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lunes, 27 de marzo de 2017

"LUCREZIA BORGIA" (Gaetano Donizetti) - Palau de les Arts - 26/03/17


Tras el huracán mediático y popular que revolucionó el Palau de les Arts con la reciente Traviata de Verdi, adornada por Valentino, la temporada operística valenciana se reanudó ayer con una de las principales obras del género belcantista, si bien no es de las más populares o conocidas entre el gran público, Lucrezia Borgia, del compositor Gaetano Donizetti. Y la verdad es que vivimos una intensísima velada operística en la que volvimos a sentir la emoción de las más grandes noches de este teatro, gracias, principalmente, a una descomunal interpretación de doña Mariella Devia.

Para la ocasión se ha presentado la ópera con la primera producción propia de Les Arts este año, en la que la dirección escénica, y esto sí que es una novedad, no ha corrido a cargo del intendente Livermore, sino de Emilio Sagi, otro nombre bastante habitual en la casa, que cerrará también la sesión operística en julio con otra creación suya, esta vez para la rossiniana Tancredi. Sagi siempre nos ha ofrecido interesantes trabajos, centrados hasta ahora en repertorio español, como en La Bruja, El dúo de La Africana, Katiuska, Luisa Fernanda o El rey que rabió.

Esta vez el director asturiano se adentra en la ópera italiana romántica con un montaje que huele bastante a low cost, con elementos que parecen claramente reciclados de otras producciones anteriores, como los moñetes falleriles de El rey que rabió o los paneles móviles y espejos de La Bruja. Sin perjuicio de lo anterior, yo pienso que no se le puede negar un indudable atractivo visual y funciona bastante bien. La propuesta de Sagi no pretende contar nada especial, simplemente sirve de vehículo al drama, unas veces con mayor acierto que otras pero, en líneas generales, adecuadamente. Se ha optado por una concepción más abstracta, huyendo de concreciones temporales y de escenografías que nos ubiquen en un espacio y tiempo determinados (apenas una góndola nos remitirá a Venecia y una maqueta de la ciudad a Ferrara).

Gran parte del éxito de la producción se debe al excelente trabajo de iluminación de Eduardo Bravo, que consigue crear unos ambientes enormemente sugerentes y juega también con los efectos, colores y sombras con inteligencia. El vestuario de Pepa Ojanguren es otro elemento positivo y he de decir que, aunque ya manifesté con ocasión de Traviata que soy un absoluto ignorante en la materia, personalmente me gustaron bastante más los vestidos de ayer de Lucrezia que los Valentinos de Violetta.

Siguiendo con comparaciones con la anterior producción vista en Les Arts, a diferencia de lo que sucedía en La Traviata, aquí sí se observa una labor de dirección de actores que, al menos, justifica el sueldo de la regia escénica. Cosa distinta es que luego se tope uno con algún cantante con menos expresividad que un poste de teléfonos, pero, aunque no haya un exceso de originalidad, hay ideas y un trabajo serio de dirección.  

Entre los aspectos que considero más fallidos, no me gustó que, una vez más, nos tengan que entretener durante los preludios u oberturas. Nada más comenzar a sonar las primeras notas, nos enchufaron un video muy livermoriano, de esos en blanco y negro con los personajes unos años atrás que ya aburren a las ovejas. Y después la guinda la pone el bailecito de miembros del coro mientras revolotean con unas medusas y unas cometas de papel y con unos manojos que parecen de espumillón navideño, y todo ello haciendo mucho ruido, molestando notablemente la concentración en la música. Otro punto negativo es que en muchas ocasiones los focos se reflejaban en los espejos o elementos reflectantes de la escenografía deslumbrando y molestando al público.

No creo que nos encontremos ante una dirección escénica especialmente relevante, no se plantea ninguna lectura especialmente original, no es el Sagi más brillante ni de lejos; pero, como hemos dicho en tantas ocasiones aunque sea triste, con que no se interfiera el devenir dramático ni se tome el pelo al espectador, ya nos conformamos, y en este sentido la propuesta cumple y tiene su atractivo.

Fabio Biondi ocupó ayer el foso de Les Arts para dirigir su primera ópera belcantista en la casa, donde hasta la fecha sus intervenciones se habían centrado en obras de los periodos barroco y clásico. En cualquier caso no es algo nuevo para él; sin ir más lejos, en 2012 y 2014 ya pudimos verle en el Palau de la Música dirigir a su agrupación Europa Galante en Norma y Anna Bolena. Como ya ocurriera en aquellas ocasiones, el director palermitano afirma haber buscado una lectura fiel a su origen con un lenguaje historicista. Pese a que Biondi se empeñe en querer destacar lo importante que es la base orquestal en esta partitura, no nos engañemos, no es lo principal. A mi juicio, Biondi se equivoca al intentarse hacer demasiado presente, con  desmanes de volumen y chimpunistas que perjudicaron a las voces, y con algunos cambios de tempo (en la cabaletta del bajo o en el trío del primer acto) efectistas sin duda, pero que no se sabía muy bien a qué respondían. Y, sin embargo, patinó en aquello en lo que debía haber sido más cuidadoso, el respeto a las voces y el mantenimiento de un pulso narrativo que no supo sostener, sobre todo en el Prólogo y en la primera mitad del segundo acto, donde, con algún tempo somnífero, en más de un momento se le cayó la tensión. No obstante, quizás en otra obra todo esto me hubiese enfadado más, pero lo cierto es que, quiéralo Biondi o no, lo fundamental aquí es el canto, y anoche funcionó tan bien lo vocal, con la excepción que luego comentaré, que no me importó.

Por lo demás, el nivel de la Orquestra de la Comunitat Valenciana fue irreprochable, con protagonismo y solvencia en los metales y delicadas intervenciones de arpa, flautas o del siempre hechizante oboe de Christopher Bouwman.

No es una obra esta que permita un especial lucimiento del coro, aunque, como de costumbre, el Cor de la Generalitat volvió a sorprender por su saber hacer escénico y por su homogeneidad y poderío vocal, como demostraron los chicos en la escena primera del segundo acto.

El gran atractivo de la cita se centraba en la presencia de nuevo en nuestra ciudad de una de las grandes diosas del bel canto, una figura referencial de la genuina escuela belcantista a la antigua, la gran Mariella Devia, que retornaba a Les Arts después de la maravillosa Norma que nos brindó en 2015. Y no es que no nos defraudara, es que dio una soberana lección de canto y puso la platea patas arriba.

La voz puede no tener, obviamente, la frescura de la juventud, pero escuchándola parece difícil creer que el próximo mes la Devia vaya a cumplir 69 años. Es muy complicado cantar mejor. Sigue maravillando la soprano italiana por su elegancia, musicalidad, claridad de exposición, finura y asombrosa técnica, con una depuradísima emisión y un inconmensurable control del fiato que, aunque haya disminuido, le permite seguir exhibiendo un legato pluscuamperfecto. Sus ataques son limpios y rotundos, la afinación y colocación perfectas, sus filados cortan la respiración, y suple las debilidades que se insinúan tímidamente con una contenida expresividad que sin embargo desborda emoción. Es verdad que a la zona grave le falta más consistencia y eso afecta a la homogeneidad de registros y podría deslucir un tanto la línea de canto, pero su sabiduría musical está ahí para salir del paso con distinción. Hay perfección canora tanto en el canto spianato como en las partes más ornamentadas, donde sigue afrontando las agilidades con maestría. Es ejemplar la nobleza y expresividad de su fraseo y cómo construye y acentúa los recitativos, sustentando dramáticamente el canto. Debería ser clase obligada para tantos cantantillos de medio pelo que piensan que con alardes pirotécnicos efectistas tienen la lección aprobada, vomitando luego unos recitativos ininteligibles y pavisosos de actor de serie española.

Ya maravilló con la belleza que supo imprimir a la cavatina de entrada Com'è bello! pese a los plúmbeos tempi de Biondi, o con la eterna nota mantenida en el concertante que cierra el Preludio, o en sus dúos con Gennaro; pero su escena final fue de enmarcar, es imposible cantar mejor Era desso il figlio mio. Todo lo que había que hacer lo hizo y lo hizo bien. Una ópera que acaba con la Devia cantando así y cayendo el telón, tiene el éxito garantizado, ya puede ser aburrida la dirección musical o escénica o ya pueden habernos metido un tenor de saldo, pero ante semejante exhibición sólo puede uno caer postrado de hinojos y susurrar: gracias.

La grandeza de la Devia no debe eclipsar el reconocimiento de la otra gran triunfadora de la noche, la mezzosoprano Silvia Tro Santafé que nos ofreció un Maffio Orsini excelente. Sigue presentando la valenciana una voz amplia de muy bello timbre, con un centro sólido y unos graves de peso que combina con una zona aguda que sabe hacer brillar, aunque puntualmente se intuya algún apuro. El depurado y diáfano fraseo estuvo pleno de musicalidad y variedad de acentos y su implicación escénica y asunción del personaje fueron ejemplares. Brava.

Debutaba en este teatro el bajo Marko Mimica, que asumió el rol de Alfonso d’Este. Para empezar, se agradece escuchar de vez en cuando una voz natural de auténtico bajo, sin esas emisiones traseras cuasi rectales que tan comúnmente nos visitan. Mostró poderío, potencia y homogeneidad en una voz imponente y compacta, sin apenas fisuras, a la que además supo dotar de intensidad, nobleza en el fraseo y se permitió incluso insinuar medias voces y ofrecer algunos detalles más que interesantes.

Fue una lástima, por ser generoso en la calificación, que el cuarteto protagonista de solistas vocales no acabase de resultar redondo con el tenor al que se ha encomendado el papel de Gennaro, el norteamericano William Davenport, quien ya subió al escenario valenciano al inicio de la pretemporada para cantar a Donizetti, como Nemorino en L’Elisir d’amore, y que volvió a mostrar las virtudes y, sobre todo, carencias que se pusieron entonces de manifiesto. Muestra una atractiva emisión natural de una voz que se defiende en el agudo con solvencia, y pare usted de contar. Carece de homogeneidad y de empaque y técnica para proyectarla adecuadamente, resultando anginosa, enganchada a la garganta. Tampoco dotó a su fraseo del refinamiento que exige el género y en sus dúos, tanto con la Devia como con Tro, quedó en vergonzante evidencia. Sus recitativos eran pésimos, el fraseo plano y descuidado y cualquier atisbo de heroicidad, dignidad o nobleza de Gennaro quedaban ocultos en un canto sin fuerza alguna, que hacía completamente increíble un personaje que en su pellejo se convirtió poco más que en un mindundi, un Nemorino en apuros chupándose el dedito. La falta de expresividad fue la tónica de la noche y, a modo de ejemplo, cuando su madre le dice que ha sido envenenado y va a morir, su reacción emocional no fue mucho más allá de la que hubiera tenido ante la noticia de que Alavés y Celta habían empatado a cero un partido amistoso.

En papeles menores volvieron a ser reclutados los consabidos miembros del Centre de Perfeccionament Fabián Lara, que fue el más destacado de todos, Andrés Sulbarán, Alejandro López, Moisés Marín, Andrea Pellegrini y Michael Borth, que están ya más vistos los pobres que el anuncio ese de las solteras de tu barrio que quieren conocerte, aunque he de decir que cumplieron dignamente, especialmente en el apartado escénico. También lo hicieron en sus brevísimas intervenciones los miembros del Cor de la Generalitat José Enrique Requena y Lluís Martínez.

El caso del Petrucci de Simone Alberti es distinto. ¿Se ha contratado para un papel irrelevante a alguien que no pertenece al Centre ni al Cor y que encima fue quien peor cantó de todos? No lo entiendo… o quizás sí, habrá que ver a qué agencia pertenece y en qué lote le han colado.

Fue una sorpresa muy agradable ver que había un lleno considerable en el estreno de ayer, aunque también es verdad que siendo un domingo se favorecía la presencia de nativos y foráneos. Hubo cierto revuelo en la platea al haberse programado los subtítulos de inicio en valenciano, algo que muchas señoras y señores de bien no podían consentir y se apresuraron a intentar corregir sin saber muy bien cómo, generando murmullos y ruiditos varios. El público se mostró bastante frío durante la representación y apenas la cavatina de la Devia levantó encendidos aplausos. Creo que el desconocimiento de la obra por gran parte de los espectadores, que no sabían dónde aplaudir, favoreció esa sensación. Sin embargo, al finalizar la función fue un auténtico delirio el que invadió la sala, siendo ovacionadísimos Devia, Tro y Mimica. La salida de Biondi a saludar coincidió con una disminución del aplausómetro que, justo cuando él se giró y se iluminó a la orquesta, volvió a incrementarse. También fue reconocida con cálidos aplausos la labor de la dirección escénica.

Esta Lucrezia Borgia es un hito que no debemos perdernos. Está muy bien que, además, vaya a ser la primera ópera que se emita desde Les Arts en streaming, el próximo sábado 1 de abril, a través de The Opera Platform; pero yo os recomiendo a todos que vayáis a escuchar a Mariella Devia en directo. Nunca es lo mismo y vale la pena.

Todo aquel falso oropel e impostado glamour con el que se decidió vestir el Palau de les Arts para arropar el gacetillero estreno traviateril, dejó ayer paso simplemente al arte en estado puro, al renacer de las auténticas esencias del género operístico, a lo que lo hace grande y eterno, a la sencilla belleza del canto humano sin artificios. Mariella Devia escribió ayer una nueva página de honor en este teatro al que honró con su presencia y con una de las interpretaciones más inolvidables que se han ofrecido en ese escenario. Todos a Les Arts. Ar!



martes, 22 de septiembre de 2015

PREMIOS HELGA DE ORO 2015. LOS GANADORES

Los visitantes de este blog, una vez más, han dictado sentencia votando aquello que les pareció mejor de la pasada temporada operística en el Palau de les Arts, y los Helga de Oro 2015 ya tienen dueños.

Lo primero, como siempre, es agradeceros vuestra colaboración a todos los que habéis participado dejando vuestros votos en las diferentes categorías propuestas. Estos premios nunca han tenido otro objetivo que el de pasar un buen rato e intentar reflejar la opinión del público de Les Arts respecto de lo ofrecido la temporada anterior.

Ha habido una producción claramente vencedora este año, y ha sido Norma, que no sólo ha obtenido con amplia mayoría el premio al mejor espectáculo, sino que se ha llevado también los correspondientes a dirección escénica, musical y mejor soprano. Es decir, 4 de los 6 Helga de Oro. Los otros dos premios, correspondientes a las voces masculinas, han sido para Don Pasquale, habiendo quedado sin premio producciones como Nabucco pese a contar con algunos aspectos muy reseñables.

Los galardonados de este año han sido:

Helga de Oro 2015 a la mejor dirección escénica: Davide Livermore por Norma

Por tercer año consecutivo, los seguidores del blog han decidido que el vencedor en esta categoría sea el actual Intendente del Palau de les Arts Davide Livermore, quien ya consiguiese la victoria el año pasado con La forza del destino y el anterior con la producción de La Bohème que precisamente inaugurará la pretemporada en apenas 10 días. En esta ocasión el reconocimiento ha sido por su trabajo en Norma, con una propuesta que reúne muchas de las virtudes y defectos habituales del polifacético y verborreico regista turinés.
Davide Livermore (Norma): 30 votos
Jonathan Miller (Don Pasquale): 24 votos
Yannis Kokkos (Nabucco): 8 votos

Helga de Oro 2015 a la mejor dirección musical: Gustavo Gimeno por Norma

He de confesar que me ha sorprendido bastante este premio. No tanto porque sea Gustavo Gimeno el vencedor, quien hizo suficientes méritos para ello y, siendo de la tierra, era fácil prever que tendría un fuerte tirón, sino sobre todo por la gran diferencia con la que ha obtenido la victoria, acaparando un 52% de los votos. Sin duda el trabajo de Gimeno en Norma, con el que debutaba en el foso operístico, fue destacable, aunque, personalmente, creo que tanto Abbado como Luisotti  merecían un mejor resultado.
Gustavo Gimeno (Norma): 32 votos
Roberto Abbado (Don Pasquale): 20 votos
Nicola Luisotti (Nabucco): 13 votos

Helga de Oro 2015 al mejor tenor: Maxim Mironov (Ernesto en Don Pasquale)

Pese a que se rumoreó que el tenor norteamericano Gregory Kunde, podría haber protagonizado el Pollione de Norma, finalmente no fue así, lo que posiblemente evitó que se hiciese con la estatuilla por tercer año consecutivo. Su compatriota Russell Thomas fue finalmente el elegido y no ha podido ser el galardonado, aunque ha quedado en un honroso segundo puesto a sólo 6 votos del vencedor, que ha sido el tenorino ruso Maxim Mironov, cuya elegancia, buen gusto y musicalidad emocionaron al público y compensaron otras carencias.
Maxim Mironov: 27 votos
Russell Thomas: 21 votos
Rafael Dávila: 9 votos

Helga de Oro 2015 al mejor bajo/barítono: Artur Rucinski (Doctor Malatesta en Don Pasquale)

Este año, en todas las categorías, prácticamente desde el inicio de las votaciones se han ido destacando claramente los ganadores finales; sin embargo, en este apartado de mejor bajo o barítono el resultado ha sido incierto hasta el último minuto, pudiendo haberse llevado el premio cualquiera de los tres candidatos. Al final la victoria ha ido a parar al polaco Artur Rucinski, quien se ha impuesto por tan sólo dos votos de diferencia al gran bajo danés Stephen Milling y al barítono griego Dimitri Platanias.
Artur Rucinski: 21 votos
Stephen Milling: 19 votos
Dimitri Platanias: 19 votos

Helga de Oro 2015 a la mejor soprano: Mariella Devia (Norma)

Donde no ha habido tanto suspense ha sido en la categoría del premio a la mejor soprano, donde desde el inicio se destacó claramente la italiana Mariella Devia. Ha sido una pena que dos fantásticas cantantes como Nadine Sierra y Anna Pirozzi, que tan altas prestaciones ofrecieron, hayan quedado en un segundo plano, pero lo cierto es que la prodigiosa exhibición de belcanto ofrecida por la veterana Devia merecía sin duda alguna este galardón. Personalmente, tardaré mucho tiempo en olvidar su maravillosa Norma.
Mariella Devia: 42 votos
Anna Pirozzi: 16 votos
Nadine Sierra: 5 votos

Helga de Oro 2015 al mejor espectáculo de la temporada: Norma

Pero si ha habido un apartado donde el ganador lo ha tenido chupado, con perdón, desde el principio, ha sido el correspondiente al mejor espectáculo de la temporada. Para los lectores de este blog no han existido muchas dudas acerca de que la producción del Palau de les Arts de Norma que vimos en marzo fue el espectáculo más redondo de todos los que pasaron por el teatro valenciano la pasada temporada, logrando finalmente la victoria con un 83% de los votos.
Norma: 46 votos
Don Pasquale: 9 votos
Nabucco: 6 votos

Bueno, pues hasta aquí los premios de este año. Como siempre digo, espero que dentro de doce meses, más o menos, podamos seguir por aquí hablando de premiar lo bueno que nos ofrezca el presente ejercicio operístico que se inicia el próximo día 2 de octubre con esa Bohème que abre la pretemporada.

Gracias de nuevo a todos los que habéis participado.

lunes, 9 de marzo de 2015

"NORMA" (Vincenzo Bellini) - Palau de les Arts - 08/03/15

Jornada llena de emociones la de ayer en el Palau de les Arts. Para empezar, se representaba el que, a todas luces, es el plato fuerte de esta temporada operística en Valencia, una de las obras cumbres del género, Norma, de Vincenzo Bellini, con un reparto sumamente atractivo. Y, por otro lado, a media tarde comenzaron a circular distintos rumores acerca del nombramiento del nuevo director musical titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana.
 
Se sabía que hoy lunes se anunciaría el nombre del sustituto del ya olvidado Omer Meir Wellber, tras demasiado tiempo con la orquesta de la casa sin titular, pero pocos minutos antes de comenzar la representación se empezó a escuchar por los pasillos que el elegido podía ser Fabio Luisi. Poco tiempo después, desde la página de Beckmesser, origen de la errónea información, se rectificaba y se decía que sería Fabio Biondi. Todo tipo de especulaciones corrieron a partir de ese momento. Esta mañana, finalmente, se ha hecho oficial que la titularidad de la dirección musical de Les Arts será compartida por los italianos Roberto Abbado y  Fabio Biondi, con el valenciano Ramón Tébar como primer director invitado.

El tema da para un amplio debate, pero ya habrá tiempo para ello. De momento hay que congratularse de que por fin se despeje la incógnita que estaba manteniendo demasiado en vilo a la orquesta, lo cual sólo podía ir en perjuicio de la misma. Además, después de las imbecilidades reiteradas, lanzadas desde la conselleria de Cultura y su entorno, acerca de la necesidad de que el nuevo director fuese valenciano por decreto de marijose, es de agradecer que se haya optado por criterios más o menos acertados, pero al menos no basados en partidas de nacimiento.

Por otra parte, los nombres de Abbado y Biondi, en principio, llaman a ser optimistas, sobre todo después de ver el sensacional rendimiento del primero junto a la orquesta de Les Arts en el reciente Don Pasquale, y la categoría contrastada del segundo, cuyo trabajo también hemos tenido la oportunidad de disfrutar en el Palau de la Musica varias veces en los últimos años. Lo de Ramón Tébar suena a cuota conselleril, pero no hay duda de que es un director solvente que puede hacer un buen trabajo como principal batuta invitada, si bien Gimeno o Bernàcer también podrían haberlo sido.

Habrá que esperar a ver si nos cuentan cómo se va a organizar esa bicefalia batutera, que es algo que a mí personalmente ya me causa más reparo. Yo soy partidario, a priori, de que haya un solo director titular que pueda marcar carácter a la orquesta y personalidad propia. Y otra cosa que me origina cierta preocupación es que, también a priori, parece que tenemos expertos en repertorio belcantista y barroco, quedando mucho más descuidado el más contemporáneo.

Pero bueno, como decía antes, ya habrá tiempo de comentar esto. Además, recuerdo aquí lo que escribí en mi crónica de Don Pasquale de hace apenas un mes: “Si mañana anunciase el verborreico Livermore que Abbado, ya que está por aquí, se va a quedar de director titular, no sería yo quien protestase”… Pues eso mismo.

Ahora voy a procurar centrarme en la crónica de una noche de ópera que, en términos musicales, fue de un nivel espléndido.

La coproducción del teatro valenciano con el Teatro Real y ABAO-Olbe presentada ayer, cuenta con la dirección escénica del Intendente, director artístico, director del Centre de Perfeccionament, y yo que sé cuántas cosas mas, Davide Livermore, que a este paso va a acabar con más títulos en sus tarjetas que la fallecida Duquesa de Alba, y no me acabó de convencer del todo, aunque el balance general creo que debe valorarse de forma positiva.

He de empezar diciendo que no conozco Juego de Tronos, porque ayer escuché un millón de veces distintas referencias a ello. La estética de este nuevo trabajo de Livermore a mí me recordaba al mundo de El señor de los anillos que es algo que controlo más. La propuesta es muy Livermore, para lo bueno y para lo malo.

Una escenografía casi nula. Apenas unos chirimbolos metálicos que simulan los árboles del bosque y un enorme tronco retorcido, con una escalinata en uno de sus lados, que servía para todo.

El tronco avanzaba y giraba consiguiendo algunos efectos interesantes, pero, a mi juicio, se abusó en exceso de esos giros. Cualquier ocasión era buena para hacer subir a los cantantes al tiovivo, perdiéndose las voces al proyectarse en dirección opuesta a las butacas. Tampoco favorecía la proyección de las voces el hacerles cantar desde lo alto del mamotreto. Y no me pareció nada adecuado que a una señora de edad respetable como Mariella Devia la tuviesen subiendo y bajando escaleras media función, que la verdad ya no se sabía si aquello era Norma de Bellini o Norma Duval.

Me resultó criticable que, nuevamente, se pretenda escenificar una obertura, como si temiesen que los aficionados nos aburramos cuando sólo hay música. Esto además se vio agravado al consistir el presunto divertimento en una panda de danzarines en bolas que no sé si pretendían representar los espíritus del bosque o una manifestación anti abrigos de piel, pero que, desde mi humilde punto de vista, sobraba. Estas son las cosas de tener que amortizar el tener al Ballet de la Generalitat, magnífico por otro lado, pero que debería tener su propio espacio diferenciado o reservarlo para las óperas que llevan ballet, y no ser utilizado para ahorrarse figurantes o para tener que montar bailes en cualquier ocasión, vengan o no a cuento.

Las consabidas proyecciones que inundan los trabajos de Livermore volvieron a estar presentes, casi hasta el empacho, sin que, a diferencia por ejemplo de lo que ocurría en La forza del destino, se aportase apenas nada al devenir dramático y, por el contrario, se rozase el ridículo en algunas ocasiones. Por otro lado, la obsesión de colocar una pantalla entre los cantantes y el patio de butacas para proyectar allí imágenes, llegó a hacerse molesta por excesiva, entorpeciendo la visión.

Claro, y ahora os preguntaréis ¿por qué habla este tío de balance general positivo después de repartir semejante estopa? Pues principalmente porque, como también suele ser habitual en los trabajos de dirección escénica de Livermore, hay una importante labor de dirección de actores y movimiento escénico, lo cual es más meritorio aún en una ópera intimista y de escasa acción, como es el caso de Norma. Cada personaje y miembro del coro estaba perfectamente instruido acerca de sus movimientos y actuación en escena, resultando el conjunto bastante eficaz y potenciándose el sentido dramático del texto.

Entrando ya en el apartado musical, en el foso se colocaba por primera vez al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana dirigiendo una ópera, Gustavo Gimeno, uno de los directores valencianos cuyo nombre había sonado insistentemente como posible candidato a la titularidad de la batuta de Les Arts. Yo he defendido estos días mi opinión acerca de que considero que la orquesta precisa de un director con más carácter y más experimentado en lides operísticas, sin cuestionar en absoluto su valía en el terreno sinfónico. Y, aunque lo sigo manteniendo, desde ayer poco voy a poder criticarle en el campo operístico, al menos por lo demostrado en esta Norma, donde llevó a cabo una labor extraordinaria.

Gimeno demostró, ante todo, oficio. Una claridad en el gesto ejemplar y una atención permanente a la conexión entre foso y escena, que fue impecable. Supo respirar con los cantantes en una ópera tan exigente como esta, marcando todas las entradas y llevando a cabo el que creo que ha sido uno de los trabajos de batuta más cuidadosos con las voces que yo he contemplado en este teatro. Manejó las dinámicas con gran inteligencia y momentos como el concertante final o el prescindible coro Guerra, Guerra estuvieron cargados de tensión dramática. En resumen, una dirección musical sobresaliente.

Entre los solistas, destacaron Magdalena Martínez en la flauta y Tamás Massànyi al clarinete, con una sección de violonchelos al mando de Rafal Jezierski espectacular en el inicio del acto segundo.

El Cor de la Generalitat, una vez más, respondió incluso por encima de las expectativas, contundente el masculino en sus escenas con Oroveso, y delicadísimo y casi celestial el acompañamiento de las voces femeninas en la cavatina Casta diva. En la ya mencionada escena de Guerra, Guerra, se lució demostrando poderío vocal y un empaste magnífico, y, como siempre, destacaron en el apartado dramático. No por repetido deja de ser verdad el lujazo que es contar en el Palau de les Arts con estos cuerpos estables.

Mariella Devia es una auténtica diosa del belcanto. Soy un devoto admirador suyo y, quizás no sea demasiado objetivo, porque esto es lo que tiene también la pasión operística. Reconozco que no la había escuchado en el papel de Norma que, pese a su larga carrera, ha debutado hace menos de un año, así que iba también con un poco de prevención porque, a priori, no parece el rol que mejor se adapte a su vocalidad y, además, la señora está a punto de cumplir 67 años. Bueno, pues he de decir que me reafirmo en que puede no ser el papel que mejor se adapta a sus características, pero, por Tutatis, vaya lección belcantista nos ofreció la Devia anoche.

La voz ofrece algún pequeño síntoma de desgaste y en los descensos al grave se denotaban apuros y cambios de color, pero ahí pondría yo el punto y final a cualquier crítica que se pretenda hacer de una labor cuyos puntos positivos compensaron, con mucho, cualquier reparo. Su técnica respiratoria y el prodigioso control del fiato le permitieron exhibir un legato excelso, elegante hasta el desmayo. La precisión en los ataques, la afinación y la musicalidad infinita que derrochó fueron ejemplares. Si en los pasajes dramáticos percibía más limitaciones, la soprano los compensaba con expresividad a raudales a base de pura técnica canora. Además de eso, su comportamiento escénico fue encomiable, pese a tener que hacer de vedette sube y baja escaleras.

Una gratísima sorpresa fue la Adalgisa que ofreció la mezzosoprano armenia Vaduhi Abrahamyan. Su voz oscura, de bello timbre, grande, se apoderaba de la sala, mostrando gran expresividad, buena dicción y sentido musical. Empastó perfectamente en los dúos con Norma, aunque técnicamente pasó algún apuro en las agilidades.

El Pollione del tenor norteamericano Russell Thomas también fue digno de destacarse, con un importante vozarrón que brilló especialmente en los agudos, mostrando voluntad para adornar el canto con algunos matices y recursos expresivos que no acabaron de salir bien del todo. La pena fue una dicción bastante mala y un escaso sentido del legato belcantista, debido sobre todo a una técnica de emisión ruda, a empujones. Yo me preguntaba cómo una mujer tan elegante vocalmente como Norma podía haberse enamorado de este romano tan basto… Aunque igual es que el nombre del personaje no es casualidad.

Tampoco fue un ejemplo de elegancia belcantista el bajo Serguéi Artamonov como Oroveso, pero su voz oscura se adaptaba a los requerimientos del personaje. Buenas prestaciones ofreció Cristina Alunno como Clotilde y algo más justito David Fruci, como Flavio, con problemas de proyección; ambos alumnos del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo.

La sala se encontraba ayer más llena que en los últimos estrenos, castigándonos con su presencia en el palco la nefasta consellera María José Catalá, a quien acompañaba el President Fabra, quien por hacerse la foto se tuvo que chupar la ópera enterita. Sus ronquidos no se llegaron a escuchar, posiblemente debido a que serían tapados por el concierto de desaforadas toses que tuvimos que padecer durante toda la noche, con especial intensidad al comienzo del segundo acto.

El público aplaudió y braveó con calidez durante toda la representación los principales momentos, y al finalizar fueron singularmente efusivas las ovaciones dedicadas al terceto protagonista, especialmente a Mariella Devia. También la dirección escénica de Livermore fue acogida con unánime aprobación, así como el trabajo de Gustavo Gimeno al frente de la orquesta y el del Cor de la Generalitat.

A la salida todos los comentarios se centraban en cruzar apuestas acerca de quién sería el designado hoy tras filtrarse el nombre de Biondi. Bueno, pues ya ha habido fumata blanca. Esperemos que este sea el inicio de una vuelta a la normalidad lo más rápida posible que ayude a consolidar la continuidad y calidad de nuestra orquesta. Mimbres hay, ahora hay que saber hacer los cestos.

jueves, 6 de octubre de 2011

BELLINI, "I PURITANI" Y UNA CANCIÓN PERDIDA

"Oliver Cromwell y su secretario John Milton" - Charles West Cope - 1872

En 1833, el compositor siciliano Vincenzo Bellini se traslada a París con el propósito de lograr una definitiva repercusión internacional para su producción operística, que ya gozaba de un importante prestigio en Italia y en Inglaterra. En la capital francesa, auténtico centro europeo de las artes en aquella época,  contó con la inestimable ayuda de Gioachino Rossini, quien le introdujo en los círculos musicales parisinos, consiguiendo que se representasen en el Théâtre-Italien de la ciudad las óperas “I Capuleti e i Montecchi” y “Il Pirata”, las cuales alcanzaron un éxito notable y posibilitaron que se encargase a Bellini que escribiese una nueva obra para ser estrenada en dicho teatro.

En el verano de 1834, Bellini comienza a componer en París la que a la postre sería su última ópera, “I Puritani”, contando para ello con la colaboración del poeta y Conde boloñés Carlo Pepoli, inexperto libretista, que fue quien se encargó de los textos. La relación entre ambos no fue especialmente fluida, quejándose a menudo Bellini de la complicada escritura de Pepoli y de su ausencia de pasión y fuerza dramática, insistiéndole en que el objetivo de la ópera era “hacer llorar, temblar y morir al espectador a través del canto”. Sea como fuere, tras múltiples correcciones se obtuvo un resultado que parece que no acabó de desagradar al compositor.

Finalmente “I Puritani” se estrenaría en el Théâtre-Italien de la capital francesa en enero de 1835, con un reparto de campanillas en el que destacaban la reputada soprano Giulia Grisi y el famosísimo tenor Rubini. La obra obtuvo un enorme éxito y Bellini alcanzó en Francia la fama que ansiaba, llegando incluso a ser condecorado con la Legión de Honor. Muchos eran los proyectos que se vislumbraban en el horizonte del siciliano, pero para su desgracia, apenas 8 meses después del estreno de “I Puritani”, el compositor fallecería en el suburbio parisino de Puteaux debido a una infección intestinal cuando tan sólo contaba 33 años de edad.

“I Puritani” siempre me ha parecido una auténtica maravilla. Cuenta con una escritura orquestal rica y brillante y está plagada de melodías inspiradísimas. Entre ellas, como toda ópera de la época que se preciase, contiene su correspondiente escena de la locura, en la que suena la preciosa aria “Qui la voce sua soave”.

La música de este fragmento en realidad no era original, sino que fue reciclada por el compositor de una canción que había escrito pocos meses antes en París, en la que puso música a unos sonetos precisamente del Conde Carlo Pepoli. La canción en cuestión se tituló “La Ricordanza” y parece que formaba parte de un grupo de cuatro, compuestas sobre otros tantos sonetos de Pepoli, que permanecieron perdidas durante mucho tiempo y de las cuales tan sólo se ha recuperado ésta, al ser encontrado su manuscrito en la Biblioteca del Congreso de Washington, siendo publicada por primera vez en una fecha tan reciente como 1974.

Bueno, ahora es cuando en el blog toca escuchar algunos ejemplos sonoros de aquello de lo que se ha hablado, con las versiones que considere más apropiadas o más me gusten de entre las que se puedan encontrar disponibles por la red. Pero como la crisis aprieta, la cosa va a cambiar un poco. No puede seguir permitiéndose este blog, en la situación actual, seguir trayendo a los mejores cantantes y orquestas, con desorbitados cachés, así que, adaptándonos a las circunstancias, procuraremos contentarnos esta vez con unas versiones más modestas.

En primer lugar escucharemos la canción “La Ricordanza”, de Bellini, en la sentida interpretación que nos ofrece Kenneth Kamal Scott, acompañado al piano por Gerald A. Brown. He investigado un poco sobre este cantante, muy apreciado en el mundillo de Broadway,  y, a pesar de los indicios, nada apunta a que haya sido acusado oficialmente de tragarse al Pato Donald y que sea a éste a quien realmente se escuche en la grabación. Os aseguro también, tras una ardua labor de traducción, que Mr. Nariz canta en italiano:


video de kamalscott1

Ahora vamos a escuchar el reciclaje que hizo Bellini de esa canción en el aria de “I Puritani” “Qui la voce sua soave”. Si le ponemos un poco de voluntad podremos apreciar la similitud entre este fragmento y la canción que escuchamos antes. La interpretación, o lo que sea, corre a cargo de una muchacha llamada Seungah Shin, acompañada al piano de un misterioso sujeto que no se da a conocer, supongo que para evitar represalias. El que ha subido el video se hace llamar My God, y esto sí imagino por qué. Bueno pues aquí está “Qui la voce sua soave” seguida de la cabaletta “Vien diletto”:


video de mygod0606

No puedo acabar sin subir un poco el nivel, así que vamos de nuevo con “Qui la voce sua soave… Vien diletto”, esta vez en la interpretación de una cantante llamada Lina Privitera. Yo también pensaba al principio que se trataba del zaguero de la selección galesa de rugby con peluca, pero no, es una soprano auténtica. La acompaña al piano Dario Virgillito:


video de stefanofnc12

La verdad es que esto no puede quedar así, que le den morcilla a la crisis, y, al menos desde este blog, en cultura no se va a recortar. Así que vamos a escuchar ahora de verdad la canción “La Ricordanza” de Bellini interpretada por el tenor estadounidense Lawrence Brownlee acompañado al piano por Martin Katz:


video de MrRobuso

Y, para finalizar, os dejo con el aria y cabaletta "Qui la voce sua soave... Vien diletto", de "I Puritani" de Bellini, en la estupenda interpretación de la soprano Mariella Devia:


video de Gobrias