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miércoles, 10 de diciembre de 2014

"MANON LESCAUT" (Giacomo Puccini) - Palau de les Arts - 09/12/14

Yo tenía una vez un blog…

Mucho, demasiado tiempo he mantenido este espacio sin actividad, y lo primero que quisiera hacer es dar las gracias a todos los que me habéis transmitido vuestro cariño y el deseo (incomprensible) de volver a leer las sandeces que escribo.

Os recuerdo que esto no es una página de crítica oficial, ni nadie me paga o contrata para escribir crónicas operísticas. Esto es un simple blog de un aficionado que tiene la osadía de decir en voz alta lo que piensa, y debe ser tomado únicamente como eso, como la opinión personal de un aficionado más.

Y también quiero aclarar que mi silencio no se ha debido a nada especial, simplemente ha sido consecuencia del cansancio y la falta de tiempo. Mi trabajo habitual me exige últimamente más dedicación y esfuerzo, y también las actividades de la Asociación Amics de l’Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana me ocupan gran parte del poco tiempo libre. Incluso había llegado a plantearme cerrar definitivamente el blog, pero… la temporada oficial de ópera ha vuelto a Valencia y no he podido resistirme a regresar yo también, al menos de momento... Aunque no para hablar de mí.

Este comienzo de temporada ha vuelto a traernos algunas situaciones parecidas a las que se vivieron al final de la anterior. La, al parecer, nunca suficientemente ambiciosa consellera Catalá, ha vuelto a caldear el ambiente filtrando interesadas y sesgadas informaciones sobre gastos de la Intendente de Les Arts desde los tiempos en que hizo la Comunión. No voy a opinar ni a recrearme en el tema. Helga Schmidt ya ha contestado con su claridad (de ideas, no verbal) habitual y a sus palabras me remito. Simplemente diré que lo que de verdad me parece indecente es que la presunta responsable de la cultura en esta depauperada Comunidad siga utilizando un activo cultural de primera magnitud, como es el Palau de les Arts, para torticeros intereses políticos.

Ya sé que también hay quien dice que últimamente me he vendido a Helga y ya no la critico. Pues bien, vuelvo a aclarar que en las opiniones que emito en este blog sólo me vendo a mi personalísima, y por supuesto cuestionable, conciencia; aunque, desde luego, en esta guerra, no declarada ni reconocida, entre Catalá y Schmidt, tengo clarísimo a quién apoyo, porque lo que de verdad defiendo es el proyecto que representa el Palau de les Arts como garantía de una ópera de calidad en la ciudad en la que vivo. Y eso, hoy por hoy, es Helga quien mejor lo puede garantizar. De todas formas, lo que considere que debo criticar de ella lo seguiré haciendo, y ahora mismo, por ejemplo, voy a pasar a darle un capón o dos.

Se inauguró ayer, demasiado tarde, la temporada operística en Valencia y se ha decido dedicar estas funciones de Manon Lescaut a Lorin Maazel, fallecido el pasado 13 de julio. Que se haya iniciado la temporada tan tarde sé que no es directamente culpa de Helga, pero ¿de verdad, después de esperar todo este tiempo, era preciso abrir la temporada un martes tras tres días de fiesta? Creo que hubiera sido mucho mejor hacerlo un fin de semana, o un festivo o víspera de festivo y publicitando debidamente el evento.

De todas formas, lo que me ha parecido directamente impresentable es que el único homenaje que desde Les Arts se haya hecho a Lorin Maazel, principal responsable de que hoy disfrutemos en Valencia de la mejor orquesta de España, haya tenido lugar casi cinco meses después de su muerte, y limitándose a eso, a escribir en el programa que se le dedican las funciones de Manon Lescaut. Lo cual, además, habrá sonado casi a chiste, porque, vamos, que esta orquesta, que logró aquellos sonidos celestiales con él, le recuerde con la dirección de Plácido Domingo, de la que luego hablaré, tampoco parece lo más adecuado. Sé que no hay presupuesto para casi nada, pero la capacidad de reflejos de los dirigentes de este teatro sigue dejando muchísimo que desear y, una vez más, pienso que no se ha estado a la altura. Creo que no costaba tanto haber hecho un concierto especial o, al menos, un acto más relevante de recuerdo y homenaje al maestro Maazel nada más conocerse la noticia de su fallecimiento.

Sí ha habido más reflejos, sin embargo, para anunciar por megafonía al comienzo del espectáculo que la función se dedicaba a la memoria de María José Anderica, una joven trabajadora del departamento de vestuario que falleció de forma inesperada y repentina el pasado fin de semana; si bien parece que esta dedicatoria no ha surgido de la dirección del teatro sino de la iniciativa de los propios trabajadores y compañeros de la fallecida.

Pero bueno, voy a ver si me centro en la crónica del espectáculo.

Pese a que este año, por fin, el precio de las localidades de los estrenos es el mismo que el del resto de funciones, se vieron otra vez demasiados huecos en el teatro. Los pisos 3 y 4 estaban casi vacíos y había butacas desocupadas en todas las zonas. E insisto en que un martes post puente festivo, no es la fecha más indicada para abrir una temporada operística si se quiere dar cierta relevancia al acontecimiento.

En el palco, sin ningún rubor, estaba la consellera de cultura María José Catalá, acompañada del ex director de CulturArts, Manuel Tomás, el imputado vicealcalde de Valencia, Alfonso Grau, el presidente de les Corts, Alejandro Font de Mora, y otros personajetes y carguillos de medio pelo.

Esta Manon Lescaut se tenía que haber representado hace ahora prácticamente un año, pero, como ya es suficientemente conocido, la caída de un trozo del trencadís de la cubierta del edificio y la injustificable decisión, de algún político que no quería perder su viaje navideño al Caribe, de cerrar el teatro unos meses, motivaron la suspensión de su representación, y finalmente se optó porque fuese la ópera que abriese la temporada 2014/2015 en el día de ayer, curiosamente con el edificio vestido ya con un impresionante andamiaje para proceder a las obras de reposición de la cubierta.

La producción presentada, del Teatro Regio de Parma, cuenta con la dirección escénica del británico Stephen Medcalf, de quien ya pudimos ver su versión de La flauta mágica en abril de 2013, y con la escenografía y vestuario de Jamie Vartan e iluminación de Simon Corder. La propuesta se caracteriza por una ambientación muy clásica, totalmente ajustada al libreto, con vestuario de época y abundancia de pelucas y encajes. La escenografía es escasa pero, en general, de gran eficacia visual.

Me pareció bastante conseguido el efecto tanto de la llegada de la diligencia en el primer acto, como del barco del tercero. Mas fallido encontré el cuarto acto, con un interesante trabajo de iluminación y un sorprendente efecto en la muerte de Manon, pero no me gustó ese desierto limitado a dos montoncillos de arena (que más bien parecían el rastro excremental de unos caballos), ni la discutible decisión de que veamos a Des Grieux pululando mientras Manon canta “sola, perduta, abbandonata”.

Tampoco acabo de entender la extendida manía, aquí también presente, de hacer que la acción se tenga que desarrollar sobre plataformas inclinadas, con el riesgo que conlleva de caídas para los intérpretes, sin que tampoco aporte absolutamente nada.

Los tres primeros actos comienzan con Des Grieux accediendo al escenario desde la platea, contemplando lo que ocurre, no sé si pretendiendo simbolizar un flash back del protagonista, pero al menos eso fue lo que yo interpreté.

Entre lo más positivo destacaría que la propuesta desvela un buen trabajo de dirección de actores, con un primer acto bastante bien resuelto, gracias también a un excelente rendimiento del coro. Y, aunque ya está bastante visto en otras producciones, los momentos de encuentro amoroso entre Des Grieux y Manon en el primer acto son subrayados con la congelación del resto de la acción escénica, lográndose un efecto visual impactante. También me gustó el comienzo del acto tercero, el más conseguido en mi opinión, con esos espejos aparecidos en el acto segundo y aquí convertidos en las celdas de las presas.

En resumen, pienso que se trata de una puesta en escena visualmente interesante, con buen trabajo de dirección y que, aunque no aporta nada especialmente relevante, sirve perfectamente al propósito de ambientar la acción de un libreto que de origen ya resulta bastante caótico.

En el foso, como ya he dicho antes, se encontraba Plácido Domingo al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Hablar de Domingo es uno de esos temas que suele levantar ampollas tanto si se alaba su trabajo como si se critica, así que una vez más me voy a limitar a dar mi particular e indocumentada opinión, reconociendo que yo mismo tengo sensaciones muy encontradas. Por una parte me alegra que se involucre de esta forma con nuestro teatro, y su presencia, tanto en el escenario como en el foso, es garantía de que pueda atraerse a artistas de cierta calidad, además de conllevar un importante tirón de público. Pero creo que es evidente que su labor como director de esta orquesta deja bastante que desear.

Y es que si algo se echó de menos fue precisamente una labor de dirección, de control del desarrollo musical de la obra. Hubo notables desajustes de coordinación entre foso y escenario, ante un Domingo que marcó poquísimas entradas y permanecía todo el tiempo con la cabeza metida en la partitura, como si fuese una pantalla en la que estuviesen retransmitiendo un partido del Real Madrid. Eso sí, hizo todas las paradinhas pertinentes para intentar que el público se arrancase a aplaudir.

Su lectura de esta página pucciniana estuvo además carente de alma. Fueron poquísimas las ocasiones en las que la emoción llegó a la platea y, lo que es peor, en las que la orquesta ofreció ese sonido suntuoso y mágico que le es habitual: apenas en el dúo del segundo acto (aunque a todo volumen tapando a los cantantes), en la segunda mitad del tercer acto y en el intermedio entre los actos segundo y tercero, si bien en esta ocasión con una lectura del mismo blanda y carente de matices.

Nada hay que reprochar a los solistas de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, con unos violines mágicos y una cuerda grave gloriosa, destacando las violas y el violonchelo de Rafal Jezierski; o unas excelentes intervenciones de Pierre Antoine Escoffier al oboe.

También debe alabarse especialmente, una vez más, el espléndido rendimiento del Cor de la Generalitat. Es de destacar su trabajo en una página tan complicada vocal y escénicamente como ese primer acto, sobre todo careciendo de un director en el foso que marcase entradas; imponente se mostró en el tercero y bellísima fue la intervención de las madrigalistas en el segundo, con una delicadeza que sí hizo brotar la emoción en la sala.

En el apartado solista reconozco que salí algo defraudado. Esperaba bastante más de la pareja protagonista y, aunque la cosa no fuese tampoco un desastre, no contribuyeron a caldear el gélido ambiente.

La uruguaya María José Siri tiene un instrumento de indudable valía, con una voz con cuerpo, muy homogénea y de bello timbre lírico. Fue claramente de menos a más. En el primer acto anduvo reservona y no resultaba muy creíble en el papel. Mejoró bastante en los siguientes, mostrándose poderosa en el registro agudo, aunque a veces se acusasen ciertas destemplanzas. Menos contundencia presentó en la zona grave, donde quedó inaudible en muchas intervenciones, pero al menos la voz mostró homogeneidad e incluso apuntó algunos reguladores y matices de bella factura. Lástima que tampoco consiguiera transmitir mucha emoción con su canto, y en “sola, perduta, abbandonata” más que “quiero morir” parece que estuviese diciendo “quiero otra de calamares, camarero, si me hace usted el favor”.

Menos me gustó el Des Grieux que compuso el portorriqueño Rafael Dávila. Todo su activo se fundamenta en un agudo luminoso y potente donde la voz brilla con suficiencia, pero el manejo del instrumento es tosco, con una línea de canto inexistente, el registro grave ausente y, sobre todo, si cuestionaba antes la expresividad de Siri, la de Dávila no supera a la de un salmonete congelado.

El Lescaut anunciado originariamente, Gabriele Viviani, parece que no llegó ni a pisar Valencia y, en su lugar, ha cantado el barítono del Centre de Perfeccionament, Germán Olvera. Es evidente que tiene camino todavía por recorrer. Le faltó contundencia vocal y en los ascensos al agudo recurrió a algún grito, forzando una voz que se le iba.

Estupendo, por el contrario, estuvo el Geronte elegido para la ocasión. Aunque pretendió engañarnos saliendo disfrazado de mamarracho, con peluca y floreadas medias y bailando minués, era el mismísimo Hunding de La Valquiria… El danés Stephen Milling volvió a dar una lección de poderío vocal que compenso su escasa italianitá.

Del Edmondo de Matthew Peña poco puedo decir, ya que con semejante técnica de emisión y al no tener mi entrada ubicada en su píloro no le oí ni una nota, aunque su comportamiento en escena fue positivo. Al igual que el de Mariam Battistelli, solista en el madrigal, que se movió con gracia y lució una bonita voz, pero con tendencia a desafinar.

Muy correctos el resto de comprimarios, entre los que destaco la breve, pero siempre eficaz, intervención del veterano Luigi Roni.

En una noche en la que hacía un frío para chuparse los dedos, las bajas temperaturas parecieron contagiarse a un público al que ni las paradinhas de Domingo conseguían arrancar más que algunos pocos aplausos. Al terminar la representación hubo tibias muestras de aprobación para todos los participantes, incluyendo la dirección escénica, pero sin mucho entusiasmo. Al final, Domingo prácticamente se quedó solo haciendo aspavientos saludadores mientras la platea casi se había vaciado.

Pese a todos los reparos que he hecho, pienso que no se debe desaprovechar la ocasión de acudir a disfrutar la música de Puccini en una función de ópera de buen nivel, con una orquesta y un coro que sobreviven a la batuta, y donde estoy convencido de que en futuras funciones se irá mejorando el engranaje general.

Voy a ir terminando porque, después de llevar tanto tiempo sin escribir, me estoy alargando demasiado, pero no quisiera finalizar sin mostrar hoy mi público reconocimiento a todos los trabajadores del Palau de les Arts. Que se siga pudiendo representar ópera de primer nivel, se debe también en gran medida a los que nunca salen a recibir aplausos. Y, ahora más que nunca, tiene un mérito increíble, tras haber padecido un ERE traumático que ha dejado sin empleo a algunos compañeros y ha obligado a los que se han quedado a hacer su trabajo y el de los que no están. Incluso en las circunstancias más penosas o tristes, como ha sido en este caso la muerte de María José Anderica.

Vaya desde aquí mi recuerdo para ella, mi condolencia para sus allegados y mi agradecimiento a todos los compañeros que con su esfuerzo diario hacen posible que este proyecto siga adelante.

lunes, 22 de septiembre de 2014

PREMIOS "HELGA DE ORO" 2014. LOS GANADORES


Un año más, y espero que no sea el último, los visitantes de este blog han votado lo que les ha parecido lo mejor y lo peor de la pasada temporada operística en el Palau de les Arts, y los premios Helga de Oro de la edición 2014 tienen ya destinatarios.

Como siempre hago, quiero ante todo agradeceros la participación a los que habéis pasado por aquí y habéis dejado vuestros votos en las diferentes categorías. Esta tontería que me inventé hace unos años no tiene más propósito que intentar ser un reflejo de lo que al público de Les Arts le haya gustado más en la temporada anterior.

La clara vencedora de este año ha sido la producción propia del Palau de les Arts de La forza del destino, que ha obtenido 5 de las 7 Helga de Oro, siendo las otras dos para La Valquiria, habiendo quedado sin premio producciones como La Traviata o L’italiana in Algeri, pese a contar con algunos aspectos muy reseñables.

Los premiados de este año han sido:

Helga de Oro 2014 a la mejor dirección escénica: Davide Livermore por La forza del destino

El trabajo del turinés Davide Livermore, en la producción del Palau de les Arts de La forza del destino que se ofreció en el Festival del Mediterrani, ha sido finalmente el vencedor en la categoría de mejor dirección escénica, con una propuesta de reducidos medios, pero muy eficaz, que trasladó la acción a los años de la Segunda Guerra Mundial con una estética y guiños cinéfilos, y que finalmente se ha impuesto a dos trabajos internacionalmente premiados como los de La Traviata y La Valquiria.
Davide Livermore (La forza del destino): 30 votos
Carlus Padrissa (La Valquiria): 23 votos
Willy Decker (La Traviata): 9 votos

Helga de Oro 2014 a la mejor dirección musical: Zubin Mehta por La forza del destino

Es la cuarta ocasión que el maestro Zubin Mehta obtiene este galardón al mejor director musical. Esta vez la única duda parecía estar en cuál de sus trabajos de este año iba a ser el que el público considerase como el más relevante, y finalmente ha sido su labor de batuta en La forza del destino la premiada con el 65% de los votos. Es una lástima que una vez más haya quedado sin premio el italiano Ottavio Dantone, quien nos regaló una L’italiana in Algeri más que meritoria.  
Zubin Mehta (La forza del destino):36 votos
Zubin Mehta (Turandot):20 votos
Ottavio Dantone (L’italiana in Algeri):5 votos

Helga de Oro 2014 al mejor tenor: Gregory Kunde (don Álvaro en La forza del destino)

Por segundo año consecutivo el premio al mejor tenor, como era fácil de presagiar, ha ido a manos del tenor norteamericano Gregory Kunde, quien, igual que ocurriese la vez anterior, ha acaparado una clara mayoría de los votos. El año pasado obtuvo el 90% y este el 86%. Y es que Kunde nos volvió a dejar a todos rendidos con un don Álvaro magnífico tanto vocal como escénicamente. Es una pena que finalmente no se hayan confirmado esos rumores que apuntaban a que el año próximo podríamos haberlo tenido de nuevo en nuestro teatro en Norma.
Gregory Kunde: 46 votos
Aquiles Machado: 5 votos
Jorge de León: 3 votos

Helga de Oro 2014 al mejor bajo/barítono: Stephen Milling (Hunding en La Valquiria)

He de reconocer que me satisface especialmente que el gran bajo danés Stephen Milling haya visto reconocido por los lectores del blog su habitual presencia en nuestro teatro siempre con un rendimiento óptimo, como también lo fue su fenomenal trabajo en La Valquiria. El papel de Hunding quizás no sea muy extenso, pero precisa de una voz que impresione y sepa transmitir toda la maldad del rol. En este caso tenía además el reto de que no se echase de menos a un gigante, en todos los sentidos, como Matti Salminen, quien asumió el papel años atrás en esta misma producción.
Stephen Milling: 37 votos
Simone Piazzola: 10 votos
Alexander Tsymbalyuk: 5 votos

Helga de Oro 2014 a la mejor soprano: Liudmila Monastirska (Leonora en La forza del destino)

No ha habido tampoco demasiada emoción en la categoría del premio a la mejor soprano, donde desde el inicio se destacó claramente la ucraniana Liudmila Monastirska, reconociéndose así el impacto que a muchos nos produjo una enorme voz verdiana de incuestionable belleza y poderío que, además, estuvo utilizada con un dominio técnico apabullante que le permitió regular intensidades y ofrecer algunos detalles bellísimos. Ha sido una pena que otra voz sensacional, como la de Sonya Yoncheva, haya quedado en un segundo plano. Ojalá todos los años nos encontrásemos con tener que dilucidar entre voces como estas.
Liudmila Monastirska: 39 votos
Sonya Yoncheva: 14 votos
Jennifer Wilson: 5 votos

Helga de Oro 2014 a la mejor mezzosoprano: Elisabeth Kulman (Fricka en La Valquiria)

Esta ha sido la única categoría en la que ha existido una dura pugna hasta los últimos minutos. Casi un triple empate entre las tres candidatas ha dominado toda la votación y, finalmente, ha sido la austriaca Elisabeth Kulman quien se ha impuesto por tan sólo dos votos de diferencia a la rusa Ekaterina Semenchuk y por tres a la valenciana Silvia Tro Santafé. A mí me gustó muchísimo la Fricka que nos brindó Kulman y espero que podamos contar con su presencia en otras producciones.
Elisabeth Kulman: 21 votos
Ekaterina Semenchuk: 19 votos
Silvia Tro Santafé: 18 votos

Helga de Oro 2014 al mejor espectáculo de la temporada: La forza del destino

No han existido demasiadas dudas a la hora de decidir cuál ha sido el espectáculo más redondo de los que pasaron por Les Arts la pasada temporada. Los votos empezaron repartiéndose entre La Valquiria y La forza del destino, pero esta última acabo por distanciarse en las votaciones, siendo la preferida para el 60% de los visitantes del blog. Una magnífica dirección musical de Zubin Mehta, la eficaz puesta en escena de Livermore y un reparto comandado por la pareja de lujo Kunde-Monastirska, configuraron una Forza del destino que permanecerá para siempre en el recuerdo de los aficionados valencianos.
La forza del destino: 34 votos
La Valquiria: 18 votos
Turandot: 9 votos

Helga Abucheadora 2014 a lo peor del año: Manuel Galduf (por la dirección musical de Maror)

Esta ha sido la categoría que menos participación ha cosechado, a lo mejor porque parte del público no quiere ser tan malo como yo destacando lo peor de la temporada, o quizás porque tampoco hubo muchos valientes que se chupasen la pésima Maror que se nos ofreció en abril. Sea como fuere, lo cierto es que los votantes han tenido clarísimo que el movimiento de palitroque, que no dirección musical, de Manuel Galduf en el foso de Les Arts, desgraciando la ópera de Manuel Palau, ha sido lo peor del año. Y yo añadiría que y de otros muchos.   
Manuel Galduf: 31 votos
Minerva Moliner: 13 votos
Ivan Magrì: 8 votos

Pues hasta aquí los premios de este año. Como siempre digo, espero que dentro de doce meses, más o menos, podamos seguir por aquí hablando de premiar lo bueno que nos ofrezca la temporada que se iniciará en diciembre. Gracias de nuevo a todos los que habéis participado.

domingo, 1 de junio de 2014

"LA FORZA DEL DESTINO" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 31/05/14

Enorme expectación anoche en el Palau de les Arts para asistir al estreno de La forza del destino, de Giuseppe Verdi, la ópera que abría el VII Festival del Mediterrani y que suponía el regreso al foso valenciano del maestro Zubin Mehta. El ambiente era el de las grandes noches, rozando el lleno, y se cumplieron todas las expectativas, con unos resultados artísticos sobresalientes que hicieron que acabara todo el teatro puesto en pie, absolutamente enardecido, ante una Forza que creo que, hoy por hoy, es difícilmente superable. Una noche mágica, sin duda, que, hasta a los más pesimistas, nos ha subido el ánimo bastantes enteros.

Especialmente emocionante resultó el recibimiento que el público tributó al maestro Mehta, brindándole un cerrada ovación con numerosos bravos nada más pisar el foso, en una evidente muestra de que el aficionado valenciano sabe apreciar y agradecer lo mucho que el director indio está haciendo para que en nuestra ciudad podamos seguir disfrutando de ópera de primera categoría. La intensidad de las ovaciones en cada salida de Mehta y que todo el público se pusiese en pie como movido por un resorte en cuanto se sumó a los saludos finales, era un claro grito de “maestro, no se vaya”.

Muchas caras conocidas en el patio de butacas, desde Joan Matabosch a María José Montiel. Y también nos alegró ver de nuevo al mando a la Intendente Helga Schmidt, quien parece encontrarse ya mejor tras el accidente que sufriese en Viena. En el palco nos obsequió con su presencia la Consellera de Cultura y recién nombrada nueva portavoz del gobierno valenciano, María José Catalá, a quien este nuevo cargo le va pintiparado, con lo que le gusta a esta señora figurar y darle al pico. La pena es que no haya aprovechado para dejar la cartera de Cultura en manos de alguien con más ganas e ideas para defender la ópera de calidad en Valencia de lo que ella hasta ahora ha demostrado.

45 minutos antes de iniciarse la representación tuvo lugar, por primera vez en el Palau de les Arts, una breve charla introductoria a la ópera, que corrió a cargo de Íñigo de Goñi, miembro de la Asociación Amics de l’Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana. Estas charlas se repetirán todos los días de función, tanto de La forza del destino como de Turandot, en la sala de espera ubicada en el vestíbulo principal. Ayer la sala se llenó en pocos minutos y hubo mucha gente que tuvo que quedarse fuera. Está previsto que, a partir de ahora, esta Asociación se encargue de ofrecer este servicio a los espectadores con entrada para las diferentes representaciones de la temporada.

Ante la ausencia de recursos económicos en Les Arts, para la dirección de escena se ha vuelto a apostar por encargar una producción propia a Davide Livermore, director artístico del Centre de Perfeccionament, y responsable de anteriores propuestas interesantes como las de La Bohème o el Otello del año pasado.

El resultado final de su trabajo creo que ha sido muy positivo. Y mucho más si valoramos que en este caso no se trata de una concepción genial de algún regista iluminado que cuenta con cheque en blanco, sino de una propuesta marcada por la necesidad de ahorrar recursos. Para ello, se ha contado con el vestuario de Mariana Fracasso, la iluminación de Antonio Castro y las videocreaciones de D-Wok S.R.L., así como con el intenso trabajo de todo el equipo del teatro, reciclándose y aprovechando material de otras producciones.

La escena se ha trasladado a los años de la Segunda Guerra Mundial con una estética claramente cinematográfica, con múltiples guiños cinéfilos. Nada más comenzar la obra, la obertura es acompañada por unas proyecciones que nos van adelantando lo que va a suceder a modo de tráiler fílmico, con muchas referencias al cine negro, pero también a algunos planos míticos de Eisenstein o del expresionismo alemán. Esta obsesión de los directores de escena por tener que “entretenernos” mientras suenan las oberturas, parece no tener solución.

Los pájaros de Alfred Hitchcock tiene un papel importante, con esos cuervos agrupándose en el tendido eléctrico anunciando el fatal destino, tanto en el primer acto antes de la muerte del Marqués de Calatrava, como en el duelo final entre don Álvaro y don Carlos.

La producción, en conjunto, creo que funciona bastante bien y la traslación temporal no molesta en absoluto. Desde el punto de vista estético me resultó enormemente sugerente, sobre todo gracias a un uso de la iluminación muy inteligente, aunque el abuso del color rojo para resaltar la maldad acabe por cansar.

Me parece muy de agradecer que la escenografía y los movimientos de los cantantes estén pensados para procurar que destaque el trabajo de estos, dando preeminencia a las voces, no a la egolatría del regista. No en vano Livermore fue cocinero antes que fraile, en este caso cantante antes que director escénico, y eso se nota. Eso sí, algunos cambios de escena fueron excesivamente largos y en el del tercer acto se improvisó un bochornoso concurso de toses estentóreas entre parte del público que, aunque parece que a algunos les hizo mucha gracia, a otros, incluido Mehta, no tanto.

También destacaría en el aspecto positivo, como suele ser habitual en las propuestas de Livermore, una trabajada dirección de actores y del movimiento escénico que, aunque haya cosas que gusten menos, como algunos bailecitos o las posturitas de los frailes al grito de maledizione!, denota seriedad, estudio y sentido del drama.

Es verdad que hubo algunas proyecciones que me parecieron grotescas, como las de los angelotes, pero en general consiguen un buen resultado, contribuyendo a resaltar ambientes y acentos psicológicos, siempre con esa reminiscencia cinematográfica presente.

Es inevitable que en toda transposición temporal de la puesta en escena de un libreto haya discordancias y anacronismos, pero en esta ocasión la cosa no chirriaba más que en momentos puntuales, como las referencias a carruajes o caballos o, sobre todo, esas espadas transformadas en pistolas.

Pese a todos los peros que se le quieran poner, lograr, con los reducidos medios de los que se disponía, unos resultados de este nivel, que superan con mucho el de costosas y horrorosas producciones, es merecedor de un fuerte aplauso como el que fue brindado ayer a Livermore y todo su equipo al finalizar la función.

Tras el martirio conceptual y de ejecución que supuso la dirección musical de Manuel Galduf en Maror, el regreso del maestro Mehta al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, nos ha despertado de aquella pesadilla que algunos parecen seguir empeñados en desear que sea el futuro que nos espere. El maestro Mehta nos ha devuelto el mágico sonido de nuestra orquesta, volviendo a hacer brotar la belleza y la emoción del foso valenciano.

Y es que si por algo se caracterizó la labor del director indio fue por, una vez más, lograr hacer brillar como nadie la orquesta, con un equilibrio extraordinario entre secciones y un control absoluto de cuanto ocurría en el foso y en escena. La Obertura fue dirigida con mano maestra, aunque yo eché de menos una pizca más de garra e intensidad, si bien a cambio se obtuvo un lirismo de muchos quilates. El pulso dramático no decayó en ningún momento y en los momentos más íntimos la belleza sonora se desplegaba con apabullante insolencia, como en el inolvidable y electrizante pianísimo de las cuerdas que puso el broche final a una noche en la que volvimos a reencontrarnos con la mejor versión de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Gracias, maestro Mehta.

Entre las intervenciones solistas, hay que destacar la magistral actuación de Joan Enric Lluna en el solo de clarinete introductorio al aria de don Álvaro con el que se inicia el tercer acto, donde, a su ya conocido virtuosismo en la ejecución, se unieron una sensibilidad y lirismo estremecedores. También tuvieron intervenciones muy destacadas el concertino, Serguéi Ostrovski, así como fagots, arpa y percusión.

El coro en esta obra se convierte en un protagonista más y adquiere una relevancia de primer orden. Y ayer el Cor de la Generalitat dio una de las más grandes lecciones de profesionalidad y dignidad artística que se han visto en este teatro. Posiblemente no haya sido la noche en que ha sonado más contundente y poderoso, pero obtuvo unos resultados magníficos, tanto en el apartado dramático, con una permanente actividad en escena, como en el vocal, y esto pese a no a haber dispuesto de los refuerzos que la obra requería, teniendo que hacer frente a una partitura de estas dimensiones con la plantilla que ha quedado tras el maldito ERE. Bravo, chicos y chicas

Es proverbial la dificultad de montar esta obra con garantías en el apartado vocal, porque realmente se precisa de unos cantantes de primer nivel, dispuestos a afrontar unas exigencias extremas. Y en este sentido ayer tuvimos la suerte de contar con una pareja protagonista inigualable, estratosférica, acompañada por otros intérpretes de muy buen nivel y absolutamente entregados.

Comentaba ayer junto a un amigo que tenemos la firme convicción de que Gregory Kunde es extraterrestre. Si el año pasado ya nos dejó absolutamente anonadados con su espectacular Otello, lo de ayer nos convenció definitivamente de que, o no es de este planeta, o este tipo se dopa. No sé si se meterá placenta de yegua o se tomará la pócima dominguina de Plácido, pero esto no es normal. Anoche se paseó por el terrorífico papel de don Álvaro con una (aparente) facilidad insultante y una belleza canora incontestable.

A sus 60 años cumplidos, el tenor norteamericano sigue luciendo un timbre deslumbrante y apenas aparecieron fugazmente síntomas de cansancio. Sus agudos continúan siendo cañonazos, bien colocados, timbrados, luminosos y ricos en color. Pero no sólo nos conquisto luciendo poderío en el agudo. En el dúo solenne in quest’ora matizó y recogió la voz con una sensibilidad mayúscula. Cuajó un recitativo La vita e inferno all'infelice, intenso y sentido, y la subsiguiente aria del tercer acto, O tu che seno agli angeli, fue majestuosa, desplegando un lirismo apabullante, con una elegante línea, heredera de la mejor técnica belcantista. La ovación al finalizar el aria fue larguísima (Nucci hubiese bisado tres vendettas). Además, su entrega dramática en todo momento fue soberbia y pude ver con mis prismáticos como en la última escena, mientras Leonora moría en sus brazos, las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Pero si Kunde nos dejó boquiabiertos, Liudmila Monastirska acabó de desencajar nuestra mandíbula, ofreciéndonos una extraordinaria Donna Leonora. Desde luego, si algo no admite discusión es el poderío vocal de la cantante ucraniana. Un auténtico tsunami sonoro que hace que se estremezcan los cimientos del edificio de Calatrava (el arquitectillo, no el marqués). Pero esa tremenda fuerza vocal no impide que adorne su canto con un gusto exquisito y algunos detalles preciosos, consiguiendo hilvanar unas medias voces de muy bella factura. Obviamente en esta faceta no consigue la perfección y delicadeza de, por ejemplo, Agresta, pero domar de esta manera ese vozarrón es muy meritorio. También la afinación se puede resentir puntualmente, pero el resultado final fue de una inmensa belleza e intensidad dramática.

Otro de sus puntos débiles es su ininteligible pronunciación italiana, aunque, sin embargo, su sentido del canto verdiano es espléndido. Las medias voces mostradas en la vergine degli angeli y el dominio técnico, capacidad expresiva y variedad de matices del aria Pace, pace mio Dio, en la que supo colorear todas las emociones y cambios de ánimo de la página, junto a la fuerza e intensidad que derrochó toda la velada, llevaron a su Leonora a obtener un triunfo sin paliativos.

El joven barítono italiano Simone Piazzola juega en otra división. Indudablemente su don Carlo es digno de aplauso, pero ya en la liga de los terrenales. Posiblemente se haya topado con un rol demasiado dramático y yo le encontré más cómodo como Germont en la Traviata que inauguró la temporada, aunque hay que reconocer que sacó adelante la prueba con éxito. Parecía un poco reservón al comienzo y a la voz le falta un mayor peso y mejor técnica de emisión, pero en la segunda mitad de la obra es donde tiene que lucirse y al menos consiguió no desentonar demasiado en sus dúos con el marciano Kunde. Su exclamación finalmente! en el duelo fue un derroche de fiato y poderío. Como actor no es precisamente Laurence Olivier, pero no se le puede negar su entrega y buenas intenciones.

La mezzosoprano Ekaterina Semenchuk tuvo que hacer frente a uno de los papeles más ingratos de la historia de la ópera, como es el de Preziosilla. Ingrato, porque hay pocas personas que no acaben odiando toda la escena del Rataplán, auténtico ejemplo de cómo quebrar la intensidad dramática de una obra, y además de eso el rol se mueve por terrenos bastante agudos para una mezzo, pero la cantante rusa supo sacar adelante la papeleta aceptablemente bien en la vertiente vocal y destacando en el apartado interpretativo.

El bajo danés Stephen Milling interpretó al Padre Guardiano con tremenda solvencia y una incontestable contundencia en el registro grave, aunque mostrase algún apuro en la zona alta de la tesitura.

El papel de Fra Melitone fue interpretado por Roberto de Candia, después de que cayese del cartel el anunciado Valeriano Lanchas, quien parece que no habría cumplido las expectativas del maestro Mehta. De Candia llevó a cabo una correcta actuación en la que se echó a faltar un mayor punto de comicidad y desenvoltura escénica.

En los papeles menores, volvió a destacar la bella voz de Mario Cerdá, esta vez como Trabuco. También estuvieron muy correctos In-Sung Sim como Marqués de Calatrava, Cristina Alunno (Curra),  Aldo Heo  (Cirujano) y Ventseslav Anastasov en el papel de Alcalde.

El público, que llenaba prácticamente por completo la sala principal de Les Arts, premió con largos aplausos las principales intervenciones de los protagonistas a lo largo de la obra y, al acabar ésta, la locura colectiva se adueñó del teatro, con apoteósicas ovaciones y torrente de bravos para Gregory Kunde, Monastirska y el maestro Mehta, quien, como he dicho antes, pudo ver como toda la platea se ponía en pie braveándole al subir al escenario.

Esta ópera, que tiene fama de gafe, ayer no se olvidó tampoco de hacer de las suyas, y parece que uno de los miembros del coro sufrió un accidente al caer por uno de los huecos que simulaban ser trincheras. Afortunadamente las últimas informaciones apuntaban a que el incidente no ha tenido graves consecuencias y desde aquí le mando al afectado todo mi ánimo y apoyo, y espero que se recupere cuanto antes.

Señora Catalá, espero que haya tomado usted nota de lo acaecido anoche. Yo, desde luego, no confío nada en su sensibilidad musical, pero creo que hasta su oreja se debió dar cuenta de la gran diferencia que hay entre los experimentos culturartsistas de cuota valenciana y el Espectáculo Operístico, con mayúsculas, como el que se vivió ayer.

Por si acaso, los aficionados tenemos que seguir peleando con todos los medios a nuestro alcance para impedir que la necedad y pueblerinismo de algunos/as echen a perder todo esto cometiendo un crimen irreversible contra nuestro patrimonio cultural. De momento, tenemos la obligación de llenar el teatro todos los días para apoyar al maestro Mehta, a nuestra orquesta y coro, y a unos artistas de primer nivel. Y encima disfrutar como locos…