sábado, 12 de junio de 2021

LA NOVENA DE LES ARTS. EL TIMO DE LA ESTAMPITA

Quienes seguís habitualmente este blog sabéis que he venido defendiendo públicamente la gestión que en los últimos meses, desde la dirección artística y órganos de gobierno del Palau de les Arts, se ha venido realizando en el emblemático teatro valenciano pese a las enormes dificultades derivadas de la pandemia de COVID-19 y de una normativa errática y confusa que dificultaba enormemente mantener la programación de un recinto cultural de este nivel. Todo lo dicho lo mantengo.

Pero eso no quita para que cuando se hacen las cosas mal o muy mal, como es el caso ahora, también me sienta obligado a comentarlo aquí, con la esperanza de que se rectifiquen los errores y que, entre todos, coadyuvemos a mejorar la siempre compleja gestión de un recinto cultural de esta envergadura.

Cuando se anunció la presente temporada en Les Arts, entre la oferta sinfónica del año se vendía, el día 19 de junio, un concierto publicitado como: FABIO LUISI. LA NOVENA DE BEETHOVEN. Hubo muchas personas que, cuando se pusieron las entradas de ese concierto a la venta el día 15 de marzo, se lanzaron en tromba a comprarlas, unos motivados por ver al afamado director italiano al frente de la orquesta y coro de la casa, otros por disfrutar de los cuerpos estables del teatro en una obra tan proclive a su lucimiento, y, los más, atraídos por la popularidad de ese título capital de la historia de la música. Hubo otras personas, como es mi caso, muy interesadas también en ese concierto, a quienes les incluyeron el mismo en el abono, especificándose en las condiciones de dicho abono que, si se deseaba, se podía solicitar el cambio del concierto asignado por cualquiera de los otros programadas en el apartado “Les Arts és Simfònic”. Yo ni me planteé solicitar ese cambio, ya que una Novena con Luisi y el Cor de la Generalitat, constituía una cita imprescindible.

Pasaron los meses, la pandemia fue evolucionando con dramáticos vaivenes, y casi sin darnos cuenta nos encontramos ya en puertas de la cita con la Novena. A finales de mayo, un buen día al entrar en la web del teatro vi una cara que no me resultaba familiar entre los eventos programados y así constaté que, de repente, sin previo aviso desde Les Arts, como lamentablemente sigue siendo costumbre desde hace muchos años, Fabio Luisi había sido sustituido como director del concierto de la Novena por el austriaco Manfred Honeck. Unos días más tarde se publicó la noticia de que, ante la gran demanda de entradas para los últimos conciertos de la temporada, en esta Novena y en el Réquiem de Verdi con Daniele Gatti, se había añadido a la programación una función más para cada uno de ellos. Y allí nos enteramos, los más curiosos, de que oficialmente se comunicaba que la Novena sería dirigida por Manfred Honeck al haber cancelado su presencia en Valencia Fabio Luisi por motivos personales.

Reconozco que el cambio de Luisi por Honeck a mí me fastidió. Tenía un gran interés por ver al italiano al frente de nuestra orquesta y coro; mientras que Honeck, lo poco que he escuchado de él (Beethoven por cierto) me ha resultado bastante poco estimulante. Pero bueno, dadas las circunstancias que llevamos viviendo desde el comienzo de la pandemia y sabiendo lo complicado que sigue siendo el cuadre de agendas y el paso de fronteras, nos aguantamos y tragamos con el cambio, pese a considerar que quizás Les Arts debería haber sido más comunicativo con un público del que cada vez parece más distanciado.

La guinda del pastel llegó el pasado día 9 de junio, cuando el Cor de la Generalitat convocaba huelga para los días 19 de junio y 1, 2, 16, 21 y 29 de julio, afectando así a las dos funciones previstas (18 y 19 de junio) de la Novena Sinfonía de Beethoven y a las dos funciones (1 y 2 de julio) del Réquiem de Verdi con Daniele Gatti. Ya hablé aquí en este blog sobre esa convocatoria de huelga y sobre mi apoyo total a la misma aunque como aficionado se me fastidiaran dos de los eventos más ilusionantes de la temporada.

Lo que casi nadie se esperaba (yo desde luego no, quizás todavía siga siendo demasiado ingenuo…) es que los actuales gestores de Les Arts rizarían el rizo del disparate, sustituyendo ayer, sin más, en la página web de Les Arts, por supuesto como siempre sin ninguna información previa al abonado, el programa del concierto de los días 18 y 19 de junio, y donde ponía Novena de Beethoven ahora ponía y de Beethoven, alcanzando así unos niveles de indignidad profesional y desprecio al público y a uno de los pilares de la casa, como es el Cor de la Generalitat, sin parangón en la corta historia del teatro, que no por breve deja de estar salpicada de acontecimientos muy lamentables. Pero ni Helga en sus peores años se atrevió a tanto, con tanta desvergüenza y sin dar explicación alguna.

Para eludir los posibles efectos de la huelga de coro, en una jugada cargada de chulería portuaria, con maneras de empresariete fascistoide que en lugar de escuchar la reivindicación de su personal se lanza a contratar esquiroles, se decide cambiar el programa del concierto para que no sea precisa la presencia de un coro. No quiero incidir mucho en analizar en este momento este gesto tan feo, tan mezquino, tan falto de empatía y sensibilidad hacia una de las dos patas fundamentales del teatro, su orquesta y el Cor de la Generalitat, sus cuerpos estables, que son los que han posibilitado que el Palau de Les Arts tenga un reconocimiento internacional consolidado, que el público viaje a Valencia a ver ópera y que quienes hoy lo gestionan saquen pecho día tras día presumiendo de calidad frente a otros teatros. Esto no es una empresa privada o un negocio familiar, no es un banco ni Zapatería Iglesias, es un recinto cultural sostenido muy mayoritariamente con fondos públicos. Se está prestando un servicio público y, por tanto, hay otros factores a valorar más allá de lo meramente económico. Si Les Arts no hiciese nada para evitar que el Cor desaparezca o se desvirtúe, la calidad y reconocimiento internacional que tiene hoy el teatro disminuiría mucho más de un 50%. Y eso sin contar con otras decisiones que se están barajando como traer a un mediocre Gaffigan (que por cierto parece que está ahora en Valencia) como director titular de la orquesta o seguir sin reforzar la misma. Si esta va a ser la política de gestión de nuestro teatro, está condenado a acabar siendo un carísimo envoltorio para un contenido provinciano carente de relevancia... Orquesta y coro son esenciales, mucho más que adoptar soluciones chulescas para no devolver entradas de una Novena.

Pero como decía, no quería tanto entrar en esa faceta innoble de la decisión tomada por Les Arts como en valorar el menosprecio absoluto hacia el espectador que esto también supone. Parece que al público de Les Arts todo le dé igual y que aunque tú anuncies un espectáculo y luego ofrezcas otro completamente distinto, no pase nada. Pues miren, no. A muchos sí nos importa y compramos nuestras entradas o elegimos nuestros abonos en función de la oferta del teatro.

Hubo gente que sacó entrada por la dirección de Luisi, y no viene; otros por escuchar al Cor o a los solistas, y no cantan; y los más por escuchar la Novena, y no está en el programa. Igual hay un fagot y un trompa que coinciden con lo anunciado y vendido... Si a mí a principio de temporada me incluyen en abono este concierto como lo anuncian hoy, lo hubiera cambiado por otro de la temporada tal y como podía hacer. No me interesa en absoluto este concierto y se parece a lo que compré como Jesús Iglesias a Brad Pitt; por lo tanto sólo cabe que ofrezcan devolver el importe de las entradas a quienes tenemos localidades adquiridas para esas funciones.

No parece que sea la intención de Les Arts. Ayer en taquillas se informaba de que no se iba a devolver el dinero y hoy en Facebook el perfil del Palau ha intervenido también, ante las protestas de numerosos aficionados, diciendo que no va a haber devolución porque la única causa contemplada en las condiciones generales de compra es la cancelación del espectáculo. Muy bien. Pues aquí el espectáculo previsto se ha cancelado de hecho. Ni director, ni intérpretes, ni la obra programada coinciden con lo que se vendió. ¿Eso no es cancelar? Se ofrece otro concierto, sí, pero es otro completamente distinto. Pido y pago por adelantado langosta y me sirven un bocadillo de mortadela de Popeye. Habrá a quien le guste más, mis respetos para ellos, pero yo he pagado para ver otra cosa.

Si eso va a ser así y se consuma, como la próxima temporada de Les Arts todavía está por anunciarse, yo les propongo que sean más listos aún, se pongan el parche e icen en el edificio de Calatrava la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas y propaguen a los cuatro vientos que el año que viene podremos ver en Valencia a Kaufmann, Stemme, Netrebko, Thielemann, Barenboim y Muti. Luego sacamos al cuerpo incorrupto de Torrebruno cantando Tigres Leones, a los que queden vivos de Parchís con el cumpleaños feliz y a Tony Genil y Leonardo Dantés con un popurrí de grandes éxitos. ¿Y de verdad no podríamos reclamar?

Durante la pandemia pocas personas se habrán mostrado más comprensivas que yo ante los vaivenes de programación en el teatro. Todos entendíamos las dificultades y asumíamos que se hacía lo que se podía. Esto no es producto de la pandemia ni de circunstancias sobrevenidas de fuerza mayor. Esto son incidencias de gestión que pueden pasar en cualquier teatro y la respuesta de los actuales gestores de Les Arts, con Jesús Iglesias Noriega a la cabeza, ha sido lamentable. Una falta absoluta de respeto al abonado y a sus cuerpos estables.

Yo pienso reclamar formalmente la devolución del importe de mis entradas. El concierto lo tenía incluido en el abono, pero, como decía antes, si a principio de temporada me hubieran incluido este concierto como ahora se programa, hubiese ejercido mi derecho a cambiarlo por otro, con toda seguridad. El lunes me pondré en contacto con las taquillas de Les Arts y si me confirman que no piensan devolverme el dinero, haré la oportuna reclamación ante las instancias administrativas, judiciales o de protección de derechos del consumidor que considere oportunas. He hablado ya con otros aficionados que están dispuestos a hacer lo mismo y pensamos organizar una reclamación conjunta. Si alguien más se anima sólo tiene que mandarme un correo a atticus61@gmail.com. Me preocupa un rábano el dinero en sí, he perdido muchas veces entradas por no poder asistir. Me importa mucho más que pretendan tomarme el pelo de esta manera tan burda.

Si me dicen que no me devuelven el dinero posiblemente deje mi asiento vacío, aunque algunos compañeros de abono me están animando a que acudamos a hacer sonora y visible nuestra protesta contra Les Arts y a favor del Cor de la Generalitat. Confieso que me tienta mucho la idea y, como María José Catalá sabe, capaces somos. Seguiremos informando.


ACTUALIZACIÓN A 14/06/2021

Esta tarde, finalmente, tras el generalizado descontento del público que estaba haciéndose cada vez más ostensible por redes sociales y otros foros operísticos, el Palau de les Arts ha rectificado su postura inicial y ha enviado un correo en el que comunica que a aquellas personas que lo soliciten antes del miércoles 16 a las 21 horas, a través de un formulario (al que podéis acceder AQUÍ), se les reembolsará el importe de las localidades de esta Novena reconvertida en Primera más Quinta. Se agradece la rectificación.

Ahora a esperar a ver que pasa con el Réquiem de Verdi, porque la gente está muy calentita y los rumores de que se quiere contratar a un coro alternativo (¿esquiroles se llamaba eso?) no ayudan precisamente a pacificar la cosa. Final de temporada movidito...

miércoles, 9 de junio de 2021

EL COR DE LA GENERALITAT EN HUELGA

Esta mañana se ha confirmado oficialmente la noticia que en los últimos días circulaba como un insistente rumor en el ambiente musical valenciano: el Cor de la Generalitat ha convocado huelga para los próximos días 19 de junio y 1, 2, 16, 21 y 29 de julio, en protesta ante la falta de respuesta, por parte del Instituto Valenciano de Cultura y la Generalitat, a sus reivindicaciones, con las que únicamente pretenden garantizar su supervivencia y asegurar la estabilidad de toda la plantilla, poniendo fin a la situación de temporalidad, impuesta por la administración, que viven desde hace treinta años. Estos paros se unen al ya anunciado para el 18 de junio, día en el que secundarán la convocatoria de huelga general de los trabajadores públicos del Estado contra el abuso de la temporalidad por las administraciones públicas.

Así, los paros convocados afectarán a las siguientes representaciones programadas en el Palau de Les Arts: las dos funciones previstas (18 y 19 de junio) de la Novena Sinfonía de Beethoven con la Orquestra de la Comunitat Valenciana dirigida por Manfred Honeck (tras la cancelación anunciada de Fabio Luisi por motivos personales); y a las dos funciones (1 y 2 de julio) del Réquiem de Verdi, también con la Orquestra de la Comunitat Valenciana esta vez bajo la dirección de Daniele Gatti. Además, afectan a las actuaciones del Cor los días 16, 21 y 29 de julio en las localidades de Morella, Montserrat y Peñíscola.

Como aficionado, siento muchísimo verme privado de disfrutar de estas últimas funciones de la temporada, especialmente de ese Réquiem con Gatti que esperaba yo con enorme ilusión, tras haberse visto frustrado ya el año pasado por la pandemia (la viral, no la administrativa). Pero, precisamente como aficionado, mi interés primordial es que se garantice la supervivencia del Cor de la Generalitat, esta institución cultural capital que tenemos en nuestra Comunidad, pese a que nuestros gestores devoradores de canapés parezca que sigan sin ser conscientes de ello.

Sabéis que en numerosas ocasiones he hablado aquí de la situación que vive el Cor de la Generalitat y me he manifestado claramente, así que poco más tengo que decir. Es impresentable que después de que haya sido la administración autonómica quien haya incumplido la legalidad durante treinta años, manteniendo a unos trabajadores, contra su voluntad, en una posición de inestabilidad laboral absolutamente irregular, se pretenda ahora que sean esos mismos trabajadores que han venido padeciendo la ilegalidad, quienes vuelvan soportar la carga cuando se quiere legalizar la situación, poniendo en peligro sus puestos de trabajo y obligándoles a que pasen unas pruebas que ya superaron en su día. Se ve que ahora hay que demostrar a esos administrativistas de manguitos y politiquillos de cafetín que no distinguen un aria de ópera del maullido de un gato castrado, que los miembros del Cor de la Generalitat están capacitados para mantener los empleos que desempeñan desde hace tres décadas con el unánime reconocimiento internacional. Realmente parece un chiste si no fuera tan grave el problema.

Vaya pues desde este humilde blog todo mi apoyo para estos trabajadores ejemplares que, pese a la injusta situación que vienen viviendo desde hace tantos años, siempre han estado ahí desempeñando su trabajo con excelencia, ofreciendo lo mejor de sí mismos y consiguiendo que los espectadores valencianos podamos disfrutar de uno de los mejores coros de ópera del mundo. Hoy, a nosotros sólo nos cabe estar a su lado y mostrarles nuestra solidaridad, deseando que, por una vez en la vida, se imponga el sentido común y sean atendidas sus justas reivindicaciones. Que así sea, por el bien de ellos y por el nuestro.

A continuación reproduzco íntegramente la nota de prensa que me han hecho llegar los miembros del Cor:

“El Cor de la Generalitat se ha construido a lo largo de más de 30 años de existencia y de trabajo en equipo de todos sus integrantes y esto lo ha llevado a ser considerado por el público y la crítica como uno de los mejores del mundo en su género, tanto por sus prestaciones vocales y experiencia musical, como por su calidad escénica, convirtiéndose en una pieza clave del Palau de les Arts. Los integrantes del Coro no podemos evitar sentirnos emocionados y agradecidos con el enorme y continuo reconocimiento del público, de los críticos y de los directores y músicos junto a los que hemos trabajado y trabajamos, y orgullosos de nuestros logros, que son logros para toda la sociedad. Los gestores culturales no parecen sentir nada de esto (o no les importa) y ponen en riesgo este patrimonio artístico de toda la ciudadanía de la Comunidad Valenciana.

La totalidad de sus cantantes han sido seleccionados mediante rigurosos procesos selectivos públicos realizados a lo largo de sus más de 30 años de historia e integran su plantilla de forma continuada por 15, 20, 25 e incluso más de 30 años. Sin embargo la administración sigue considerando a toda la plantilla como trabajadores "temporales". En realidad, trabajadores que se encuentran en "fraude de ley" por abuso de la contratación temporal desde hace muchos años según la normativa local y también de acuerdo a la normativa europea, ya que la situación choca frontalmente con la Directiva 1999/70 del Consejo Europeo.

Los cantantes del Cor llevan años reclamando a la administración la estabilidad en sus puestos de trabajo, sin ninguna solución por parte de los responsables. Todo lo contrario: la dirección del Instituto Valenciano de Cultura planea la renovación de la totalidad de la plantilla en solo dos años y pone a esta agrupación musical al borde de su desintegración tal y como la conocemos hoy en día, peligrando la continuidad de su actual plantilla e integrantes, la calidad artística que hoy alcanza el Coro y el equipo que se ha ido construyendo en décadas de trabajo conjunto. Desde el punto de vista artístico esto es un despropósito, ya que un coro no es la suma de un cierto número de cantantes, sino un equipo completo y complejo, donde cada cantante se complementa y sabe -ha aprendido- brindarse, fundirse y amalgamarse con los demás en pos del resultado grupal. Solo una renovación paulatina garantiza el mantenimiento del altísimo nivel al que ha llegado la agrupación artística después de mucho tiempo de trabajo conjunto, con mucho cariño y mucho esfuerzo.

Por otra parte, este plan incumple las promesas y acuerdos alcanzados, incluso el compromiso del Conseller Vicent Marzà para una renovación paulatina de la plantilla, expresado ya hace tres años cuando se reunió con nosotros y públicamente en entrevista concedida a la Cadena Ser el 25 de julio de 2018.

La singularidad de nuestra formación como unidad artística consolidada, la calidad alcanzada en cada presentación -indiscutible frente a las ovaciones habituales que recibimos, a las críticas de los medios especializados que leemos, a los elogios de los directores internacionales que nos visitan- deberían ser argumento suficiente para proteger a la agrupación frente a cuestiones de carácter administrativo que, estamos convencidos, tienen mecanismos y vías de solución. Sin embargo, no parece que preservar la calidad artística importe y hasta el día de hoy (aparte de recibir elogios, felicitaciones y buenas palabras) no hemos visto ningún hecho concreto que nos manifieste interés real por parte de la Generalitat Valenciana.

No nos queda más remedio que acudir a la huelga.”

lunes, 24 de mayo de 2021

"CAVALLERIA RUSTICANA" (P. Mascagni) y "PAGLIACCI" (R. Leoncavallo) - Palau de les Arts - 23/05/21


Los aficionados a la ópera que hemos tenido la fortuna de disfrutar de la programación del Palau de les Arts desde su inauguración, tenemos en la memoria veladas absolutamente irrepetibles. Obviamente cada uno tendrá sus preferencias. Yo, por ejemplo, no dejaría de incluir Salomé, Otello o dos Britten para chuparse los dedos como fueron El sueño de una noche de verano y Peter Grimes; y, por supuesto, añadiría otros títulos sobre los que seguro que habría una mayor coincidencia, como los dos ciclos de El Anillo de 2009, el primer Fidelio, Parsifal o la Cavalleria Rusticana de Maazel en 2010.

Bueno, sobre este último título quizás no haya tanta unanimidad, ya que es verdad que en su momento concitó unas pocas críticas feroces por los tiempos lentísimos que impuso la mágica batuta del Maestro y que convirtió la Cavalleria de Mascagni en la de Lorin Maazel; pero logrando, y creo que esto admite poca discusión, unos niveles de genialidad orquestal y belleza musical como pocas veces se han dado en este teatro.

Toda esta introducción viene a cuento de que ayer en Les Arts tuvo lugar el estreno del último espectáculo operístico previsto esta temporada, con ese clásico programa doble formado por Cavalleria Rusticana de Mascagni y Pagliacci de Leoncavallo. En aquellas míticas funciones de 2010, Cavalleria le puso los cuernos al payacho e hizo un afortunado intercambio de parejas con La vida breve de Falla, en lo que creo que fue un acierto programador de la siempre avispada Helga, más allá de que yo le tenga un poquito de tirria a Pagliacci que es una ópera que, aunque le reconozco un par o tres de instantes magníficos, me aburre soberanamente.

El recuerdo imborrable que guardamos los aficionados de Les Arts de esas sublimes noches maazelianas complica un poco más, querámoslo o no, la sensación de satisfacción respecto a la producción de Cavalleria estrenada ayer. Sé que posiblemente no sea justo, pero es inevitable. El chip mental es difícil de controlar. Puedes llegar a la conclusión de que te ha gustado o disgustado, pero será complicado que las sensaciones positivas superen aquella actuación referencial que guardas en el recuerdo y que, como tal recuerdo intangible que es, también tiendes a mitificar.

Bueno, pues todo este rollo era para empezar diciendo que la representación programada ayer de Cavalleria Rusticana partía ya con este hándicap importante, y ya adelanto que, aunque se obtuvieron unos resultados satisfactorios, se estuvo lejos de los niveles de excelencia orquestal obtenidos en 2010. Pero a partir de aquí procuraré eliminar ya cualquier comparación con el trabajo del nunca bastante añorado Lorin Maazel y me limitaré a realizar mi análisis, siempre subjetivo y muy personal, de lo visto y escuchado en la sala principal de Les Arts.

La producción presentada de Cavalleria Rusticana, procedente del Teatro Real,  es la misma que pudo verse en 2010, contando con la dirección de escena de Giancarlo del Monaco, escenografía de Johannes Leiacker, vestuario de Birgit Wentsch y la iluminación de Wolfgang von Zoubek. El mismo equipo firma la regia de estos Pagliacci que ya acompañaron a la Cavalleria en su estreno madrileño y que ayer se presentaban por vez primera en el coliseo del Turia.

El paso de estos once años no ha sido suficiente para que, con mis limitadas entendederas, haya conseguido alcanzar a descubrir qué demonios pretendía contarnos Del Monaco situando toda la acción de Cavalleria en una especie de cantera de mármol blanco, con el escenario en pendiente y a  diferentes niveles, más propio para un rebaño de cabras montesas que para cantantes, y con Santuzza presente en escena toda la obra a lo Elektra. Parece ser que algo se dijo acerca de que se buscaba una aproximación a la tragedia griega… En mi humilde opinión, lo único trágico es que se haya perdido tiempo y dinero en esto. Algún amigo me comentaba que la puesta en escena sí le sugería el espíritu o la atmósfera de los pueblos del sur de Italia. Yo reconozco que sigo sin pillarle el punto.

Ya dije entonces que la propuesta me parecía una solemne estupidez, con una “escenografía fea y absurda, sin que la dirección de actores contribuya a dotar de sentido a semejante idiotez, que alcanza la culminación cuando se presenta una procesión de Domingo de Resurrección con un Cristo con la cruz a cuestas, propio de Viernes Santo”. Y no puedo dejar de ratificarme en lo dicho.

La procesión de flagelantes junto al Cristo con la cruz en Pascua, sigue siendo tan fea como anacrónica;  las penitentes escalando de rodillas los bloques de mármol con un vestuario propio de militantes del Frente Popular de Judea de La vida de Brian, patéticas; el Cristo levantando la cruz desde la huevera cual concejal la Senyera el 9 d’octubre, ridículo; que el duelo y muerte de Turiddu tenga lugar a la vista del público, carece de sentido dramático y anula el efecto final de su anuncio… Y toda esa aparente falta de sentido del conjunto hace que el concepto general quede desdibujado y, lo que es peor, lo hace además con un envoltorio pretencioso.

Quizás, por mencionar algo positivo, podría reseñar el atractivo visual del contraste entre la escenografía blanca y el negro vestuario, pero finalmente acaba por cansar tanta monotonía cromática, especialmente si no se le encuentra sentido ni fundamento alguno, y ese cansancio acaba por llevar aparejada también la pérdida de la intensidad dramática.

Curiosamente, todo lo fallida y sin sentido que me parece la concepción de Giancarlo del Monaco para Cavalleria Rusticana, se troca en Pagliacci en una dirección de escena vistosa, ajustada al drama y con sentido teatral. Ello no quita para que también haya pinceladas de absurdismo, como la imagen de Anita Ekberg en La Dolce Vita felliniana adornando el fondo del escenario. Puestos a citar a Fellini quizás hubiera sido mucho más apropiada La Strada, pero bueno, después del recalentamiento craneal que sufrió Del Monaco en el desierto marmóreo de Cavalleria, se le disculpa.

La acción parece desarrollarse en los suburbios de una ciudad italiana alrededor de los años 50 del pasado siglo, con el carromato de la compañía convertido en un camión. Más allá de la pura estética, indudablemente más atractiva la de estos Pagliacci pese al horrendo disfraz de De León como hermano Tonetti listo, funciona mucho mejor también la vertiente dramática y todo el movimiento de actores y diseño teatral de esta propuesta, resolviéndose con acierto la trama de teatro dentro del teatro y dibujándose hábilmente en escena los contrastes entre la torturada vida personal de los personajes y su faceta de comediantes.

Al objeto de dar una mayor coherencia y unidad al programa doble, Del Monaco opta por trasladar el prólogo de Pagliacci justo al inicio de la velada, esto es, antes del comienzo de Cavalleria Rusticana. Después del descanso, al inicio de Pagliacci sin Prólogo, aparecerá un tractor en escena arrastrando el bloque de mármol con el cadáver de Turiddu, haciendo así más potente la idea de unidad entre las obras y de teatro dentro del teatro. Parece que cuando se estrenaron estas producciones, el personaje de Tonio aparecía en el Prólogo cantando por la platea, pero esta vez, debido a las prevenciones exigidas por el funesto COVID-19, se ha optado, con buen criterio, por trasladar a la boca del escenario este comienzo.

También quiero pensar que han sido las medidas preventivas anti COVID las que han motivado que el coro no se encuentre en el escenario en ninguna de las dos óperas, sino en los palcos laterales del primer y segundo piso, mientras en escena son suplantados por una treintena de figurantes, por cierto bastante estáticos y con bastante poca inventiva en cuanto a sus movimientos en Cavalleria. La decisión parece que ha sido sobrevenida, ya que conozco a quien tenía entradas adquiridas en esas zonas y les han desahuciado sin derecho a réplica. Si, como digo, la motivación es sanitaria y preventiva, nada que criticar, se asume y más vale esto que cancelaciones; pero no acabo de entender que planten a 30 personas en escena, aunque no canten, en lugar de sacar al coro o a parte del mismo, cuando en anteriores producciones sí han actuado en escena enmascarados sin problema.

El papelón de situarse en el foso al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, sabiendo que los tocapelotas de turno vamos a sacar a relucir el recuerdo de Lorin Maazel, recayó en quien precisamente fuese su director asistente, Jordi Bernàcer. La labor del director alcoyano ha sido bastante correcta, mostrando una batuta enérgica, con sentido musical, unos tiempos mucho más ajustados a la partitura y una hábil capacidad concertadora en los números de conjunto e intervenciones del coro, pese a la peculiar ubicación de éste. No en vano Bernàcer fue también director asistente del Cor de la Generalitat. Demostró también un buen equilibrio orquestal y estuvo siempre atento a cuanto ocurría sobre el escenario. Me volvió a dar la impresión de que los paneles separadores de protección en la zona de los vientos, provoca un sonido más mate de la orquesta, especialmente de las maderas. Brilló más el foso en los pasajes más arrebatados de intensidad orquestal que en aquellos más líricos y recogidos, donde quizás se echó en falta una mayor variedad cromática y dinámica. Lo cierto es que incluso la intensidad en algunos momentos fue excesiva, con un volumen arrollador que apisonaba las voces, como ocurrió de forma singular en la escena final de Pagliacci. En ambos Intermedios, aunque no hubiese magia y se echasen de menos los infinitos matices de aquel cuyo nombre no debe ser mencionado, la orquesta, con esas cuerdas magistrales, supo mostrar su valía, consiguiendo que la belleza musical contenida en los pentagramas encendiera un punto de emoción en la platea. Entre la orquesta quisiera destacar las intervenciones solistas de arpa, flautas, trompetas y trompas, y, por supuesto, la vibrante y aterciopelada cuerda, con unos magníficos violines y violas, estremecedores contrabajos y, especialmente, con unos chelos sobresalientes.

El Cor de la Generalitat dispone en este programa doble de una buena ocasión para exhibir facultades y, como era de esperar, no desaprovechó la oportunidad de volver a impactar al auditorio con unas prestaciones vocales muy difícilmente superables, a pesar del enmascaramiento de sus integrantes y de su discutible ubicación en los palcos laterales del primer y segundo piso. Este emplazamiento provoca, de entrada, que según sea la posición de la localidad de cada espectador respecto al coro, el efecto del sonido percibido ha sido distinto. Me consta por haberlo comentado con diversos amigos que se encontraban ayer en diferentes zonas. También se apreciaron desequilibrios y desajustes de empaste pero creo que no motivados por deficiencias en el grupo, sino debidos a ese diverso emplazamiento de los grupos de cantantes en la sala respecto a las orejas de cada espectador. Por vez primera en la historia de este teatro, el coro llegó a tapar la escucha de la orquesta y a los solistas, debido a su colocación. Además, nos quedamos privados de disfrutar de una de las facetas más destacadas de este coro, como es la combinación de su calidad vocal con su sabiduría escénica e implicación dramática. En la parte positiva, se evitó que tuvieran que cantar en Pagliacci de espaldas al director; y, sobre todo, fue impagable la sensación de sentirse envuelto por el sonido de sus voces ya desde su primera intervención en Cavalleria con Gli aranci olezzano, generando un impacto emocional enorme. Estuvieron magníficos toda la noche con momentos como la entrada de Alfio en Cavalleria, el Eh...! Son qua! o la escena final de Pagliacci…, y solamente por escuchar el sutil, emotivo y brillantísimo Innegiamo que ofrecieron, merece la pena pagar el precio de la entrada.

El tenor Jorge de León asume el complicado reto de encarnar los muy exigentes papeles de Turiddu y Canio. Ya hizo doblete en 2010, aunque en aquella ocasión como el Paco de La vida breve, un rol mucho menos expuesto vocal y emocionalmente que el de Canio. El cantante tinerfeño regresa así a Les Arts seis años después de la Turandot de la despedida de Mehta. En esta casa fue un habitual desde 2010, el año que saltó a la fama definitivamente, habiendo intervenido, si no recuerdo mal, hasta en siete óperas o zarzuelas. Sigue siendo poseedor de un instrumento grande, poderoso y potente, en el que la zona grave ha ganado enjundia y el centro se muestra algo más inestable, con más oscilaciones que hace unos años; pero en cuanto cruza el pasaje y se adentra en la zona alta, la voz refulge imperial, trompetera, con luminosidad y mordiente. Me gustó menos en No, Pagliaccio non son que en un Vesti la giubba con el que cosechó la ovación más larga de la noche, de esas que a algún veterano barítono italiano le hubiera dado pie a dos o tres bises. También estuvo pletórico en toda la escena final payasa, aunque su inmenso caudal vocal quedase sepultado por el aún mayor tsunami orquestal. Toda la noche hizo gala de una entrega vocal imponente, sin eludir riesgos ni recurrir a fáciles trucos. Un canto entregado y pleno. Es cierto que con algún despiste en la afinación y falta de refinamiento, pero el repertorio tampoco requiere precisamente mucha finura. Se derrochó temperamento, autenticidad y raza de tenor de los de antes y a mí eso me compensó todo lo demás.

También ha hecho doblete como el Alfio de Cavalleria y el Tonio de Pagliacci, el joven bajo barítono georgiano Misha Kiria a quien ya pudimos ver en Les Arts el año pasado como el Don Profondo de Il viaggio a Reims, la última ópera sin mascarilla hasta ahora. Pese a su juventud llama la atención la presencia de una voz bien colocada y asentada naturalmente en el registro, con un bello timbre lírico de tonalidades claras, que quizás no parece lo más apropiado para estos dos papeles más propios de barítonos dramáticos, pero con graves suficientemente sonoros y subidas al agudo sin pasar excesivas penurias. En el Prólogo payaso, recitado con intención, eludió las dos peliagudas subidas al agudo que son habituales, aunque no estén escritas, lo cual personalmente agradezco. En el aspecto interpretativo mostró también muy buenas maneras, estando muy entregado y encarnando con credibilidad y sentido teatral a los dos personajes.

La italiana Sonia Ganassi volvía a este teatro, tras el funesto Don Giovanni de Jonathan Miller, con el siempre incómodo y exigente personaje de la Santuzza de Cavalleria Rusticana. Si algo no puede negársele a la veterana cantante italiana es su desenvoltura escénica y su talento dramático para compensar, mediante su implicación interpretativa e intencionalidad expresiva, las limitaciones vocales de un instrumento que presenta un notable desgaste y apunta a la senilidad, con acusados y feos cambios de color entre registros. En el centro sigue mostrando destellos de firmeza, pero en las zonas más bajas tiende a perder consistencia y sonoridad, y en las altas se hace evidente la incomodidad de la tesitura, pero para mí todas estas limitaciones quedaron en un segundo plano ante el derroche de expresividad y el alud de emociones que hacía brotar en cada una de sus frases, dotadas siempre de intención y variedad de matices. Su resultado final de conjunto me dejó una sensación muy positiva, gracias a unas facultades interpretativas que se impusieron con creces a todo lo demás.

María Luisa Corbacho repitió en el papel de Mamma Lucia que ya asumiera en 2010. Sigue ostentando una voz grande de timbre grave y contundente que acompaña con una gran expresividad en sus siempre emocionantes intervenciones.   La mezzosoprano norteamericana Amber Fasquelle, alumna del Centre de Perfeccionament (ese que ya no lleva el nombre de un cantante que venía todos los años a Valencia y fue muy famoso, pero que ahora parece que no haya existido nunca), cumplió también con corrección como Lola, mostrando una bonita voz en una interpretación que hubiera sido deseable aliñar con un punto mayor de picardía y naturalidad en escena.

En Pagliacci, el papel de Nedda fue encarnado por Ruth Iniesta que regresaba a Valencia tras haber sido la Madama Cortese del pre pandémico Il viaggio a Reims de 2020. Su voz es fresca y su canto generoso, y, pese a moverse en terrenos de soprano lírico ligera, se muestra suficientemente potente y se proyecta y corre con facilidad por la sala, salvo cuando se topaba con la ola descontrolada de volumen del foso. Me sigue resultando su timbre algo ingrato, pero eso no quita valor a una interpretación muy meritoria. En ella recayó la misión de castigarme con el aria esa de los pajaritos (Qual fiamma avea nel guardo) que tan gorda me cae, pero, más allá de mis manías, solventó la papeleta adecuadamente. Destacó sobre todo en la faceta escénica, mostrando madurez y desenvoltura, y contribuyendo de forma capital a la explosión de emociones de la gran escena final.

El personaje de Silvio, el amante de Nedda, corrió a cargo de otro viejo conocido de Les Arts, el barítono italiano Mattia Olivieri, que fue alumno del Centre y que está desarrollando una fructífera carrera internacional. Estaba previsto que hubiera sido el Ford del Falstaff de este año, pero el aplazamiento de las representaciones por el positivo de COVID, no permitió su presencia en las fechas definitivas. Sigue destacando Olivieri por su implicación actoral y desenvoltura en escena y parece haber controlado un poco su tendencia al histrionismo y a pasarse un pelo de rosca. En lo vocal, aunque su línea de canto no sea especialmente depurada y sufriese alguna pérdida de afinación, funcionó bastante bien en su dúo con Nedda.

Muy cumplidor también en el rol de Peppe estuvo el alumno del Centre de Perfeccionament, Joel Williams, aunque se echasen en falta más matices y delicadeza en ese momentazo que tiene con la Canzone di Arlecchino.

Hubo ayer serios problemas y retrasos para el acceso a Les Arts, debido a que a algún genio se le había ocurrido hacer coincidir en horario el inicio del estreno operístico en la sala principal con el de un concierto de Antonio Orozco en el mal llamado Auditori. Parece de chiste que con la cantidad de días que el teatro se encuentra sin actividad haya que forzar estas situaciones.

Pese a lo desapacible del día lluvioso y el horario de siesta de las funciones dominicales, la sala principal de Les Arts presentaba ayer un aspecto muy ilusionante, con la mejor entrada del año. A ello contribuyó sin duda la popularidad de los dos títulos presentados y el aumento de aforo derivado de la favorable evolución de la pandemia. La ovación final fue de las más estridentes y emocionadas de los últimos tiempos, sin duda merecida, pero también hubo el efecto clac que tuvo la presencia en los palcos de los muy aplaudidores miembros del Cor de la Generalitat, quienes, junto a De León fueron los receptores de los mayores reconocimientos. Venía yo intrigado durante varias crónicas por la ausencia de miembros responsables de la dirección escénica en los saludos finales, y hete aquí que ayer se rompió la racha con la salida de Giancarlo del Monaco, siendo reconocido su trabajo también con cálidos aplausos.

No quiero finalizar esta crónica sin hacer una breve referencia a una de las noticias de la semana, al haber publicado el diario Levante que la Orquestra de la Comunitat Valenciana había elegido o avalado la elección del norteamericano James Gaffigan como su nuevo director titular. Eso no es exactamente así. Sí parece que la propuesta presentada por Jesús Iglesias ha recibido el apoyo de una mayoría de la orquesta o de su Comité, aunque también me consta que cuenta con el rechazo de una parte importante de sus miembros. Ya dije en mi crónica de Falstaff que, si este rumor que circulaba se confirmaba, para mí sería una gran decepción. Y lo vuelvo a repetir. No cuestiono la valía de futuro que pueda tener Gaffigan, ni tampoco pretendo que venga gente que no se pueda pagar. Simplemente esperaba que Iglesias cumpliese lo que ha venido diciendo desde que asumió la dirección artística de Les Arts: que tuviésemos paciencia porque el proceso sería lento, pero que traería a una figura de primera fila y que nos iba a sorprender. Eso lo dijo un día conmigo delante. Bueno, pues sorprender sí que me sorprendería, la verdad. Y lo de primera fila yo pensaba que era otra cosa, pero igual se refería a la fila de la cola de la charcutería del Consum de Nueva York… dicho sea con todo el respeto del mundo. Insisto en que no pretendo menospreciar la valía de Gaffigan. A mí no me gustó su Réquiem Alemán, pero igual dentro de unos años es el director de moda, lo ignoro. Sólo digo que, hoy por hoy, no respondería al perfil de director que Iglesias aseguró que iba a conseguir. Pero bueno, esperaremos acontecimientos. Mientras tanto, id a ver este programa doble que cierra la temporada valenciana.