jueves, 21 de junio de 2018

"LA DAMNATION DE FAUST" (Hector Berlioz) - Palau de les Arts - 20/06/18


Ayer tuvo lugar en el Palau de les Arts el estreno de La Damnation de Faust, de Héctor Berlioz, la última ópera de la temporada en su sala principal (el próximo domingo se estrenará en el Auditori La Clemenza di Tito, de Mozart, en versión semi escenificada). La principal noticia de este estreno es, sin duda, que el mismo se llevó a cabo sin que tengamos que reseñar ninguna incidencia ajena a lo puramente musical, ya que, finalmente, se desconvocó la huelga anunciada por el Cor de la Generalitat.

Eso no quiere decir que el problema se haya solucionado, ni mucho menos. Sus justas reivindicaciones continúan sin ser atendidas por la administración autonómica. Sigue sin haber un compromiso claro y por escrito que garantice la estabilidad de la plantilla y la consolidación de los puestos de trabajo que llevan desempeñando desde hace entre 15 y 30 años. La traición del sindicato FSP-UGT, obrando por la espalda y por motivos que algún día se conocerán, ha sido en primera instancia la causa de una desconvocatoria que ha venido seguida de la expresa voluntad de los miembros de la agrupación de dar una oportunidad más a la negociación, aceptando participar en una comisión de seguimiento junto a representantes de la empresa y la administración y posponiendo posibles acciones de protesta y huelga al inicio de la pretemporada si todo sigue igual.

No voy a ahondar más en este tema de momento. No quiero remover las heces con el viento en contra, prefiero dejar que las negociaciones sigan su curso en el ámbito en el que han de desarrollarse y no contribuir a que el ambiente pueda enrarecerse más. Es decir, justo lo contrario de lo que hizo recientemente el secretario autonómico de Cultura, Albert Girona, con unas impresentables declaraciones, indignas de un representante público, que lo único que hacen es dejar en evidencia que su imprudencia es aún superior a su ignorancia.

El caso es que estaba previsto que el Cor de la Generalitat protagonizase las crónicas de este estreno y finalmente así acabará siendo, aunque no por haber ejercido su derecho a la huelga, sino por protagonizar una de las actuaciones más memorables de un coro en un teatro de ópera que ha vivido quien esto escribe, convirtiéndose por los méritos de su propia valía en los indiscutibles triunfadores de la noche. Por supuesto sin que ninguno de los chupatintas, bocachancla y mequetrefes mentales varios que se permiten cuestionar y poner en riesgo la supervivencia del Cor estuviese presente. Aunque en su descargo hay que decir que televisaban el apasionante Irán-España y en À Punt se programaba un nuevo capítulo de “Açò és un Destarifo”.

Decía antes que La Damnation de Faust y La Clemenza di Tito van a ser los dos últimos espectáculos de la temporada. Y hay algo que me ha llamado la atención. La Clemenza se va a interpretar en el aborrecible Auditori en versión semi escenificada (en principio iba a ser en versión concierto) y Damnation escenificada y en la sala principal, cuando lo cierto es que La Clemenza es una ópera que nació con el objeto de ser escenificada y La Damnation es una cosa extraña. Berlioz la calificó como leyenda dramática y en múltiples ocasiones se representa en versión concierto, y es que el componente sinfónico de esta obra tiene mayor peso que el dramático. Quizás hubiera sido más lógico que la programación se hubiese hecho al contrario, pero me alegro enormemente de que no haya sido finalmente así, pues eso nos ha permitido disfrutar de la maravillosa música de Héctor Berlioz sin las distorsiones de la imposible acústica del Auditori.

Para la ocasión se ha presentado una nueva producción del Palau de les Arts en colaboración con el Teatro Regio di Torino y el Teatro dell’Opera di Roma, donde precisamente abrió la temporada 2017/18. La puesta en escena la firma el italiano Damiano Michieletto, de quien en este teatro ya se han visto bastantes trabajos; algunos mejores, como L’elisir d’amore o La scala di seta, y otros claramente fallidos, como Il Barbiere di Siviglia. La producción estrenada ayer obtuvo recientemente el reconocimiento de la crítica italiana obteniendo el premio Franco Abbiati al mejor espectáculo de 2017.

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a unos minutos de uno de los ensayos de esta Damnation de Faust y una de las primeras cosas que pensé fue que la puesta en escena concebida por Damiano Michieletto iba a ser fuertemente abucheada. Pero al final me equivoqué. Es verdad que hubo algunos abucheos, pero en absoluto el rechazo generalizado que yo imaginaba. Está claro que Michieletto decide aquí arriesgar fuerte y apuesta por dar una visión muy particular del mito de Fausto. Ya Berlioz, a su vez, ofreció en esta obra su personal lectura del Fausto de Goethe, eliminando el inicial pacto del protagonista con el diablo para lograr la juventud y llevándolo al final como forma de salvar el alma de Marguerite, o ambientando el inicio en Hungría en lugar de Alemania, entre otras cosas. Michieletto va aún más allá y transforma a Faust en un adolescente traumatizado por la muerte de su madre y objeto de bullying por sus compañeros que intenta suicidarse y que se agarra al amor de Marguerite como tabla de salvación frente a su sufrimiento.

La escenografía corre a cargo de Paolo Fantin, el vestuario de Carla Teti y la iluminación de Alessandro Carletti. Toda la acción se desarrolla en un mismo espacio escénico y el coro estará permanentemente presente en escena, sentado en un graderío por encima de los cantantes. El protagonista en la propuesta de Michieletto es claramente Méphistophélès, quien también estará casi siempre en escena, presencialmente o en proyecciones, con un comportamiento histriónico que recuerda bastante al de presentadores de reality show, donde su punto de vista será mostrado además mediante las imágenes que graba sobre el escenario un cámara portando una steadycam.

Visual y estéticamente hay que reconocer lo impactante de una producción que no puede dejar indiferente a nadie. El blanco luminoso predominante hasta el tramo final y la frialdad de la iluminación me recordaban un poco la estética del 2001 de Kubrick. Los momentos de amor junto a Marguerite trasladarán a Faust a su particular Paraíso que será mostrado con la proyección del cuadro del mismo título de Lucas Cranach el Viejo mientras Méphistophélès contempla la escena transmutado en serpiente, en uno de los instantes a mi juicio más logrados. Otros momentos que me parecieron muy positivos fueron el del coro celestial que salva a Faust del suicidio tras la brutal escena de bullying y que se ilustrará con los recuerdos de éste junto a su madre celebrando un cumpleaños; o la escena de la cabalgada a los infiernos y el Pandemonium, pese al aspecto de bolsas de basura gigantes en movimiento; o la Apoteosis de Marguerite final.

Es verdad que hay cosas que funcionan menos o alguna provocación un tanto gratuita, aunque creo que, en conjunto, los aspectos positivos pesan más que los negativos y yo me lo pasé especialmente bien. Reconozco que puede haber espectadores que se sientan molestos o desconcertados y un poco perdidos, pero en mi opinión hay ideas y sentido dramatúrgico e incluso creo que se consigue dotar de una cierta unidad narrativa a una obra que no puede presumir precisamente de tener un armazón dramático especialmente consistente. Además, algo que me parece incuestionable es el enorme trabajo de dirección de actores (cantantes y figurantes), cuidado hasta el último detalle, y ya sólo por eso el abucheo resultaría injusto.

Aspectos que considero negativos de la propuesta de Michieletto son: el ruido que se organiza en escena más de una vez perjudicando la música y, en general, que creo que pretende contar demasiadas cosas y quizás en ese afán de mostrar todas las lecturas y subniveles que ve el regista en la historia, se le ofrece un exceso de información visual al espectador en forma de claves que acaban por saturarle, haciendo que en lugar de centrarle le enreden más y le distraigan del apartado musical. Dicho eso pienso que en sucesivas visiones la propuesta puede ir ganando y el espectador descubriendo nuevos detalles. A mí sí me gustó.

La dirección musical corrió a cargo de Roberto Abbado, quien tras la marcha de Biondi se ha quedado ya como director titular en solitario de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, pero esta va a ser la única ópera que dirija esta temporada, algo ciertamente chocante. No obstante, la próxima no va a salir del foso más que para aliviar vejiga porque está previsto que asuma la dirección de 3 de las 5 óperas que se representarán en la sala principal.

La labor de Abbado ayer me pareció bastante destacable. Es verdad que con esta orquesta y este coro y la espléndida orquestación de Berlioz, era complicado que la cosa saliese demasiado mal. Abbado ayer se lo pasó teta, se le veía en el foso disfrutar con la obra que estaba dirigiendo. Hubo incluso momentos en los que daba la impresión de que tanto se emocionaba que alguna entrada se retrasaba o el tempo variaba. En cualquier caso creo que hizo un trabajo relevante, mantuvo el pulso y la tensión y consiguió que la partitura brillase como merecía. Aunque en ese resultado intervino y mucho la calidad de los músicos de la orquesta, destacadísimos del primero al último. Excelentes los metales, la percusión, una cuerda descomunal, con mención para la solista de viola, y unas maderas que lo bordaron con unas inspiradísimas flautas y Pierre Antoine Escoffier y Ana Rivera en oboe y corno inglés marcándose un acompañamiento bellísimo a D’amour l’ardente flamme.

Del Cor de la Generalitat ya he adelantado antes que fueron los grandes protagonistas de la velada. La calidad del sonido obtenida ayer fue espectacular. El empaste impecable y todas las cuerdas se escuchaban con un equilibrio extraordinario. Creo que habrá pocos coros fuera de nuestras fronteras que puedan garantizar hoy un rendimiento mucho mejor ante una obra tan enormemente exigente como esta. Todas sus intervenciones fueron, incluso pese a algún puntual desajuste, de poner los pelos de punta, pero destacaría la belleza obtenida en el coro de gnomos y sílfides del sueño de Faust y, por supuesto, en el maravilloso coro final. La colocación del coro estático y arriba por la propuesta escénica, ha motivado que el director musical haya decidido que algunos de sus miembros se ubiquen en el foso junto a la orquesta, posiblemente temeroso de que no tuviesen sus voces la relevancia adecuada. Yo creo que no hubiera pasado nada por situar a todo el coro arriba y quizás se evitarían problemas de puntuales desequilibrios entre el coro de foso y el del escenario, pero no voy a dar yo consejos al director. Más allá de haber conseguido Abbado o no su objetivo, lo que quedó claro es que músicos y cantantes estuvieron en el foso como sardinillas en lata. Y que todos los miembros de Cor, en foso y escena, demostraron que la retención urinaria la llevan bastante bien.

Buena fue también la participación final de los niños y niñas de la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet y la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats.

En el reparto vocal se ha contado con un trío protagonista íntegramente hispano, con el tenor Celso Albelo como Faust, Silvia Tro Santafé como Marguerite y Rubén Amoretti como Méphistophélès.

Gran mérito el de Celso Albelo ante un papel mucho más difícil de lo que parece a primera vista y que, si no me equivoco, debutaba. Además de eso tuvo que afrontar unas exigencias escénicas muy importantes y de todo ello salió con unos muy buenos resultados, yendo, a mi juicio, de menos a más, administrando perfectamente sus recursos. Su voz y fraseo ofrecen belleza y una técnica depurada, con una zona aguda muy solvente, brillante y potente. Hubo algún desliz de afinación y una cierta frialdad general, pero el resultado fue positivo.

También creo que se debe valorar como meritorio el desempeño de Silvia Tro Santafé componiendo una buena Marguerite pese a que creo que no es el papel que mejor se ajusta a sus características vocales. Quizás le faltase un poquito más de refinamiento, de control de volumen e intensidades, pero insisto en considerar positivos sus resultados, teniendo también que hacer frente a diversas exigencias escénicas de lo más variopinto, como el tener que cantar echándose vasos de agua por encima…

Aunque si ayer hubo un artista digno de reconocimiento por su comportamiento escénico, ese fue el bajo burgalés Rubén Amoretti. Sensacional toda la noche, con un trabajo actoral exhaustivo que además iba acompañado de numerosos primeros planos que sostuvo con sobresaliente. Impecable en lo dramático y muy destacado también en lo vocal, sabiendo transmitir toda la malvada ironía del personaje.

Correcto el Brander del alumno del Centre Plácido Domingo Jorge Eleazar Álvarez en la canción de la rata, uno de los instantes que más rechazo parece que provocó en el público por la ocurrencia de Michieletto de ilustrarlo con un gigantesco roedor en escena.

Especial reconocimiento merece también en esta obra el numeroso plantel de figuración que lleva a cabo un trabajazo monumental.

La sala principal de Les Arts presentó, lamentablemente, bastantes huecos. Parece que al público valenciano le siga costando animarse a asistir a óperas menos habituales, lo que es muy triste, pero si además le metemos un partido de Ejpaña, pues para qué queremos más. Aunque lo verdaderamente triste y lamentable de ayer no fue tanto el comportamiento del público que se quedó en casa como el de quienes asistieron a la función. Conté no menos de ocho deserciones durante la representación, con taconeo, portazo y cuchicheo incluido. Y lo mejor estaba por llegar. Al final, nada más apagarse la luz, bajarse el telón y cuando Abbado aun no se había bajado del atril, ocurrió esto:



Una estampida de proporciones dantescas en una de las mayores faltas de respeto a los artistas que yo he vivido en este teatro, y mira que he asistido a situaciones parecidas, pero lo de ayer era digno de un simulacro anti incendios con previa inserción de guindillas en el ano. No sé a qué narices se debió. El partido de fútbol ya había acabado y era una hora más que razonable… Los que se quedaron brindaron fuertes ovaciones para todos, y eso que durante la representación no hubo ni un solo aplauso pese a alguna que otra paradita estratégica de Abbado. Especialmente jaleados fueron el coro y la orquesta y también muy aplaudidos los solistas vocales. La salida del equipo escénico fue recibida con bastantes aplausos a los que se unieron algunos abucheos que no me dio la impresión que llegasen a ser mayoritarios.

Bueno, pues hasta aquí mi crónica de esta última ópera de la temporada en la sala principal. No puedo por menos que animaros a haceros con alguna de las numerosas entradas que hay disponibles para los próximos días. La belleza de la música de Berlioz lo merece. La calidad de nuestra orquesta y coro, más. Y la oportunidad de asistir a un espectáculo diferente siempre vale la pena. Los más reacios y clásicos haced un esfuerzo... el año que viene ya os hartaréis de Rigoletto, Lucia, Turandot y cosas de esas bonitas



viernes, 1 de junio de 2018

TEMPORADA OPERÍSTICA 2018/2019 EN EL PALAU DE LES ARTS

Esta mañana, por fin, tras una espera demasiado larga, condicionada supongo por cumplir todos los formalismos derivados de los cambios en los órganos de gobierno de la Fundación Palau de les Arts, se ha dado a conocer en rueda de prensa el contenido de la temporada operística 2018/2019 en el teatro valenciano. La presentación ha corrido a cargo de la recientemente nombrada presidenta del Patronato de Les Arts, Susana Lloret, del secretario autonómico de Cultura, Albert Girona y de la secretaria artística del teatro, Liviana Caporale. Parece que el próximo día 13 será Ramón Gener quien haga la presentación oficial al público en el propio teatro.

La sensación con la que me quedo después de conocer las previsiones para la temporada próxima es de decepción. Es verdad que hace apenas mes y medio, tras la dimisión de Biondi que ponía la guinda a la de Livermore de diciembre, y con la inacción de la conselleria de Cultura, yo era de los que pensaba que no iba a haber temporada alguna, así que quizás lo más sabio sería decir que ya nos podemos dar con un canto en los dientes y tirar una mascletà. Pero el ser humano es así de egoísta, no puedo evitar manifestar que no me parece una temporada para seguir intentando estar entre los teatros de primer nivel. Habrá que ser paciente y tomarlo como una temporadita de transición; como bajar un año a segunda división para coger fuerzas y reconstruir un equipo que pueda optar al siguiente a jugar la Champions (este ejemplo futbolero lo pongo por si me lee alguna lumbrera de la conselleria o del IVAC, que sepan de qué hablo).

Lo siguiente que hay que dejar muy claro es que el nuevo equipo de gobierno de Les Arts no tiene la más mínima responsabilidad, ni para lo bueno ni para lo malo, que pueda derivarse de esta programación. Es un paquete bomba que se han encontrado en el despacho del ex intendente, quien andaba cerrando esta programación cuando se marchó y ha habido que acogerse a la misma si queríamos tener algo. Y no sólo eso, intuyo que además la estampida de Biondi en abril habrá hecho modificar también más de una previsión, con lo que al final ha quedado una temporada con bastante poco sentido a mi juicio, aunque posiblemente resulte muy atractiva al neófito o pueda llevar a Les Arts a nuevos públicos que respondan a la llamada de títulos muy populares; pero desde luego no creo que tenga el más mínimo tirón fuera del territorio autonómico. Veo muy difícil que se vaya a viajar a València a propósito para ver óperas híper representadas, con un par de excepciones. Pero bueno, es lo que hay.

La pretemporada, que otros años se ha caracterizado por ofrecer oportunidades a jóvenes cantantes, empieza a lo grande el 17 de octubre, nada menos que con Turandot, de Puccini, con el protagonismo previsto de la soprano norteamericana Jennifer Wilson, inolvidable Brünnhilde de nuestro añorado Anillo, y el incombustible clik de Famobil Marco Berti que será Calaf por tercera vez en este teatro. Estarán acompañados por Miren Urbieta como Liú y Abramo Rosalen como Timur. La producción es la misma ya vista, revista y requetevista en Les Arts, la de las banderitas, ideada por el cineasta Chen Kaige y que para algunos aficionados siempre estará ligada a la entrañable despedida del maestro Mehta de Les Arts en 2014. Me parece bien que si se repone un título en pretemporada se procure aprovechar una producción propia, aunque no sé si tiene mucho fuste repetir por ¡¡cuarta!! vez esta Turandot. En la dirección musical se anuncia a Alpesh Chauhan, que parece que Rajoy esté comiéndose un polvorón caducado, pero no, es el nombre de un joven director británico. Están previstas seis funciones en la sala principal durante el mes de octubre. Espero que, igual que en años anteriores, se ofrezcan las localidades a precios populares.

La temporada operística propiamente dicha se inaugurará el 1 de diciembre con una nueva producción del Palau de les Arts y el Festival de Ópera de Macerata de La flauta mágica, de W.A. Mozart. Se anuncian cinco funciones más los días 4, 7, 9, 13 y 15 de diciembre. La dirección escénica correrá a cargo de Graham Vick y la musical del alemán Lothar Koenigs, ex director de la Welsh National Opera, y que no sé si estaba previsto ya en las meninges de Livermore o ha sustituido en los planes a Biondi. En el reparto nos encontramos con un hombre bastante querido en Les Arts, el tenor ruso Dmitry Korchak, como Tamino, quien estará acompañado por Mariangela Sicilia (Pamina), Mark Stone (Papageno), Tetiana Zhuravel (Reina de la Noche) y Wilhelm Schwinghammer (Sarastro). No está mal, pero no creo que tenga la relevancia que debería tener la producción de apertura oficial de la temporada.

Enero vuelve a estar en blanco de óperas, algo que ha sido habitual durante la intendencia del señor Livermore, quien aprovechaba este mes, de máxima actividad operística en todo el mundo, para dejarnos colgados mientras él se iba a presentar producciones suyas por ahí fuera.

Si esta temporada la “rareza” verdiana ha sido Il Corsaro, la próxima le toca el turno a I Masnadieri, que podrá verse los días 6, 9, 12, 15 y 17 de febrero de 2019, en una coproducción del teatro San Carlo de Nápoles y La Fenice veneciana, con dirección escénica del milanés Gabriele Lavia y dirección musical de Roberto Abbado. Tampoco sé si estaría inicialmente previsto Abbado o es otra sustitución de Biondi. En el reparto previsto se encuentran Fabio Sartori, Artur Rucinski, Dominick ChenesRoberta Mantegna o Michele Pertusi. Con todos los Verdi interesantes que aún quedan por ver en este teatro (Falstaff, Ballo in maschera, Ernani, Attila…) estos Masnadieri no es que me entusiasmen especialmente, pero bueno, al menos es la única ópera nueva que oiremos en Les Arts este año.

Los días 22, 24, 28 y 31 de marzo llegará una de las cosas que más me motiva del próximo año (por título y director), la Iolanta de Tchaikovski, con dirección musical de Henrik Nánási quien, otra temporada más y esto es una excelente noticia, regresa a Les Arts. La dirección escénica será de Mariusz Trelinski en una producción del Teatro Marinski. En el reparto aparecen los nombres de Alexander Roslavets, Gevorg Hakobyan y Boris Pinkhasovich, pero tampoco se dice nada sobre quiénes asumirán los papeles de la pareja protagonista. Esta es una ópera en un acto que apenas llega a las dos horas y que es frecuente programarla en programa doble con otra ópera corta. No parece que vaya a ser el caso de Les Arts.

En abril, los días 11, 14 y 18, con función didáctica el 16, volverá la zarzuela a Les Arts con La Malquerida, de Manuel Penella, en una coproducción del Palau de les Arts y Teatros del Canal de Madrid que se representará en la sala Martin i Soler por miembros del Centre Plácido Domingo. La dirección escénica se encomienda a Emilio López, antiguo colaborador de Livermore en numerosas producciones y de quien ya pudimos ver la Madama Butterfly de la pretemporada actual. El director musical será el sabadellense Santiago Serrate.

Como parece que menos de dos Verdi por temporada debe ser pecado livermoriano, en mayo (días 11, 14, 17, 19 y 22) vuelve a Les Arts Rigoletto. Esta vez en la conocida producción de ABAO y el San Carlos de Lisboa con dirección escénica de otro habitual en Valencia, Emilio Sagi. En la dirección musical vuelve a aparecer anunciado Roberto Abbado y en el reparto aparece, no sabemos cuánto tardará en cancelar, Leo Nucci quien compartirá el papel protagonista con Vladimir Stoyanov, Gilda será la napolitana Maria Grazia Schiavo y el Duca Celso Albelo. Si al final viene Nucci ya pueden empezar las funciones pronto para dejarle bisar hasta que cierren el parking.

La temporada finalizará con el que, de antemano, se presenta como su plato fuerte, Lucia di Lammermoor, de Donizetti, en una coproducción de la Opéra de Monte-Carlo y el New National Theatre de Tokio, con dirección de escena de Jean-Louis Grinda y musical de… a ver si lo adivináis… sí, Roberto Abbado, que después de lo poco que se ha prodigado la presente temporada, a la próxima va a chupar foso como un galeote. El reparto de esta Lucia es el que genera a priori mayor interés, con el protagonismo de la pareja formada por la soprano Jessica Pratt y el tenor chino Yijie Shi, a quienes pudimos ver el año pasado en el estupendo Tancredi que cerró temporada. Junto a ellos estará otro cantante que se prodiga bastante últimamente por Les Arts, el bajo Alexánder Vinogradov. Hay previstas seis funciones los días 22, 25, 28 y 30 de junio y 3 y 6 de julio de 2019.

Y hasta aquí el programa operístico. Una ópera en pretemporada y cinco en temporada, más una zarzuela en la Martin i Soler. Más o menos como este año. Se anuncia un recital de Lang Lang el 23F. Además tendremos conciertos con la presencia de batutas como Plácido Domingo, quien vuelve a anunciar concierto pre navideño con el Cor de la Generalitat además de un recital de ópera y zarzuela. Otros directores presentes serán Ramón Tebar, Takács-Nagy, Óliver Díaz, Roberto AbbadoMiguel Ángel Gómez Martínez, Jordi Bernàcer, Pablo RusGustavo Gimeno Christopher Franklin. Y también nos castigarán con el consabido ballet, en esta ocasión El lago de los cisnes con una compañía de Kazajistán, algo que francamente no alcanzo a comprender.

Como decía al comienzo, después de haber estado más convencido que nunca de que, esta vez sí, Les Arts se iba definitivamente al hoyo, encontrarse ahora con una temporada anunciada con Turandot, Flauta Mágica, Masnadieri, Iolanta, Rigoletto y Lucia, debería ser motivo de satisfacción. Si además de eso se trata de óperas que, casi con toda seguridad, van a dar muy buenos resultados en taquilla; y si encima se perciben algunos gestos y comportamientos en los nuevos gestores de Les Arts que animan a ser optimistas respecto a la evolución de los acontecimientos en los próximos meses, parece que debería acabar esta entrada justo al contrario de como la empecé, manifestando mi incondicional alegría ante el anuncio de la temporada. Pero no puedo evitar sentirme un poco decepcionado.

Las temporadas de Livermore siempre han tenido un par de títulos súper populares  que se unían a otras obras menos conocidas y a incursiones en todo el repertorio, desde el barroco al siglo XX. Este año tenemos 4 títulos de los más populares del repertorio (Turandot, Flauta, Lucia y Rigoletto) y dos menos conocidas, aunque una de Verdi y otra de Tchaikovski. Y de esas seis, cinco ya se han representado en Les Arts, únicamente Masnadieri es novedad. Por supuesto, para evitar sarpullidos y náuseas del ex intendente, ni Wagner, ni Strauss ni nada que huela a germánico más allá de Mozart. Este año ni el repertorio francés tiene presencia, sólo el ruso con Iolanta y el resto, aparte de la Flauta, ópera italiana. Y por lo que respecta a la variedad de estilos o periodos compositivos, La Flauta es de 1791, pero el resto son de 1835 (Lucia), 1847 (Masnadieri), 1851 (Rigoletto), 1892 (Iolanta) y 1926 (Turandot). Poca diversidad.

Ya sé que algunos me estarán poniendo a parir por mirar con lupa una programación de emergencia para salvar el tipo, lo siento. Desde luego si Livermore no hubiera dimitido y nos estuviera presentando ahora esta temporada os aseguro que mi tono sería muchísimo más duro. Esperaba que el armazón que estuviera montando fuera más interesante de lo que ha acabado siendo que casi me ha recordado al programa de una compañía búlgara itinerante. Confiaba en que hubiera dejado algún otro Britten apalabrado, o incluso, iluso de mi, que se hubiera acordado de que este año se conmemora el centenario del nacimiento de Leonard Bernstein y tuviéramos una Candide, por ejemplo. Aunque Bernstein parece que tendrá presencia en el concierto que dirigirá Christopher Franklin.

En cualquier caso no quisiera transmitir mal rollo. Me lo tomaré como una temporada de transición y de hacer caja, y creo que podemos tener cierto optimismo en que el nuevo equipo gestor va a hacer lo posible por sacar esto adelante con ideas nuevas. De momento el que se vaya restableciendo una cierta estabilidad con una temporada anunciada, es muy positivo. Ahora habrá que ver cómo evoluciona la elección de director artístico y musical porque de ello sí que dependerá decisivamente el futuro de nuestro teatro.

lunes, 28 de mayo de 2018

UN PATRONATO SIN MÚSICOS


Han transcurrido ya once días desde que el conseller de Cultura, Vicent Marzà, anunciase la nueva estructura y composición del Patronato de la Fundación Palau de les Arts y una semana desde que este organismo celebrase su reunión constitutiva, en la que se dio vía libre a las bases de la convocatoria del concurso para la contratación del nuevo director artístico de la casa que salieron publicadas en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana del pasado día 21 de mayo. Y a propósito de todo eso me gustaría hacer algunas reflexiones, aun a riesgo de que se me califique de agorero o de eterno descontento.

Quiero dejar claro ante todo que, como ya he dicho en este mismo blog antes, considero una buena noticia que el nuevo Patronato de Les Arts deje de ser un órgano integrado exclusivamente por cargos políticos y se haya dado entrada a seis personas representantes de eso que se da en llamar sociedad civil. También es muy buena noticia que esas personas vayan a tener representación en la Comisión Ejecutiva de Les Arts con Susana Lloret como presidenta y Carmen Alborch, Isabel Muñoz y Pablo Font de Mora como vocales junto a la secretaria autonómica de Hacienda y el conseller de Cultura, así como el secretario autonómico de Cultura y Deporte que será el vicepresidente.

¿Qué es lo que me preocupa entonces? Pues, en primer lugar, como ya dije, me da bastante miedo que esa presencia civil en Les Arts al final sólo sirva para dar apariencia de apertura y transparencia a unas decisiones, o mejor dicho, a una ausencia de decisiones efectivas, que es lo que hasta ahora ha venido caracterizando la actuación de los representantes políticos en la gestión del teatro valenciano poniendo en serio riesgo su supervivencia como un proyecto de calidad internacional. Pero bueno, al fin y al cabo eso sólo es mi miedo particular sobre algo que todavía no ha ocurrido y que, al menos, merece un margen de confianza.

Bastante peor que eso me parece, y esto ya no tiene solución salvo que se replanteen reformar de nuevo el recién reformado Patronato, la ausencia absoluta en el mismo de músicos o de personas profesionalmente ligadas a la música o a la ópera. Ya dije el otro día que me parecía lamentable que se haya excluido del órgano de gobierno a la única persona que no era cargo político en el anterior Patronato, el director del Cor de la Generalitat, Paco Perales. No me parece de recibo que una vez que se decide reestructurar la composición de los órganos de Les Arts no haya representación en su seno de nadie del mundo de la música. Ahora mismo me atrevo a decir que los únicos que sabrán algo de ópera ahí dentro cuando se pongan a debatir serán Pablo Font de Mora y Carmen Alborch, como buenos aficionados que son, pero no dejan de ser eso, aficionados. Creo que esto es algo suficientemente grave como para que deba replantearse el nuevo Patronato dar entrada a los profesionales de la ópera o de la música que entiendo que tendrán bastante que decir respecto a la gestión de Les Arts que, si no me equivoco, sigue siendo fundamentalmente un teatro de ópera, no una empresa repostera ni un centro de investigación (aunque a veces se trate al abonado como a cobayas).

La voz del músico debería estar presente en el Patronato de Les Arts, aunque sólo sea para poder contrarrestar y rebatir con seriedad las insensateces con las que de vez en cuando nos obsequian algunos genios allí presentes, como el patrono señor director general del Instituto Valencià de Cultura y ex director de la Mostra de Mim de Sueca, Abel Guarinos, diciendo majaderías como que el Cor de la Generalitat lo que necesita son “voces jóvenes”. Más bien me parece a mí que es el IVC el que necesita cabezas jóvenes y pensantes, no soportes para llevar el sombrero. Lo que necesita el Cor básicamente es que se le respete, que después de 30 años demostrando su excelencia internacional y siendo víctimas, que no causantes, de la irregularidad de la situación en la que se les ha mantenido, ahora se les repare esa situación de la única manera posible, inventándose lo que haga falta para consolidar y mantener a este conjunto de músicos que, como tantas veces he dicho, son un activo cultural principal de la Comunitat y como tal ha de ser tratado y valorado, con la excepcionalidad que sea precisa, como se ha hecho en otras ocasiones con cosas bastante menos relevantes para la cultura. De momento al Cor se le sigue faltando al respeto y, tras detener los paros previstos en Tosca con promesas de soluciones urgentes, el señor este de la Mostra de Mim en la última reunión con los representantes del Cor llegó de nuevo con las manos como la cabeza, vacías. Así que, por si queríamos más animación, de nuevo la huelga del Cor de la Generalitat, esta vez para el estreno de La Damnation de Faust, está sobre la mesa.

La situación en la Orquestra de la Comunitat Valenciana está aparentemente más tranquila, pero no mejor. La falta de soluciones al necesario reforzamiento de la plantilla titular, el descabezamiento de la orquesta tras la marcha de Biondi y la poca actividad de Abbado y la incertidumbre sobre el futuro de la dirección musical, sólo puede deteriorar más una agrupación que sigue perdiendo miembros y que, al igual que ocurre con el Cor, debería ser un objetivo prioritario el mantenerla como el referente musical internacional que ha sido y deberíamos desear que siga siendo. Recientemente Rosa Solà realizó en Valencia Plaza unas reflexiones al respecto para chuparse los dedos que suscribo completamente y que podéis leer AQUÍ.

Señoras y señores del nuevo Patronato, ustedes deberían ser los primeros interesados en que la voz de los músicos se escuche en ese organismo, les resulte cómoda o incómoda, porque eso les acercará a la realidad y permitiría una gestión más eficiente.

Es verdad que con el nuevo equipo de gobierno de Les Arts se abre una luz de esperanza a que las cosas puedan ir mejorando, pero la situación requiere actuaciones urgentes. El nombramiento de director artístico y aclarar la dirección musical de la casa son acciones prioritarias. Más allá de concursitos y apaños formales hay que tomar decisiones ya, porque si se permite que se echen a perder el Cor de la Generalitat y la Orquestra de la Comunitat Valenciana y disminuya su excelencia, el proyecto de Les Arts dejará de tener sentido. La calidad de sus cuerpos estables es lo que pone en valor hoy por hoy a Les Arts en el ámbito nacional e internacional y su defensa debe ser el objetivo numero 1 de sus gestores. Lo demás es secundario.


viernes, 18 de mayo de 2018

RENOVACIÓN DEL PATRONATO DEL PALAU DE LES ARTS


Cinco meses y medio después (que se dice pronto) de que Davide Livermore presentase su dimisión como director artístico del Palau de les Arts, parecen darse por fin los primeros pasos efectivos para intentar empezar a enderezar el rumbo del teatro valenciano. El conseller de Cultura Vicent Marzà anunció ayer en rueda de prensa que el próximo lunes tendrá lugar la reunión constitutiva del nuevo Patronato de la Fundación Palau de les Arts que, a su vez, anunciará las bases de la convocatoria del concurso para la contratación del nuevo director artístico de la casa.

La primera buena noticia es que se anuncia una Presidencia del Patronato desvinculada de cargos políticos y con una intensa relación con el mundo de la cultura y el mecenazgo en nuestra ciudad, en la persona de Susana Lloret, vicepresidenta y directora general de la Fundación Per Amor a l’Art. Esa apertura del Patronato a la sociedad civil se completa además con la introducción de otras cinco personas más como son: la ex ministra de Cultura y patrona del Teatro Real, Carmen Alborch; Isabel Muñoz, que fue directora del Centro de Investigación Príncipe Felipe; José Remohí, del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI); Rafael Juan, empresario; y el presidente de la Asociación Amics de l'Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana, Pablo Font de Mora.

Esto sin duda es una noticia que invita al optimismo de quienes, entre los que me incluyo, llevamos años abogando por un Patronato menos político. El problema es que, aunque se ha dado entrada a esas personas, los miembros del Patronato que lo son en función de sus cargos políticos, aumentará respecto a la anterior composición, pasando de 8 a 12, o sea doblando el de “representantes de la sociedad civil”. Entre estos cargos políticos se quieren reservar dos asientos al Ministerio de Cultura, a ver si alguna vez se digna mirar hacia Valencia más allá de para venir a la playa a chupar cabezas de gamba, y se animan a integrarse en Les Arts y a aumentar el actualmente insultante apoyo económico al teatro. Del antiguo Patronato parece que cae también la única persona que no era cargo político, el director del Cor de la Generalitat, Paco Perales, lo cual es una lamentable noticia, pues se pierde una de las voces más sabias de la música valenciana y los músicos dejarán de estar representados.

Por supuesto que esta estructura, al menos sobre el papel, es infinitamente mejor que lo que había, pero permitidme que muestre cierta desconfianza inicial. Si de verdad esa apertura a la sociedad del órgano de gobierno de la Fundación se hace efectiva y la sociedad civil tiene voz decisiva en los acuerdos del Patronato, entonces estaremos en la buena senda; ahora bien, no me gustaría nada que esta nueva estructura no fuese más que una renovación del desgastado maquillaje de los representantes políticos en Les Arts y al final solo sirviese para dar una apariencia de apertura y transparencia a unas decisiones en la misma línea que las que se han venido adoptando poniendo en peligro el futuro del teatro. Espero fervientemente que no sea así. Y será obligación de esas seis personas que se incorporarán al Patronato permanecer vigilantes para que no les tengan sólo de comparsas. Por otra parte, habrá que ver cuál va a ser la composición definitiva de otro órgano, la Comisión Ejecutiva, que será la que efectivamente vaya marcando el rumbo de la gestión.

Otra buena noticia anunciada ayer es el nombramiento de Plácido Domingo al frente de una nueva Comisión de Mecenazgo de Les Arts. Es motivo de enorme satisfacción que este gran artista decida seguir implicándose personalmente en el futuro de nuestro teatro pese a todo lo que ha caído. Pocos perfiles más apropiados habrá desde luego para buscar apoyos económicos nacionales e internacionales a la ópera en Valencia que el maestro Domingo, a quien le deseo mejor fortuna en esta singladura que la que tuvo Helga Schmidt cuando le vendieron la moto de dirigir el mecenazgo del teatro.

Y también pienso que es una buena noticia la confirmación de Francisco Potenciano como director gerente.

Respecto al concurso que se pretende convocar para la contratación del nuevo director artístico, espero que a partir del lunes, cuando se anuncien las bases del mismo, se despejen algunas de las muchas dudas que todavía existen sobre este proceso selectivo. De momento ya es un hecho constatado que no se han cumplido los plazos previstos y en junio no habrá todavía nombramiento. Dice el conseller que “hemos avanzado todo lo rápido que hemos podido, pero estas cosas requieren su tiempo”, una gran frase que pasará a los libros de politología y que en realidad quiere decir “dije una fecha a pitopito porque no tenía ni puñetera idea de lo que cuesta montar un tinglado de estos”.

Y otra cosa que no entiendo o no ha explicado bien Marzà es que, después de anunciar una convocatoria pública, imagino que con unos méritos a valorar, hable de que el proceso será confidencial. Entiendo que quiera avisar a posibles concursantes de que no van a ir pregonando quién se va presentando (cosa que conociendo el percal tampoco me atrevería yo a asegurar, cuando de hecho ya se están filtrando algunos nombres), pero espero que si se empeñan en establecer unos baremos (que siempre me ha parecido una estupidez), se haya de ser escrupulosamente transparente a la hora de justificar por qué se elige a Pepe y no a Juan.

Bueno, a partir del lunes veremos cómo va evolucionando la cosa. Más allá de las dudas, como decía al comienzo, lo principal es que parece empezar a desbloquearse la situación, lo que es fundamental para evitar que la imagen del teatro siga dañándose, y que algunas de las líneas que se apuntan no tienen mala pinta. Pondremos una vela a San Judas Tadeo.

lunes, 7 de mayo de 2018

"TOSCA" (Giacomo Puccini) - Palau de les Arts - 06/05/18

Ayer se estrenó otra Tosca en el Palau de les Arts… Y ya van tres desde que se inauguró. Con todas las obras de primera línea que hay en el repertorio operístico que todavía no se han estrenado en este teatro, se sigue insistiendo hasta el hartazgo en unas pocas, como es el caso de Tosca. Ya no hablo de obras o autores más singulares, sino que incluso dentro de la producción de los omnipresentes Puccini o Verdi tenemos óperas importantes como La fanciulla del West, Il Trittico, Ernani, Un ballo in maschera o Falstaff, que aún no se han escuchado, mientras que algunos tenemos ya un cierto empacho de chuparnos tanta Traviata, Butterfly, Turandot o Tosca. Pero claro, mientras se sigan agotando las localidades con estas obras es complicado que los gestores del teatro (si es que los hay actualmente) se planteen renunciar al recurso fácil de su programación en modo pepino.

Y hablando de gestores, la indolencia y desvergüenza de los actuales irresponsables culturales de la Comunitat respecto la situación que se vive en Les Arts, alcanza ya cotas que poco tienen que envidiar a las que en su día consiguieron otros nefandos personajes como Lola Johnson o María José Catalá. Se suponía que en marzo se iba a anunciar el concurso público para cubrir la vacante originada por la dimisión de Davide Livermore; estamos en mayo y el silencio es la única respuesta. La temporada próxima sigue sin hacerse pública. El desconcierto respecto al futuro de la dirección musical de la Orquestra de la Comunitat Valenciana es total tras la dimisión de Fabio Biondi, sin que nadie quiera aventurar nada ni se establezcan contactos en tanto no haya un nuevo director artístico. El Cor de la Generalitat anuncia drásticas medidas de protesta respecto a su situación y les torean con bonitas palabras vacías de hechos y soluciones concretas. La situación general del teatro es caótica y esperpéntica, pero lo más bochornoso de todo es que quienes deberían tomar medidas, o al menos dar la cara (dura) para no transmitir esta imagen de vacío de poder y de ideas, callan y se desentienden por completo, demostrando que esto no les importa nada. Luego cuando no haya nadie que se interese por venir a Valencia como director artístico o director musical igual hasta se extrañan.

Mientras tanto, los trabajadores y el equipo técnico del teatro, así como los miembros de la orquesta y del coro, siguen dando lecciones de profesionalidad, haciendo que todo funcione con apariencia de normalidad.

Y para completar el sainete, va y resulta que, en medio de esta juerga padre que vivimos, la dirección escénica de la Tosca estrenada ayer es de nuestro amigo el ex intendente Davide Livermore, quien se presentó ayer en Les Arts cojeando y apoyándose en una muleta (supongo que no sería una lesión de retorcerse por el suelo de risa viendo el panorama que ha dejado). La producción presentada pertenece al Teatro Carlo Felice de Genova y contiene rasgos bastante habituales en sus trabajos: hay claras influencias del lenguaje cinematográfico (aunque particularmente me ha parecido una sandez eso que ha dicho de que se presentaba la historia como un plano secuencia), no faltan algunos vídeos con nubarrones, la dirección de actores está trabajada, la escenografía es escueta pero efectiva, y, aunque pueda haber alguna pequeña licencia efectista, la propuesta no deja de ser enormemente clásica y fiel al libreto.

Toda la acción se desarrolla en una plataforma triangular imitando mármol, por supuesto muy inclinada, que igual servirá para escenificar la iglesia de Sant'Andrea della Valle en el primer acto, el despacho de Scarpia en el Palazzo Farnese en el segundo, o el Castel Sant’Angelo en el tercero; y el caso es que funciona bastante bien. Las velas tendrán también un importante protagonismo, tanto en la iglesia, como en los candelabros de Scarpia o en la celda de Cavaradossi. El gran valor de la escenografía es su movilidad y a su vez constituye uno de sus principales defectos. La plataforma girará frecuentemente ayudando a crear la diferenciación de ambientes de las distintas escenas sin interrupciones (a eso supongo que se refería Livermore cuando hablaba del plano secuencia) con diferentes puntos de vista y permitiendo un fluido movimiento de personajes. Además de eso, el giro se utilizará para ofrecer al espectador distintos niveles de la acción, permitiendo, por ejemplo, que veamos la tortura de Cavaradossi mientras Scarpia presiona a Tosca para hacer guarreridas, vulnerando el libreto pero potenciando el crescendo dramático. La diferenciación de planos de la acción jugará también un papel simbólico, con el poder eclesiástico arriba y el pueblo debajo, o con Tosca en lo más alto tras asesinar al vil Scarpia. La entrada en escena de éste es impactante, con el malvado personaje plantado en el vértice de la plataforma dominando la acción como una especie de Capitán Ahab en la proa del Pequod.

El problema estriba en que se abusa del efecto giratorio, que bien administrado es interesante pero que acaba por cansar y marear al espectador que sale de la sala con los ojos como Marty Feldman. Además se desluce el drama dando la impresión a veces de que los cantantes se encuentren en un tiovivo. Y para rematar, el carrusel y las alturas también afectan a las voces de los cantantes que pierden proyección. Y encima la plataforma al girar hace ruido que interfiere la música.

Durante el primer acto se ofrece al fondo del escenario la imagen circular, como un gran ojo vigilante, de la cúpula de la iglesia de Sant'Andrea, con los famosos frescos de Giovanni Lanfranco. También vemos en diferentes momentos aparecer de fondo los conocidos nubarrones livermorianos, y la imagen de un Cristo que durante la tortura a Cavaradossi sangrará, mientras que durante la cantata y en el Vissi d’arte lo que asomará será una especie de figura alada (¿paloma, ángel…?) bastante cursi. En el tercero veremos la luna y un paisaje, se supone que del Tíber, bastante cutrecillo, como de cuadro de sala de espera de Gestoría Martínez. También queda un poco ridículo que cuando Scarpia se quita el chaleco y se acerca a Tosca para cepillársela, desde algunas zonas del teatro se le viera la camisa manchada de sangre antes de que la diva le clavara el cuchillo. Debería controlarse igualmente la carga de los fusiles de la ejecución de Cavaradossi, pues el elevado volumen de chispas que sale, a buen seguro que acaba impactando en el tenor, que a este paso cuando llegue la última función parecerá Niki Lauda.

El vestuario creado por Gianluca Falaschi es más clásico que el peinado de Matías Prats Jr y absolutamente fiel a la época y libreto; mientras que en la iluminación se opta por un trabajo que resulte adecuado a la acción, sin especiales efectos, bastante básico. El final, para el que dice Livermore haberse inspirado en el film Cielo sobre Berlín de Wenders, es efectista y sorprendente, no tanto por lo que pasa sino por la forma de reflejarlo. Me resisto a comentar nada más para no hacer spoiler a quien todavía no la haya visto. Yo salí con sentimientos encontrados respecto a la propuesta del regista turinés, hubo cosas que me parecieron interesantes y otras que me cargaron, pero creo que en términos generales sirve a su propósito.

Al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana volvió a situarse Nicola Luisotti, quien ya nos ha visitado anteriormente en un par de ocasiones, dejando un buen recuerdo tanto en Mefistofele como en Nabucco. Independientemente de la labor que lleve a cabo, que considero que fue buena, es increíble el buenrollismo que desprende este hombre que permanece con la sonrisa en los labios durante toda la función. Luisotti dirigió con pulso, energía y precisión y un gran control de todas las secciones y de la escena, aunque yo quizás eché de menos un mayor refinamiento y una mayor puesta de relieve de los contrastes que tiene la partitura. Impuso de inicio unos tempi lentos que pusieron en algún apuro a los cantantes. También hubo abuso del volumen orquestal que castigó puntualmente las voces. Creo que al final del acto primero y en el tercer acto es donde la orquesta ofreció sus mejores prestaciones, logrando una intensidad dramática imponente, con una sección de cuerda absolutamente espectacular. Las flautas tuvieron también una noche inspirada tanto en el foso como en la gavota interna del segundo acto. Excelente fue la intervención de las trompas al inicio del tercer acto, o la introducción del clarinete de Tamás Massányi a E lucevan le stelle,  y maravillosos de nuevo los violonchelos en la escena previa de ese acto tercero, por cierto comandados por un nuevo solista del que ignoro su nombre.

El Cor de la Generalitat había anunciado posibles acciones de protesta, incluyendo la huelga en esta Tosca, si la administración autonómica no resuelve adecuadamente la incertidumbre de la agrupación por la situación de interinidad de sus miembros. Parece ser que se les ha emplazado para ofrecerles próximamente una propuesta y las acciones de protesta se han suspendido de momento. Ojalá todo se solucione de la mejor forma posible, que no es otra que garantizando la estabilidad y consolidación de todos sus componentes, con las medidas que sean necesarias, ordinarias o extraordinarias, para preservar este irrenunciable activo cultural de la Comunitat. Aunque conociendo el percal, más bien huele la cosa a un intento de ganar tiempo y evitar la repercusión mediática de una huelga en Tosca.

No es extensa la participación del coro en la obra, pero sí determinante en ese impresionante Te Deum en el que volvieron a mostrarse inmensos. También fue muy relevante su entrada del primer acto y una cantata del segundo espléndida. Muy bien estuvieron también los niños y niñas de la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet.

El papel protagonista de Floria Tosca ha estado interpretado por Lianna Haroutounian, una cantante que saltó a la fama internacional en el Don Carlo de 2013 en el ROH londinense dirigido por Pappano y protagonizado por Jonas Kaufmann, cuando tuvo que hacer una sustitución de última hora de la soprano prevista, Anja Harteros, consiguiendo un importante éxito. La soprano armenia tiene un instrumento privilegiado, con una voz lírica de indudable belleza en el centro que corre perfectamente por la sala con potencia y riqueza tímbrica. Se muestra poderosa y resplandeciente en el agudo y con muchas más carencias en una zona grave donde cambia el color. El reproche que yo le haría es la falta de matices, sin un solo intento de regulación; no obstante lo cual logró transmitir una gran expresividad dramática a momentos como el dúo con Scarpia del primer acto, con un estupendo Dio mi perdona... Egli vede ch'io piango!, la escena del interrogatorio o el dúo final con Cavaradossi. En el Vissi d’arte cantó con emoción e incisividad, pero yo eché en falta también una mayor variedad de intensidades.

Bastante menos me gustó el Cavaradossi del tenor surcoreano Alfred Kim, quien desde hace un año está siendo más noticia por motivos ajenos a lo artístico, tras ser condenado en Francia por violencia de género, lo que ha motivado que diversos teatros le hayan vetado. No ha sido el caso de Les Arts. Si le reprochaba yo antes la falta de matices a la soprano, lo de Kim fue ya de matrícula. Su fraseo tarzanesco no bajaba del forte, destrozando cualquier atisbo de lirismo que pudiera contener la partitura, con el agravante de que, además, su proyección, salvo en los territorios más agudos, no siempre superaba la barrera orquestal. Su momento de lucimiento en el adiós a la vida quedó así sepultado entre vozarrones desaforados, transmitiendo menos emoción que un percebe sesteando. Tan sólo en O dolci mani apuntó una aproximación a las medias voces, con mejores intenciones que resultados. El resto de su actuación fue una pura exhibición de músculo y potencia en el agudo, donde brilló notablemente. Tanto en La vita mi costasse del primer acto como en los Vittoria del segundo, nos regaló sendos impecables pepinazos en los que su voz, que en el centro se mostraba tirante, temblona y mate, sonaba limpia y liberada.

Claudio Sgura fue un Scarpia para olvidar. De medios mucho más limitados que sus compañeros de reparto, el barítono italiano se mostró absolutamente incapaz de otorgarle al personaje la presencia y autoridad que requiere.  La voz no es fea pero se le quedaba en la nuez, no llegando ni al proscenio. El Te Deum en lugar de ser su momento de lucimiento parecía una imitación de Harpo Marx, resultando totalmente inaudible. Y el segundo acto se quedó en una burda pantomima de un Scarpia sin carácter y más blandito que Bambi. Fue sin duda el más perjudicado por el torrente decibélico orquestal, pero intuyo que ni con un cuarteto de cuerda hubiera estado a la altura.

Entre los comprimarios destacaría el buen Sacristán de Alfonso Antoniozzi y el Spoletta del siempre entregado Moisés Marín  (tanto, por cierto, que el día del ensayo general a punto estuvo de partirse una pierna resbalando en la traicionera rampa inclinada ideada por Livermore).

Un Angelotti irrelevante y para desechar compuso el ex miembro del Centre de Perfeccionament Alejandro López, muy justo en lo vocal y en lo interpretativo, al que además se le castigó con una pinta lamentable de naufrago de Forges. Y muy justito el Sciarrone de César Méndez. Bastante más correcto fue Andrea Pellegrini como Carcelero.

Sí me gustaría reseñar la estupenda intervención del joven Alejandro Navarro miembro de la Escolanía de la Mare de Déu dels Desamparats como Pastorcillo.

Con todo el papel vendido desde hace meses, el teatro, como era de esperar, presentó un aspecto espléndido con un lleno absoluto. En el palco, pese a tratarse de una ópera de las fáciles, de las que pueden asimilar sin sueño hasta los altos cargos públicos, no se vio a ningún relevante marzalito. Hubo toses a cascoporro y la habitual estampida final a la carrera sin esperar ni a que se levante el telón, pese a que, al ser domingo, no eran las 9 de la noche cuando finalizó. Me parece impresentable y una falta de respeto que pone en evidencia la poca educación de una gran parte del público de Les Arts. Un público que, por cierto, se mostró bastante frío toda la noche. Al final hubo aplausos generalizados, pero sólo una ovación intensa para la pareja protagonista. Había cierto morbo por ver la reacción del respetable durante los saludos de Livermore como director de escena en el retorno a su teatro, pero pasó sin pena ni gloria. Fue tibiamente aplaudido y no se escucharon protestas, lo cual ya es bastante.

Bueno pues esta temporada, entre dimisión y dimisión, se nos está pasando en un suspiro. Apenas quedan algunas funciones en el infame Auditori, más la imprescindible Condenación de Fausto de Berlioz en la sala principal. Mientras tanto seguiremos esperando a que los responsables autonómicos despierten de su letargo y tomen decisiones cuanto antes respecto a la dirección artística, y a que se publicite de una vez la próxima temporada. Parece que Ramón Gener tiene ya reservada una fecha de junio para hacerlo; pero espero que antes haya algún anuncio oficial y, sobre todo, que finalmente de verdad haya una temporada operística medio decente.