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viernes, 24 de junio de 2016

"UN SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO" (Felix Mendelssohn-Bartholdy) - Auditori Palau de les Arts - 23/06/16

Si la semana pasada se cerraba brillantísimamente la temporada operística en Les Arts con la última de las representaciones de A midsummer night’s dream, del compositor inglés Benjamin Britten; anoche se hacía lo propio en el apartado de conciertos con otra adaptación musical de la obra de Shakespeare, en esta ocasión con la maravillosa música incidental compuesta por Felix Mendelssohn-Bartholdy, Ein Sommernachtstraum (Un sueño de una noche de verano), en una versión de concierto-espectáculo que acabó resultando una tomadura de pelo aburrida y bochornosa.

Ya sabéis los que seguís este blog que no suelo escribir crónica de conciertos o espectáculos que se celebran sólo un día, pero en esta oportunidad no he podido evitar hacer pública mención de lo que considero una de las más desafortunadas experiencias vividas en el Palau de les Arts.

Hace pocos días se anunció que el director musical previsto, Ramón Tebar, principal director invitado del teatro, cancelaba su participación por motivos de salud, siendo sustituido por José Miguel Pérez Sierra, quien ya había dirigido en Valencia anteriormente La scala di seta, de Rossini, El rey que rabió, de Chapí y El dúo de La Africana de Fernández Caballero, así como un recital de zarzuela. No sé si sería por la precipitación del encargo o por una escasa adaptación al género sinfónico, pero los resultados del joven director madrileño no fueron nada buenos.

Ya en la obra que abría el concierto, la Sinfonía 3 (Escocesa), también del compositor alemán, los bostezos provocados desde el podio fueron lo más relevante, junto a unos inhabituales desajustes y fallos en la orquesta, sobre todo en los metales. La dirección de Pérez Sierra fue sosa, plana y sin alma; una mera faena de aliño que ni siquiera parecía capaz de interesarse en reconducir aquello que se desmandaba. Por parecidos derroteros transcurrió musicalmente la segunda parte de la velada, mejor en conjunto en la vertiente orquestal que la primera, pero con una batuta insustancial a la que se le escapaban vivos todos los recovecos y matices de una espléndida partitura.

Lo mejor de la noche estuvo en las breves intervenciones del Cor de la Generalitat, aunque también se echase de menos una dirección más cuidadosa que hiciese brillar como merece pasajes como el acompañamiento del coro en Kommt, einen Ringel.

Cumplieron con corrección las solistas del Centre Plácido Domingo, Elisa Barbero y Federica di Trapani, aunque esta última se perdiese con la letra en un momento dado.

Lo peor, en cualquier caso, no fue el apartado musical, sino el presunto espectáculo ofrecido en Ein sommernachtstraum. Se anunció un concierto espectáculo cuya concepción artística firmaba Allex Aguilera, con la participación de la actriz Rossy de Palma para encargarse del recitado de los fragmentos de la obra de Shakespeare introducidos por Mendelssohn como Melodrama, y traducidos esta vez al castellano.

Para la ocasión se inhabilitaron las tres primeras filas del infame Auditori, avisándonos hace una semana a los espectadores que habíamos comprado entradas en esa zona que se veían obligados a cambiarnos de localidad por los requerimientos escénicos, con el agravante de que, al haberse vendido ya gran parte del aforo, el asiento ofrecido fue bastante peor que el que habíamos adquirido al principio de temporada. Obviamente esto son gajes del abonado. No me parece bien que la falta de previsión del teatro origine que se acabe perjudicando a quienes compramos nuestra entrada con mucha antelación, pero eso no es lo principal. Lo que me parece inaceptable es que me quiten de mi localidad para defecarse en ella.

El motivo de inhabilitar las primeras filas fue colocar una especie de pasarela cubierta de horrendas flores de plástico de Todo a un eulo, en la que se ubicó durante la función a Rossy de Palma, vestida de odalisca de carnaval de Cádiz, haciendo que deambulase por ella muy de vez en cuando. ¿Aportó algo esa ubicación al concepto dramático?, no. Mejor hubiese sido dejar a la actriz arriba, junto al coro, ya que sus movimientos escénicos no fueron superiores a una carrera de caracoles tetrapléjicos y tampoco se necesitaba de cercanía al público para escucharla, pues intervino con una exagerada amplificación. Si se hubiera alejado de la platea a la actriz, además, se nos hubiera evitado la vergüenza ajena de ver cómo no había memorizado ni una línea de su papel, leyendo todas sus intervenciones con gafas de presbicia incluidas y con un nulo sentido del recitado y de chispa escénica. Su deplorable vocalización y voz sinusítica completaron una actuación lamentable. Mejor hubiese sido poner una voz en off de algún/a profesional de la locución.

El resto del espectáculo consistió en bajar la consabida pantalla de proyecciones, que ya es casi de la familia y a la que vamos a tener que ir poniendo nombre, tapando a director, orquesta, coro y solistas. Esto ya se hizo en otros espectáculos en este mismo recinto con muy buenos resultados, como en la Trilogía Romana, de Respighi, o en El castillo del duque Barbazul, de Bartok, donde, sobre todo en el segundo de los casos, hubo originalidad en la propuesta, sentido dramático y unas proyecciones que guardaban relación con lo que se contaba musicalmente, contribuyendo a realzarlo.

Ayer ocurrió justo lo contrario. Las proyecciones no tenían nada que ver con lo que se estaba contando, más allá de que la obra transcurre de noche y allí salía mucho una gran luna llena girando como un tiovivo. Aquello parecía como si alguien hubiese pensado que tenía que hacer un espectáculo visual como fuese y hubiera decidido acudir al archivo de videos de Les Arts incluyendo lo que fue encontrando, sin orden ni concierto, con unos resultados tan nefastos que costaba creerse que eran fruto sólo de la incompetencia y no de la voluntad de fastidiar al público. No eran pocos los espectadores que pude ver cómo no miraban la pantalla para no marearse ni ser castigados con la sucesión de absurdicias visuales.

Los responsables de Les Arts deberían darse cuenta de que el público está ya cansado de ver una y otra vez, producción tras producción, las mismas proyecciones, más repetidas que los capítulos de Verano azul, de oscuros nubarrones, estrellas colisionando, churretes deslizantes, lunas llenas, espermatozoides sangrientos, planetas girando, mitocondrias flotantes y tonterías varías con las que nos impidieron ver a la orquesta coro y cantantes y marearon nuestros ojos durante toda la hora que duró la estupenda música de Mendelssohn, ayer masacrada por una dirección musical inane y un concepto escénico absurdo.

Para la basura ofrecida, hubiera sido mucho mejor limitarse a una versión en concierto clásica, sin tonterías, y sin ese temor que parece inundar este teatro en la etapa Livermore a que el público se aburra si le das sólo música y canto.

Siento ser tan duro porque me consta que ese espectáculo lleva detrás el esfuerzo y trabajo de técnicos y profesionales que se limitan a hacer eficientemente lo que se les manda.

El público llenaba prácticamente la sala, nuevamente con abundante presencia de gente joven. Por allí estaban el maestro Plácido Domingo y el Intendente Livermore, quien no se dejó ver durante las representaciones de Britten, pero que ayer estuvo presente en esta ñorda vespertina. Mención negativa merecen quienes no dejaron de hacer fotos con flash durante toda la representación, especialmente una pareja de avanzada edad presente en la primera fila. Entiendo que se aburriesen, pero molestaban aún más al resto de público e intérpretes. Cuando finalizó la obra hubo tibios aplausos que se transformaron en audible abucheo a la salida de los responsables del concepto artístico. Fue significativo que la mayor ovación de la noche se produjo justo tras la primera retirada de escena tras los saludos, cuando sólo quedaron en el escenario los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat

Es una lástima que tras la última y mejor producción operística de la temporada que nos causó tan buen sabor de boca, nos tuviésemos que chupar anoche este arenque podrido que nos deja con halitosis.

domingo, 7 de octubre de 2012

"EL DÚO DE LA AFRICANA" (Fernández Caballero) - Teatro Martin i Soler - Palau de les Arts - 06/10/12


Aunque todavía falta más de un mes para que comience la incierta temporada operística 2012-2013 en el Palau de les Arts, la actividad musical del teatro valenciano se reanudó anoche con la representación, en la pequeña sala Martín i Soler, de la zarzuela en un acto y tres cuadros “El Dúo de La Africana, del compositor murciano Manuel Fernández Caballero, en una producción del Teatro Arriaga de Bilbao en colaboración con la sala BBK que cuenta con dirección escénica de Emilio Sagi y musical de José Miguel Pérez Sierra, corriendo la interpretación a cargo de alumnos del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo.

Creo que debe ser motivo de satisfacción el que en los espacios de Les Arts vuelva a representarse zarzuela, y no estaría mal que todos los años, fuera de la temporada de ópera eso sí, hubiera oportunidad de asistir a alguna representación de este género que con tanta facilidad suele menospreciarse, la mayoría de las veces por puro desconocimiento.

“El Dúo de La Africana, con música de Manuel Fernández Caballero y libreto de Miguel Echegaray, es una de las obras más populares y divertidas del subgénero conocido como “género chico”. Estrenada en 1893, obtuvo un enorme éxito y sus melodías, especialmente el dúo y jota final, sonaban habitualmente por todas partes. La obra, una hilarante historia de enredos centrada en una modesta compañía itinerante de ópera que dirige un tacaño empresario, contiene un homenaje a las personas que viven del mundo de la escena y una crítica a la solemnidad y seriedad de la grand opéra francesa y a la excesiva influencia que tenía en España la ópera italiana, todo lo cual iba en perjuicio de un género autóctono como era la zarzuela y que se pretendía reivindicar. Si queréis conocer más cosas sobre “El Dúo de La Africana, incluidas algunas divertidas anécdotas, podéis pinchar aquí.

Fue bastante gratificante que, en esta primera representación en Les Arts tras el paréntesis veraniego, la sala se encontrase prácticamente llena. Es verdad que a ello influiría el reducido aforo de la Martin i Soler y los precios populares (15 euros), pero siempre es positivo ver que el público siga respondiendo a la programación musical, especialmente en estos momentos tan convulsos para la actividad cultural de nuestra ciudad.

Supongo que precisamente a esta complicada situación por la que pasa Les Arts se debería el hecho de que, en lugar de encontrarnos en las puertas con el personal habitual controlando las entradas, estuviera parte del personal técnico de la orquesta, lo que nos desconcertó a muchos y daba una impresión un poco cutre, casi de compañía de “ópera barata” similar a la que aparece en el argumento de “El Dúo de La Africana.

La puesta en escena ideada por Emilio Sagi resultó bastante acertada y responde a su estilo habitual. Sencillez, gran colorido, inteligente uso de la iluminación y un buen trabajo de dirección de actores. La acción parece haberse trasladado a la España de los años 50, pero, salvo por el vestuario, en nada más se aprecia esta reubicación temporal. Se ha rellenado el libreto original e introducido a dos personajes, sastras de la compañía, interpretadas por las cantantes Ximena Agurto e Irina Levian, que sirven de hilo de conexión entre el público y la escena sin que se distorsione el argumento original.

Es habitual que en esta obra haya un momento en que el empresario lleva a cabo audiciones de aspirantes a entrar en la compañía, instante que es aprovechado para que intervengan dos o tres artistas reales, generalmente jóvenes cantantes, que llevan a cabo una pequeña actuación. Pero claro, interpretándose esta vez la obra en un teatro de ópera como Les Arts y más en concreto en la escuela de cantantes que es el Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, fue inevitable que esas audiciones se aprovechasen para que alumnos del Centre nos mostrasen sus facultades. Y no fueron dos ni tres, sino ¡diez!.

Como digo, era inevitable y resulta comprensible, pero lo cierto es que este momento rompió demasiado el ritmo de la función, lo cual además se vio agravado por el hecho de que tras las audiciones se decidiera hacer un intermedio.
 
No sé si se habrá buscado a propósito esta obra por su argumento, pero resultó descacharrante ver a Helga Schmidt en primera fila mientras el personaje del empresario Cherubini (Mattia Olivieri), a pocos metros, se vanagloriaba de que él no pagaba a los artistas, ni a la orquesta, ni a nadie (“Non si paga qui a nadie”)… curioso. Y no menos lo fue que el personaje de Giuseppini (Mario Cerdá) calentase la voz con escalas en las que decía “págame la nómina”. Me hubiera gustado ver la siempre seria cara de la Intendente Schmidt en esos momentos.

Uno de los mayores alicientes que presentaba esta función de ayer era el de reencontrarnos con la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat. Y de nuevo sólo puedo tener palabras más que elogiosas para nuestros cuerpos estables que, con crisis o sin ella, continúan ofreciendo un nivel que es un lujo absoluto.

José Miguel Pérez Sierra llevó a cabo una dirección espléndida, ajustada en estilo, pendiente de los cantantes (sólo se desmandó un poco al final de la jota) y con algunos detalles fantásticos. El dúo que precede a la jota estuvo dotado de un inusual vuelo lírico bellísimo. Y fue todo un placer gozar de la orquesta sonando ampliamente en un comienzo del último cuadro increíble. ¡Qué ganas tengo de que empiece la temporada de ópera para poder disfrutar de esta orquesta en plenitud!.

Fantástico también el Cor de la Generalitat que dirige Francesc Perales en su reducida composición para la ocasión. Vocalmente impecables y con un comportamiento en escena espectacular. Muy celebrada fue la naturalidad y desenvoltura con la que una de sus integrantes, Ana Bort, improvisó cuando se le rompió la mariposa que movía en el cuadro final.

En lo que respecta a los cantantes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, ya sabéis los que sois habituales del blog que tengo por costumbre no incidir en los aspectos que me hayan podido parecer negativos cuando se trata de crónicas de funciones de los alumnos del Centre, motivo por el cual algunos luego me acusan de que soy demasiado blando con ellos, pero sigo pensando que de lo que se trata es de que se valore su esfuerzo y de esperar que sigan puliendo defectos y mejorando virtudes.

Desde luego si de esfuerzo y entrega hablamos, todos los que pisaron el escenario merecen un 10. Unos con más fortuna y otros con menos, pero el caso es que a todos se les vio dando lo mejor que tenían y con un comportamiento actoral espléndido.

A Mario Cerda, reciente ganador en este blog del Helga de oro 2012 al mejor cantante revelación de la pasada temporada, ya había tenido ocasión de escucharle anteriormente y siempre me ha parecido que tiene unas cualidades muy destacables. Se mueve con aparente facilidad por la zona alta del registro, donde su voz brilla especialmente y se muestra más estable. Si sabe elegir su repertorio y sigue mejorando técnicamente, creo que deberá contarse con él para papeles más relevantes.

Me sorprendió gratamente Ana Isabel Pérez Real. En el papel de Amina poco más hace que pegar grititos histéricos, pero cuando en la fase de las audiciones acometió un fragmento de “El Barbero de Sevilla”, dejó entrever unas condiciones y un dominio técnico muy relevantes.

Mattia Olivieri, como el empresario Querubini, se pasa un pelín de histrión, pero hay que reconocer que se come el escenario. Tiene una poderosa voz de agradable timbre baritonal que valdría la pena escuchar en un rol de enjundia para poder valorarla.

Poco andaluza, pero muy voluntariosa, estuvo la chilena Roxanna Herrera que ofreció sus mejores prestaciones en el dúo y jota. Y entregadísimos Pablo García López y Daniel Stefanov.

Entre los participantes en la audición, me llamó la atención la potencialidad del instrumento de la sueca Anna Forsebo, de quien espero que consiga perfeccionar su técnica. Y me parecieron interesantes las intervenciones de Marina Pinchuk, con “Voi lo sapete, o mamma” de Cavalleria Rusticana; de Ximena Agurto con el “Sempre libera” de “La Traviata”; y de Irina Levian con una destacable Petenera (“Tres horas antes del día”) de la zarzuela “La Marchenera”, de Moreno Torroba.

Sensacional en todas sus intervenciones la actriz Gurutze Beitia.

Un público absolutamente entregado brindó cálidas y largas ovaciones a todos los artistas, reconociendo su meritoria actuación. Como siempre tiene que haber alguien que dé la nota, esta vez le tocó el turno a una hermosa e inocente criaturita que no tendría ni tres años, la cual no tiene la culpa de que la encargada de su custodia no tenga mejor idea que meterla en un teatro dos horas a ver una zarzuela y, claro, la niña hizo lo que cualquier cría de homo sapiens hace a esa edad y en tal coyuntura, dar por saco. Afortunadamente, aunque demasiado tarde, fue sacada de la sala.

Pues nada, ahora a esperar la temporada de ópera. Si mal se aventuraba ya el futuro, las últimas noticias no nos hacen precisamente ser optimistas. Por una parte, tenemos el nuevo recorte sufrido en la aportación estatal a Les Arts (aquí podéis consultarlo). Todos recordamos las promesas de la Consellera de Cultura Lola Johnson, no hace ni un año, de que una vez gobernasen los suyos en Madrid la discriminación con el Liceu y el Teatro Real iba a desaparecer. Pues bien, no sólo no ha desaparecido sino que se ha agravado, al ser el recorte en la aportación a Les Arts bastante superior al de los otros teatros. Y la señora Consellera con apellido de sheriff de spaguetti-western en lugar de esconderse debajo de una piedra y callarse, sale, sin vergüenza, diciendo que no se puede pretender corregir esta discriminación en un solo ejercicio presupuestario. No señora, pero es que no sólo no hay indicios de corrección, sino que la discriminación ha aumentado y ustedes siguen sin defender los intereses que tienen encomendados por la ciudadanía e incomprensiblemente siguen cobrando su sueldo.

Y por si faltaba poco, ahora los trabajadores de Les Arts, a quienes comprendo perfectamente, amenazan con paros que coincidan con las representaciones operísticas de la temporada que está a punto de iniciarse. Dicen que estos paros originarán que las funciones comiencen dos horas más tarde, lo cual supondría que, en el mejor de los casos, finalizarían pasada la 1 de la madrugada. Creo que, si se confirman las convocatorias de huelga, los responsables de Les Arts deberían irse pensando ya cómo van a gestionar el tema de devolución de importe de las localidades a quienes no estén dispuestos a esperar esas dos horas a que comience la función.

Qué mal pinta todo. Iremos disfrutando mientras podamos.


video de PalaudelesartsRS

martes, 30 de noviembre de 2010

NOCHE DE ZARZUELA EN LES ARTS


El pasado sábado 27 se ofreció en el mal llamado Auditori del Palau de Les Arts, el segundo de los conciertos dedicados a la zarzuela, apenas una semana después del que contó con la presencia del incombustible Plácido Domingo, que dio toda una lección de profesionalidad y sabiduría interpretativa.

En esta ocasión, junto a la Orquestra de la Comunitat Valenciana dirigida por José Miguel Pérez Sierra, los protagonistas fueron los cantantes Jorge de León, Rocío Ignacio y María José Montiel, que sustituyó a un Carlos Álvarez que, con otra cancelación más que añadir a su larga lista de este año, parece que lamentablemente ya no debe estar para cantar ni con los niños de San Ildefonso.

José Miguel Pérez Sierra dirigió con gran corrección y conocimiento del género, cuidando con pulcritud a los cantantes a quienes dejó todo el protagonismo. En los fragmentos orquestales se echó de menos algún destello de emoción que sólo apareció en la delicada ejecución del Nocturno de El Rey que Rabió, donde la sección de cuerda de la Orquesta brilló especialmente, y en un Intermedio de Maruxa francamente vibrante. Por el contrario, en los Intermedios de Goyescas y Las Bodas de Luis Alonso, la correcta ejecución no sirvió para alejar la sensación de frialdad y levedad que dejó el madrileño.

La Orquesta sonó todo lo bien que el engendro acústico del Auditorio Calatravil permite, destacando en sus intervenciones solistas: Luisa Domingo (arpa), Álvaro Octavio (flauta), Pierre Antoine Escoffier (oboe), Guiorgui Jashvili (violín) y Guiorgui Anichenko (cello).

Jorge de León afrontaba el recital apenas 48 horas después de haber cantado su cuarta “Aida” en Les Arts y lo finalizó 22 horas antes de cantar la quinta (y doy fe que la cantó con brillantez). El tinerfeño se encuentra actualmente en un momento pletórico y lo único que debería es cuidar su repertorio y no tener prisa, para no acabar con su voz machacada antes de tiempo como otros colegas suyos. Como ya es habitual en él, De León hizo ostentación de su privilegiado instrumento de gran volumen y de su facilidad insultante para el agudo. No escatimó entrega y demostró en todo momento gran complicidad con sus compañeras y con el público (especialmente con un grupito de señoras de la primera fila a las que saludaba en cada salida y entrada a escena para regocijo de ellas).

Comenzó sus intervenciones con una magnífica “Hecho de un rayo de luna” de La Leyenda del Beso, estuvo deslumbrante en “No puede ser” de La Tabernera del Puerto, y demasiado excedido en “¡Tente! Detén tu alado paso” de Don Gil de Alcalá. Y es que si un problema tiene el tinerfeño es su dificultad para matizar y bajar del forte.

La guapa soprano sevillana Rocío Ignacio no me acabó de convencer. Le reconozco su entrega, pero su voz no me resulta agradable y creo que no estuvo al nivel de sus compañeros de velada. Presentó algún problema de afinación, unos agudos casi siempre estridentes y abiertos, y abusó del grito en detrimento de la sutileza y el matiz. Su fraseo monótono contribuyó a que sus interpretaciones me resultasen frías, aunque estuvo bastante bien en “Me llamaba Rafaeliyo” de El Gato Montés.

Quienes seguís este blog sabéis que María José Montiel es una de mis debilidades. Pero es que por crítico que intente ser, en cuanto empiezo a escuchar en directo a esta mujer, caigo absolutamente rendido a la increíble hermosura de su voz cálida, aterciopelada, extensa, homogénea y de gran volumen, y a su desbordante expresividad y perfecta dicción.

Comenzó con un “De España vengo” de El Niño Judío, absolutamente soberbia, que llevó a la sala los primeros bravos de la noche. En “Qué te importa que no venga” de Los Claveles demostró su poderío en la zona grave, dio una lección de canto matizado y adecuación estilística en “Todas las mañanitas” de Don Gil de Alcalá y en "Sierras de Granada" de La Tempranica, y maravilló su implicación dramática en “Pobre Viejecita” de La Viejecita.

Siempre que salgo de escuchar cantar a María José Montiel me pregunto qué espera Helga Schmidt para dar un mayor protagonismo a esta mujer en la temporada de Les Arts, en lugar de gastarse el dinero en seguir contratando a mediocres cantantes de nombres impronunciables.

El programa previsto finalizó con una interpretación semi-escenificada de “¿Se puede pasar, Paloma?” de La Chulapona, con participación de los tres cantantes e incluso de Pérez Sierra.

Finalizado el programa previsto y ante la entusiasta respuesta de un público que estaba pasándoselo francamente bien, comenzaron los bises con la sorpresa de ver salir al escenario a Rocío Ignacio con Jorge de León portando una guitarra española, tras lo cual la sevillana interpretó “Granadinas” de Emigrantes acompañada por De León a la guitarra. En mi opinión fue el mejor momento de la noche de Rocío Ignacio, mostrándose más centrada en la expresión y el sentimiento que en la mera exhibición vocal. Mientras que Jorge de León hizo lo que pudo el chico, dejando claro por qué se dedica a cantar y no a tocar la guitarra.

Seguidamente el cantante tinerfeño bisó “No puede ser”, haciendo aún mayor alarde de potencia, fiato y agudos deslumbrantes que en su primera interpretación.

María José Montiel se salió del género para ofrecer como bis el precioso fado de Ernesto Halffter, perteneciente a sus “Seis canciones populares portuguesas”, “Ai que linda moça”, que interpretó con el único acompañamiento de la magnífica solista de arpa de la Orquesta, Luisa Domingo. La cantante madrileña de nuevo derrochó sensibilidad, expresividad y emoción en esta pieza, en la que supo transmitir con sinceridad y sencillez toda la melancolía de la página.

Por último, los tres cantantes volvieron a acometer el “¿Se puede pasar, Paloma?” de La Chulapona, con el que finalizó definitivamente el recital, mientras el público puesto en pie obsequió a todos los intervinientes con una larga y calurosa ovación, agradeciendo la entrega sin reservas de los mismos que lograron cuajar una notable velada de zarzuela que dejó un estupendo sabor de boca en los asistentes.

Aunque instantes después, la letal combinación de frío y lluvia con la descerebrada disfuncionalidad del edificio diseñado por el vacuo onanismo arquitectónico de Calatrava, trocó la satisfacción en juramentos en hebreo contra éste y gran parte de sus ancestros.

lunes, 12 de enero de 2009

EL REY QUE RABIÓ (Ruperto Chapí) - Palau de les Arts - 11/01/09

“El rey que rabió” es una zarzuela cómica con claras influencias de las operetas vienesas y francesas y la ópera bufa italiana, e impregnada del peculiar aroma de la música española de la época.
Cuenta la historia del rey de un país imaginario que, aburrido de su vida palaciega, decide viajar de incógnito y mezclarse con la plebe, ante la oposición de sus consejeros que no desean que descubra el descontento popular. Durante su viaje se enamorará de una campesina y se sucederán mil equívocos de corte cómico. Se dice que está inspirada en el monarca Alfonso XII y en las escapadas que llevaba a cabo junto al General Martínez Campos.
La obra de Ruperto Chapí es ágil en su desarrollo, cargada de ritmo, especialmente en sus actos segundo y tercero, y muy equilibrada en la combinación de los momentos poéticos y humorísticos.

La puesta en escena, a cargo de Emilio Sagi, se anunciaba moderna e influenciada por la estética pop. Desde luego es original y resultó muy vistosa y eficaz, no chirriando demasiado con el libreto ni interfiriendo el desarrollo de la trama (excepto quizás en la escena del mesón y en el coro de segadores que hablaban de hoces y cerraban sombrillas). Pero yo no acabé de ver la estética pop por ningún lado. Para ser sincero, en las escenas palaciegas la estética que me vino a la memoria fue la aristocracia que pintaba Mingote. La puesta en escena se caracteriza por su colorido, predominando el rojo en todas las escenas de Palacio y un multicolorido casi hippie (¿será ese el pop al que se refería Sagi?) en las campestres, gracias sobre todo a un vestuario de Pepa Ojanguren muy llamativo, con unos campesinos vestidos con una mezcla de Montesinos, Ruiz de la Prada y los payasos de Micolor. En el coro de las embajadas una especie de gran pantalla de ordenador nos fue mostrando las fichas de las candidatas a reina, logrando un resultado muy efectista aunque exagerado. Momentos muy conseguidos fueron el juego de sombras de los soldados, la realidad alterada por la gran lupa y la coreografía del coro de segadores con ese abrir y cerrar de sombrillas de colores al compás del “ris ras”.
La iluminación de Albert Faura remarcó inteligentemente la acción y la dotó de dinamismo.

En lo musical, la Orquesta de la Comunitat Valenciana, fantástica como siempre, volvió a derrochar musicalidad y buen hacer, contando en esta ocasión con la muy buena dirección del jovencísimo José Miguel Pérez-Sierra que demostró conocer el género y supo extraer de la partitura los mejores matices. La sección de cuerda se lució en el bellísimo interludio sinfónico entre el segundo y tercer acto, firmando un nocturno apoteósico, donde el lirismo de violines y cellos se apoderó de la sala de tal forma que incluso silenció, por breves momentos, a los tísicos desesperantes y francotiradores del carraspeo, obteniendo un cerradísimo aplauso que llevó al director a interrumpir la representación para que la orquesta saludase en pie.

El Coro de la Generalitat estuvo majestuoso. Sin duda, junto a la orquesta, lo mejor de la velada. En todo momento estuvo perfectamente amalgamado y se mostró poderoso y brillante, dominando el movimiento escénico con autoridad. El femenino destacó en el coro de pajes “Compañeros, venid” y el masculino en el celebérrimo coro de doctores “Juzgando por los síntomas”.

Los solistas mostraron un nivel muy aceptable para como está hoy en día el género.
El personaje del rey, interpretado originariamente por una soprano, recayó en el tenor santanderino Manuel de Diego, quien exhibió sensibilidad, cuidado fraseo y dominio de la técnica, aunque su voz presentó una exagerada falta de volumen. En “Soy un pastor sencillo” ya se evidenció la delgadez de su instrumento que, sin embargo, hizo circular con gusto y elegancia, llegando a los agudos con dominio, aunque muy escaso de volumen. La romanza "Ella, infeliz, enamorada..." es quizás la pieza más operística de la obra, y aquí de Diego mostró su mejor cara, consiguiendo una mayor proyección de la voz, dentro de sus carencias, demostrando un buen fiato en un final largo y muy bien matizado.



Enrique del Portal interpreta "Soy un pastor sencillo"

La soprano granadina María José Moreno, en el papel de Rosa, estuvo escénicamente perfecta. Su voz de soprano ligera, no obstante, presentó también falta de volumen y escasez de mordiente. En la romanza “Mi tío se figura… ay de mi” mostró una buena línea de canto finalizando en un elegante agudo. En la mazurca del “ris-ras”, con su canción “Por entre las mieses”, la soprano ofreció su peor imagen, con una voz pobrísima apenas audible, quedando en evidencia ante un coro impecable.

Vicenç Esteve, como Jeremías, se desenvolvió agilísimo y con soltura en el Racconto acelerado tan complicado del tercer acto. También llevó a cabo una interpretación brillante en el terceto "Mi amor, mi bien, mi dueño", imponiéndose en volumen a de Diego y Moreno, aunque esta última finalizó con un sobreagudo realmente espectacular.



Podemos escuchar el Racconto de Jeremías en la voz de Carlos Munguía

María José Suárez, como Maria, Boro Giner como el Capitán, y Manel Esteve, Jon Plazaola, David Rubiera y Luis Cansino, como los Consejeros, cumplieron muy dignamente con sus papeles en lo vocal y mostraron una excelentes dotes para la actuación cómica. Me pareció especialmente interesante el timbre y color de la voz de Rubiera.

El veterano Luis Varela merece una mención especial. Este excelente actor de doblaje, ilustre secundario de cine, teatro y televisión, con más de cincuenta años de carrera a sus espaldas y habitual en representaciones de zarzuela, que ahora ha alcanzado la popularidad mediática gracias a su participación en la serie televisiva “Camera Café”, volvió a dejar al público boquiabierto, pese a su corto papel como Juan, con su inmensa presencia escénica y dominio de las tablas, haciendo gala de una naturalidad y comicidad extraordinarias. Un profesional de auténtico lujo que merece, sin más demora, el premio a una trayectoria ejemplar.