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lunes, 22 de septiembre de 2014

PREMIOS "HELGA DE ORO" 2014. LOS GANADORES


Un año más, y espero que no sea el último, los visitantes de este blog han votado lo que les ha parecido lo mejor y lo peor de la pasada temporada operística en el Palau de les Arts, y los premios Helga de Oro de la edición 2014 tienen ya destinatarios.

Como siempre hago, quiero ante todo agradeceros la participación a los que habéis pasado por aquí y habéis dejado vuestros votos en las diferentes categorías. Esta tontería que me inventé hace unos años no tiene más propósito que intentar ser un reflejo de lo que al público de Les Arts le haya gustado más en la temporada anterior.

La clara vencedora de este año ha sido la producción propia del Palau de les Arts de La forza del destino, que ha obtenido 5 de las 7 Helga de Oro, siendo las otras dos para La Valquiria, habiendo quedado sin premio producciones como La Traviata o L’italiana in Algeri, pese a contar con algunos aspectos muy reseñables.

Los premiados de este año han sido:

Helga de Oro 2014 a la mejor dirección escénica: Davide Livermore por La forza del destino

El trabajo del turinés Davide Livermore, en la producción del Palau de les Arts de La forza del destino que se ofreció en el Festival del Mediterrani, ha sido finalmente el vencedor en la categoría de mejor dirección escénica, con una propuesta de reducidos medios, pero muy eficaz, que trasladó la acción a los años de la Segunda Guerra Mundial con una estética y guiños cinéfilos, y que finalmente se ha impuesto a dos trabajos internacionalmente premiados como los de La Traviata y La Valquiria.
Davide Livermore (La forza del destino): 30 votos
Carlus Padrissa (La Valquiria): 23 votos
Willy Decker (La Traviata): 9 votos

Helga de Oro 2014 a la mejor dirección musical: Zubin Mehta por La forza del destino

Es la cuarta ocasión que el maestro Zubin Mehta obtiene este galardón al mejor director musical. Esta vez la única duda parecía estar en cuál de sus trabajos de este año iba a ser el que el público considerase como el más relevante, y finalmente ha sido su labor de batuta en La forza del destino la premiada con el 65% de los votos. Es una lástima que una vez más haya quedado sin premio el italiano Ottavio Dantone, quien nos regaló una L’italiana in Algeri más que meritoria.  
Zubin Mehta (La forza del destino):36 votos
Zubin Mehta (Turandot):20 votos
Ottavio Dantone (L’italiana in Algeri):5 votos

Helga de Oro 2014 al mejor tenor: Gregory Kunde (don Álvaro en La forza del destino)

Por segundo año consecutivo el premio al mejor tenor, como era fácil de presagiar, ha ido a manos del tenor norteamericano Gregory Kunde, quien, igual que ocurriese la vez anterior, ha acaparado una clara mayoría de los votos. El año pasado obtuvo el 90% y este el 86%. Y es que Kunde nos volvió a dejar a todos rendidos con un don Álvaro magnífico tanto vocal como escénicamente. Es una pena que finalmente no se hayan confirmado esos rumores que apuntaban a que el año próximo podríamos haberlo tenido de nuevo en nuestro teatro en Norma.
Gregory Kunde: 46 votos
Aquiles Machado: 5 votos
Jorge de León: 3 votos

Helga de Oro 2014 al mejor bajo/barítono: Stephen Milling (Hunding en La Valquiria)

He de reconocer que me satisface especialmente que el gran bajo danés Stephen Milling haya visto reconocido por los lectores del blog su habitual presencia en nuestro teatro siempre con un rendimiento óptimo, como también lo fue su fenomenal trabajo en La Valquiria. El papel de Hunding quizás no sea muy extenso, pero precisa de una voz que impresione y sepa transmitir toda la maldad del rol. En este caso tenía además el reto de que no se echase de menos a un gigante, en todos los sentidos, como Matti Salminen, quien asumió el papel años atrás en esta misma producción.
Stephen Milling: 37 votos
Simone Piazzola: 10 votos
Alexander Tsymbalyuk: 5 votos

Helga de Oro 2014 a la mejor soprano: Liudmila Monastirska (Leonora en La forza del destino)

No ha habido tampoco demasiada emoción en la categoría del premio a la mejor soprano, donde desde el inicio se destacó claramente la ucraniana Liudmila Monastirska, reconociéndose así el impacto que a muchos nos produjo una enorme voz verdiana de incuestionable belleza y poderío que, además, estuvo utilizada con un dominio técnico apabullante que le permitió regular intensidades y ofrecer algunos detalles bellísimos. Ha sido una pena que otra voz sensacional, como la de Sonya Yoncheva, haya quedado en un segundo plano. Ojalá todos los años nos encontrásemos con tener que dilucidar entre voces como estas.
Liudmila Monastirska: 39 votos
Sonya Yoncheva: 14 votos
Jennifer Wilson: 5 votos

Helga de Oro 2014 a la mejor mezzosoprano: Elisabeth Kulman (Fricka en La Valquiria)

Esta ha sido la única categoría en la que ha existido una dura pugna hasta los últimos minutos. Casi un triple empate entre las tres candidatas ha dominado toda la votación y, finalmente, ha sido la austriaca Elisabeth Kulman quien se ha impuesto por tan sólo dos votos de diferencia a la rusa Ekaterina Semenchuk y por tres a la valenciana Silvia Tro Santafé. A mí me gustó muchísimo la Fricka que nos brindó Kulman y espero que podamos contar con su presencia en otras producciones.
Elisabeth Kulman: 21 votos
Ekaterina Semenchuk: 19 votos
Silvia Tro Santafé: 18 votos

Helga de Oro 2014 al mejor espectáculo de la temporada: La forza del destino

No han existido demasiadas dudas a la hora de decidir cuál ha sido el espectáculo más redondo de los que pasaron por Les Arts la pasada temporada. Los votos empezaron repartiéndose entre La Valquiria y La forza del destino, pero esta última acabo por distanciarse en las votaciones, siendo la preferida para el 60% de los visitantes del blog. Una magnífica dirección musical de Zubin Mehta, la eficaz puesta en escena de Livermore y un reparto comandado por la pareja de lujo Kunde-Monastirska, configuraron una Forza del destino que permanecerá para siempre en el recuerdo de los aficionados valencianos.
La forza del destino: 34 votos
La Valquiria: 18 votos
Turandot: 9 votos

Helga Abucheadora 2014 a lo peor del año: Manuel Galduf (por la dirección musical de Maror)

Esta ha sido la categoría que menos participación ha cosechado, a lo mejor porque parte del público no quiere ser tan malo como yo destacando lo peor de la temporada, o quizás porque tampoco hubo muchos valientes que se chupasen la pésima Maror que se nos ofreció en abril. Sea como fuere, lo cierto es que los votantes han tenido clarísimo que el movimiento de palitroque, que no dirección musical, de Manuel Galduf en el foso de Les Arts, desgraciando la ópera de Manuel Palau, ha sido lo peor del año. Y yo añadiría que y de otros muchos.   
Manuel Galduf: 31 votos
Minerva Moliner: 13 votos
Ivan Magrì: 8 votos

Pues hasta aquí los premios de este año. Como siempre digo, espero que dentro de doce meses, más o menos, podamos seguir por aquí hablando de premiar lo bueno que nos ofrezca la temporada que se iniciará en diciembre. Gracias de nuevo a todos los que habéis participado.

lunes, 4 de noviembre de 2013

"LA VALQUIRIA" (Richard Wagner) - Palau de les Arts - 03/11/13


Anoche tuvo lugar el estreno de la segunda ópera de esta temporada en el Palau de les Arts. Todo un plato fuerte. Nada menos que “La Valquiria”, de Richard Wagner, en la premiada coproducción del teatro valenciano con el Maggio Musicale Fiorentino que ya pudimos ver aquí en 2007 y en los dos Anillos de 2009.

Inicialmente estaba previsto que esta temporada se hubiese inaugurado precisamente con una nueva reposición del ciclo de El Anillo del Nibelungo completo, pero las estrecheces económicas han motivado que hayamos tenido que conformarnos únicamente con la segunda de las óperas del ciclo. No obstante, gracias a aquella previsión inicial y a que el maestro Zubin Mehta había reservado fechas en su agenda para haber dirigido aquí la tetralogía, hemos podido disfrutar de su batuta en las dos primeras óperas de la temporada, “La Traviata” y “La Valquiria”, con sendos homenajes a Verdi y Wagner en el año en que se conmemora el bicentenario del nacimiento de estos dos compositores, y en ambos casos con unos resultados musicales magníficos.

Existía gran curiosidad entre los aficionados por comprobar si, tras los incidentes acaecidos en el estreno de “La Traviata” con la sustitución del tenor Ivan Magrì en plena representación por Nikolai Schukoff, en esta ocasión nos esperaba alguna otra sorpresa, como que apareciese cualquiera de los seis tenores anunciados hasta ahora en Traviata en casa de Hunding conquistando a Sieglinde; o que saliese alguna de las dos Violetta entonando los guerreros “Hojotoho” reservados a Brünnhilde. Pero, afortunadamente, esta vez transcurrió todo sobre el escenario sin artistas invitados.

Donde también hubo pocos invitados esta vez fue en los palcos reservados a autoridades. Si en el estreno de “La Traviata” pudimos ver a un aburrido President de la Generalitat con una corte considerable de compañeros de desgobierno y pelotas varios, esta vez la presencia de politiquillos locales fue mínima. Se ve que Wagner les da miedo. No sé si es que les recordará a la Merkel o que, como decía Woody Allen, no quieren que les entren ganas de invadir Polonia y llenar Varsovia de puentes de Calatrava.

Pero bueno, entrando ya en el análisis concreto de lo acaecido, empezaré por decir que el resultado final de conjunto me pareció espléndido y, aunque ahora pueda entrar a criticar algunos aspectos concretos, quiero dejar claro que salí enormemente satisfecho del teatro y, pese a que haya cosas mejorables, ya quisieran, por ejemplo en Bayreuth, contar con un nivel así ahora mismo.

La dirección de escena ya conocida de Carlus Padrissa y La Fura dels Baus presenta los defectos y virtudes comentados en su momento. Entre los primeros, el exceso de gente en ocasiones trajinando en el escenario, los ruidos que se producen y una dirección de actores más bien pobre, centrándolo prácticamente todo en el impacto visual de la propuesta. Pero claro, esta fuerza visual es tan grande que, sobre todo en las dos primeras óperas del ciclo que se prestan más a ello, se compensan aquellos puntos flacos.

Sin embargo, de toda la tetralogía es esta la entrega en la que el trabajo furero es más comedido, llegando en algún pasaje, como el monólogo de Wotan, al minimalismo puro, lo cual creo que es un acierto pues concentra el interés donde se debe. No deja de ser en cualquier caso una lectura muy clásica, perfectamente ajustada al libreto y en perfecta consonancia con los sonidos surgidos del foso.

Siguen pareciéndome muy interesantes algunos detalles, como la evolución del personaje de Sieglinde, a quien Siegmund no sólo enamora, sino que además la humaniza, ayudando a que camine erguida; o el impactante comienzo del tercer acto; así como el simbolismo de Wotan-sol y Fricka-luna.
Anoche, en el momento en el que Siegmund extrae la espada del fresno o se despistó el director de escena en sus instrucciones o el propio Nikolai Schukoff, pero el caso es que sacó la espada a la carrera, sin el mínimo esfuerzo, como si la cogiese de un mostrador de El Corte Inglés.

Como ya ocurriese en su día, lo que menos me gusta de esta producción es el vestuario de Chu Oroz. Me sigue pareciendo horroroso.

Pero lo más grande de la noche, a mi juicio, tuvo lugar en el foso. La Orquesta de la Comunitat Valenciana, dirigida por el maestro Zubin Mehta, se convirtió en protagonista absoluta de la velada, con unos sonidos maravillosos que hicieron justicia a la genial partitura de Richard Wagner.

La versión ofrecida por Mehta es mucho más lírica que dramática y comenzó con un primer acto en el que ralentizó los tempi y se recreó quizás demasiado en esa vertiente lírica, dejando un poco abandonada la garra y fuerza que también deben estar presentes, llegando al límite mismo de dejar que el motor se calase y decayese la tensión. En los siguientes dos actos, sin embargo, disfrutamos de una lectura más fluida e intensa, con un dominio magistral de la técnica de batuta al servicio del drama escénico, en la que la precisión, la transparencia y la claridad se impusieron definitivamente.

Cuidó muchísimo a los cantantes. En ocasiones en exceso, pero es que las limitaciones de algunos, especialmente de Wotan, obligaban a bajar considerablemente el volumen de la orquesta si se pretendía que se le escuchara en algunos momentos, y aun así varias veces quedaron tapados.

En cualquier caso, el maestro Mehta extrajo de la orquesta todo su potencial, que es mucho, logrando unos sonidos de enorme belleza y haciéndose visibles muchos detalles de orquestación que normalmente pasan inadvertidos. Yo no recordaba una versión de La Valquiria donde las maderas tuviesen tal protagonismo. Los fagots estuvieron inspiradísimos toda la noche y las intervenciones solistas de Joan Enric Lluna al clarinete y Cristopher Bouwman en el oboe, fueron de ensueño. Toda la sección de cuerda fue seda pura, debiéndose destacar el papel de la cuerda grave desde el primer compás de la obra hasta el final, con unos contrabajos de lujo y una belleza en los cellos, comandados por Guiorgui Anichenko, difícil de olvidar. También la percusión estuvo sobresaliente. En los metales, trombones y trompetas en concreto, se apreciaron algunos pequeños problemas que no merecen ni reseñarse ante las exigencias de la partitura.

Muy bonito el detalle final del maestro, que espero que no suene a despedida, de subir con toda la orquesta al escenario. Fueron los grandes protagonistas de la velada y merecían este reconocimiento.

En cuanto a los cantantes, del Wotan de Thomas Johannes Mayer me habían hablado regular y, desgraciadamente, mi impresión tras escucharle no es mucho mejor. Pese a lo cual, he de reconocer que en el largo monólogo de Wotan del acto II, que es la prueba del algodón para cualquier cantante que pretenda asumir el rol, la variedad del fraseo y los acentos de Mayer fueron notables. Como también fue muy destacable su matización y las frases ligadas en “Der Augen leuchtendes Paar". Pero su voz me parece insuficiente para el personaje, careciendo del peso y autoridad requeridos en la zona grave y central, y sobre todo de volumen, forzando la emisión y llegando extenuado a los adioses.

En el primer “Leb wohl” Mayer entró a destiempo y luego tuvo que ir a la carrera para no perder a la orquesta, y en la invocación a Loge la voz estaba ya a punto de quebrarse. No me gustó nada su intervención en la muerte de Hunding, donde, lo que debe ser apenas un golpe de aliento y desprecio con el que el dios fulmina a aquél, se convirtió en un chillido que intuyo que hizo fenecer a Hunding del susto más que nada. Pese a todo, la actuación del barítono alemán fue digna y llena de entrega, y comparado con el Wotan que cantó en Bayreuth este verano, este hombre es Hans Hotter.

Jennifer Wilson nos asombró a muchos con su Brühnnilde en sus primeras visitas a Les Arts, con un instrumento privilegiado y unos agudos potentes, luminosos y precisos. El tiempo ha pasado y el brillo deslumbrante en la zona alta ya no es el mismo, mostrando algunos puntuales apuros con algún chillido un tanto feo. Sin embargo, a cambio, ha ensanchado más la voz y ha ganado  en autoridad y expresividad. A mí me sigue gustando mucho esta Brühnnilde.

Nikolai Schukoff, ya regresado de París después de haber conquistado a Violetta  desde el atril en el estreno de La Traviata, compuso un buen Siegmund, mostrando una voz grande y firme, con mordiente, que superaba casi siempre cómodamente la ingente orquesta wagneriana y con algunos momentos en que se preocupó de regular y matizar. Pero nos encontramos con un problema habitual en el repertorio wagneriano actual, el cantante austriaco no es un tenor heroico o heldentenor, sino un tenor lírico valiente y su voz no es homogénea. En la parte superior del registro no acaba de alcanzar el brillo que requiere un Siegmund, y en zonas centrales y graves parece querer dotarla artificialmente de una anchura que no tiene. Algo con lo que debería tener cuidado pues posiblemente esté forzando en exceso el instrumento y eso se acaba pagando.

La norteamericana Heidi Melton, a quien no había escuchado anteriormente, tiene una voz fresca y luminosa, de bello timbre, con un registro agudo solvente, y compuso una Sieglinde casi irreprochable, aunque no consiguió electrizar al público en sus intervenciones, faltándole algo más de garra y pasión en el fraseo. O quizás fuese que teníamos todavía muy reciente el huracán arrebatado que fue Eva María Westbroek en 2009. No obstante, me gustó bastante más en su intervención del tercer acto, donde la encontré mucho más expresiva.

Aunque también parecía difícil poder olvidar el impresionante, malvado y profundo Hunding que ofreciese en su día el gran Matti Salminen, Stephen Milling logró sacar adelante el reto con enorme suficiencia. Su voz de auténtico bajo se mostró imponente y amedrentadora, su fraseo muy cuidado, y su actuación escénica fue magnífica, salvo en el momento de la muerte, donde parecía más preocupado en colocarse bien y no partirse la crisma que en expirar.

La interpretación que más agradablemente me sorprendió fue, curiosamente, la del antipático personaje de Fricka, a cargo de la austriaca Elisabeth Kulman que culminó una actuación excelente, con una bella voz aterciopelada y potente, y sabiendo imprimir al personaje la autoridad que requiere, derrochando expresividad con un fraseo de acentos intensos.

En las Valquirias Bernadette Flaitz, Julia Borchert, Pilar Vázquez, Nadine Weissmann, Eugenia Bethencourt, Julia Rutigliano, Patrizia Scivoletto y Gemma Coma-Alabert hubo un poco de todo, pero en términos generales estuvieron muy correctas.

Frente al lleno prácticamente completo que caracterizó el estreno de “La Traviata”, ayer había demasiados huecos. La platea superaba por poco los tres cuartos de aforo, pero los pisos superiores estaban con muchísimos asientos vacíos. Hubo también algunas deserciones en los intermedios, pero los que se quedaron ovacionaron como se merecía a todos los intervinientes en el espectáculo, especialmente a Mehta y a la orquesta. Por parte de la dirección de escena no salió ningún miembro de La Fura dels Baus, sino Allex Aguilera, perteneciente a la plantilla de Les Arts y encargado de la dirección de esta reposición, recibiendo también los aplausos del público.

Hay todavía muchas localidades disponibles para las siguientes tres funciones de “La Valquiria”. Parece que la mención de la palabra Wagner y la larga duración de sus óperas sigue asustando a una gran parte de los aficionados, y es una lástima, porque el espectáculo vale la pena y es una excelente manera, tanto para acercarse a la producción del genial compositor alemán, como, sobre todo, para disfrutar de nuestra orquesta, que en pocas obras podrá sonar mejor que en esta y que no sabemos lo que nos va a durar tal y como están las cosas.

Aunque si cualquier ser racional con orejas, de quien pudiese depender poner los medios necesarios para el mantenimiento de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, estaba presente, no debería ser preciso plantear ningún otro argumento para convencerle. El problema es que encontrar seres racionales entre quienes nos gobiernan es casi más complicado que hallar un cover para Alfredo en Les Arts.