domingo, 23 de septiembre de 2018

PREMIOS HELGA DE ORO 2018. LOS GANADORES


Los seguidores de este blog se han vuelto a pronunciar y ya tenemos ganadores de los Helga de Oro 2018. Ante todo, os agradezco a todos los que habéis participado en esta tontería que os hayáis tomado la molestia de dejar vuestro voto. Este año, además, la participación ha sido la mayor desde que inicié estas votaciones allá por 2009 y más de 100 personas se han manifestado. Como digo siempre, el único objetivo de los premios es, dentro de la modestia de lo que no es más que un blog personal, ofrecer un retrato, más o menos fiable, de cuál es la opinión del público de Les Arts respecto a los espectáculos que se ofrecieron la pasada temporada.

Atendiendo al resultado de la votación parece bastante claro que la producción más exitosa de las que pasaron por Les Arts la temporada 2017/2018 fue Peter Grimes, que además del premio al mejor espectáculo, se ha llevado también los correspondientes a mejor dirección escénica, mejor dirección musical y mejor tenor. La Damnation de Faust ha obtenido dos galardones, los de mejor bajo/barítono y mejor mezzosoprano; e Il Corsaro se lleva el de mejor soprano.

Los premiados de este año han sido:

Helga de Oro 2018 a la mejor dirección escénica: Willy Decker por Peter Grimes

La victoria en esta categoría del trabajo de Willy Decker ha sido incontestable y pienso que es la justa ganadora, aunque, personalmente, considere que la labor de Damiano Michieletto en La Damnation de Faust merecía también un especial reconocimiento pese a que hubiese una parte del público que no acabara de entender la propuesta y rechazase frontalmente la peculiar visión que ofreció de la obra de Berlioz. En cualquier caso, pienso que, más allá de que se contacte mejor o peor con el público, ambas producciones son ejemplo de la inteligencia creativa y la calidad que a muchos nos gustaría que fuese el referente de las direcciones escénicas que se ofreciesen en Les Arts. Más atrás ha quedado el trabajo de Marco Arturo Marelli para Don Carlo.
Willy Decker (Peter Grimes): 45 votos
Damiano Michieletto (La Damnation de Faust): 27 votos
Marco Arturo Marelli (Don Carlo): 12 votos

Helga de Oro 2018 a la mejor dirección musical: Christopher Franklin por Peter Grimes

Confieso que cuando abrí las votaciones en el apartado de mejor director musical no tenía la más mínima idea de por dónde pudieran ir las preferencias de los votantes este año. Finalmente me he encontrado con una pugna muy reñida entre los dos primeros clasificados que, francamente, no me esperaba. La victoria ha recaído en el norteamericano Christopher Franklin por su trabajo en Peter Grimes. Al haber asistido a todas las funciones de la ópera de Britten puedo decir que desde el estreno a la última representación fue mejorando progresivamente la labor de dirección de Franklin y los resultados finales fueron realmente satisfactorios. En segunda posición ha quedado Ramón Tebar por su Don Carlo, siendo el candidato al que ha ido mi voto, habiendo llevado a cabo un trabajo que considero muy relevante, pese a que quedase enmascarado en una producción muy irregular. También me ha sorprendido que Roberto Abbado haya quedado tan alejado de los otros dos nominados.   
Christopher Franklin (Peter Grimes): 34 votos
Ramón Tebar (Don Carlo): 31  votos
Roberto Abbado (La Damnation de Faust): 19 votos

Helga de Oro 2018 al mejor tenor: Gregory Kunde (Peter Grimes)

Otra categoría en la que ha existido una sorprendente igualdad ha sido la de mejor tenor. Cuando comenzaron las votaciones, el finalmente ganador Gregory Kunde estuvo bastante tiempo con más del 90% de los votos recibidos, pero repentinamente comenzó a registrarse una explosión de votos dirigidos a Celso Albelo, la mayor parte de las veces sin que el votante se pronunciase más que en la categoría de tenor, llegando a igualar a Kunde y manteniendo la pelea hasta el último momento. A partir de este hecho fue cuando cambié la configuración de la encuesta, obligando a acceder iniciando sesión de Google, para evitar que una sola persona fuera la responsable de una avalancha de votos. Sin apenas reconocimiento ha quedado el buen trabajo de Michael Fabiano en Il Corsaro, pese a que yo pensaba que sería el gran oponente de Kunde.
Gregory Kunde: 53 votos
Celso Albelo: 45 votos
Michael Fabiano: 7 votos

Helga de Oro 2018 al mejor bajo/barítono: Rubén Amoretti (Méphistophélès en La Damnation de Faust)

Es innegable el impacto que causó en el público de Les Arts la actuación de Rubén Amoretti en La Damnation de Faust. A la salida de cada función, más allá de los comentarios sobre la rareza de la puesta en escena, las buenas voces o el maravilloso coro, quien concentraba una unánime admiración era el bajo burgalés por su increíble derroche de sabiduría escénica y conexión con la platea. Si analizamos académicamente su rendimiento vocal podríamos sacar más pegas, pero el conjunto de su labor fue sensacional y, finalmente, ha tenido chupada la victoria en esta categoría. En segundo lugar ha quedado el Felipe II de Alexánder Vinogradov y cerrando la clasificación el estadounidense Robert Bork, quien yo esperaba que quedase en mejor posición.
Rubén Amoretti: 42 votos
Alexánder Vinogradov: 26 votos
Robert Bork: 16 votos

Helga de Oro 2018 a la mejor soprano: Kristina Mkhitaryan (Medora en Il Corsaro)

Si en las categorías de mejor director musical y mejor tenor ha existido una gran igualdad, en la de mejor soprano casi se ha rozado la foto finish y la victoria se ha resuelto por apenas dos votos. La norteamericana Leah Partridge, Ellen Orford en Peter Grimes, ha atraído las preferencias de un gran número de votantes y ha estado a punto de dar la sorpresa llevándose una victoria que finalmente ha ido a parar a mi indiscutible favorita, la soprano rusa Kristina Mkhitaryan, que, pese a la brevedad de su papel en Il Corsaro, dejó entrever una técnica y facultades que muy probablemente la conviertan en breve plazo en una cantante presente en los principales teatros del mundo. En tercera posición, aunque tampoco muy alejada de las dos primeras, ha quedado valorada la Tosca de la armenia Lianna Haroutounian.
Kristina Mkhitaryan: 32 votos
Leah Partridge: 30 votos
Lianna Haroutounian: 20 votos

Helga de Oro 2018 a la mejor mezzosoprano: Silvia Tro (Marguerite  en La Damnation de Faust)

Y si hablaba de posible sorpresa en la categoría de mejor soprano, pienso que podría calificarse de sorpresa confirmada la victoria de la valenciana Silvia Tro, sin que ello suponga en modo alguno cuestionar sus méritos, que los hay y muchos, pues llevó a cabo una espléndida recreación de Marguerite en La Damnation de Faust; pero, sinceramente, el impacto causado por la rusa Margarita Gritskova, como Sesto en La clemenza di Tito, pensaba que conseguiría llevarse de calle la victoria en este apartado. Quizás el que menos personas viesen esa Clemenza, al tratarse de sólo dos funciones y en el infecto Auditori, haya condicionado algo la votación final. Mucho más atrás ha quedado Violeta Urmana que ante las dos competidoras lo tenía realmente complicado.
Silvia Tro: 40 votos
Margarita Gritskova: 31 votos
Violeta Urmana: 13 votos

Helga de Oro 2018 al mejor espectáculo de la temporada: Peter Grimes

La victoria más incontestable de todas es la de la ópera de Benjamin Britten Peter Grimes como mejor espectáculo de la temporada, obteniendo más del 60% de los votos. Esto sí que no ha sido una sorpresa, pues esta veterana producción del Teatro de La Monnaie de Bruselas ahora adquirida por el Palau de les Arts, ha sido claramente el espectáculo más brillante y completo del año, uniéndose una magnífica dirección escénica ideada por Willy Decker, la eficaz dirección musical de Christopher Franklin, un Cor de la Generalitat superando todas las expectativas, auténticamente sublime, y un equipo vocal muy homogéneo y adecuado, destacando el carismático Grimes que compuso Gregory Kunde. Ojalá que esta victoria unánime haga reflexionar a los actuales gestores de Les Arts y se dé continuidad a la programación de óperas de Britten que, pese a que no tengan el tirón inicial de taquilla de los Verdi o Puccini, año tras año han acabado obteniendo el reconocimiento del público.
Peter Grimes: 53 votos
La Damnation de Faust: 24 votos
Don Carlo: 11 votos

Pues hasta aquí los premios del blog de este año. Como siempre repito, espero que dentro de doce meses podamos seguir premiando lo bueno que nos ofrezca el presente ejercicio operístico que se inicia el próximo día 17 de octubre con la Turandot que abrirá la pretemporada y de la que espero poder escribir aquí.

Gracias de nuevo a todos los que habéis participado. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

PREMIOS HELGA DE ORO 2018. LAS CANDIDATURAS


Tras el parón veraniego y antes de que se inicien las representaciones de las próximas pretemporada y temporada operística 2018/2019 en el Palau de les Arts, traigo como siempre a este blog los absurdos y ficticios premios Helga de Oro, con los que los lectores del blog, mediante votación, designan lo que más les ha gustado de entre lo que se ha visto y escuchado en Les Arts la temporada anterior.

Como digo siempre, yo soy el único responsable de que las tres candidaturas preseleccionadas en cada una de las diferentes categorías, sean las que son. Como Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como (con perdón). Sé que siempre se discute alguna presencia o ausencia, ya que sólo mi discutible criterio es el que ha motivado la selección, aunque creo que los/as mejores de todas las categorías sí están presentes.

La encuesta para que podáis votar y elegir a los premiados de la temporada 2017/2018, se encuentra al final de esta entrada y estará disponible hasta las 18:00 horas del próximo domingo 23 de septiembre. Podéis votar a todas o sólo a alguna de las categorías y, dentro de ellas, tan sólo a un candidato.

También, antes de que venga el típico listo a decirme que por qué se llaman Helga los premios o por qué no le cambio el nombre, dejo constancia de que les puse su denominación en 2009 aludiendo a la entonces directora artística y, total para la trascendencia que tienen, no me apetece andar cambiando nombres.

Bueno, pues este año los finalistas a los premios Helga de Oro 2018 son:

Mejor dirección escénica
En este apartado, a diferencia de años anteriores, creo que ha habido producciones realmente interesantes. La terna entre las que os tocará elegir está formada por: el trabajo del suizo Marco Arturo Marelli para la producción de la Deutsche Oper de Berlín del verdiano Don Carlo que abrió la temporada pasada y que fue objeto de una puesta en escena que, pese a sus cosicas, funcionó razonablemente bien; la sensacional labor del reputado director alemán Willy Decker para Peter Grimes, en una producción del Teatro de La Monnaie de Bruselas tan antigua como eficaz, en la que destaca sobre todo el impecable trabajo de dirección de actores y movimiento escénico y que parece que ha sido adquirida como propia por el Palau de les Arts; y el controvertido pero inteligentísimo y detallista trabajo de Damiano Michieletto en la producción de La Damnation de Faust que cerró la pasada temporada, para esta nueva producción del Palau de les Arts en colaboración con el Teatro Regio di Torino y el Teatro dell’Opera di Roma que obtuvo en Italia el premio Franco Abbiati al mejor espectáculo de 2017.

Mejor dirección musical
Aunque he tenido alguna duda respecto a quienes conformarían esta candidatura, finalmente he optado por aquellos trabajos que me han dejado a la larga mejor recuerdo, así que los tres directores elegidos son: Ramón Tebar, posiblemente lo mejor de Don Carlo, consiguiendo en la orquesta unas sonoridades que recordaban los mejores momentos de la agrupación y con un extremo cuidado a las voces; el norteamericano Christopher Franklin por su labor en Peter Grimes, pese a que en el estreno abusó de volumen y de poca variedad dinámica, en las sucesivas funciones los resultados mejoraron muy notablemente; y un año más aparece aquí el ahora ya único director musical titular de la casa, Roberto Abbado, con su efectiva dirección de La Damnation de Faust, logrando unos resultados muy satisfactorios con brillantez y buena concertación.

Mejor Tenor
En este apartado vuelve a estar presente Gregory Kunde, creo que más que merecidamente, por el magnífico desempeño que llevó a cabo en el complicadísimo papel de Peter Grimes, dotando al personaje de toda su fuerza dramática y con una entrega escénica soberbia; el también norteamericano Michael Fabiano, quien, como Corrado en Il Corsaro, sorprendió al público valenciano con un poderío vocal incuestionable, con una emisión fácil y limpia, de gran volumen, y una voz no exenta de belleza; y, por último, el canario Celso Albelo que en La Damnation de Faust debutó el papel protagonista, yendo de menos a más, y superando el exigentísimo reto con nota muy alta, especialmente teniendo en cuenta los requerimientos escénicos a los que además tuvo que hacer frente.

Mejor Bajo/Barítono
En esta categoría no hemos andado precisamente sobrados esta temporada, pero pienso que merece recordarse el trabajo de los tres finalistas: el bajo ruso Alexánder Vinogradov que tampoco es la primera vez que opta a estos premios, por su papel de Felipe II en el Don Carlo que inauguró la sesión operística pasada, consiguiendo meterse al público en el bolsillo con una voz contundente;  el barítono estadounidense Robert Bork, que compuso un estupendo Balstrode en Peter Grimes, convincente en lo vocal y lo escénico y sabiendo perfilar el personaje en todas sus facetas; y el burgalés Rubén Amoretti, sorprendente Méphistophélès en La Damnation de Faust, donde hizo un derroche espectacular de sabiduría escénica, con una labor actoral sobresaliente y sin que en lo vocal se le puedan hacer demasiados reproches.

Mejor soprano
En este apartado también he tenido dudas de quiénes conformarían las tres candidaturas, pero finalmente os propongo elegir entre: la norteamericana Leah Partridge, quien nos ofreció una Ellen Orford en Peter Grimes para chuparse los dedos, cargada de sensibilidad y emoción, logrando suplir cualquier limitación vocal con una enorme expresividad; riqueza expresiva y canto refinadísimo fueron también protagonistas en la Medora que compuso la jovencísima soprano rusa Kristina Mkhitaryan en Il Corsaro, constituyendo a mi juicio una de las grandes sorpresas de la temporada; y por último, aunque a mí no acabó de convencerme, su indiscutido éxito de público protagonizando Tosca me lleva a traer aquí a la armenia Lianna Haroutounian a la que no se puede negar belleza vocal y riqueza tímbrica, pese a que su canto estuvo huérfano de matices.

Mejor mezzosoprano
Las cantantes que considero que deben disputarse el galardón en esta categoría son: la veterana Violeta Urmana que, como Éboli en Don Carlo, demostró que la pérdida de frescura vocal y problemas en los extremos de la tesitura no son óbice para seguir haciendo gala de una fuerza dramática imponente; un año más vuelve a estas candidaturas la valenciana Silvia Tro, quien salió más que airosa de un papel tan exigente como el Marguerite de La Damnation de Faust, donde no sólo enamoró al protagonista sino también al público de Les Arts; y finalizo con otra de las sorpresas de la temporada, como fue la rusa Margarita Gritskova, en su papel de Sesto en La clemenza di Tito, donde mostró temperamento y belleza vocal, adecuación estilística y una musicalidad y expresividad difíciles de olvidar.

Mejor espectáculo de la temporada
En este apartado, como siempre digo, se trata de premiar aquella producción que, valorada en su conjunto (dirección escénica, musical y solistas), nos haya parecido la ópera más redonda y equilibrada de las que pasaron por Les Arts. Mis candidatas de 2018 a este premio son: Don Carlo, Peter Grimes y La Damnation de Faust.

Pues nada, hasta aquí las candidaturas que he seleccionado este año. Ahora os toca a vosotros votar. Para hacerlo creo que os pedirá iniciar sesión en Google. Gracias por vuestra participación.

viernes, 20 de julio de 2018

EN DEFENSA DEL COR DE LA GENERALITAT


Esta semana se ha hecho público el escrito en defensa del Cor de la Generalitat que ya ha sido firmado por casi un centenar de relevantes personalidades del mundo artístico y musical, como Plácido Domingo, Davide Livermore, Nicola Luisotti, Roberto Abbado, Fabio Biondi, Christopher Franklin, Yaron Traub, Carles Padrissa, Joan Font o María José Montiel; y que reproduzco a continuación:
  
"Recientemente el Gobierno de la Generalitat y algunos sindicatos han firmado un acuerdo para reducir la temporalidad en el empleo público. A la luz de este acuerdo los representantes sindicales del Instituto Valenciano de Cultura han sido convocados por las autoridades del mismo, el Director General del IVC y la Directora Adjunta de Música y Cultura Popular, para comunicarles que se llevará a cabo un concurso público con la finalidad de cubrir con carácter definitivo los puestos de Cantantes del Cor de la G.V. Esto implica la remoción de un gran número (potencialmente todos) de los actuales cantantes y su sustitución por otras personas distintas.

Desde el punto de vista artístico esto es un despropósito, ya que un coro no es la suma de un número de personas que cantan juntas, sino un colectivo que trabaja en equipo, cantantes que durante años han aprendido a complementarse y colaborar. Esto ha llevado al Cor de la G.V. a ser aclamado unánimemente por el público y la crítica, tanto por sus prestaciones vocales y su experiencia musical como por sus calidades escénicas, modeladas y ganadas a lo largo del tiempo gracias al trabajo teatral con directores de escena de reconocido prestigio internacional.

El Cor de la Generalitat Valenciana se ha convertido en una de las piezas insustituibles del Palau de les Arts y así debe seguir siendo para llevar a cabo el proyecto anunciado por el recientemente renovado Patronato de Les Arts.

Todo esto está en riesgo y un coro "nuevo", compuesto por otras personas, no podría alcanzar estas cotas de calidad sino hasta dentro de muchos años.

Por otra parte, todos los cantantes que componen el Cor han superado una o más pruebas en todo equiparables a un concurso público, similares a las realizadas en cualquier institución pública europea de sus características. A estas pruebas selectivas se suma una pertenencia a la agrupación (y por ende, continuidad y antigüedad en el puesto de trabajo) que va desde los doce años, los que menos, hasta casi treinta años para algunos integrantes.

A lo largo de todos estos años, los trabajadores del Cor de la G.V. han reclamado en muchas ocasiones el reconocimiento de su condición de trabajadores públicos. No obstante, no han obtenido este reconocimiento por parte de la Administración, sino que mantienen la consideración de "interinos". Si bien la Administración no lo ha reconocido, en los casos que ha habido reclamación judicial, los tribunales sí lo han hecho y han declarado como indefinidos  los contratos laborales de los cantantes.

La decisión de la Administración de llevar a cabo un concurso para cubrir con carácter definitivo los puestos de Cantantes del Cor de la G.V. pone en riesgo  el patrimonio artístico que significa la calidad alcanzada, a día de hoy, por el Cor y también  la continuidad en su puesto de trabajo de las casi sesenta personas que actualmente lo componen: la defensa del patrimonio artístico y de la continuidad en su puesto de trabajo de los actuales integrantes van de la mano.

Los representantes de los trabajadores del coro han pedido, y piden, que se encuentre una fórmula, como ya se ha hecho en otros sectores, que asegure la continuidad laboral de los actuales cantantes.

A raíz de todo lo expuesto deseamos y esperamos que las autoridades de la Generalitat Valenciana reflexionen también y actúen para garantizar la continuidad laboral de los integrantes del Cor de la G.V. y así salvaguardar la excelencia artística del mismo."

Desde este blog me quiero unir a esa petición para que impere la sensatez y se salvaguarde a toda costa este referente incuestionable de la cultura valenciana, adoptando para ello las decisiones ordinarias o extraordinarias que sean precisas.

Recomiendo especialmente la lectura de estas reflexiones que hacía ayer Llum Quiñonero y que suscribo por completo.

Ojalá la Comisión de trabajo recientemente creada y que se ha reunido ya estos días, pueda dar sus frutos en breve plazo y la próxima temporada operística en el Palau de les Arts pueda iniciarse con absoluta tranquilidad y teniendo garantizada la estabilidad de este pilar fundamental para su excelencia como es el Cor de la Generalitat.

jueves, 21 de junio de 2018

"LA DAMNATION DE FAUST" (Hector Berlioz) - Palau de les Arts - 20/06/18


Ayer tuvo lugar en el Palau de les Arts el estreno de La Damnation de Faust, de Héctor Berlioz, la última ópera de la temporada en su sala principal (el próximo domingo se estrenará en el Auditori La Clemenza di Tito, de Mozart, en versión semi escenificada). La principal noticia de este estreno es, sin duda, que el mismo se llevó a cabo sin que tengamos que reseñar ninguna incidencia ajena a lo puramente musical, ya que, finalmente, se desconvocó la huelga anunciada por el Cor de la Generalitat.

Eso no quiere decir que el problema se haya solucionado, ni mucho menos. Sus justas reivindicaciones continúan sin ser atendidas por la administración autonómica. Sigue sin haber un compromiso claro y por escrito que garantice la estabilidad de la plantilla y la consolidación de los puestos de trabajo que llevan desempeñando desde hace entre 15 y 30 años. La traición del sindicato FSP-UGT, obrando por la espalda y por motivos que algún día se conocerán, ha sido en primera instancia la causa de una desconvocatoria que ha venido seguida de la expresa voluntad de los miembros de la agrupación de dar una oportunidad más a la negociación, aceptando participar en una comisión de seguimiento junto a representantes de la empresa y la administración y posponiendo posibles acciones de protesta y huelga al inicio de la pretemporada si todo sigue igual.

No voy a ahondar más en este tema de momento. No quiero remover las heces con el viento en contra, prefiero dejar que las negociaciones sigan su curso en el ámbito en el que han de desarrollarse y no contribuir a que el ambiente pueda enrarecerse más. Es decir, justo lo contrario de lo que hizo recientemente el secretario autonómico de Cultura, Albert Girona, con unas impresentables declaraciones, indignas de un representante público, que lo único que hacen es dejar en evidencia que su imprudencia es aún superior a su ignorancia.

El caso es que estaba previsto que el Cor de la Generalitat protagonizase las crónicas de este estreno y finalmente así acabará siendo, aunque no por haber ejercido su derecho a la huelga, sino por protagonizar una de las actuaciones más memorables de un coro en un teatro de ópera que ha vivido quien esto escribe, convirtiéndose por los méritos de su propia valía en los indiscutibles triunfadores de la noche. Por supuesto sin que ninguno de los chupatintas, bocachancla y mequetrefes mentales varios que se permiten cuestionar y poner en riesgo la supervivencia del Cor estuviese presente. Aunque en su descargo hay que decir que televisaban el apasionante Irán-España y en À Punt se programaba un nuevo capítulo de “Açò és un Destarifo”.

Decía antes que La Damnation de Faust y La Clemenza di Tito van a ser los dos últimos espectáculos de la temporada. Y hay algo que me ha llamado la atención. La Clemenza se va a interpretar en el aborrecible Auditori en versión semi escenificada (en principio iba a ser en versión concierto) y Damnation escenificada y en la sala principal, cuando lo cierto es que La Clemenza es una ópera que nació con el objeto de ser escenificada y La Damnation es una cosa extraña. Berlioz la calificó como leyenda dramática y en múltiples ocasiones se representa en versión concierto, y es que el componente sinfónico de esta obra tiene mayor peso que el dramático. Quizás hubiera sido más lógico que la programación se hubiese hecho al contrario, pero me alegro enormemente de que no haya sido finalmente así, pues eso nos ha permitido disfrutar de la maravillosa música de Héctor Berlioz sin las distorsiones de la imposible acústica del Auditori.

Para la ocasión se ha presentado una nueva producción del Palau de les Arts en colaboración con el Teatro Regio di Torino y el Teatro dell’Opera di Roma, donde precisamente abrió la temporada 2017/18. La puesta en escena la firma el italiano Damiano Michieletto, de quien en este teatro ya se han visto bastantes trabajos; algunos mejores, como L’elisir d’amore o La scala di seta, y otros claramente fallidos, como Il Barbiere di Siviglia. La producción estrenada ayer obtuvo recientemente el reconocimiento de la crítica italiana obteniendo el premio Franco Abbiati al mejor espectáculo de 2017.

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a unos minutos de uno de los ensayos de esta Damnation de Faust y una de las primeras cosas que pensé fue que la puesta en escena concebida por Damiano Michieletto iba a ser fuertemente abucheada. Pero al final me equivoqué. Es verdad que hubo algunos abucheos, pero en absoluto el rechazo generalizado que yo imaginaba. Está claro que Michieletto decide aquí arriesgar fuerte y apuesta por dar una visión muy particular del mito de Fausto. Ya Berlioz, a su vez, ofreció en esta obra su personal lectura del Fausto de Goethe, eliminando el inicial pacto del protagonista con el diablo para lograr la juventud y llevándolo al final como forma de salvar el alma de Marguerite, o ambientando el inicio en Hungría en lugar de Alemania, entre otras cosas. Michieletto va aún más allá y transforma a Faust en un adolescente traumatizado por la muerte de su madre y objeto de bullying por sus compañeros que intenta suicidarse y que se agarra al amor de Marguerite como tabla de salvación frente a su sufrimiento.

La escenografía corre a cargo de Paolo Fantin, el vestuario de Carla Teti y la iluminación de Alessandro Carletti. Toda la acción se desarrolla en un mismo espacio escénico y el coro estará permanentemente presente en escena, sentado en un graderío por encima de los cantantes. El protagonista en la propuesta de Michieletto es claramente Méphistophélès, quien también estará casi siempre en escena, presencialmente o en proyecciones, con un comportamiento histriónico que recuerda bastante al de presentadores de reality show, donde su punto de vista será mostrado además mediante las imágenes que graba sobre el escenario un cámara portando una steadycam.

Visual y estéticamente hay que reconocer lo impactante de una producción que no puede dejar indiferente a nadie. El blanco luminoso predominante hasta el tramo final y la frialdad de la iluminación me recordaban un poco la estética del 2001 de Kubrick. Los momentos de amor junto a Marguerite trasladarán a Faust a su particular Paraíso que será mostrado con la proyección del cuadro del mismo título de Lucas Cranach el Viejo mientras Méphistophélès contempla la escena transmutado en serpiente, en uno de los instantes a mi juicio más logrados. Otros momentos que me parecieron muy positivos fueron el del coro celestial que salva a Faust del suicidio tras la brutal escena de bullying y que se ilustrará con los recuerdos de éste junto a su madre celebrando un cumpleaños; o la escena de la cabalgada a los infiernos y el Pandemonium, pese al aspecto de bolsas de basura gigantes en movimiento; o la Apoteosis de Marguerite final.

Es verdad que hay cosas que funcionan menos o alguna provocación un tanto gratuita, aunque creo que, en conjunto, los aspectos positivos pesan más que los negativos y yo me lo pasé especialmente bien. Reconozco que puede haber espectadores que se sientan molestos o desconcertados y un poco perdidos, pero en mi opinión hay ideas y sentido dramatúrgico e incluso creo que se consigue dotar de una cierta unidad narrativa a una obra que no puede presumir precisamente de tener un armazón dramático especialmente consistente. Además, algo que me parece incuestionable es el enorme trabajo de dirección de actores (cantantes y figurantes), cuidado hasta el último detalle, y ya sólo por eso el abucheo resultaría injusto.

Aspectos que considero negativos de la propuesta de Michieletto son: el ruido que se organiza en escena más de una vez perjudicando la música y, en general, que creo que pretende contar demasiadas cosas y quizás en ese afán de mostrar todas las lecturas y subniveles que ve el regista en la historia, se le ofrece un exceso de información visual al espectador en forma de claves que acaban por saturarle, haciendo que en lugar de centrarle le enreden más y le distraigan del apartado musical. Dicho eso pienso que en sucesivas visiones la propuesta puede ir ganando y el espectador descubriendo nuevos detalles. A mí sí me gustó.

La dirección musical corrió a cargo de Roberto Abbado, quien tras la marcha de Biondi se ha quedado ya como director titular en solitario de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, pero esta va a ser la única ópera que dirija esta temporada, algo ciertamente chocante. No obstante, la próxima no va a salir del foso más que para aliviar vejiga porque está previsto que asuma la dirección de 3 de las 5 óperas que se representarán en la sala principal.

La labor de Abbado ayer me pareció bastante destacable. Es verdad que con esta orquesta y este coro y la espléndida orquestación de Berlioz, era complicado que la cosa saliese demasiado mal. Abbado ayer se lo pasó teta, se le veía en el foso disfrutar con la obra que estaba dirigiendo. Hubo incluso momentos en los que daba la impresión de que tanto se emocionaba que alguna entrada se retrasaba o el tempo variaba. En cualquier caso creo que hizo un trabajo relevante, mantuvo el pulso y la tensión y consiguió que la partitura brillase como merecía. Aunque en ese resultado intervino y mucho la calidad de los músicos de la orquesta, destacadísimos del primero al último. Excelentes los metales, la percusión, una cuerda descomunal, con mención para la solista de viola, y unas maderas que lo bordaron con unas inspiradísimas flautas y Pierre Antoine Escoffier y Ana Rivera en oboe y corno inglés marcándose un acompañamiento bellísimo a D’amour l’ardente flamme.

Del Cor de la Generalitat ya he adelantado antes que fueron los grandes protagonistas de la velada. La calidad del sonido obtenida ayer fue espectacular. El empaste impecable y todas las cuerdas se escuchaban con un equilibrio extraordinario. Creo que habrá pocos coros fuera de nuestras fronteras que puedan garantizar hoy un rendimiento mucho mejor ante una obra tan enormemente exigente como esta. Todas sus intervenciones fueron, incluso pese a algún puntual desajuste, de poner los pelos de punta, pero destacaría la belleza obtenida en el coro de gnomos y sílfides del sueño de Faust y, por supuesto, en el maravilloso coro final. La colocación del coro estático y arriba por la propuesta escénica, ha motivado que el director musical haya decidido que algunos de sus miembros se ubiquen en el foso junto a la orquesta, posiblemente temeroso de que no tuviesen sus voces la relevancia adecuada. Yo creo que no hubiera pasado nada por situar a todo el coro arriba y quizás se evitarían problemas de puntuales desequilibrios entre el coro de foso y el del escenario, pero no voy a dar yo consejos al director. Más allá de haber conseguido Abbado o no su objetivo, lo que quedó claro es que músicos y cantantes estuvieron en el foso como sardinillas en lata. Y que todos los miembros de Cor, en foso y escena, demostraron que la retención urinaria la llevan bastante bien.

Buena fue también la participación final de los niños y niñas de la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet y la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats.

En el reparto vocal se ha contado con un trío protagonista íntegramente hispano, con el tenor Celso Albelo como Faust, Silvia Tro Santafé como Marguerite y Rubén Amoretti como Méphistophélès.

Gran mérito el de Celso Albelo ante un papel mucho más difícil de lo que parece a primera vista y que, si no me equivoco, debutaba. Además de eso tuvo que afrontar unas exigencias escénicas muy importantes y de todo ello salió con unos muy buenos resultados, yendo, a mi juicio, de menos a más, administrando perfectamente sus recursos. Su voz y fraseo ofrecen belleza y una técnica depurada, con una zona aguda muy solvente, brillante y potente. Hubo algún desliz de afinación y una cierta frialdad general, pero el resultado fue positivo.

También creo que se debe valorar como meritorio el desempeño de Silvia Tro Santafé componiendo una buena Marguerite pese a que creo que no es el papel que mejor se ajusta a sus características vocales. Quizás le faltase un poquito más de refinamiento, de control de volumen e intensidades, pero insisto en considerar positivos sus resultados, teniendo también que hacer frente a diversas exigencias escénicas de lo más variopinto, como el tener que cantar echándose vasos de agua por encima…

Aunque si ayer hubo un artista digno de reconocimiento por su comportamiento escénico, ese fue el bajo burgalés Rubén Amoretti. Sensacional toda la noche, con un trabajo actoral exhaustivo que además iba acompañado de numerosos primeros planos que sostuvo con sobresaliente. Impecable en lo dramático y muy destacado también en lo vocal, sabiendo transmitir toda la malvada ironía del personaje.

Correcto el Brander del alumno del Centre Plácido Domingo Jorge Eleazar Álvarez en la canción de la rata, uno de los instantes que más rechazo parece que provocó en el público por la ocurrencia de Michieletto de ilustrarlo con un gigantesco roedor en escena.

Especial reconocimiento merece también en esta obra el numeroso plantel de figuración que lleva a cabo un trabajazo monumental.

La sala principal de Les Arts presentó, lamentablemente, bastantes huecos. Parece que al público valenciano le siga costando animarse a asistir a óperas menos habituales, lo que es muy triste, pero si además le metemos un partido de Ejpaña, pues para qué queremos más. Aunque lo verdaderamente triste y lamentable de ayer no fue tanto el comportamiento del público que se quedó en casa como el de quienes asistieron a la función. Conté no menos de ocho deserciones durante la representación, con taconeo, portazo y cuchicheo incluido. Y lo mejor estaba por llegar. Al final, nada más apagarse la luz, bajarse el telón y cuando Abbado aun no se había bajado del atril, ocurrió esto:



Una estampida de proporciones dantescas en una de las mayores faltas de respeto a los artistas que yo he vivido en este teatro, y mira que he asistido a situaciones parecidas, pero lo de ayer era digno de un simulacro anti incendios con previa inserción de guindillas en el ano. No sé a qué narices se debió. El partido de fútbol ya había acabado y era una hora más que razonable… Los que se quedaron brindaron fuertes ovaciones para todos, y eso que durante la representación no hubo ni un solo aplauso pese a alguna que otra paradita estratégica de Abbado. Especialmente jaleados fueron el coro y la orquesta y también muy aplaudidos los solistas vocales. La salida del equipo escénico fue recibida con bastantes aplausos a los que se unieron algunos abucheos que no me dio la impresión que llegasen a ser mayoritarios.

Bueno, pues hasta aquí mi crónica de esta última ópera de la temporada en la sala principal. No puedo por menos que animaros a haceros con alguna de las numerosas entradas que hay disponibles para los próximos días. La belleza de la música de Berlioz lo merece. La calidad de nuestra orquesta y coro, más. Y la oportunidad de asistir a un espectáculo diferente siempre vale la pena. Los más reacios y clásicos haced un esfuerzo... el año que viene ya os hartaréis de Rigoletto, Lucia, Turandot y cosas de esas bonitas



viernes, 1 de junio de 2018

TEMPORADA OPERÍSTICA 2018/2019 EN EL PALAU DE LES ARTS

Esta mañana, por fin, tras una espera demasiado larga, condicionada supongo por cumplir todos los formalismos derivados de los cambios en los órganos de gobierno de la Fundación Palau de les Arts, se ha dado a conocer en rueda de prensa el contenido de la temporada operística 2018/2019 en el teatro valenciano. La presentación ha corrido a cargo de la recientemente nombrada presidenta del Patronato de Les Arts, Susana Lloret, del secretario autonómico de Cultura, Albert Girona y de la secretaria artística del teatro, Liviana Caporale. Parece que el próximo día 13 será Ramón Gener quien haga la presentación oficial al público en el propio teatro.

La sensación con la que me quedo después de conocer las previsiones para la temporada próxima es de decepción. Es verdad que hace apenas mes y medio, tras la dimisión de Biondi que ponía la guinda a la de Livermore de diciembre, y con la inacción de la conselleria de Cultura, yo era de los que pensaba que no iba a haber temporada alguna, así que quizás lo más sabio sería decir que ya nos podemos dar con un canto en los dientes y tirar una mascletà. Pero el ser humano es así de egoísta, no puedo evitar manifestar que no me parece una temporada para seguir intentando estar entre los teatros de primer nivel. Habrá que ser paciente y tomarlo como una temporadita de transición; como bajar un año a segunda división para coger fuerzas y reconstruir un equipo que pueda optar al siguiente a jugar la Champions (este ejemplo futbolero lo pongo por si me lee alguna lumbrera de la conselleria o del IVAC, que sepan de qué hablo).

Lo siguiente que hay que dejar muy claro es que el nuevo equipo de gobierno de Les Arts no tiene la más mínima responsabilidad, ni para lo bueno ni para lo malo, que pueda derivarse de esta programación. Es un paquete bomba que se han encontrado en el despacho del ex intendente, quien andaba cerrando esta programación cuando se marchó y ha habido que acogerse a la misma si queríamos tener algo. Y no sólo eso, intuyo que además la estampida de Biondi en abril habrá hecho modificar también más de una previsión, con lo que al final ha quedado una temporada con bastante poco sentido a mi juicio, aunque posiblemente resulte muy atractiva al neófito o pueda llevar a Les Arts a nuevos públicos que respondan a la llamada de títulos muy populares; pero desde luego no creo que tenga el más mínimo tirón fuera del territorio autonómico. Veo muy difícil que se vaya a viajar a València a propósito para ver óperas híper representadas, con un par de excepciones. Pero bueno, es lo que hay.

La pretemporada, que otros años se ha caracterizado por ofrecer oportunidades a jóvenes cantantes, empieza a lo grande el 17 de octubre, nada menos que con Turandot, de Puccini, con el protagonismo previsto de la soprano norteamericana Jennifer Wilson, inolvidable Brünnhilde de nuestro añorado Anillo, y el incombustible clik de Famobil Marco Berti que será Calaf por tercera vez en este teatro. Estarán acompañados por Miren Urbieta como Liú y Abramo Rosalen como Timur. La producción es la misma ya vista, revista y requetevista en Les Arts, la de las banderitas, ideada por el cineasta Chen Kaige y que para algunos aficionados siempre estará ligada a la entrañable despedida del maestro Mehta de Les Arts en 2014. Me parece bien que si se repone un título en pretemporada se procure aprovechar una producción propia, aunque no sé si tiene mucho fuste repetir por ¡¡cuarta!! vez esta Turandot. En la dirección musical se anuncia a Alpesh Chauhan, que parece que Rajoy esté comiéndose un polvorón caducado, pero no, es el nombre de un joven director británico. Están previstas seis funciones en la sala principal durante el mes de octubre. Espero que, igual que en años anteriores, se ofrezcan las localidades a precios populares.

La temporada operística propiamente dicha se inaugurará el 1 de diciembre con una nueva producción del Palau de les Arts y el Festival de Ópera de Macerata de La flauta mágica, de W.A. Mozart. Se anuncian cinco funciones más los días 4, 7, 9, 13 y 15 de diciembre. La dirección escénica correrá a cargo de Graham Vick y la musical del alemán Lothar Koenigs, ex director de la Welsh National Opera, y que no sé si estaba previsto ya en las meninges de Livermore o ha sustituido en los planes a Biondi. En el reparto nos encontramos con un hombre bastante querido en Les Arts, el tenor ruso Dmitry Korchak, como Tamino, quien estará acompañado por Mariangela Sicilia (Pamina), Mark Stone (Papageno), Tetiana Zhuravel (Reina de la Noche) y Wilhelm Schwinghammer (Sarastro). No está mal, pero no creo que tenga la relevancia que debería tener la producción de apertura oficial de la temporada.

Enero vuelve a estar en blanco de óperas, algo que ha sido habitual durante la intendencia del señor Livermore, quien aprovechaba este mes, de máxima actividad operística en todo el mundo, para dejarnos colgados mientras él se iba a presentar producciones suyas por ahí fuera.

Si esta temporada la “rareza” verdiana ha sido Il Corsaro, la próxima le toca el turno a I Masnadieri, que podrá verse los días 6, 9, 12, 15 y 17 de febrero de 2019, en una coproducción del teatro San Carlo de Nápoles y La Fenice veneciana, con dirección escénica del milanés Gabriele Lavia y dirección musical de Roberto Abbado. Tampoco sé si estaría inicialmente previsto Abbado o es otra sustitución de Biondi. En el reparto previsto se encuentran Fabio Sartori, Artur Rucinski, Dominick ChenesRoberta Mantegna o Michele Pertusi. Con todos los Verdi interesantes que aún quedan por ver en este teatro (Falstaff, Ballo in maschera, Ernani, Attila…) estos Masnadieri no es que me entusiasmen especialmente, pero bueno, al menos es la única ópera nueva que oiremos en Les Arts este año.

Los días 22, 24, 28 y 31 de marzo llegará una de las cosas que más me motiva del próximo año (por título y director), la Iolanta de Tchaikovski, con dirección musical de Henrik Nánási quien, otra temporada más y esto es una excelente noticia, regresa a Les Arts. La dirección escénica será de Mariusz Trelinski en una producción del Teatro Marinski. En el reparto aparecen los nombres de Alexander Roslavets, Gevorg Hakobyan y Boris Pinkhasovich, pero tampoco se dice nada sobre quiénes asumirán los papeles de la pareja protagonista. Esta es una ópera en un acto que apenas llega a las dos horas y que es frecuente programarla en programa doble con otra ópera corta. No parece que vaya a ser el caso de Les Arts.

En abril, los días 11, 14 y 18, con función didáctica el 16, volverá la zarzuela a Les Arts con La Malquerida, de Manuel Penella, en una coproducción del Palau de les Arts y Teatros del Canal de Madrid que se representará en la sala Martin i Soler por miembros del Centre Plácido Domingo. La dirección escénica se encomienda a Emilio López, antiguo colaborador de Livermore en numerosas producciones y de quien ya pudimos ver la Madama Butterfly de la pretemporada actual. El director musical será el sabadellense Santiago Serrate.

Como parece que menos de dos Verdi por temporada debe ser pecado livermoriano, en mayo (días 11, 14, 17, 19 y 22) vuelve a Les Arts Rigoletto. Esta vez en la conocida producción de ABAO y el San Carlos de Lisboa con dirección escénica de otro habitual en Valencia, Emilio Sagi. En la dirección musical vuelve a aparecer anunciado Roberto Abbado y en el reparto aparece, no sabemos cuánto tardará en cancelar, Leo Nucci quien compartirá el papel protagonista con Vladimir Stoyanov, Gilda será la napolitana Maria Grazia Schiavo y el Duca Celso Albelo. Si al final viene Nucci ya pueden empezar las funciones pronto para dejarle bisar hasta que cierren el parking.

La temporada finalizará con el que, de antemano, se presenta como su plato fuerte, Lucia di Lammermoor, de Donizetti, en una coproducción de la Opéra de Monte-Carlo y el New National Theatre de Tokio, con dirección de escena de Jean-Louis Grinda y musical de… a ver si lo adivináis… sí, Roberto Abbado, que después de lo poco que se ha prodigado la presente temporada, a la próxima va a chupar foso como un galeote. El reparto de esta Lucia es el que genera a priori mayor interés, con el protagonismo de la pareja formada por la soprano Jessica Pratt y el tenor chino Yijie Shi, a quienes pudimos ver el año pasado en el estupendo Tancredi que cerró temporada. Junto a ellos estará otro cantante que se prodiga bastante últimamente por Les Arts, el bajo Alexánder Vinogradov. Hay previstas seis funciones los días 22, 25, 28 y 30 de junio y 3 y 6 de julio de 2019.

Y hasta aquí el programa operístico. Una ópera en pretemporada y cinco en temporada, más una zarzuela en la Martin i Soler. Más o menos como este año. Se anuncia un recital de Lang Lang el 23F. Además tendremos conciertos con la presencia de batutas como Plácido Domingo, quien vuelve a anunciar concierto pre navideño con el Cor de la Generalitat además de un recital de ópera y zarzuela. Otros directores presentes serán Ramón Tebar, Takács-Nagy, Óliver Díaz, Roberto AbbadoMiguel Ángel Gómez Martínez, Jordi Bernàcer, Pablo RusGustavo Gimeno Christopher Franklin. Y también nos castigarán con el consabido ballet, en esta ocasión El lago de los cisnes con una compañía de Kazajistán, algo que francamente no alcanzo a comprender.

Como decía al comienzo, después de haber estado más convencido que nunca de que, esta vez sí, Les Arts se iba definitivamente al hoyo, encontrarse ahora con una temporada anunciada con Turandot, Flauta Mágica, Masnadieri, Iolanta, Rigoletto y Lucia, debería ser motivo de satisfacción. Si además de eso se trata de óperas que, casi con toda seguridad, van a dar muy buenos resultados en taquilla; y si encima se perciben algunos gestos y comportamientos en los nuevos gestores de Les Arts que animan a ser optimistas respecto a la evolución de los acontecimientos en los próximos meses, parece que debería acabar esta entrada justo al contrario de como la empecé, manifestando mi incondicional alegría ante el anuncio de la temporada. Pero no puedo evitar sentirme un poco decepcionado.

Las temporadas de Livermore siempre han tenido un par de títulos súper populares  que se unían a otras obras menos conocidas y a incursiones en todo el repertorio, desde el barroco al siglo XX. Este año tenemos 4 títulos de los más populares del repertorio (Turandot, Flauta, Lucia y Rigoletto) y dos menos conocidas, aunque una de Verdi y otra de Tchaikovski. Y de esas seis, cinco ya se han representado en Les Arts, únicamente Masnadieri es novedad. Por supuesto, para evitar sarpullidos y náuseas del ex intendente, ni Wagner, ni Strauss ni nada que huela a germánico más allá de Mozart. Este año ni el repertorio francés tiene presencia, sólo el ruso con Iolanta y el resto, aparte de la Flauta, ópera italiana. Y por lo que respecta a la variedad de estilos o periodos compositivos, La Flauta es de 1791, pero el resto son de 1835 (Lucia), 1847 (Masnadieri), 1851 (Rigoletto), 1892 (Iolanta) y 1926 (Turandot). Poca diversidad.

Ya sé que algunos me estarán poniendo a parir por mirar con lupa una programación de emergencia para salvar el tipo, lo siento. Desde luego si Livermore no hubiera dimitido y nos estuviera presentando ahora esta temporada os aseguro que mi tono sería muchísimo más duro. Esperaba que el armazón que estuviera montando fuera más interesante de lo que ha acabado siendo que casi me ha recordado al programa de una compañía búlgara itinerante. Confiaba en que hubiera dejado algún otro Britten apalabrado, o incluso, iluso de mi, que se hubiera acordado de que este año se conmemora el centenario del nacimiento de Leonard Bernstein y tuviéramos una Candide, por ejemplo. Aunque Bernstein parece que tendrá presencia en el concierto que dirigirá Christopher Franklin.

En cualquier caso no quisiera transmitir mal rollo. Me lo tomaré como una temporada de transición y de hacer caja, y creo que podemos tener cierto optimismo en que el nuevo equipo gestor va a hacer lo posible por sacar esto adelante con ideas nuevas. De momento el que se vaya restableciendo una cierta estabilidad con una temporada anunciada, es muy positivo. Ahora habrá que ver cómo evoluciona la elección de director artístico y musical porque de ello sí que dependerá decisivamente el futuro de nuestro teatro.