jueves, 17 de abril de 2014

A PROPÓSITO DE "MAROR"

"Las tres velas" - Joaquín Sorolla - 1903 - Colección privada

El Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia estrena el próximo día 24 de abril la ópera Maror, compuesta por el valenciano Manuel Palau Boix (1893-1967). No será la primera ocasión en que este auditorio operístico represente una obra de un compositor valenciano, pero sí será la primera vez que se interprete en el mismo una ópera escrita en lengua valenciana.

Aprovechando el acontecimiento, la inefable Consellera Catalá nos está obsequiando estos días con una serie de declaraciones que a muchos nos están ruborizando. Para empezar, está diciendo que Maror representa “un punto de inflexión en el Palau de les Arts” y que, a partir de ahora, se planea programar una ópera valenciana al año. No se crea que se está usted inventando nada, señora Consellera. En las primeras temporadas de Les Arts era habitual la programación de óperas de Martín i Soler.

También ha dicho Catalá que este estreno es “la gran cita de la ópera de este año”. La imbecilidad es de marca mayor, aun dando por hecho que se esté refiriendo sólo al Palau de les Arts y no a la programación operística a nivel mundial, porque, sin desmerecer el interés que pueda suscitar Maror, es un chiste de mal gusto compararla con Traviata, Valquiria, Simon Boccanegra y hasta con L’italiana in Algeri.

Dice la Consellera también que esta es la mejor forma de cerrar la temporada (mujer, a mí se me ocurre un centenar, al menos, de mejores alternativas) y que esto demuestra la “fortaleza y tenacidad de la institución cultural”. Mire usted, ahí sí vamos a coincidir, porque que el Palau de les Arts esté sobreviviendo a todas las zancadillas que ustedes están poniendo, demuestra su fortaleza e induce a ser optimista.

Y ya sólo faltaba que se aludiera al patrioterismo barato, mencionando, como se ha hecho, la “defensa de lo nostre”, el “giro patriótico” de Les Arts o majaderías por el estilo que lo único que revelan es que pretende usted mezclar churras con merinas y utilizar la programación operística para ondear la bandera de la valencianía (su valencianía) con fines políticos. Allá usted. Jugar a la política de bajo nivel con la educación o la cultura, dice muy poco a su favor como gestora cultural y como representante política de la ciudadanía, señora Consellera.

Y Catalá no ha sido la única en decir bobadas, que los de Culturarts hacer bien las cosas no sé si las harán, pero a cursis, cuando se ponen, no les gana nadie. Así, hemos tenido que escuchar a su director general, Manuel Tomás, calificar a Manuel Palau de “el Sorolla de la música valenciana”, como si de un combatiente de lucha libre se tratara (“el rompehuesos de Massamagrell”). Piensan que el público valenciano debe ser lelo y si no le hablas de Sorolla (que debe ser el único personaje valenciano popular que conocen ellos junto a Albelda) no se va a entender la importancia del compositor.

Pero bueno, dejando de lado la idiocia gubernativa, siempre es un acontecimiento interesante poder descubrir una nueva ópera y dar a conocer la obra de un músico sin duda relevante como fue Manuel Palau.

Manuel Palau nació en 1893 en la localidad de Alfara del Patriarca, en el seno de una familia donde la afición a la música estaba presente, aunque profesionalmente se dedicaban al negocio del comercio de aceite de oliva. En 1914, Palau ingresó en el Conservatorio de Valencia, donde apenas cinco años después ya formaría parte de su profesorado. Sus viajes a París le pusieron en contacto con importantes músicos de la época que influirían de forma clara en sus composiciones, como Maurice Ravel o Charles Koechlin.

Tiene Palau una vasta y variada producción musical, de la que posiblemente su obra más interpretada sea la conocida Marcha burlesca, y entre la que podemos encontrar desde piezas sinfónicas, instrumentales, composiciones para banda, canciones, zarzuelas o esta ópera, Maror, cuyo estreno en el Palau de les Arts el próximo día 24 constituirá la primera representación escenificada de esta obra desde que fuera compuesta en 1956. Únicamente se había interpretado antes en una ocasión, en mayo de 2002, también en Valencia, esta vez en el Palau de la Música, pero en versión concierto.

Recién comenzada la década de los 50 del pasado siglo, Manuel Palau encarga al poeta valenciano Xavier Casp (1915-2004) el libreto para una ópera. Casp, defensor por entonces de la unidad lingüística de valenciano y catalán, escribe el texto de Maror en un valenciano del que, años después, reconvertido en uno de los principales abanderados del secesionismo lingüístico, renegaría, y a punto estuvo de dar al traste con el estreno de la obra en 2002, por sus intentos de readaptar el libreto.

Tres años (1953-1956) le llevaría a Palau finalizar la partitura de Maror, coincidiendo con uno de sus periodos de mayor creatividad. La obra, como gran parte de las composiciones de Manuel Palau, presenta rasgos que permiten vislumbrar la influencia de la música impresionista francesa de principios del siglo XX, así como de la música popular valenciana, pudiendo identificarse temas y melodías de su folclore entre el colorido y la riqueza armónica y orquestal de una partitura en la que tampoco faltan notas comunes con el estilo de otros compositores españoles como Falla, Granados o Albéniz.

No se caracteriza Maror por tener especiales momentos de lucimiento para los solistas vocales y, si bien algunos papeles como el de Rosa tienen una gran exigencia, no hay arias propicias para la pirotecnia del gorgorito, ni tampoco cuenta con melodías particularmente pegadizas, aunque sí hay interesantes intervenciones del coro e instantes de íntimo lirismo, como el concertante final del segundo acto, uno de los pasajes más logrados de la partitura.

La obra obtendría en 1966 el Premio Joan Senent otorgado por la Caja de Ahorros y dotado con 100.000 pesetas, pero ni ese premio ni las dos ocasiones (1927 y 1945) en las que Manuel Palau fue galardonado con el Premio Nacional de Música, bastaron para conseguir que, en vida del compositor, pudiese estrenarse esta ópera, de la que él declaraba sentirse especialmente orgulloso.

La versión que podremos ver en Les Arts a partir del día 24 contará con la dirección musical del valenciano Manuel Galduf, quien, precisamente, fue discípulo de Manuel Palau, y que debutará en el foso al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana.

La dirección escénica también es responsabilidad de otro valenciano, Antonio Díaz Zamora, quien con la colaboración de la escenografía de Manuel Zuriaga, el vestuario de Miguel Crespí y la iluminación de Carles Alfaro han preparado una propuesta que han calificado como “conceptual” e inspirada en el neorrealismo italiano, con referencias marineras dominando la escena y habiendo realizado una intensa labor de documentación sobre la época en la que se ambienta.

Contaremos también con la presencia del Cor de la Generalitat y de la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats, y el reparto de solistas vocales está integrado por cantantes valencianos: Minerva Moliner (Rosa), Sandra Ferrández (Teresa), Javier Palacios (Tonet), Josep Miquel Ramon (Toni), Cristina Faus (Maria), Bonifaci Carrillo (Tío Estrop), Boro Giner (Marinero) y Yolanda Marín (Voz interior); así como la mallorquina María Luisa Corbacho (Anna).

Bueno, pues como decía antes, dejando de lado las siempre desafortunadas intervenciones de nuestros responsables culturales, la cita con esta ópera es un acontecimiento que vale la pena disfrutar, sobre todo si, como es el caso, presenta unos rasgos musicales interesantes y puede ser el vehículo para dar a conocer las voces de unos jóvenes intérpretes que, sin duda, merecían esta oportunidad.

Por eso, desde este blog os animo a asistir a alguna de las representaciones de Maror que tendrán lugar en el Palau de les Arts los próximos días 24, 27 y 30 de abril. Y luego podéis pasar por aquí y decir qué os ha parecido.

lunes, 14 de abril de 2014

ALGUNAS REFLEXIONES TRAS "SIMON BOCCANEGRA"

Tras la crónica que hice del estreno de Simón Boccanegra el pasado día 27 de marzo, y después de haber asistido a dos representaciones más, aunque haga ya un tiempo de ello, me gustaría realizar algunas observaciones como balance final de estas funciones que, en general, me han dejado un sabor agridulce, habiendo destacado ante todo la inmensa clase y personalidad artística de Plácido Domingo.

Respecto a la dirección de escena concebida por Lluis Pasqual y adaptada para la ocasión por Leo Castaldi, según he ido viendo más la obra menos me ha gustado su propuesta. Es verdad que la oscuridad le iba muy bien a la trama, pero llegaba a resultar excesiva y agobiante. De todas formas, el mayor lastre de este trabajo no es tanto su fealdad como la ausencia de ideas en cuanto al movimiento de actores y a la concepción del drama escénico. Tras el estreno le di una calificación global positiva, pero ahora no sería tan benévolo.

En cuanto a las voces, Domingo fue mejorando en las sucesivas representaciones, asentándose más en el papel vocalmente y derrochando un poderío escénico sin parangón, dominando como ningún otro de los intérpretes el fraseo verdiano, pese a las limitaciones que pueda presentar su voz, ofreciéndonos algunos momentos realmente sublimes.

Del resto de cantantes, aunque hubo intentos por parte de Ivan Magrì y Guanqun Yu de matizar algo más, sigo manteniendo mis impresiones del estreno. Sí destacaría el buen legato de Vitali Kovaliov, quien, no obstante, me siguió pareciendo carente de la fuerza vocal que requiere el personaje de Fiesco. Y no puedo dejar de mostrar mi estupefacción, aunque respeto que haya gustos para todo, por el club de fans que parecía enloquecer todas las funciones con Ivan Magrì al que braveaban exageradamente como si fuese Caruso redivivo.

Por lo que se refiere a la dirección musical, Evelino Pidò ofreció en las representaciones siguientes al estruendoso estreno algunos matices más y un mejor acople entre foso y escena, pero su lectura me continuó resultando plana, aburrida y sin espíritu.

En cuanto a Jordi Bernàcer, había una gran expectación el pasado día 9 por su presencia al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Ante todo quiero dejar claro que me gustó bastante más su labor que la de Pidò. El joven director alcoyano dotó de más alma al conjunto, ofreció unas mejores prestaciones en la dirección de las voces, tanto del coro como solistas, y jugó de forma interesante con tempi y dinámicas, aunque con resultados irregulares. Así, en el mismo Prólogo hubo momentos donde la tensión decayó en exceso y otros, como el dúo Fiesco-Simón, que fueron un ejemplo de progresión y fuerza dramática.

Como digo, en general creo que ofreció bastantes más matices la batuta de Bernàcer que la de Pidò, y estimo que se le debe felicitar por una labor que augura un porvenir muy prometedor.

Dejando sentado lo anterior, y aunque sé que habrá quien me malinterprete, con mejor o peor intención, no me resisto a dejar aquí mi opinión personal acerca de la interesada rumorología que insiste en apuntar a Jordi Bernàcer como posible sucesor de Omer Wellber en la dirección musical titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Ya digo que es mi particular opinión, pero creo que ese traje todavía le viene algo grande, a la par que garantizaría la continuación del éxodo de muchos de los principales atriles de la orquesta, no por culpa de Bernàcer, sino por la ausencia de un maestro consolidado de relieve internacional.

La presencia el día 9 en el palco de Les Arts del President Fabra, acompañado de la Secretaría Autonómica Esther Pastor, la Consellera Catalá y el Conseller de Sanidad, entre otros carguitos autonómicos, reflejaba, a mi juicio, la utilización política que se pretende hacer desde esas instancias de la presencia de Jordi Bernàcer en el foso, dentro de la pugna que se mantiene entre la Generalitat Valenciana y la Intendencia de Les Arts respecto al proyecto de futuro de nuestro teatro de ópera.

Pero que nadie se equivoque. El apoyo de la Consellera a Bernàcer, y en general a los que ella denomina “jóvenes directores valencianos”, no pretende defender “lo valenciano” ni promocionar jóvenes valores, sino únicamente comprar barato, aunque sea a costa de echar a perder la mejor orquesta de foso de España.

Es su proyecto, respetable, pero que yo desde luego no comparto porque no es lo que deseo ni lo que considero más adecuado para el futuro de la cultura en nuestra ciudad.

jueves, 10 de abril de 2014

FUGAZ PASO DE BARENBOIM, KAUFMANN Y MUTI POR LES ARTS

Menos mal que, aunque uno va teniendo ya sus años, el corazón todavía parece que soporta emociones fuertes (y no me estoy refiriendo a la reciente victoria futbolística rojiblanca ni al nuevo look de Jorge Javier Vázquez). Ayer por la tarde, mientras me debatía entre la somnolencia posterior a la comida y los preparativos para acudir a la última representación de Simon Boccanegra en el Palau de les Arts, me llegó un correo con una noticia que acababa de publicarse en la edición de la Comunidad Valenciana del diario ABC y que se titulaba nada menos que: “El Palau de les Arts renace de sus cenizas con Barenboim”.
 
Atticus leyendo el ABC
Huelga decir que los ojos se me pusieron como a Marty Feldman y que salté del sillón como si hubiese encontrado una tarántula del Brasil anidando en mi bragueta. Al hacer clic en la noticia, directamente tuve que salir corriendo al baño, previa búsqueda de una caja de Fortasec, pues se continuaba diciendo que:
 
“El Palau de les Arts recupera el esplendor artístico, a la espera de resolver los problemas  de su deteriorada fachada. Así, el director Daniel Barenboim junto a la Staatskapelle de Berlín inaugurará la nueva temporada del coliseo valenciano, en la que también estarán el venezolano Gustavo Dudamel, el tenor Jonas Kaufmann y el director Riccardo Muti (…)”.
 
Es increíble lo rápido que trabaja a veces la mente humana (no incluyo aquí a los responsables autonómicos en materia de cultura), en décimas de segundo pensé: desde que Helga se había liado la manta a la cabeza y lanzaba un órdago a la grande gastándose el dinero que no tenía; hasta que estábamos en alguna puñetera fecha de esas en las que tomarle la cabellera al prójimo está bien visto; o, lo menos probable, que se tratase de un error, pero parecía demasiado gordo como para ser un simple lapsus.
 
Muti tras leer el ABC
En cuanto entré en Internet, Fortasec en mano, para corroborar la información, me pude dar cuenta de que, efectivamente, se había tratado de un mayúsculo error, pues la noticia se había borrado y en otros medios de prensa aparecía un texto bastante similar, sin menciones al trencadís, a la fachada deteriorada o al coliseo valenciano, referido a la presencia de Barenboim, Dudamel, Kaufmann y Muti, pero… ¡¡en el Palau de la Música Catalana de Barcelona!!
 
Fueron apenas unos segundos de emocionada ilusión. Enseguida la oscura y triste realidad volvió a invadir el Palau de les Arts, pero, como decían en las películas antiguas, fue bonito mientras duró.
 
Por favor, señoras y señores del ABC, no tomen represalias contra la reportera o reportero responsable de semejante desatino, aunque denote una falta mayúscula de profesionalidad y de conocimiento de la materia. Porque todos cometemos errores cada día y pocas veces hacemos felices con ellos a los demás. En ABC lo consiguieron, aunque fuese por unos pocos segundos.