porque, alguna vez, se nos haga una producción historicista también en lo visual.
    He estado leyendo los anteriores e interesantes comentarios y, por supuesto, el de nuestro anfitrión. Mi conclusión es que cada representación, como es natural, ha tenido sus momentos.
    Antes de dar mis impresiones quiero decir que, después de la deleznable Aida, la música y el arte del canto han vuelto al Palau.
    Kunde defendió muy honorablemente su Idomeneo. Si bien su voz ya no tiene una frescura para Mozart, fue asombroso en agilidades y coloraturas. Después de haberlo escuchado en su impresionante Otello, era algo que no me esperaba, la verdad. Que la voz no es homogénea en todo el registro, bueno es un peaje a pagar. Diría que con las representaciones ha debido de engrandecerse si hubiera asistido a todas y pudiera comparar.
    Bacelli hizo, a mi juicio, un buen Idamante. Su voz se podría confundir en ocasiones con un contratenor grave o contralto, lo que me parece adecuado al papel.
    La Illia de Mendes me gustó más en el registro alto que en el medio-alto que se me hacía algo hiriente. Con todo, bien.
    Romeu lució poderosos medios y dramatismo. Eso sí, sus agudos y su vibrato agresivos,un poco molestos. Ninguna de las dos me parecen unas voces bellas.
    Respecto a los cantantes del centre, tanto Borth como López, estuvieron y con dignidad. El caso de Faraldo es aparte. No sé si no apoya la emisión, si no sabe o no tiene máscara, pero su voz se queda, no sale. Se queda en la garganta. No es que suene engolada, pero se queda baja, no sale del resonador alto.
    Al coro lo encontré muy bien y más equilibrado que otras veces. La orquesta correcta, con algún momento muy bueno. Nunca me ha entusiasmado con Mozart, la verdad.
    A Biondi sí que lo vi dando las entradas a los cantantes, aunque dada la distancia, tampoco puedo decir mucho más. Para mí, le faltó algo de nervio en el resultado total.
    Respecto al ballet, pues el chapoteo está bien un ratito, pero al final cansa. La inclusión, supongo que para amortizar, en todos los números musicales donde no hay canto me parece excesiva. Si bien la música es excelsa, las coreografías me parecieron totalmente extemporáneas. Yo creo que con los chapoteos que tuvimos en Juditha triumphans ya hubo bastante para unas cuantas temporadas.
    Público frío o más bien despistado desconocedor de la obra. También, sorprendentemente, los primeros aplausos fueron para Faraldo. Alguna tos de cantante wagneriano ( por favor, algo que amortigüe, una chaqueta, pañuelo, no sé ), cuchicheos irrespetuosos y algún whatsapp recibido dieron el toque imprescindible a una noche que, si no será de las memorables, entra dentro de lo digno del coliseo.
    Saludos

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    1. Pues muchas gracias por dejarnos tus interesantes opiniones.
      Hay cosas en las que no coincidimos, básicamente en Idamante, aunque reconozco que ha estado mejor en funciones posteriores que en la primera, o en alabar las agilidades de Kunde que yo creo un asesinato de Mozart, pero sí hemos coincidido en lo esencial, hemos disfrutado bastante con este Idomeneo.
      Un abrazo

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  12. Anónimo5/5/16 19:20

    Una vez leidas todas las opiniones que preceden a este comentario me gustaría expresar la mia desde la modestia de un simple aficionado que acude a todas las representaciones del Palau practicamente desde que se inauguró.
    Lo resumiría diciendo que las voces son la ópera, pero la ópera no son sólo las voces. A mi me atrae de la ópera su caracter de "espectáculo total" y disfruto de la puesta en escena, del vestuario,las luces,el esfuerzo de los cantantes por actuar y no solo cantar, y por supuesto de los ballets cuando los hay. La mayoría de los comentario que se leen en este blog se centran en las voces y siempre desde un punto de vista purista y excesivamente técnico dejando el resto en un segundo plano. No todos sabemos valorar "la emisión", "la máscara" "lo engolado" o "el resonador alto" pero si sabemos cuando algo nos emociona y nos gusta y cuando lo que vemos u oímos no nos trasmite nada.
    Yo estuve ayer en el Palau y me gustó mucho lo que vi y oí. Unas cosas mas que otras, por supuesto, pero pienso que este tipo de representaciones son el futuro de la ópera. Hay que atraer al espectador culto pero no entendido para que el sistema se mantenga sin necesidad de estar siempre pendiente de subvenciones y/o del dinero público. Y me parece que éste es el camino a seguir.

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    1. Muy interesante tu comentario y daría lugar a un amplísimo debate.
      Desde luego pienso que más allá de los comentarios o críticas que se puedan realizar lo importante no es el mayor o menor conocimiento del oyente, sino que la obra de arte le emocione. Si eso es así, el objetivo está cumplido.
      Yo lo he escrito muchas veces. Lo principal es que la emoción llegue a la sala. Si eso ocurre, seguro que las cosas están bien hechas, independientemente de que se entienda más o menos de cuestiones técnicas.
      Ahora bien, al espectador se le atraerá ofreciéndole calidad. No se trata de exigir que vengan siempre primeras figuras, pero sí de mantener un nivel en las voces acorde a la calidad de la orquesta y coro.
      Es verdad que aquí se habla mucho de voces, pero posiblemente porque sea lo principal en la ópera; y precisamente en este blog esos otros aspectos (orquestales, coro o escénicos) te aseguro que reciben mucha más atención que en las críticas oficiales.
      En fin, es un tema que da para mucho.
      Gracias en cualquier caso por tu aportación.

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    2. Completamente de acuerdo con tu apostilla. Y gracias por responder a todos y cada uno de los comentarios de los participantes en el blog...

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    3. Pues este no va a ser menos, jajaja, así que: gracias.

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    4. Anónimo8/5/16 01:08

      A banda dels aspectes musicals i escènics que s’han comentat en el blog sobre la representació d’Idomeneo i que en general compartesc, volia comentar la desagradable situació que van viure el dia de l’estrena. Només acabar l’obertura, el senyor de davant de mi trau el mòbil, li faig un toc a l’esquena i guarda el mòbil. Durant l’entreacte no diu res, però acabada la representació es dirigeix cap a mi i cap a la persona que tenia al costat tot indignat i fet un energumen dient-nos que qui eren nosaltres per dir-li a ell que guardara el mòbil, que “algun dia te van a romper los dientes”, i altres improperis. La veritat el seu to va ser molt agressiu. No sé que es pot fer al respecte, ja que aquest és un mal generalitzat no exclusiu del nostre teatre, però alguna solució se li ha de donar al problema dels mòbils. Com que hi ha gent que no pot resistir estar una estona sense palpar el mòbil, no veig altra solució que la de no deixar entrar mòbils a la sala o que hi haja personal en la sala que s'encarregue d'advertir a les persones que està prohibit.

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    5. El desagradable incident que comentes, que desgraciadament és molt habitual, és un problema de mala educació. És molt trist que arribem a la conclusió que l'única solució siga confiscar els mòbils, perquè amb una mica més de sentit cívic per part de cadascun de nosaltres, tot aniria millor.
      És veritat que el personal de sala hauria d'estar més atent, però, d'altra banda, amb la seua intervenció també molestarien.

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    6. Tanto en el Palau de la Música como en Les Arts es habitual, y mucho, que la gente miré decenas de veces su móvil, conteste mensajes etc, y de vez en cuando que suene alguno. Sin ir muy lejos, la señora Beneyto, tanto cuando era la presidenta del Palau como ahora, que suele estar (siempre en la primera parte y desaparece a menudo en la segunda), se pasa el tiempo con el telefonito en la mano

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  13. Y hablando de cosas más agradables, hemos tenido dos buenos conciertos líricos en el Palau de la Música.
    La semana pasada Mª José Montiel, que dio, a mi parecer, un gran recital, muy apropiado para su voz de mezzo. Lástima que el excesivo traje que "lució" en la segunda parte, más el mantón de Manila que sacó para las dos arias de Carmen, le dieran algín problema y la desconcentraran un poco.
    Y ayer Isabel Rey, que me gustó bastante por primera vez, acompañando al gran Leo Nucci, el barítono de 73 años dio una lección de canto insuperable; a pesar de los rasgos de la voz propios de su edad (y de un Fígaro con el que comenzó el concierto un tanto irregular): afinación perfecta, fiato inagotable, nada de vibrato... Cuando calentó la voz nos hizo disfrutar como hacía tiempo que no ocurría, al menos a mí

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    1. Totalmente de acuerdo. Dos conciertazos.
      Maria José Montiel estuvo excelente y su Charlotte de Werther fue de enmarcar.
      Nucci, con todos los reparos que se puedan hacer a su voz y trampas, es puro espectáculo, pero mucho más que eso. La muerte de Posa, de Don Carlo, que se marcó me dejó sin aliento. Su legato y emocionante fraseo fue de auténtico maestro.
      Y su Rigoletto... Pues eso... Historia de la ópera

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  14. El viernes se presentó en Les Arts la Compañía Nacional de Danza con un renovado Don Quijote de la mano de José Carlos Martínez. Es la primera producción netamente clásica que aborda la formación. El director-coreógrafo ha querido conseguir la cuadratura del círculo montando un ballet de técnica puramente clásica con bailarines que hasta ahora se han dedicado a la danza moderna e incluso contemporánea. Y creo que lo ha logrado bastante. La coreografía es fiel al original, con la "españolización de algunos números de conjunto como la seguirilla y el fandango, bailados al estilo de la escuela bolera española. Los solistas estuvieron a la altura, aún con algún desequilibrio en los finales de los números más arriesgados; el cuerpo de baile cumplió con creces.
    La escenografía y vestuario ha sido respetuosa con la tradición costumbrista, usando todos los tópicos que el siglo XIX nos encasquetó, pero creo que con bastante gusto (más estilizado que en otras producciones como la de París de Nureyev de los años 90). El segundo acto, la ensoñación de Don Quijote y Dulcinea, fue realmente bello y bien ejecutado.
    La orquesta cumplió perfectamente con una partitura, la de Minkus, de muy segunda fila en cuanto a calidad musical.
    En fin, una buena noche de ballet clásico que no es fácil de disfrutar por estos lares.

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    1. Pues muchas gracias por tu crónica, Juan.
      No puedo opinar ya que no he asistido a ninguna función, dado que a mí el ballet me motiva casi tanto como una colonoscopia.
      Lo cierto es que los comentarios de algunas personas que conozco que han ido coinciden en destacar la calidad del espectáculo.
      Un saludo

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    2. Jaja! Te advierto que ahora las colonoscopias las hacen con sedación.
      Venga, hasta el "Café Kafka", saludos.

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