viernes, 24 de junio de 2016

"UN SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO" (Felix Mendelssohn-Bartholdy) - Auditori Palau de les Arts - 23/06/16

Si la semana pasada se cerraba brillantísimamente la temporada operística en Les Arts con la última de las representaciones de A midsummer night’s dream, del compositor inglés Benjamin Britten; anoche se hacía lo propio en el apartado de conciertos con otra adaptación musical de la obra de Shakespeare, en esta ocasión con la maravillosa música incidental compuesta por Felix Mendelssohn-Bartholdy, Ein Sommernachtstraum (Un sueño de una noche de verano), en una versión de concierto-espectáculo que acabó resultando una tomadura de pelo aburrida y bochornosa.

Ya sabéis los que seguís este blog que no suelo escribir crónica de conciertos o espectáculos que se celebran sólo un día, pero en esta oportunidad no he podido evitar hacer pública mención de lo que considero una de las más desafortunadas experiencias vividas en el Palau de les Arts.

Hace pocos días se anunció que el director musical previsto, Ramón Tebar, principal director invitado del teatro, cancelaba su participación por motivos de salud, siendo sustituido por José Miguel Pérez Sierra, quien ya había dirigido en Valencia anteriormente La scala di seta, de Rossini, El rey que rabió, de Chapí y El dúo de La Africana de Fernández Caballero, así como un recital de zarzuela. No sé si sería por la precipitación del encargo o por una escasa adaptación al género sinfónico, pero los resultados del joven director madrileño no fueron nada buenos.

Ya en la obra que abría el concierto, la Sinfonía 3 (Escocesa), también del compositor alemán, los bostezos provocados desde el podio fueron lo más relevante, junto a unos inhabituales desajustes y fallos en la orquesta, sobre todo en los metales. La dirección de Pérez Sierra fue sosa, plana y sin alma; una mera faena de aliño que ni siquiera parecía capaz de interesarse en reconducir aquello que se desmandaba. Por parecidos derroteros transcurrió musicalmente la segunda parte de la velada, mejor en conjunto en la vertiente orquestal que la primera, pero con una batuta insustancial a la que se le escapaban vivos todos los recovecos y matices de una espléndida partitura.

Lo mejor de la noche estuvo en las breves intervenciones del Cor de la Generalitat, aunque también se echase de menos una dirección más cuidadosa que hiciese brillar como merece pasajes como el acompañamiento del coro en Kommt, einen Ringel.

Cumplieron con corrección las solistas del Centre Plácido Domingo, Elisa Barbero y Federica di Trapani, aunque esta última se perdiese con la letra en un momento dado.

Lo peor, en cualquier caso, no fue el apartado musical, sino el presunto espectáculo ofrecido en Ein sommernachtstraum. Se anunció un concierto espectáculo cuya concepción artística firmaba Allex Aguilera, con la participación de la actriz Rossy de Palma para encargarse del recitado de los fragmentos de la obra de Shakespeare introducidos por Mendelssohn como Melodrama, y traducidos esta vez al castellano.

Para la ocasión se inhabilitaron las tres primeras filas del infame Auditori, avisándonos hace una semana a los espectadores que habíamos comprado entradas en esa zona que se veían obligados a cambiarnos de localidad por los requerimientos escénicos, con el agravante de que, al haberse vendido ya gran parte del aforo, el asiento ofrecido fue bastante peor que el que habíamos adquirido al principio de temporada. Obviamente esto son gajes del abonado. No me parece bien que la falta de previsión del teatro origine que se acabe perjudicando a quienes compramos nuestra entrada con mucha antelación, pero eso no es lo principal. Lo que me parece inaceptable es que me quiten de mi localidad para defecarse en ella.

El motivo de inhabilitar las primeras filas fue colocar una especie de pasarela cubierta de horrendas flores de plástico de Todo a un eulo, en la que se ubicó durante la función a Rossy de Palma, vestida de odalisca de carnaval de Cádiz, haciendo que deambulase por ella muy de vez en cuando. ¿Aportó algo esa ubicación al concepto dramático?, no. Mejor hubiese sido dejar a la actriz arriba, junto al coro, ya que sus movimientos escénicos no fueron superiores a una carrera de caracoles tetrapléjicos y tampoco se necesitaba de cercanía al público para escucharla, pues intervino con una exagerada amplificación. Si se hubiera alejado de la platea a la actriz, además, se nos hubiera evitado la vergüenza ajena de ver cómo no había memorizado ni una línea de su papel, leyendo todas sus intervenciones con gafas de presbicia incluidas y con un nulo sentido del recitado y de chispa escénica. Su deplorable vocalización y voz sinusítica completaron una actuación lamentable. Mejor hubiese sido poner una voz en off de algún/a profesional de la locución.

El resto del espectáculo consistió en bajar la consabida pantalla de proyecciones, que ya es casi de la familia y a la que vamos a tener que ir poniendo nombre, tapando a director, orquesta, coro y solistas. Esto ya se hizo en otros espectáculos en este mismo recinto con muy buenos resultados, como en la Trilogía Romana, de Respighi, o en El castillo del duque Barbazul, de Bartok, donde, sobre todo en el segundo de los casos, hubo originalidad en la propuesta, sentido dramático y unas proyecciones que guardaban relación con lo que se contaba musicalmente, contribuyendo a realzarlo.

Ayer ocurrió justo lo contrario. Las proyecciones no tenían nada que ver con lo que se estaba contando, más allá de que la obra transcurre de noche y allí salía mucho una gran luna llena girando como un tiovivo. Aquello parecía como si alguien hubiese pensado que tenía que hacer un espectáculo visual como fuese y hubiera decidido acudir al archivo de videos de Les Arts incluyendo lo que fue encontrando, sin orden ni concierto, con unos resultados tan nefastos que costaba creerse que eran fruto sólo de la incompetencia y no de la voluntad de fastidiar al público. No eran pocos los espectadores que pude ver cómo no miraban la pantalla para no marearse ni ser castigados con la sucesión de absurdicias visuales.

Los responsables de Les Arts deberían darse cuenta de que el público está ya cansado de ver una y otra vez, producción tras producción, las mismas proyecciones, más repetidas que los capítulos de Verano azul, de oscuros nubarrones, estrellas colisionando, churretes deslizantes, lunas llenas, espermatozoides sangrientos, planetas girando, mitocondrias flotantes y tonterías varías con las que nos impidieron ver a la orquesta coro y cantantes y marearon nuestros ojos durante toda la hora que duró la estupenda música de Mendelssohn, ayer masacrada por una dirección musical inane y un concepto escénico absurdo.

Para la basura ofrecida, hubiera sido mucho mejor limitarse a una versión en concierto clásica, sin tonterías, y sin ese temor que parece inundar este teatro en la etapa Livermore a que el público se aburra si le das sólo música y canto.

Siento ser tan duro porque me consta que ese espectáculo lleva detrás el esfuerzo y trabajo de técnicos y profesionales que se limitan a hacer eficientemente lo que se les manda.

El público llenaba prácticamente la sala, nuevamente con abundante presencia de gente joven. Por allí estaban el maestro Plácido Domingo y el Intendente Livermore, quien no se dejó ver durante las representaciones de Britten, pero que ayer estuvo presente en esta ñorda vespertina. Mención negativa merecen quienes no dejaron de hacer fotos con flash durante toda la representación, especialmente una pareja de avanzada edad presente en la primera fila. Entiendo que se aburriesen, pero molestaban aún más al resto de público e intérpretes. Cuando finalizó la obra hubo tibios aplausos que se transformaron en audible abucheo a la salida de los responsables del concepto artístico. Fue significativo que la mayor ovación de la noche se produjo justo tras la primera retirada de escena tras los saludos, cuando sólo quedaron en el escenario los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat

Es una lástima que tras la última y mejor producción operística de la temporada que nos causó tan buen sabor de boca, nos tuviésemos que chupar anoche este arenque podrido que nos deja con halitosis.

sábado, 11 de junio de 2016

"A MIDSUMMER NIGHT'S DREAM" (Benjamin Britten) - Palau de les Arts - 10/06/16

A lo tonto, a lo tonto… en cuanto nos hemos descuidado ya se nos ha acabado la temporada operística en Valencia. Anoche se produjo el estreno de la última producción de la temporada, A midsummer night’s dream, del compositor inglés Benjamin Britten y parece que fue ayer cuando nos felicitábamos por el inicio de la actividad en Les Arts… Me debo estar haciendo mayor…

El estreno de ayer, además, suponía la reparación de una tremenda injusticia, como es que, en estos diez años de actividad operística en Valencia, no se hubiese estrenado aún ninguna obra de una figura capital en la historia de la ópera del siglo XX como es Benjamin Britten. Veremos si con Janáček podemos decir algo parecido pronto.

Lo cierto es que esta recta final de la temporada ha tenido un enorme interés, con el acercamiento a la música de los siglos XX y XXI con Juana de Arco en la hoguera (1938), de Arthur Honegger; Café Kafka (2014), de Francisco Coll; y ahora este A midsummer night’s dream (1960), de Benjamin Britten. Y no ha podido tener mejor cierre, porque no exagero si digo que ayer pudimos disfrutar en Les Arts del mejor espectáculo de la temporada.

Y que este haya sido el espectáculo más redondo de cuantos han pasado este año por Les Arts tiene un mérito añadido, pues las características de esta obra hacen muy difícil que todo cuadre. Nos encontramos aquí con una ópera coral, con hasta 18 personajes con papel cantado, incluyendo un contratenor y una soprano de coloratura con una partitura exigente, y ninguno desentonó. Se trata, además, de una composición muy refinada y colorista que requiere control y matices; y Abbado los supo encontrar. El coro se reserva a voces infantiles que también se muevan en escena con soltura; y la Escolanía lo bordó. El personaje de Puck, hilo conductor de la trama, si resulta soso, todo se tambalea; y Darmanin estuvo sobresaliente. Y la dirección de escena puede pecar de descuidar el peso teatral de la trama, de querer innovar demasiado o de ser excesivamente barroca y rancia; pero ayer también se consiguió una ambientación escénica excelente.

Para la ocasión se ha decidido elaborar una producción propia del Palau de les Arts, cuya dirección escénica se ha encomendado al escocés Paul Curran, quien tiene en su haber un buen número de adaptaciones de Britten, entre ellas otro Midsummer en Roma en 2012. Resultó palpable que Curran conoce bien la obra de Britten y le respeta tanto como éste respetó a Shakespeare cuando realizó esta composición. La puesta en escena se alejó de cualquier tentación de exhibicionismo creador para centrarse en lo verdaderamente importante, que es servir de vehículo de comunicación de la fuerza dramática de la partitura y de los versos de Shakespeare, dando relevancia a los dos aspectos más importantes en esta obra, como son crear una atmósfera onírica y mágica, y ser especialmente cuidadoso en la dirección de actores.

La escenografía se limita a las ruinas de un templo circular rodeado de columnas, una especie de tholos griego, en el que se irá desarrollando toda la trama. En alguna ocasión el templo girará, pero con esa simplicidad escenográfica bastará. No hay un alud de proyecciones ni una sobrecarga visual, tan habituales últimamente, para lograr la ambientación requerida. Ésta se conseguirá con el apoyo fundamental de un vestuario adecuado y un inteligente uso de la iluminación, y la trama fluirá gracias a un elaborado trabajo de dirección de los intérpretes, cuidando la expresividad y sus movimientos en escena con sentido dramático y conocimiento teatral.

El vestuario de Gabriella Ingram me recordó a algunas propuestas de Emilio Sagi, con pelucas llamativas y vestidos iluminados para las hadas, contribuyendo a la ambientación mágica del mundo nocturno. La iluminación de David Jacques es de lo mejorcito que hemos visto en Les Arts últimamente. La oscuridad no era sinónimo de tinieblas y hubo momentos magníficos, como la entrada de Titania y las hadas al final del acto I, con el templo envuelto en una luz roja fascinante; la iluminación del rayo de luna; o los colores del cielo en el amanecer. Estéticamente muy bella resultaba también esa luna omnipresente en el cielo estrellado. 

Los movimientos de los actores están especialmente trabajados y con sentido teatral. Todos los cantantes llevan a cabo un derroche interpretativo acorde a la sólida base dramática del libreto. El trasfondo teatral está omnipresente sin que se perjudique la vertiente musical, algo que parece elemental y sencillo, pero no lo es. Divertidísima resultó la intervención de los artesanos y su representación de La muy lamentable comedia y muy cruel muerte de Píramo y Tisbe; y muy acertada la inclusión de jóvenes bailarines como apoyo a las hadas de la Escolanía.

Si tuviera algo que criticar, posiblemente fuese el comienzo de la representación, con una introducción actuada y hablada, demasiado larga, antes de que se inicie la música, que ni está escrita por el autor ni pienso que aporte nada; pero, dado el resultado final obtenido, perdonado queda.

La partitura de Britten es una absoluta genialidad, habiendo conseguido esbozar, con una orquesta muy reducida, un colorido y una riqueza de texturas tímbricas espectaculares. Britten dota a cada uno de los tres mundos que se entrecruzan en la obra (el de las hadas, los amantes atenienses y los artesanos) de su identidad tímbrica y vocal; y todo ello envuelto en un clima orquestal etéreo y sutil, propio del sueño que recorre la comedia como leitmotiv.

Roberto Abaddo volvió a convencerme plenamente anoche, firmando una dirección espléndida, al servicio del drama, sabiendo destacar la variedad de colores de la partitura, con claridad de texturas y un manejo maestro de las dinámicas. Estuvo atentísimo a la escena, marcando todas las entradas y llevando con rigurosidad matemática la concertación de los difíciles cuartetos del segundo y tercer acto. Destacó la tensión e intensidad emocional que supo imprimir en momentos como ese cuarteto del segundo acto, o el comienzo de los actos primero y tercero, auténticas joyas engarzadas por Britten en los pentagramas.

Sobresaliente, una vez más, la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Sería sumamente injusto si destacase aquí a algún solista, porque todos brillaron de forma espectacular. Sensacional la percusión, tan importante en esta obra, trompeta y metales en general, celesta, clave, flauta, oboe, fagot, clarinete… y una cuerda de ensueño. Los pianissimi de los violines ponían los pelos de punta, y la densidad y terciopelo de la cuerda grave es difícil de olvidar. Violas, chelos, contrabajos… maravillosos.

Britten hace que las hadas sean interpretadas por un coro infantil de voces blancas, resaltando así por un lado la pureza e inocencia y por otro llevando su canto a una dimensión elevada que nos acerque a su carácter sobrenatural y nos remita al mundo de los sueños. El reto no resultaba nada sencillo para la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats dirigida por Luis Garrido, pero salvaron el escollo con matrícula de honor. Ha de haber un antes y un después en la agrupación tras el excepcional rendimiento ofrecido ayer. Adecuación idiomática, conjunción y empaste ante una partitura muy compleja y complicada, y entrega escénica, fueron el distintivo de la Escolanía toda la noche, con meritorias intervenciones como solistas de Alejandro Estellés, Joel Orts, Héctor Francés y Josep de Martín.

Como he dicho antes, nos encontramos ante una ópera coral, con múltiples papeles cantados, sin que tenga ninguno un especial protagonismo, y, aunque hubo unas voces mejores que otras, ninguno desentonó del buen conjunto general.

Britten, en otra de las genialidades de esta obra, asigna al rey de las hadas la vocalidad de contratenor, resaltando, con esta voz poco natural, el carácter mágico del personaje. Quienes me seguís ya sabéis que los contratenores no son precisamente mi pasión. Pues bien, he de decir que el Oberon de Christopher Lowrey me pareció magnífico. Su fraseo fue elegantísimo, ligado, rico en matices, permitiéndose alguna regulación exquisita, y obsequiándonos con un I know a bank de lujo, donde demostró conocer y dominar también al maestro Purcell.  

Si Oberon se encomienda a un contratenor, el papel de Titania está escrito para una soprano de coloratura, con una tesitura exigente, que también realza la condición sobrenatural del personaje. Es un rol más complicado de lo que parece y la americana Nadine Sierra, que tan buena impresión nos causó en el Don Pasquale de la pasada temporada, lo resolvió con solvencia. Su voz quizás tenga ya más cuerpo y peso de lo que pueda pedir la partitura, pero se movió en la coloratura con facilidad y la zona aguda fue limpia y brillante, no mostrando tampoco ningún problema para hilvanar algún pianísimo de fábula en su escena de amor con Bottom.

El cuarteto de amantes atenienses estuvo compuesto por cuatro jóvenes cantantes. Todos ellos tuvieron una adecuación estilística y comportamiento escénico extraordinarios. En lo vocal me gustaron más la Hermia de Nozomi Kato, una de las mejores voces que ha dado últimamente el Centre Plácido Domingo, y el Lisandro compuesto por Mark Milhofer, muy en la línea Peter Pears, salvando las distancias, justo en volumen, pero elegante. Dan Kempson fue un Demetrio de bello timbre aunque de emisión a veces inconsistente; y Leah Partridge una atractiva Elena que defendió un papel complicado con habilidad y arrojo, pese a algún apuro y desafinación puntual.

Los seis artesanos requieren ante todo de desenvoltura en escena y capacidad para la comedia, y pocos reproches se pueden hacer a ninguno de los intervinientes. Especial mención merece el extraordinario Bottom del veterano Conal Coad. La voz presenta algún desgaste, aunque no pierde volumen ni rotundidad, ni le viene mal a un personaje que domina con una vis cómica formidable, que ni siquiera se vio afectada por la lesión de gemelos que padece y que se anunció por megafonía al comenzar la función. Pese a todo, no se privó de subir y bajar escaleras ni acompañar en los bailes al resto de compañeros del sexteto. Un lujazo de Bottom (con perdón).

Magníficas también las prestaciones vocales y cómicas del Flute de Keith Jameson, muy divertido cuando encarna a Tisbe. Muy bien Tyler Simpson como Snug, Richard Burkhard como Quince, William Ferguson como Snout y Michael Borth como Starveling, otro alumno del Centre que no me había gustado nada en Idomeneo, pero que ayer no sólo no desmereció el conjunto, sino que estuvo más que correcto.

Los papeles menores de Teseo e Hipólita estuvieron también perfectamente servidos por Brandon Cedel y una algo más discreta Iuliia Safonova.

Como decía al principio, si en esta obra te toca un Puck soso, mejor vete a casa. Pero el Puck del maltés afincado en Londres, Chris Agius Darmanin, fue soberbio. Dicción exquisita, gran sentido del recitado, estupendo actor y enorme bailarín rozando la acrobacia. Y por si fuera poco, las breves frases que canta cuando llama a los amantes haciéndose pasar por Lisandro y Demetrio, las entonó perfectamente.

Y para que no quede nadie sin mención, también destacaré al niño actor Ángel Valdevira, que parecía casi nenín de chupete, y se movió en escena con una impropia y sorprendente soltura.

Lo peor de la noche fue la, no por esperada menos decepcionante, escasa asistencia de público a este estreno. Demasiados huecos en la sala que fueron incrementándose en los dos intermedios. Algo que, sinceramente, no comprendo. Entiendo que los prejuicios ante la ópera del siglo XX hiciera que muchos no se animasen a ir, y eso lo esperaba porque, lamentablemente, pasa también en otros teatros de mayor tradición; pero que, ante un espectáculo tan completo como el ofrecido ayer, decidas irte a casa o a ver a veintidós tíos en calzones patear un balón, no lo comprendo. Eso sí, los que se quedaron acabaron braveando y ovacionando en pie a todo el elenco artístico, incluyendo a la dirección de escena, jaleada sin reservas. Hacía tiempo en Les Arts que no se veía a un público tan entusiasmado al final y, lo que es mejor, con muchos jóvenes con la sonrisa en el rostro. Y eso compensa por todos los lechuguinos añosos que se marcharon.

Como sigo siendo un poquito touchineggs no puedo evitar volver a sacar punta al subtitulado. No me gusta que traduzcan los nombres de los artesanos… pero vale. No me gusta que se utilicen giros o expresiones actuales… pero vale. Ahora bien, ¿por qué narices hay que pretender ser más gracioso que el autor del libreto o, en este caso, que Shakespeare? ¿Por qué hay que inventarse ocurrentes juegos de palabras, cuando no los hay en el original? Esos “A Tisbe no atisbo”, o “la pared se pira”, quedarán muy cuñaaao, pero sobraban.

Bueno, ya termino. Por favor, haced correr la voz. Estamos ante un espectáculo formidable, tanto escénica como musicalmente, y puede ser una ocasión única para descubrir la riquísima música de Benjamin Britten y su perfecta comunión con la base dramática que lo sustenta; para acercarnos al teatro de Shakespeare o, simplemente, para disfrutar de una mágica noche de ópera.

viernes, 27 de mayo de 2016

TEMPORADA OPERISTICA 2016/2017 EN EL PALAU DE LES ARTS

Esta mañana, el Intendente Davide Livermore ha avanzado en rueda de prensa el contenido principal de la próxima temporada operística 2016-2017 en el Palau de les Arts. Cuando asumió la dirección del teatro uno de sus propósitos era que la temporada valenciana pudiese anunciarse con suficiente antelación y se marcó como objetivo intentar hacerlo a finales de marzo. El año pasado hubo que esperar al 3 de junio y este año ha sido el 27 de mayo… hemos adelantado una semana. Respecto a temporadas pasadas no está mal, pero sigue siendo demasiado tarde. Seguimos anunciando la programación cuando todos los teatros principales ya hace meses que han facilitado con todo detalle sus propuestas. Habrá que intentar seguir mejorando en este apartado.

En cuanto al contenido anunciado, títulos muy conocidos se unen a otras obras interesantes, aunque menos habituales; se vuelve a proponer una pretemporada a precios populares; y las figuras de Plácido Domingo y Gregory Kunde vuelven a tener presencia en el teatro, anunciándose otros nombres muy atractivos, aunque conociendo cómo se hacen las cosas en la casa habrá que esperar al mismo día de la representación para cantar victoria.

Se propone la figura de la soprano valenciana Lucrecia Bori como musa de la temporada, con imagen creada por Pepe Moreno, un profesional con exitosa carrera en el mundo del cómic.

Al igual que ya sucediera el año pasado, el inicio de la actividad operística tendrá lugar en octubre, en concreto el día 1, con una pretemporada que inaugurará la ópera L’elisir d’amore, de Donizetti, en la coproducción del Teatro Real y el Palau de les Arts ambientada en una playa y que ya pudo verse en 2011, con dirección escénica de Damiano Michieletto y la presencia esta vez en el foso, como directora musical, de una mujer, la canadiense Keri-Lynn Wilson, esposa del director general del Metropolitan de Nueva York Peter Gelb. En el reparto se avanzan los nombres del tenor William Davenport, las sopranos Ilona Mataradze y Karen Gardeazábal, el bajo Paolo Bordogna, y el barítono Mattia Olivieri.

También en pretemporada se ofrecerá una ópera española, El gato montés, del compositor valenciano Manuel Penella, para conmemorar los 100 años de su estreno en el Teatro Principal de Valencia, en una producción del Teatro de la Zarzuela, con dirección escénica de José Carlos Plaza y musical de Óliver Díaz, sin que se adelanten nombres de intérpretes.

La pretemporada se completará con un concierto el 6 de octubre, dirigido por Fabio Biondi, dedicado a Vivaldi, que incluirá Gloria e Imeneo y el Gloria, con la participación de Sonia Prina y Roberta Invernizzi; el 26 de noviembre un recital de alumnos del Centre Plácido Domingo con Ramón Tebar dirigiendo; y el 10 de noviembre el concierto espectáculo Cantúria Cantada, de Carles Santos, con el Cor de la Generalitat y Dolors Ricart en la dirección. Esta es una interesantísima propuesta que me apetece un montón.

La temporada oficial tendrá que esperar hasta el 10 de diciembre para inaugurarse con una de las verdaderas estrellas de la programación, la ópera de Verdi I Vespri siciliani, que estará dirigida por Roberto Abbado, con Gregory Kunde (Arrigo), Anna Pirozzi (Helena), Juan Jesús Rodríguez (Monforte) y Alexánder Vinogradov (Procida); en la coproducción del Teatro Regio de Torino y ABAO-OLBE que realizó el actual Intendente de Les Arts en 2011.

El 8 de enero de 2017 se estrenará Philemon und Baucis, de Haydn, una ópera para marionetas que correrá a cargo de la compañía Carlo Colla e Figli, bajo la dirección de Fabio Biondi y con las voces de alumnos del Centre Plácido Domingo.

El 9 de febrero tendrá lugar el estreno del que se pretende que sea el plato fuerte de la temporada, la producción de la Ópera de Roma de La Traviata, de Giuseppe Verdi, que firma Sofia Coppola, con vestuario de Valentino y que se ha comentado estos días por los medios que ha rondado un coste de unos dos millones de euros. Ya nos explicará Livermore… Igual se lo han dejado gratis a cambio de una producción de Les Arts y un compromiso a trabajar en galeras para la Ópera de Roma de por vida… Veremos. La dirección musical se encomienda a Ramón Tebar y, de momento, se anuncia a Marina Rebeka como Violetta, Arturo Chacón Cruz como Alfredo y Plácido Domingo como Germont, dispuesto de nuevo a destrozar el papel a cambio de atraer público. Es una opción legítima, aunque no mi preferida. La función del día 22 tendrá un reparto de jóvenes cantantes a precios populares que se incluirá en el abono de pretemporada.

Más interesante me parece el anuncio de una nueva producción de Les Arts de Lucrezia Borgia, de Donizetti, con dirección de escena de Emilio Sagi y dirección musical de Fabio Biondi, con la gran Mariella Devia en el rol protagonista, acompañada del tenor norteamericano William Davenport y la mezzosoprano valenciana Silvia Tro.

Una gran noticia también es que, al fin, llegue a Les Arts Werther, de Massenet, en una nueva coproducción del Palau de les Arts y la Opéra de Monte-Carlo, con dirección de escena de Jean Louis Grinda y con el estupendo director húngaro Henrik Nánási a la batuta. En el reparto se anuncia al tenor francés Jean François Borras y a Anna Caterina Antonacci en los papeles protagonistas. Nombres atractivos, sin duda, pero no entiendo por qué se recurre a Antonacci, cuando la italiana va a cantar también el personaje de Charlotte esa misma temporada en Barcelona. Parece que a veces se hagan las cosas para disminuir el interés de que aficionados de Barcelona puedan venir aquí, o viceversa.

Otra gratísima sorpresa es La vuelta de tuerca, de Benjamin Britten, tras el inicio de la incursión en la producción del compositor inglés esta año con El sueño de una noche de verano que se estrena el próximo día 10. Será una nueva producción de Les Arts con dirección de escena de Juanpalomo, digo Davide Livermore. La dirección musical será de Christopher Franklin y los cantantes serán alumnos del Centre Plácido Domingo. La alegría de la sorpresa inicial se me acaba con el anuncio de director y cantantes. Franklin anoche, en Juana de Arco en la hoguera, mostró una enorme rudeza y escasa sensibilidad que son absolutamente incompatibles con la obra de Britten. Y tampoco me parece apropiado que para una ópera tan complicada y exigente en el apartado vocal se acuda a los alumnos del Centre. No cuestiono la calidad de los futuros alumnos, pero no es lo más idóneo para acercar al público a Britten.

El 15 de junio de 2017 se anuncia una interesante rareza como es la ópera Piramo e Tisbe, de Johann Adolf Hasse, en un concierto espectáculo con la dirección de Fabio Biondi y Vivica Genaux y Valentina Farcas en el reparto.

La temporada operística se cerrará con el estreno el 23 de junio de otro título muy atrayente, como es Tancredi, de Rossini, en una coproducción de la Opéra de Lausanne y el Teatro Municipal de Santiago de Chile, con Roberto Abbado a la batuta y la presencia en el reparto de nombres tan llamativos como Daniela Barcellona, Jessica Pratt  y el chino Yijie Shi.

En el apartado de conciertos destaca el oratorio Israel en Egipto, de Haendel, que podrá verse el 22 de diciembre en el nefasto Auditori, con el Cor de la Generalitat y dirección de Fabio Biondi. Tras el estreno de Café Kafka este año, se anuncia el 6 de abril de 2017 una nueva creación de Francisco Coll, Mural, una obra encargada por Les Arts, la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo y la NYO de Gran Bretaña, que se ofrecerá en un programa doble con La canción de la Tierra de Gustav Mahler, con Gregory Kunde como solista masculino, y ambas obras dirigidas por George Pehlivanian. Y el 11 de mayo está previsto que Francesc Perales dirija al Cor de la Generalitat en la Misa del Papa Marcello, de Palestrina.

No ha habido manera de evitar que otra vez intenten que nos chupemos un ballet. Esta vez será en abril con un homenaje a Antonio el bailarín. Lamentablemente esos días seguro que tendré un pollo en el horno que se me pueda quemar y no podré acudir.

También se anuncian conciertos de cámara en diferentes espacios del recinto de Calatrava hasta ahora inéditos, y la salida de la actividad musical y operística a los barrios de la ciudad de Valencia y a otras localidades de la Comunidad.

Tiempo habrá de ir comentando cosas, pero, en general, me parece una temporada de gran interés, variada y con nombres muy atractivos. No acabo de entender algunas cosas que ya he puesto de manifiesto o el que Abbado esté tan poco presente en los carteles operísticos (tan sólo se le incluye en la inauguración y final de temporada con I vespri siciliani y Tancredi), pero como digo ya habrá ocasión de ir analizando el detalle.

Todos los datos ofrecidos hasta el momento pueden consultarse en la web de Les Arts (http://lesarts.com.mialias.net/temporada-2016-2017/). Os aconsejo guardar la información para luego ir comparando durante la temporada el ajuste a la realidad y echarnos unas risas.

El próximo martes 31 de mayo se hará la presentación oficial de la temporada, que esta vez correrá a cargo del mediático Ramón Gener. Parece que las entradas se han agotado ya. Es lo que tiene la tele. No sé si Gener habrá venido gratis, pero me temo que no. Si de mí hubiese dependido yo hubiera preferido dedicar ese dinero o el de contratar producciones con vestuarios de Valentino a elevar la calidad de los cantantes de algunos espectáculos, pero es lo que hay. También me gustaba más el formato elegido el año anterior, no por el rollo que nos soltaría Livermore contándonos por enésima vez sus aventuras con los taxistas valencianos, pero sí por el hecho de que el Intendente presentase directamente la temporada al abonado y se sometiera a sus preguntas.

Este año parece que ha optado por más espectáculo y menos explicaciones. En cualquier caso, desde aquí seguiremos informando.