miércoles, 2 de octubre de 2019

HASTA SIEMPRE, DOÑA HELGA


Ayer recibí la triste noticia, no por esperada menos dolorosa, del fallecimiento de la ex Intendente del Palau de les Arts, Helga Schmidt, el pasado día 25 de septiembre. Una persona por la que sentía un gran afecto personal. Y no me estoy refiriendo aquí sólo al reconocimiento de su faceta profesional, sino especialmente a la calidad humana, la cercanía y la autenticidad que demostró conmigo en las ocasiones en que tuve la suerte de poder compartir con ella un poco de su tiempo y mantener algunas interesantísimas conversaciones que guardaré para siempre en mi memoria.

Posiblemente haya algunas personas a las que les extrañe que realice estas manifestaciones, después de que este blog haya sido especialmente crítico, a veces demoledor, con algunos aspectos de su gestión al frente de Les Arts. Igual hay quien piensa que esto lo hago para quedar ahora bien uniéndome al carro de las fáciles alabanzas a los muertos. No es así. Ya lo he hecho otras veces, posicionándome a su favor y explicando mis críticas, en momentos donde lo fácil precisamente era cargar duramente contra Helga cuando estaba siendo objeto de un injusto linchamiento político y mediático sin precedentes tras su destitución. Pero lo vuelvo a hacer.

En los primeros años de funcionamiento del Palau de les Arts, la brillante dirección artística no fue acompañada de una gestión administrativa que estuviera al nivel. Especialmente, yo le reprochaba al teatro su actitud hacia el aficionado, al abonado, al cual ignoraba y casi despreciaba, pareciendo que no se mereciese ningún tipo de atención o explicación sobre ningún aspecto de la gestión. Esa crítica de la gestión administrativa la personalicé en la figura de Helga, siendo plenamente consciente de que muchos de los reproches no eran responsabilidad suya, pero ella era la imagen pública de Les Arts y hacia ella dirigí mis dardos, tal vez injustamente a veces, pero con la intención de que con ello alguien reaccionase y además se supiera que al público valenciano sí le importaba lo que se hacía en el teatro y cómo se hacía, para bien y para mal.

Cuando hablé con ella personalmente por primera vez, lo entendió perfectamente e incluso se rió conmigo de algunas de las cosas escritas, porque he de decir que, a pesar de su imagen seria y fría, tenía un particular sentido del humor y una capacidad de asumir la crítica mucho mayor que, por ejemplo, la que demostró su sucesor, el susceptible e irascible Livermore. Lo que más le molestó a Helga de todo lo que yo puse en este blog, fue cuando la saqué caricaturizada con nariz de Pinocchio y no por el hecho de que saliera esa imagen, sino porque yo dijese que había mentido respecto a la ausencia de un cantante previamente anunciado, porque “yo no soy mentiggosa”, me dijo muy seria y convincente, con ese inconfundible acento suyo.

Esa misma apelación a su sinceridad y a negar que ella mintiese, la volvió a realizar con vehemencia en mi presencia algún tiempo después, cuando estaba siendo objeto de la miserable campaña de descrédito a cargo de las huestes de la entonces consellera Catalá y de los chupópteros, medios de comunicación y juntaletras a su servicio. La aparentemente fuerte Helga mostró su fragilidad y no podía entender que se mintiese para atacarla y humillarla sin posibilidad de defensa. Sólo clamaba una y otra vez para poder defenderse, para poder ir a juicio y acreditar su inocencia.

Lamentablemente no lo ha podido hacer, la enfermedad se la ha llevado, casi cinco años después de su cese, antes de que pudiera celebrarse un juicio justo. La justicia española también merecería un capítulo aparte. Eso sí, la justicia mediática y de las redes sociales funciona como un reloj y pueden manchar toda tu trayectoria en cinco segundos sin posibilidad alguna de reparación. Plácido Domingo creo que también sabe bastante de esto. Me parece vergonzante que, para algún diario estos días, toda la larga trayectoria profesional de Helga Schmidt, irreprochable y apabullante, se presente casi como secundaria y lo único relevante de su carrera parece ser recordar el bochornoso e indecente episodio de su salida de Les Arts.

Me gustaría que su casa, el Palau de les Arts, reaccione esta vez como debe y no le duelan prendas en hacer público homenaje, sin miedos ni melindres, a la memoria de la mujer que ha sido el alma de este teatro. No me refiero sólo a dedicarle una función por megafonía y… hasta luego Lucas. Por ejemplo, creo que su nombre debería estar presente en el edificio, y me uno aquí a la petición que ha formulado Justo Romero, en un emotivo e imprescindible artículo que podéis leer AQUÍ, para que la sala de Les Arts se llame Helga Schmidt. Bueno, él propone el Auditori, pero creo que la memoria de Helga merece mejor recinto.

Al escribir hoy aquí no pretendo más que alzar mi pequeña voz, dentro de la modestia de este blog, para honrar la memoria de esta mujer por su trabajo. A ella sólo cabe darle las gracias. Ya lo hice en persona y lo hago ahora públicamente. Jamás le estaré bastante agradecido por haber sido la principal responsable de que en la ciudad en la que vivo estemos disfrutando de un nivel operístico de relevancia internacional. Habrá quien sostenga que el mérito no es tanto de ella como de haber tenido el dinero para hacerlo. Discrepo. Obviamente el dinero hizo mucho, pero cualquier otro con los mismos medios no hubiera alcanzado sus resultados. Estoy convencido. Además, en la última etapa suya al frente de Les Arts, cuando los recursos cayeron en picado y estaba controlada por todas partes, también supo seguir demostrando su valía y su capacidad para la elección de elencos en los que la calidad destacaba por encima de todo.

Al finalizar la comida en que nos conocimos personalmente, me abrazó y me dijo: “más vale tarde que nunca”. Es verdad que tardamos en conocernos, pero no sabe usted cuánto le agradezco todo lo que aprendí en nuestras charlas, y, sobre todo, su trato hacia mí, su generosidad y la sinceridad con la que siempre habló conmigo. Hoy no voy a poner ningún montaje con su cara, ni más foto que la que usted dejó encargado que fuese la que ilustrase la noticia de su fallecimiento y que es la que encabeza esta entrada. Gracias por todo, doña Helga, buen viaje y hasta siempre.

sábado, 28 de septiembre de 2019

LAS BODAS DE FIGARO (W.A. Mozart) - Palau de les Arts - 27/09/19


Anoche dio comienzo oficialmente la temporada de ópera 2019/2020 en el Palau de les Arts con el estreno de Las bodas de Figaro, de W.A. Mozart. Y aquí estoy yo también para ofreceros, una vez más, mi opinión sobre lo visto y oído ayer. En mi anterior entrada del blog, dedicada a los fallidos premios Helga de Oro de este año, acabé diciendo que me pensaría si continuar o no escribiendo porque el cuerpo me pedía tirar la toalla. Me lo sigue pidiendo, la verdad, pero si estoy aquí hoy es porque ayer asistí a una función muy motivadora, y, sobre todo, por las muestras de apoyo y cariño que he recibido estos días de muchos de vosotros que me han motivado más aún, así que sólo por eso creo que, aunque al final acabe haciendo lo que me salga de la bolsa escrotal, vale la pena de momento el esfuerzo de intentar seguir adelante. Gracias.

Procuraré hacerlo, eso sí, con la menor presión posible, así que si en algún momento fallo a la cita con mi habitual crónica del estreno espero que no me lo tengáis demasiado en cuenta. Sé que algunos/as que se estarían frotando las manos con mi cierre del blog igual piensan que todo ha sido mero postureo y un numerito para hacerme el interesante, pero me chupa un pie lo que opinen y quien me conoce sabe que no va conmigo ese rollo.

En esta primera temporada de Jesús Iglesias como director artístico nos hemos encontrado ya con la novedad de que no hay una división entre una pretemporada con precios populares y la temporada oficial a partir de diciembre. Sin embargo, en la práctica ahora la situación es similar, se ofrecen unas representaciones de ópera y zarzuela fuera de abono a precios populares, y la temporada oficial operística de abono comenzará en diciembre con Nabucco. Sea o no una mera cuestión semántica, a mí me parece muy bien que se haya decidido mantener unas funciones fuera de abono a precios muy económicos, se llamen pretemporada, temporada o Luis Manuel. Incluso podría plantearse el que hubiera una o dos funciones de cada título de temporada con precios populares y segundos repartos.

Para esta apertura del ejercicio operístico se ha elegido una coproducción del Teatro Real y ABAO que cuenta con la dirección escénica de Emilio Sagi. El último Mozart que se vio en Les Arts fue La flauta mágica que abrió la temporada pasada con importante escándalo ante una dirección escénica provocadora y claramente fallida de Graham Vick. Ya dije entonces que lo que a mí me molestó de aquella producción no fue la transgresión o innovación que pretendía darse a la historia, que aunque fuese simplona y ridícula podía tener un pase, sino cómo la propuesta perjudicaba lo esencial que es la música y el canto. Bueno, pues aquellos que salieron molestos de la Flauta por su modernez pueden respirar tranquilos, porque estas Bodas de Sagi son más clásicas que el cardado de Mairén. El director asturiano ha apostado por una puesta en escena enormemente realista, detallista y fiel al libreto en todos los aspectos, incluido el de su localización en los palacios y jardines de las cercanías de Sevilla, con una impresionante escenografía de Daniel Bianco que impacta y atrapa visualmente al espectador desde que se abre el telón. Escenografía grandiosa, pero en absoluto sobrecargada, dejando siempre espacios para el movimiento escénico.

La luz sevillana será protagonista, con un impecable trabajo ideado por Eduardo Bravo, y, junto a una inteligente dirección de actores, imprimirá un nítido carácter andaluz y castizo a la ambientación, castañuelas incluidas, destacando también el vestuario de influencia goyesca de Renata Schussheim. La dirección de Sagi incidirá sobre unos personajes que ya están magistralmente perfilados por la pluma de Da Ponte y la música de Mozart, acentuando su distinta extracción social, pero sutilmente, no perdiéndose en el discurso clasista, sino dejando siempre que sea el enredo de tintes amorosos y sensuales el que domine la trama.

Como ya ha ocurrido en otras producciones, una tela semitransparente se interpuso en ocasiones puntuales entre la acción en el escenario y los espectadores. Más allá de su intencionalidad simbólica o estética, es innegable que molesta al público, pero hay que reconocer que en esta ocasión se consiguieron algunos efectos visuales muy interesantes y se potenció la ambientación del momento. También podría discutirse sobre si la molestia supera al efecto realista o no en cuanto a los sonidos de grillos y del agua de la fuente que se incorporan a la escena en el acto cuarto. A mí, personalmente, esto no me molestó, aunque escuche algún comentario al respecto, y es verdad que pensé que ese chorrito de agua escuchándose de fondo después de tres horas de función, igual despertó el nerviosismo de las próstatas más sensibles.

En esa búsqueda de extremo realismo de la propuesta, en el cuarto acto, cuando esa tela de la que hablaba antes se eleva y deja ver con nitidez el jardín en el que se desarrolla la acción, un intenso olor a azahar invadió la sala. He de confesar que si no hubiera leído que este efecto ya se había utilizado en el paso de esta producción por otros teatros, no se me hubiera ocurrido pensar que era parte del montaje, sino que hoy estaría escribiendo que a alguna espectadora le había dado por perfumarse en mitad de la representación con un litro de colonia. Lo que me sigue intrigando es cómo lo hicieron. No creo que fuese Sagi en el patio de butacas echando frus frus a hurtadillas.

El punto más cuestionable de la producción, a mi juicio, es lo retrasada que queda toda la escenografía y el ámbito de la acción respecto a la boca del escenario, quedando una franja de tierra de nadie entre el foso y la escena que tan sólo en tres o cuatro momentos es ocupada por los personajes. Eso posiblemente contribuyó a que a algunas voces no especialmente grandes y tan retrasadas de la platea y la orquesta, costase escucharlas, aunque también es verdad que trasladar a esa zona el comienzo del cuarto acto, dotó de enorme agilidad a la transición entre el acto anterior y este.

Creo que el sentido dramatúrgico y teatral de Emilio Sagi se pone de manifiesto en esta producción con toda su intensidad, demostrando una gran inteligencia en el movimiento escénico, salvo quizás en un cuarto acto en el que esperaba más ingenio y me resultó algo parco después de la resolución de los anteriores, pero en cualquier caso fue sobresaliente. Como también me parece inspiradísimo durante toda la obra el permanente uso de la acción en segundo y tercer plano y la profundidad de campo. Además, cada personaje cuando está en escena tiene un cometido dramático, está interactuando y se ubica donde tiene que estar, no donde se le ocurre en ese momento al intérprete de turno.

Nos encontramos con una propuesta de una gran belleza estética e impacto visual, así como ajustada al libreto, consiguiendo acoplar la acción a la palabra de forma natural y sin incidir desfavorablemente en lo principal, que es lo musical; más o menos justo lo contrario que ocurrió con la Flauta de Vick. Clasicismo sin ranciedad, en definitiva, para una puesta en escena que evidencia un exhaustivo trabajo de dirección y que sabe que lo esencial es el genio mozartiano y le sirve de adecuado vehículo para llegar al espectador potenciando las emociones contenidas en la partitura y el texto con un desarrollo dramático de primera línea. Bravo.

Esta temporada, sin director titular, vamos a asistir a la presencia de muchas caras nuevas al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. En esta ocasión ocupó el foso el director inglés Christopher Moulds, un especialista en música clásica y barroca que ofreció una lectura enérgica, de ritmo muy vivo. A mi juicio a veces en exceso, porque hubo momentos donde yo eché de menos un poquito más de reposo, como sí que hizo por ejemplo en el aria de la Condesa, Dove sono, donde pareció detenerse el tiempo, alcanzándose uno de los instantes más bellos de la representación. Quizás hubiera debido controlar más los volúmenes para no agravar el problema de escucha de las voces ubicadas más retrasadas en la escena, pero en cualquier caso creo que debe destacarse su capacidad de concertación, su seguimiento de todo cuanto ocurría en escena, marcando las entradas y vocalizando todo el texto cantado, su manejo de las dinámicas y la frescura y agilidad que imprimió, al tiempo que mantenía la tensión con sentido dramático. Hubo pasajes en los que la orquesta ofreció tintes más intimistas, casi camerísticos, mientras que en otros brilló con solemnidad de gran orquesta.

El foso se había elevado ayer y estrechado, con lo que las entradas al mismo del director y de los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana se hicieron desde la platea. La distribución orquestal también varió respecto a lo habitual, ubicando trompas y maderas a la derecha y percusión, trompetas y bajo continuo (fortepiano y violonchelo) a la izquierda. Una vez más destacó la calidad y precisión de la pareja de trompas, impecables toda la velada; así como el oboe de Pierre Antoine Escoffier y Salvador Sanchís al fagot, estupendos en el acompañamiento al Dove sono, como también lo estarían en Deh vieni non tardar junto a la flauta de Magdalena Martínez.

Irreprochable fue nuevamente el rendimiento del Cor de la Generalitat en una obra en la que apenas tiene tres o cuatro intervenciones, pero en las que volvió a ofrecer su reconocida capacidad vocal y entrega escénica. Me pareció delicadísima la intervención de las chicas en el Ricevete, oh padroncina del tercer acto.

Para la ocasión se ha contado con un reparto vocal quizás con no muchos nombres conocidos por el gran público, pero que mostró un gran equilibrio y un nivel general muy destacado, especialmente en cuanto al cumplimiento del exhaustivo trabajo exigido por la dirección de escena y por cuidar los recitativos dotándolos de intención y expresividad dramática, cuestiones estas fundamentales a la hora de que conecte la historia con el espectador. Así, he de reconocer que, aunque me sé la obra del derecho y del revés, hubo momentos en los que no pude contener la risa siguiendo la trama y las más de tres horas de representación se me pasaron volando.

Destacó por encima de todo el elenco María José Moreno como una extraordinaria Condesa Almaviva que derrochó elegancia y distinción, con una línea de canto exquisita, exhibiendo una voz cristalina, segura, incisiva y con algunos agudos rutilantes. Quizás, por ser tiquismiquis, solo le faltó apuntalar esa distinción del personaje con alguna regulación, algún pianissimo, que hubiese elevado directamente a celestial la pureza de un canto refinadísimo. Preciosa fue su entrada con Porgi, amor, y absolutamente deslumbrante un Dove sono de escalofrío perpetuo. También se mostró desenvuelta en la faceta interpretativa, trazando adecuadamente todos los perfiles del personaje. Sencillamente majestuosa fue su aparición en la escena final del perdón, un momento de los que quedan grabados en la memoria. Sin ningún tipo de duda fue una Condesa espléndida, una auténtica delicia.

No le anduvo muy a la zaga la soprano navarra Sabina Puértolas en el papel de la pizpireta Susanna. Vocalmente mostró una voz timbrada, luminosa, flexible, muy homogénea en todos los registros, de gran elegancia expresiva y musicalidad, alcanzando con seguridad los graves en su aria del cuarto acto Deh vieni non tardar, en la que también hizo gala de la delicadeza y sensibilidad que requiere el momento. Demostró igualmente una solidez interpretativa envidiable, con una chispa y frescura arrolladoras, sin que su entrega escénica y los múltiples requerimientos de la dirección incidieran en modo alguno en la pulcritud y corrección de su canto.

Sorprendió por su buen hacer actoral y la expresividad e intencionalidad de los recitativos el divertido Figaro del bajo barítono canadiense Robert Gleadow. Conquistó al público con la frescura y simpatía de su interpretación. Vocalmente presentó una voz baritonal de atractivo timbre y bien proyectada, cuyas carencias se compensaban con una articulación y dicción inmaculadas y con esa vis cómica irreprochable.

Al Conde Almaviva del jovencísimo, apenas 25 años, barítono polaco Andrzej Filończyk le faltó únicamente un mayor poderío vocal que le permitiera mostrarse más imponente. Fue una lástima porque, por lo demás, compuso el personaje de forma espléndida, tanto en lo vocal, con un canto intencionado y bien resuelto, como en la faceta interpretativa, donde estuvo a la altura de sus muy aventajados compañeros de escenario.

Debe resaltarse el chispeante Cherubino que interpretó Cecilia Molinari. Es cierto que el personaje es sumamente agradecido y sus requerimientos vocales no son especialmente exigentes, pero precisamente por ello puede ser una trampa mortal si no se cuida la interpretación vocal y dramática como se debe. No fue el caso de la mezzosoprano italiana, que fue todo un terremoto escénico, con una capacidad teatral extraordinaria, perfilando el personaje del inconsciente jovencito enamoradizo de manera magistral y haciéndolo completamente creíble, sin que el espectador se plantease si era una mujer interpretando a un chico que a su vez interpreta a una mujer. Su rendimiento vocal fue también impecable, esbozando un Voi che sapete sumamente ligado y expresivo, y haciéndose presente en los concertantes.

Me gustó mucho también la estupenda Marcellina de Susana Cordón que destacó mostrando enormes dotes para la comedia, apoderándose del escenario en cada una de sus intervenciones. También vocalmente estuvo a la altura, teniendo ocasión de lucirse en Il capro e la capretta, un aria que muchas veces se suprime y en la que la soprano mallorquina mostró una voz bella e incisiva de gran proyección.

El colombiano Valeriano Lanchas fue un Bartolo de voz grande y poderosa, muy entregado también en su papel, sabiendo imprimir el carácter bufo del personaje, al que sólo se le puede reprochar cierta falta de refinamiento.

Cumplió en todas las facetas de forma notable la alumna del Centre Plácido Domingo Vittoriana De Amicis como Barbarina, como  también lo hizo el bajo Felipe Bou como un divertido jardinero Antonio. Más discretos me resultaron el Don Basilio de Joel Williams y el Don Curzio de José Manuel Montero, pero siempre dentro de una gran corrección. Y bien también en su breve intervención las alumnas del Centre, Aida Gimeno y Evgeniya Khomutova.

Como era de esperar, con precios económicos, ante un título tan conocido y que constituye una de las cumbres de la ópera de todos los tiempos, la sala principal de Les Arts presentaba un aspecto envidiable, con un lleno total y presencia de mucha gente joven que disfrutó de lo lindo con una función de muy buen nivel en todos los apartados, en la que se consiguió dar la relevancia merecida a esta insigne obra maestra surgida del genio de Mozart y Da Ponte. No estuvo el público muy cálido durante la representación y no fueron muchas las interrupciones por aplausos, aunque a la finalización las ovaciones fueron generalizadas, incluida la dirigida a la dirección escénica.

Bueno, pues no tenéis excusa para perderos estas estupendas Bodas a precios muy asequibles, salvo que quedan muy pocas localidades disponibles, pero ya sabéis que el día de la función sale a la venta el 5% del aforo, os aconsejo que si podéis no dejéis pasar la ocasión porque vale la pena. La primera temporada de Jesús Iglesias ha comenzado de forma inmejorable, espero y deseo que siga por los mismos derroteros.

lunes, 23 de septiembre de 2019

PREMIOS HELGA DE ORO 2019. EL HUNDIMIENTO


Se supone que esta debería ser la entrada en la que yo hiciese público quiénes habían sido los vencedores de las votaciones en las distintas categorías de los premios Helga de Oro 2019, pero las circunstancias que han sobrevenido me llevan a pediros a todos disculpas y anular esas votaciones anunciando que este año no habrá premios del blog.

Cuando creé este blog, allá por diciembre de 2008, no tenía más pretensión que utilizarlo como un mero divertimento para compartir, con quienes tuviesen la infeliz idea de pasar por aquí, mi pasión por la música, el cine, la ópera… sin intención de sentar cátedra ni dar lecciones a nadie, sino simplemente de escribir libremente lo que pensaba, enriqueciéndome a la vez con el intercambio de opiniones con otras personas que compartieran aficiones, sin que necesariamente tuvieran que pensar lo mismo que yo. Jamás imaginé que algunos dieran tanta trascendencia a lo que aquí aparece escrito que no deja de ser la simple opinión de un vulgar aficionado que únicamente tiene la osadía de hacer públicos sus pensamientos.

En el año 2010 se me ocurrió una nueva estupidez. Me pareció interesante que, en un momento en el que el abonado y el aficionado a la ópera en el Palau de les Arts era completamente menospreciado y ninguneado desde la dirección del teatro, se pudiera conocer su opinión sobre la programación del coliseo valenciano a través de una votación de los lectores de este blog acerca de lo que más les había gustado de la anterior temporada, para lo cual me inventé unos ficticios premios que bauticé con el nombre de la entonces Intendente del teatro, Helga Schmidt.

Desde entonces, todos los años he venido proponiendo la participación de los lectores del blog en esa tontería y haciendo públicos los resultados de la votación, sin que haya surgido nunca ninguna incidencia digna de reseñar. Como decía, el único objetivo era plantear un juego con aquellos abonados y aficionados de Les Arts que son seguidores del blog, para que su opinión pudiera darnos una idea acerca de lo que al público valenciano le había gustado más de la programación ofrecida. No se ha tratado nunca de dilucidar si fulanito es mejor que menganito, o si uno tiene más seguidores que otro, ni de dar la más mínima trascendencia pública a unos premios que no existen ni tienen ningún reconocimiento oficial.

Este año tuve muchas dudas de si continuar o no con estos absurdos premios. Principalmente porque la Asociación Amics de l’Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana que aglutina a un buen número de aficionados a la ópera y público del Palau de les Arts, ya inició el año anterior la entrega de unos galardones muy similares, aunque estos sí son reales, físicos y oficialmente entregados o comunicados a los premiados, en los que los asociados votan por categorías lo que más les gustó de lo ofrecido por Les Arts el año anterior. Este año incluso la gala de entrega se ha celebrado en el propio Palau de les Arts con la asistencia del director artístico de la casa, Jesús Iglesias Noriega. Así pues, el propósito de que se escuchase de alguna manera la voz del aficionado ya está cubierto sobradamente con estos premios. Sin embargo, algunos seguidores del blog me venían comentando en las últimas semanas que echaban de menos participar en los Helga de Oro, por lo que al final, con el ánimo también de dar un poco de vidilla al blog, me animé a organizarlo una vez más. Craso error.

Desde que comenzaron las votaciones me llamó la atención el alto grado de participación. En apenas 24 horas habían votado más de 200 personas, que suele ser, más o menos, el número de seguidores que han votado en total en años anteriores. La presencia entre los candidatos de dos valencianos, Emilio López y Sandra Ferrández, y de una alumna del Centre Plácido Domingo, Olga Syniakova, parece que movilizó a muchos de sus conocidos a participar en la votación. De hecho, el apartado de mejor mezzosoprano, en el que estaban tanto Ferrández como Syniakova, se disparó desde el principio con la más alta participación de todas las categorías. Pero siempre dentro de unos niveles más o menos normales.

No es la primera vez que la presencia entre los candidatos, bien de artistas locales o de otros con importantes clubes de fans o seguidores, altera un tanto la votación. A mí eso no me gusta porque contamina el dato final que se quiere obtener, que no es otro que conocer el parecer de las personas que asistieron a las funciones operísticas del Palau de les Arts. Pero bueno, esa divergencia siempre se ha mantenido dentro de unos límites mínimos que yo consideraba que no estaban desvirtuando especialmente el resultado final. Un resultado que, insisto, el único sentido que tiene es que pueda ser representativo de lo que piensa el público de Les Arts respecto a lo que más les gustó de la temporada, y no un concurso para ver quien tiene más amigos o seguidores.

Este año el desarrollo de la votación hasta las 24:00 horas del sábado 21 de septiembre se mantuvo dentro, más o menos, de esos márgenes razonables. En ese momento la votación reflejaba la siguiente situación:

Mejor dirección escénica:
Emilio López: 96 votos
Jean Louis Grinda: 86 votos
Mariusz Trelinski: 29 votos

Mejor dirección musical
Henrik Nánási: 73 votos
Roberto Abbado (Lucia di Lammermoor): 54 votos
Roberto Abbado (I Masnadieri): 40 votos

Mejor Tenor
Yijie Shi: 77 votos  
Dmitry Korchak: 54 votos 
Valentyn Dytiuk: 40 votos 

Mejor Bajo/Barítono
Artur Ruciński: 75 votos
Leo Nucci: 54 votos 
Alexánder Vinogradov: 46 votos 

Mejor soprano
Jessica Pratt: 117 votos  
Mariangela Sicilia: 58 votos 
Maria Grazia Schiavo: 12 votos

Mejor mezzosoprano
Sandra Ferrández: 142 votos  
Olga Syniakova: 142 votos 
Nino Surguladze: 13 votos 

Mejor espectáculo de la temporada
Lucia di Lammermoor: 93 votos
Rigoletto: 45 votos 
Iolanta: 44 votos 

El domingo por la mañana cuando entré en el blog a ver cómo iban las votaciones, me percaté de que durante esa madrugada, a partir de las 00:00 horas, se había registrado un progresivo e inusual volumen de visitas que, conforme avanzaban las horas se iba multiplicando geométricamente, y a las 10 de la mañana alcanzaba ya en torno a las veinte mil (20.000) personas, la gran mayoría de ellas procedentes de la República de Georgia y sin apenas distancia temporal entre una y otra visita, apenas 4 o 5 segundos, lo que también parecía ser indicio de que no sólo eran personas las que estaban entrando, sino procesos automatizados, porque me niego a creer que se movilizara medio país de madrugada para votar unos premios que no existen. Si esto pasa con este miserable blog no quiero ni pensar la que pueden armar en Eurovisión... El origen de todo parece que fue un comentario en Facebook de la georgiana Nino Surguladze, candidata al premio a la mejor mezzosoprano, que puso un enlace a este blog diciendo que optaba al premio. A partir de ahí los fans acudieron en avalancha al blog llenándolo de comentarios (que ya he borrado) y votando compulsivamente a su paisana, a la vez que se votaban también otras categorías aleatoriamente, alterando así significativamente la marcha general de la votación.

El caso es que a las 10:06, que es cuando decidí cerrar la votación y bloquear los comentarios en el blog, de esas más de 20.000 visitas, habían conseguido registrar su voto 2.011 personas y algún R2D2 y los resultados provisionales entonces eran los siguientes:

Mejor dirección escénica:
Emilio López: 140 votos
Jean Louis Grinda: 113 votos
Mariusz Trelinski: 51 votos

Mejor dirección musical
Henrik Nánási: 107 votos
Roberto Abbado (Lucia di Lammermoor): 85 votos
Roberto Abbado (I Masnadieri): 66 votos

Mejor Tenor
Yijie Shi: 112 votos  
Dmitry Korchak: 81 votos 
Valentyn Dytiuk: 66 votos 

Mejor Bajo/Barítono
Leo Nucci: 129 votos
Artur Ruciński: 83 votos
Alexánder Vinogradov: 59 votos 

Mejor soprano
Jessica Pratt: 135 votos  
Mariangela Sicilia: 77 votos 
Maria Grazia Schiavo: 68 votos

Mejor mezzosoprano
Nino Surguladze: 1.664 votos  
Olga Syniakova: 150 votos 
Sandra Ferrández: 143 votos
 
Mejor espectáculo de la temporada
Rigoletto: 152 votos
Lucia di Lammermoor: 100 votos
Iolanta: 55 votos 

Supongo que si hubiera seguido dejando abierta la posibilidad de votar hasta las 18 horas de hoy como estaba previsto, Nino Surguladze tendría ya más votos que abonados Les Arts en toda su historia.

Igual hay quien opina que debería haber respetado la votación hasta el final fueran cuales fueran los resultados, pero como las reglas de este concurso las creé yo, he decidido que no sea así. Si el resultado obtenido no refleja la opinión de personas que han asistido a las representaciones de Les Arts (y no lo puede hacer porque las personas que han entrado en la página desde Georgia son casi 10 veces más que las que han entrado desde España), sino las filias o fobias de algunos o la fuerza de clubes de fans, a mi no me vale y por tanto he decidido anular toda la votación.

Podría haber proclamado los ganadores con la situación a las 00.00 horas del día 22, pero tampoco me parece justo cortar por ahí sin previo aviso. He dejado antes reflejados los datos por si os apetece saber cómo iba la cosa antes del terremoto o incluso por si alguien se quiere considerar vencedor moral, pero yo este año no haré proclamación de ningún tipo de premio. Al fin y al cabo, estos premios ni son premios ni son nada.

Así que hasta aquí los premios Helga de Oro. Los de este año y los de los sucesivos. Se acabó la broma. Os agradezco de todo corazón vuestra complicidad y sentido del humor a todos cuantos habéis participado de buena fe en este juego durante estos años y siento muchísimo que esto acabe así. Lo siento de verdad.

En cuanto al blog, últimamente lo tengo ya de normal bastante descuidado y me estaba limitando a hacer mi crónica de los estrenos operísticos y poco más, encontrándome muchas veces también con algunas personas que dan una trascendencia inmensa a cuanto aquí se escribe y muestran bastante poco sentido del humor. Todo eso me desanima bastante. Esta es una actividad que he venido realizando porque me resultaba gratificante, pero cada vez lo percibo más casi como una obligación. Y esto de los Helga de Oro ha sido un poco la puntilla. Así que de aquí al viernes 27, que es el estreno de la temporada en Les Arts con Las bodas de Figaro, me pensaré qué hago. De momento el cuerpo me pide dar por cerrada esta etapa, irme a chupar banquillo y dejar también de escribir en el blog. Ya os diré. Gracias en cualquier caso a todos.