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lunes, 26 de septiembre de 2016

PREMIOS HELGA DE ORO 2016. LOS GANADORES


Los Helga de Oro 2016 ya están adjudicados. Los lectores han votado y decidido el destino definitivo de las estatuillas virtuales que premian en este blog lo mejor de la temporada operística 2015/2016 en el Palau de les Arts.

Lo primero que debo hacer es agradeceros que me sigáis el rollo y hayáis vuelto a participar dejando vuestros votos en las diferentes categorías propuestas. Como siempre repito, estos premios nunca han tenido otro objetivo que el de pasar un buen rato e intentar reflejar la opinión del público de Les Arts respecto de lo visto y escuchado la temporada anterior.

La producción claramente vencedora de este año ha sido A midsummer night’s dream, la ópera de Benjamin Britten que cerró la temporada pasada y que no sólo ha obtenido el premio al mejor espectáculo, sino que se ha llevado también los correspondientes a dirección escénica, mejor bajo/barítono y mejor soprano. Es decir, 4 de los 7 Helga de Oro. Los otros tres premios se han repartido entre Macbeth (mejor dirección musical y mejor mezzosoprano) y Sansón y Dalila (mejor tenor), habiendo quedado sin recompensa importantes producciones como Idomeneo o Aida.

Los galardonados de este año han sido:

Helga de Oro 2016 a la mejor dirección escénica: Paul Curran por A midsummer night’s dream

Después de haber logrado la victoria en esta categoría durante los tres años anteriores de forma consecutiva, el actual Intendente Juanpalomo y chicoparatodo del Palau de les Arts, Davide Livermore, se ha quedado esta vez sin estatuilla y se ha de conformar con el segundo puesto. El premio ha ido a parar de forma incuestionable y merecidísima al escocés Paul Curran por su excepcional trabajo en A midsummer night’s dream, una producción del Palau de les Arts que no sólo ha ofrecido la mejor labor escénica de la temporada, sino probablemente una de las mejores de la historia de este teatro. Sus grandes virtudes han sido un trabajo magistral de dirección de actores, una fuerza visual hipnótica, y un entendimiento perfecto de la obra de Britten, sabiendo recrear visual y escénicamente las diferentes atmósferas que dibuja la partitura.
Paul Curran (A midsummer night’s dream):  35 votos
Davide Livermore (Idomeneo): 8 votos
Alexander Herold (Café Kafka): 2 votos

Helga de Oro 2016 a la mejor dirección musical: Henrik Nánási por Macbeth

En casi todas las categorías los ganadores han obtenido una victoria clara, destacándose desde el comienzo mismo de las votaciones. No ha sido este el caso del premio a la mejor dirección musical que ha estado reñidísimo hasta el final y se ha resuelto por apenas 2 votos de diferencia entre Henrik Nánási y Roberto Abbado. El italiano hizo un destacado y meritorio trabajo en A midsummer night’s dream, pero pienso que también en este apartado la decisión del público hace justicia premiando la espléndida dirección de Henrik Nánási de Macbeth, lo mejor sin duda de la ópera que inauguró la pasada temporada. Este año está previsto que vuelva a visitarnos el director húngaro con Werther. Esperemos que mantenga la calidad demostrada en sus anteriores subidas al podio de Les Arts.
Henrik Nánási (Macbeth): 20 votos
Roberto Abbado (A midsummer night’s dream): 18 votos
Fabio Biondi (Idomeneo): 10 votos

Helga de Oro 2016 al mejor tenor: Gregory Kunde (Sansón en Sansón y Dalila)

Pese a que se vio obligado a cantar lesionado en Sansón y Dalila y hubo de replantearse a última hora todo su trabajo en escena, el tenor Gregory Kunde, nos ofreció una recreación vocal para chuparse los dedos del personaje de Sansón, combinando con sabiduría lirismo y fuerza dramática, siendo el claro vencedor en la categoría al mejor tenor de la temporada. No ha estado precisamente caracterizado el año operístico pasado por la abundancia de actuaciones tenoriles dignas de reseñar, pero el rendimiento del tenor norteamericano como líder liberador de los hebreos pienso que es el justo ganador del premio. También es para Kunde el segundo puesto por su labor en Idomeneo, aunque a mucha distancia de los votos obtenidos como Sansón.
Gregory Kunde (Sansón): 34 votos
Gregory Kunde (Idomeneo): 6 votos
Giorgio Berrugi: 3 votos

Helga de Oro 2016 al mejor bajo/barítono: Conal Coad (Bottom en A midsummer night’s dream)

Curiosamente, también se vio obligado a cantar lesionado en las primeras funciones el ganador del Helga de Oro 2016 en el apartado de mejor bajo/barítono, el veterano neozelandés Conal Coad que nos brindó un inigualable Bottom en A midsummer night’s dream, derrochando inteligente comicidad, sin caer en exageraciones, y con autoridad vocal. Su victoria ha sido también incontestable obteniendo el mayor número de votos de todos los candidatos en todas las categorías y el mayor porcentaje (83%).
Conal Coad: 36 votos
André Heyboer: 6 votos
Gabriele Viviani: 1 voto

Helga de Oro 2016 a la mejor soprano: Nadine Sierra (Titania en A midsummer night’s dream)

Otro galardón más para la producción de A midsummer night’s dream es el correspondiente a la mejor soprano de la temporada, que ha recaído en la norteamericana Nadine Sierra, quien el año pasado fue también candidata al premio por su labor en Don Pasquale, pero se tuvo que conformar con el segundo puesto. En esta ocasión su estupenda y meritoria encarnación del papel de la reina de las hadas, Titania, en la ópera de Britten, ha sido valorada por la mayoría de los votantes; quedando en segunda posición, a no mucha distancia, la valenciana Carmen Romeu, en lo que creo que es el justo reconocimiento a un trabajo muy complicado como la Elettra de Idomeneo que solventó con calidad y profesionalidad.
Nadine Sierra: 25 votos
Carmen Romeu: 18 votos
María José Siri: 4 votos

Helga de Oro 2016 a la mejor mezzosoprano: Ekaterina Semenchuk (Lady Macbeth en Macbeth)

No ha habido mucho suspense tampoco en la categoría del premio a la mejor mezzosoprano, donde desde el inicio se destacó claramente Ekaterina Semenchuk por su interpretación de Lady Macbeth. Posiblemente no sea la Lady Macbeth del siglo, pero en mi opinión también es justo el galardón, pues se le debe reconocer a la cantante rusa la entrega, valentía y fuerza dramática que procuró imprimir al personaje, con un fraseo no precisamente destacable por su italianidad, pero incisivo e intencionado. A bastante distancia han quedado la Dalila de Varduhi Abrahamyan y el Idamante de Monica Bacelli.
Ekaterina Semenchuk: 30 votos
Varduhi Abrahamyan: 10 votos
Monica Bacelli: 5 votos

Helga de Oro 2016 al mejor espectáculo de la temporada: A midsummer night’s dream

En esta categoría he de manifestar una doble sorpresa. La primera es que si a principio de la temporada pasada hubiese tenido que apostar cuál iba a ser la ganadora, no se me hubiera ocurrido ni de lejos vaticinar que  A midsummer night’s dream iba a quedar por delante de Sansón, Aida o Idomeneo. La segunda de las sorpresas es que, una vez finalizada la temporada y visto y oído todo lo ofrecido, estaba convencido de que la victoria de la ópera de Britten en este apartado iba a ser muchísimo más contundente de lo que ha sido (65%), pues creo que caben pocas dudas acerca de que ha resultado, con mucha diferencia, la producción más redonda de todas las que han pasado por el coliseo valenciano.
A midsummer night’s dream: 30 votos
Macbeth: 11 votos
Idomeneo: 5 votos

Bueno, pues hasta aquí los premios de este año. Como siempre digo, espero que dentro de doce meses, más o menos, podamos seguir por aquí hablando de premiar lo bueno que nos ofrezca el presente ejercicio operístico que se inicia el próximo sábado, 1 de octubre, con L’Elisir d’amore que abre la pretemporada y del que ya os procuraré trasladar mis impresiones.

Gracias de nuevo a todos los que habéis participado.

domingo, 6 de diciembre de 2015

"MACBETH" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 05/12/15

El Palau de les Arts inauguró oficialmente anoche la temporada operística 2015/2016, décima temporada de abono del joven coliseo valenciano, con un programa digno del acontecimiento, la magnífica Macbeth, de Giuseppe Verdi, con el protagonismo de una figura como Plácido Domingo. Y lo cierto es que se vivió una emocionante noche de ópera.

Este año se ha hecho algo menos larga la espera con los espectáculos ofrecidos en la pretemporada, pero aún así había una gran expectación ante el inicio del nuevo ejercicio operístico y ello se tradujo en un lleno casi completo de la sala principal, que presentaba el rutilante aspecto de las grandes ocasiones.

Eso sí, si en la Bohème que abrió la pretemporada fue notable la presencia de representantes políticos, ayer, en el estreno oficial de temporada, no se dejó ver ninguno de los principales responsables autonómicos o municipales; ignoro si porque la campaña electoral les tiene muy ocupados o porque la temporada a precios normales no la consideran digna de apoyo. En cualquier caso, vuelve a ser muy triste que, sea cual sea el color de las instituciones políticas, siga quedando patente su ignorancia y la falta de respaldo político a la ópera en general y a este proyecto cultural que debería ser una de las joyas de la corona de la cultura en España.

La producción de Macbeth presentada ayer es del Teatro dell'Opera di Roma y el Festival de Salzburgo, donde se estrenó en 2011, y cuenta con la dirección de escena concebida por el prestigioso regista alemán Peter Stein y dirigida en esta reposición por el italiano Carlo Bellamio. La versión presentada es la de 1865, sin el ballet y sustituyendo el coro final por la escena final de la de 1847, con el aria de MacbethMal per me che m'affidai”.

La propuesta es absolutamente clásica y fiel al libreto, con un vistoso vestuario de época de Anna María Heinreich que pone cierto contrapunto colorista a una escena tan oscura como la historia que se nos narra. A mí particularmente me agotan ya estas oscuridades escénicas que obligan al espectador a estar a veces, como si viese el Canal Plus codificado, haciendo ímprobos esfuerzos para enterarse de lo que ocurre en escena. Supongo que se ahorrará factura de luz, lo cual viene muy bien, pero cansa. Y, dicho esto, tengo que reconocer que los juegos de luces de Joachim Barth constituyen uno de los grandes valores de esta puesta en escena.

La escenografía es mínima y la sensación de vacío en escena está presente toda la representación. Quizás el problema venga de ser una producción pensada para un espacio tan peculiar como la Felsenreitschule de Salzburgo, con su decorado natural excavado en la roca. Pero aquí tan sólo enmarca la acción un fondo que cambia de color a la par que las emociones en el drama, mientras que la parte del escenario más próxima a la orquesta está ocupada por un suelo en pendiente que vuelve a poner a prueba las habilidades equilibristas de coro y solistas.

De las innovaciones más conseguidas de esta propuesta me parece el haber representado a las tres brujas con tres bailarines que mueven los labios y actúan, mientras componentes del coro femenino prestan su voz disfrazadas de bosque, consiguiendo un resultado visual y dramático espectacular. Algo similar ocurrirá con los sicarios encargados de dar muerte a Banco y su hijo, que serán representados por 4 bailarines, mientras cantan el papel los componentes del coro masculino ocultos con capas negras que parecen representar un bosque petrificado.

También me gustó la resolución, siempre complicada, de la escena de las apariciones, consiguiendo un efecto visual impactante. Al menos desde platea, porque desde los pisos altos quedarán demasiado evidentes los trucos escenográficos.

Me sorprendió la escena de la batalla final, con unos espadachines que hicieron un trabajo buenísimo, muy alejado del ridículo chocar de espadas de función fin de curso que suele ser tan habitual.

Lo que menos me convenció de esta puesta en escena es una dirección de actores muy primaria, por no decir inexistente. Parece que se haya centrado todo el trabajo en los efectos escénicos, descuidando los movimientos de cantantes, sin que se aprecie una labor de dirección que potencie la dramaturgia, pareciendo más bien que la mayoría de las veces se les ha dejado sueltos en escena a su buen o mal hacer.

Me llama la atención que después de que este teatro optase por nombrar a dos directores titulares de la orquesta de la casa (Roberto Abbado y Fabio Biondi), más un director principal invitado (Ramón Tebar), ninguno de los tres sea el designado para ocupar el foso en la función que abre la temporada. El encargado ayer de tomar la batuta al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana fue el húngaro Henrik Nánási, quien ya dirigiese la temporada pasada, con un resultado extraordinario, El castillo del duque Barbazul, de Bartók. Pero claro, una cosa es un húngaro dirigiendo Bartók y otra los peculiares acentos que exige Verdi; así que fui con cierta prevención ante lo que pudiese ofrecernos Nánási y he de decir que, para mi muy grata sorpresa, me pareció uno de los mejores trabajos de dirección de los últimos años en este teatro.

Los primeros compases fueron ejecutados a un ritmo trepidante que hicieron temer unos tempi acelerados en exceso, pero no fue así. Nánási supo incluir las dosis requeridas de cada ingrediente para que la tensión dramática y la emoción estuviesen presentes en todo momento, honrando la partitura con acentos de puro sabor verdiano y llevando a cabo un control milimétrico de cuanto se desarrollaba en foso y escena. Supo extraer las mejores prestaciones de una orquesta que volvió a maravillar a lugareños y foráneos, con algunos matices espectaculares. Mostró autoridad en el control de los concertantes y cuidó a los cantantes con pulcritud, administrando sabiamente los volúmenes orquestales. Me pareció una dirección sobresaliente.  

Toda la Orquestra de la Comunitat Valenciana sonó anoche con la brillantez deseada. Estupendas fueron las intervenciones de arpa y corno inglés, pero es de justicia destacar especialmente la labor de los vientos, donde además tuvimos la gratísima sorpresa del retorno de Christopher Bouwman, quien con su oboe hizo trío de lujo junto a Joan Enric Lluna al clarinete y la flauta de Álvaro Octavio, de quien se comenta que pueda abandonar la orquesta para ir a la ONE, lo que sería una pérdida irreparable para nosotros.

Pero sí de sobresaliente puede calificarse la labor orquestal, el trabajo derrochado ayer por el Cor de la Generalitat merece matrícula de honor. Uno de los principales protagonistas de esta ópera, sin duda, son las brujas, y anoche las componentes femeninas del coro que cantaban el papel tuvieron un protagonismo capital, realizando una espectacular exhibición vocal y escénica que algunos tardaremos tiempo en olvidar, con el mérito añadido de tenerse que mover por el escenario camufladas como arbustos. También la sección masculina tuvo ocasión de lucirse, mostrándose imponente ya desde su primera intervención acompañando a Macbeth, hasta el magnífico momento de los sicarios. Y todo el coro al completo nos maravilló en los dos concertantes que cierran los dos primeros actos, pero, sobre todo, en un Patria oppressa memorable que inundó de emoción el Palau de les Arts. Jamás había escuchado yo este fragmento tan excelentemente cantado y con un acompañamiento orquestal tan bello como el que proporcionó Nánási. Para mí fue el momento mágico de la noche.

Uno de los alicientes principales de este Macbeth lo constituye la presencia en el papel protagonista del incombustible Plácido Domingo. Una presencia que ya roza lo sobrenatural cuando sigue incorporando a su repertorio nuevos papeles y, sobre todo, cuando hace menos de dos meses pasaba otra vez por el quirófano, haciéndonos temer a todos una previsible cancelación de sus compromisos en Valencia. Pero, parece ser, que sigue sin descubrirse la kriptonita que le haga doblar la rodilla a este hombre.

El problema es que, aunque él se vea hecho un machote y con fuerzas para asumir nuevos retos, es obvio, y cada vez más evidente, que está al límite. En toda la primera parte me lo hizo pasar fatal. La falta de fiato era alarmante, dificultando el fraseo ligado. Daba la impresión de estar extenuado y, en cuanto el tempo orquestal se aceleraba y parecía que se le escapaba la orquesta, personalizaba el fraseo comiéndose palabras y saltándose notas. En el concertante final del primer acto me resultó inaudible y su pronunciación durante toda la velada fue bastante deficiente, presentando además numerosos lapsus de texto, pese a contar con apuntador, cuya concha (con perdón) rondaba en cuanto podía.

Pero si algo no se le puede negar a Domingo es su entrega, su dominio de las tablas y una fuerza dramática absolutamente ejemplar, como también lo es su autoridad vocal y una belleza tímbrica que perdura milagrosamente. Enhebró algunas frases bellísimas, rotundas e impregnadas del mejor sabor verdiano. En la segunda parte fue a mejor, con una escena de las apariciones muy notable y, especialmente, con dos arias finales “Pietà, rispetto, amore” y “Mal per me che m'affidai”, que fueron toda una lección de sentido dramático.

La verdad es que tuve toda la noche sentimientos muy encontrados con él y escuchándole en “Pietà, rispetto, amore” no pude evitar pensar que al comienzo de la velada era casi piedad y lástima lo que estaba sintiendo hacia él; que, pese a todo, su categoría dramática y su entrega eran dignas del mayor de los respetos; y que, finalmente, había acabado por caer rendido y enamorado del gran artista que, una vez más, nos demostró ser.

Confieso que tenía gran curiosidad por ver el rendimiento que podía ofrecer la mezzosoprano rusa Ekaterina Semenchuk debutando en un papel tan exigente, y no escrito específicamente para mezzo, como Lady Macbeth, y a mí me gustó. Es cierto que tiene un instrumento poco flexible, de resonancias puramente eslavas, sin atisbo de italianitá, con dicción problemática, falta de contundencia en el registro grave y algunas carencias en la franja más aguda; pero creo que compuso una Lady Macbeth segura, poderosa y muy destacable. Mostró una incontestable potencia vocal y presencia escénica, derrochando expresividad, sobre todo en su gran escena final, donde sin embargo empañó un tanto el resultado con un par de agudos capados muy feos. En cualquier caso, pienso que llevó a cabo una actuación muy meritoria.

El bajo Alexander Vinogradov en el aria de Banco cantó con legato e intención, con una voz oscura y rotunda, aunque con una emisión sucia y, como diría el amigo Titus, ogresca.

El tenor italiano Giorgio Berrugi cumplió en el breve papel de Macduff con voz de color atractivo y bellos perfiles, luciéndose especialmente en su bellísima aria “Ah, la paterna mano”, con un canto bien ligado, pero sobraron un par de apuntes veristas que no venían a cuento.

Fabián Lara fue un correcto Malcom. Destacables en papeles menores estuvieron Federica Alfano, apuntando incluso un pianísimo en el cuarto acto, y Lluis Martínez. Cumplieron también sobradamente Boro Giner, Pablo Aranday y Juan Felipe Durá. Y fueron estupendas las intervenciones de los dos niños de la Escolanía de la Mare de Déu dels Desamparats, Josep de Martín y Héctor Francés.

Como decía al comienzo, la sala principal presentaba un lleno casi completo, con bastante presencia de público foráneo, pudiéndose ver incluso vestidos típicos más propios de Salzburg que de la costa mediterránea. Plácido tenía sus fans y su “Pietá, respeto, amore” fue ovacionada larga y justamente. Al final de la representación hubo emocionados aplausos para todo el elenco, especialmente para Semenchuk, Domingo, coro y orquesta. La dirección de escena fue acogida con tibios aplausos y con algún abucheo aislado pero ruidoso.

Bueno, pues hasta aquí mi crónica del estreno de la temporada valenciana. Estos días que en la prensa no dejamos de leer como presumen otros teatros de ópera por tener a Leo Nucci o Juan Diego Flórez, creo que podemos decir bien alto y con orgullo: pues aquí tenemos al Cor de la Generalitat y sólo por disfrutar de su profesionalidad ya vale la pena chuparse todas las funciones de este Macbeth.

domingo, 1 de junio de 2014

"LA FORZA DEL DESTINO" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 31/05/14

Enorme expectación anoche en el Palau de les Arts para asistir al estreno de La forza del destino, de Giuseppe Verdi, la ópera que abría el VII Festival del Mediterrani y que suponía el regreso al foso valenciano del maestro Zubin Mehta. El ambiente era el de las grandes noches, rozando el lleno, y se cumplieron todas las expectativas, con unos resultados artísticos sobresalientes que hicieron que acabara todo el teatro puesto en pie, absolutamente enardecido, ante una Forza que creo que, hoy por hoy, es difícilmente superable. Una noche mágica, sin duda, que, hasta a los más pesimistas, nos ha subido el ánimo bastantes enteros.

Especialmente emocionante resultó el recibimiento que el público tributó al maestro Mehta, brindándole un cerrada ovación con numerosos bravos nada más pisar el foso, en una evidente muestra de que el aficionado valenciano sabe apreciar y agradecer lo mucho que el director indio está haciendo para que en nuestra ciudad podamos seguir disfrutando de ópera de primera categoría. La intensidad de las ovaciones en cada salida de Mehta y que todo el público se pusiese en pie como movido por un resorte en cuanto se sumó a los saludos finales, era un claro grito de “maestro, no se vaya”.

Muchas caras conocidas en el patio de butacas, desde Joan Matabosch a María José Montiel. Y también nos alegró ver de nuevo al mando a la Intendente Helga Schmidt, quien parece encontrarse ya mejor tras el accidente que sufriese en Viena. En el palco nos obsequió con su presencia la Consellera de Cultura y recién nombrada nueva portavoz del gobierno valenciano, María José Catalá, a quien este nuevo cargo le va pintiparado, con lo que le gusta a esta señora figurar y darle al pico. La pena es que no haya aprovechado para dejar la cartera de Cultura en manos de alguien con más ganas e ideas para defender la ópera de calidad en Valencia de lo que ella hasta ahora ha demostrado.

45 minutos antes de iniciarse la representación tuvo lugar, por primera vez en el Palau de les Arts, una breve charla introductoria a la ópera, que corrió a cargo de Íñigo de Goñi, miembro de la Asociación Amics de l’Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana. Estas charlas se repetirán todos los días de función, tanto de La forza del destino como de Turandot, en la sala de espera ubicada en el vestíbulo principal. Ayer la sala se llenó en pocos minutos y hubo mucha gente que tuvo que quedarse fuera. Está previsto que, a partir de ahora, esta Asociación se encargue de ofrecer este servicio a los espectadores con entrada para las diferentes representaciones de la temporada.

Ante la ausencia de recursos económicos en Les Arts, para la dirección de escena se ha vuelto a apostar por encargar una producción propia a Davide Livermore, director artístico del Centre de Perfeccionament, y responsable de anteriores propuestas interesantes como las de La Bohème o el Otello del año pasado.

El resultado final de su trabajo creo que ha sido muy positivo. Y mucho más si valoramos que en este caso no se trata de una concepción genial de algún regista iluminado que cuenta con cheque en blanco, sino de una propuesta marcada por la necesidad de ahorrar recursos. Para ello, se ha contado con el vestuario de Mariana Fracasso, la iluminación de Antonio Castro y las videocreaciones de D-Wok S.R.L., así como con el intenso trabajo de todo el equipo del teatro, reciclándose y aprovechando material de otras producciones.

La escena se ha trasladado a los años de la Segunda Guerra Mundial con una estética claramente cinematográfica, con múltiples guiños cinéfilos. Nada más comenzar la obra, la obertura es acompañada por unas proyecciones que nos van adelantando lo que va a suceder a modo de tráiler fílmico, con muchas referencias al cine negro, pero también a algunos planos míticos de Eisenstein o del expresionismo alemán. Esta obsesión de los directores de escena por tener que “entretenernos” mientras suenan las oberturas, parece no tener solución.

Los pájaros de Alfred Hitchcock tiene un papel importante, con esos cuervos agrupándose en el tendido eléctrico anunciando el fatal destino, tanto en el primer acto antes de la muerte del Marqués de Calatrava, como en el duelo final entre don Álvaro y don Carlos.

La producción, en conjunto, creo que funciona bastante bien y la traslación temporal no molesta en absoluto. Desde el punto de vista estético me resultó enormemente sugerente, sobre todo gracias a un uso de la iluminación muy inteligente, aunque el abuso del color rojo para resaltar la maldad acabe por cansar.

Me parece muy de agradecer que la escenografía y los movimientos de los cantantes estén pensados para procurar que destaque el trabajo de estos, dando preeminencia a las voces, no a la egolatría del regista. No en vano Livermore fue cocinero antes que fraile, en este caso cantante antes que director escénico, y eso se nota. Eso sí, algunos cambios de escena fueron excesivamente largos y en el del tercer acto se improvisó un bochornoso concurso de toses estentóreas entre parte del público que, aunque parece que a algunos les hizo mucha gracia, a otros, incluido Mehta, no tanto.

También destacaría en el aspecto positivo, como suele ser habitual en las propuestas de Livermore, una trabajada dirección de actores y del movimiento escénico que, aunque haya cosas que gusten menos, como algunos bailecitos o las posturitas de los frailes al grito de maledizione!, denota seriedad, estudio y sentido del drama.

Es verdad que hubo algunas proyecciones que me parecieron grotescas, como las de los angelotes, pero en general consiguen un buen resultado, contribuyendo a resaltar ambientes y acentos psicológicos, siempre con esa reminiscencia cinematográfica presente.

Es inevitable que en toda transposición temporal de la puesta en escena de un libreto haya discordancias y anacronismos, pero en esta ocasión la cosa no chirriaba más que en momentos puntuales, como las referencias a carruajes o caballos o, sobre todo, esas espadas transformadas en pistolas.

Pese a todos los peros que se le quieran poner, lograr, con los reducidos medios de los que se disponía, unos resultados de este nivel, que superan con mucho el de costosas y horrorosas producciones, es merecedor de un fuerte aplauso como el que fue brindado ayer a Livermore y todo su equipo al finalizar la función.

Tras el martirio conceptual y de ejecución que supuso la dirección musical de Manuel Galduf en Maror, el regreso del maestro Mehta al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, nos ha despertado de aquella pesadilla que algunos parecen seguir empeñados en desear que sea el futuro que nos espere. El maestro Mehta nos ha devuelto el mágico sonido de nuestra orquesta, volviendo a hacer brotar la belleza y la emoción del foso valenciano.

Y es que si por algo se caracterizó la labor del director indio fue por, una vez más, lograr hacer brillar como nadie la orquesta, con un equilibrio extraordinario entre secciones y un control absoluto de cuanto ocurría en el foso y en escena. La Obertura fue dirigida con mano maestra, aunque yo eché de menos una pizca más de garra e intensidad, si bien a cambio se obtuvo un lirismo de muchos quilates. El pulso dramático no decayó en ningún momento y en los momentos más íntimos la belleza sonora se desplegaba con apabullante insolencia, como en el inolvidable y electrizante pianísimo de las cuerdas que puso el broche final a una noche en la que volvimos a reencontrarnos con la mejor versión de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Gracias, maestro Mehta.

Entre las intervenciones solistas, hay que destacar la magistral actuación de Joan Enric Lluna en el solo de clarinete introductorio al aria de don Álvaro con el que se inicia el tercer acto, donde, a su ya conocido virtuosismo en la ejecución, se unieron una sensibilidad y lirismo estremecedores. También tuvieron intervenciones muy destacadas el concertino, Serguéi Ostrovski, así como fagots, arpa y percusión.

El coro en esta obra se convierte en un protagonista más y adquiere una relevancia de primer orden. Y ayer el Cor de la Generalitat dio una de las más grandes lecciones de profesionalidad y dignidad artística que se han visto en este teatro. Posiblemente no haya sido la noche en que ha sonado más contundente y poderoso, pero obtuvo unos resultados magníficos, tanto en el apartado dramático, con una permanente actividad en escena, como en el vocal, y esto pese a no a haber dispuesto de los refuerzos que la obra requería, teniendo que hacer frente a una partitura de estas dimensiones con la plantilla que ha quedado tras el maldito ERE. Bravo, chicos y chicas

Es proverbial la dificultad de montar esta obra con garantías en el apartado vocal, porque realmente se precisa de unos cantantes de primer nivel, dispuestos a afrontar unas exigencias extremas. Y en este sentido ayer tuvimos la suerte de contar con una pareja protagonista inigualable, estratosférica, acompañada por otros intérpretes de muy buen nivel y absolutamente entregados.

Comentaba ayer junto a un amigo que tenemos la firme convicción de que Gregory Kunde es extraterrestre. Si el año pasado ya nos dejó absolutamente anonadados con su espectacular Otello, lo de ayer nos convenció definitivamente de que, o no es de este planeta, o este tipo se dopa. No sé si se meterá placenta de yegua o se tomará la pócima dominguina de Plácido, pero esto no es normal. Anoche se paseó por el terrorífico papel de don Álvaro con una (aparente) facilidad insultante y una belleza canora incontestable.

A sus 60 años cumplidos, el tenor norteamericano sigue luciendo un timbre deslumbrante y apenas aparecieron fugazmente síntomas de cansancio. Sus agudos continúan siendo cañonazos, bien colocados, timbrados, luminosos y ricos en color. Pero no sólo nos conquisto luciendo poderío en el agudo. En el dúo solenne in quest’ora matizó y recogió la voz con una sensibilidad mayúscula. Cuajó un recitativo La vita e inferno all'infelice, intenso y sentido, y la subsiguiente aria del tercer acto, O tu che seno agli angeli, fue majestuosa, desplegando un lirismo apabullante, con una elegante línea, heredera de la mejor técnica belcantista. La ovación al finalizar el aria fue larguísima (Nucci hubiese bisado tres vendettas). Además, su entrega dramática en todo momento fue soberbia y pude ver con mis prismáticos como en la última escena, mientras Leonora moría en sus brazos, las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Pero si Kunde nos dejó boquiabiertos, Liudmila Monastirska acabó de desencajar nuestra mandíbula, ofreciéndonos una extraordinaria Donna Leonora. Desde luego, si algo no admite discusión es el poderío vocal de la cantante ucraniana. Un auténtico tsunami sonoro que hace que se estremezcan los cimientos del edificio de Calatrava (el arquitectillo, no el marqués). Pero esa tremenda fuerza vocal no impide que adorne su canto con un gusto exquisito y algunos detalles preciosos, consiguiendo hilvanar unas medias voces de muy bella factura. Obviamente en esta faceta no consigue la perfección y delicadeza de, por ejemplo, Agresta, pero domar de esta manera ese vozarrón es muy meritorio. También la afinación se puede resentir puntualmente, pero el resultado final fue de una inmensa belleza e intensidad dramática.

Otro de sus puntos débiles es su ininteligible pronunciación italiana, aunque, sin embargo, su sentido del canto verdiano es espléndido. Las medias voces mostradas en la vergine degli angeli y el dominio técnico, capacidad expresiva y variedad de matices del aria Pace, pace mio Dio, en la que supo colorear todas las emociones y cambios de ánimo de la página, junto a la fuerza e intensidad que derrochó toda la velada, llevaron a su Leonora a obtener un triunfo sin paliativos.

El joven barítono italiano Simone Piazzola juega en otra división. Indudablemente su don Carlo es digno de aplauso, pero ya en la liga de los terrenales. Posiblemente se haya topado con un rol demasiado dramático y yo le encontré más cómodo como Germont en la Traviata que inauguró la temporada, aunque hay que reconocer que sacó adelante la prueba con éxito. Parecía un poco reservón al comienzo y a la voz le falta un mayor peso y mejor técnica de emisión, pero en la segunda mitad de la obra es donde tiene que lucirse y al menos consiguió no desentonar demasiado en sus dúos con el marciano Kunde. Su exclamación finalmente! en el duelo fue un derroche de fiato y poderío. Como actor no es precisamente Laurence Olivier, pero no se le puede negar su entrega y buenas intenciones.

La mezzosoprano Ekaterina Semenchuk tuvo que hacer frente a uno de los papeles más ingratos de la historia de la ópera, como es el de Preziosilla. Ingrato, porque hay pocas personas que no acaben odiando toda la escena del Rataplán, auténtico ejemplo de cómo quebrar la intensidad dramática de una obra, y además de eso el rol se mueve por terrenos bastante agudos para una mezzo, pero la cantante rusa supo sacar adelante la papeleta aceptablemente bien en la vertiente vocal y destacando en el apartado interpretativo.

El bajo danés Stephen Milling interpretó al Padre Guardiano con tremenda solvencia y una incontestable contundencia en el registro grave, aunque mostrase algún apuro en la zona alta de la tesitura.

El papel de Fra Melitone fue interpretado por Roberto de Candia, después de que cayese del cartel el anunciado Valeriano Lanchas, quien parece que no habría cumplido las expectativas del maestro Mehta. De Candia llevó a cabo una correcta actuación en la que se echó a faltar un mayor punto de comicidad y desenvoltura escénica.

En los papeles menores, volvió a destacar la bella voz de Mario Cerdá, esta vez como Trabuco. También estuvieron muy correctos In-Sung Sim como Marqués de Calatrava, Cristina Alunno (Curra),  Aldo Heo  (Cirujano) y Ventseslav Anastasov en el papel de Alcalde.

El público, que llenaba prácticamente por completo la sala principal de Les Arts, premió con largos aplausos las principales intervenciones de los protagonistas a lo largo de la obra y, al acabar ésta, la locura colectiva se adueñó del teatro, con apoteósicas ovaciones y torrente de bravos para Gregory Kunde, Monastirska y el maestro Mehta, quien, como he dicho antes, pudo ver como toda la platea se ponía en pie braveándole al subir al escenario.

Esta ópera, que tiene fama de gafe, ayer no se olvidó tampoco de hacer de las suyas, y parece que uno de los miembros del coro sufrió un accidente al caer por uno de los huecos que simulaban ser trincheras. Afortunadamente las últimas informaciones apuntaban a que el incidente no ha tenido graves consecuencias y desde aquí le mando al afectado todo mi ánimo y apoyo, y espero que se recupere cuanto antes.

Señora Catalá, espero que haya tomado usted nota de lo acaecido anoche. Yo, desde luego, no confío nada en su sensibilidad musical, pero creo que hasta su oreja se debió dar cuenta de la gran diferencia que hay entre los experimentos culturartsistas de cuota valenciana y el Espectáculo Operístico, con mayúsculas, como el que se vivió ayer.

Por si acaso, los aficionados tenemos que seguir peleando con todos los medios a nuestro alcance para impedir que la necedad y pueblerinismo de algunos/as echen a perder todo esto cometiendo un crimen irreversible contra nuestro patrimonio cultural. De momento, tenemos la obligación de llenar el teatro todos los días para apoyar al maestro Mehta, a nuestra orquesta y coro, y a unos artistas de primer nivel. Y encima disfrutar como locos…