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domingo, 19 de enero de 2014

"COME AWAY, DEATH"

Muerte y Vida – Gustav Klimt – 1916 – Colección del Dr. Rudolph Leopold - Viena

La incertidumbre sigue envolviendo el futuro del Palau de les Arts (además de la red de protección con la que están cubriendo el edificio) y todos los días surgen nuevas noticias en este tétrico sainete que está viviendo la ópera en Valencia estos últimos meses.

Algunas informaciones aparecen rebosantes de falsa euforia propagandística, como la venta que está haciendo la Generalitat del hecho de que Pepe Gotera Calatrava y sus boys hayan accedido a correr con los gastos de la reparación de la millonaria chapuza; otras rezuman populismo pueblerino y barato, como esa voluntad manifestada por la Consellera Catalá de que el próximo director musical de Les Arts y titular de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, tenga que ser necesariamente valenciano y joven (sólo le ha faltado añadir: y buen mozo y de Torrent); y alguna otra, que posiblemente sea más responsabilidad de Plácido Domingo que de la tropa culturartsista, pero que alcanza tal nivel de surrealismo que, o uno se lo toma a broma, o se deprime para siempre, como el anuncio de que la Manon Lescaut que no va a poder representarse en la fecha prevista, será grabada en CD con Domingo dirigiendo la orquesta y Andrea Bocelli como Des Grieux… En cuanto se entere Francisco, se apunta a estrenarla en otoño, con María Abradelo de protagonista.

Respecto a la reapertura del teatro y la reanudación de la temporada, todo indica que podría normalizarse la situación para el estreno de L’Italiana in Algeri, el 23 de febrero, pero, tal y como están las cosas, aquí seguro no hay nada. Y en cuanto a las perspectivas de futuro, si Bocelli y los directores jóvenes valencianos impuestos por decreto ley son una pista, apañados vamos.

De todas formas, con el poco tiempo del que dispongo últimamente para alimentar algo el blog, me apetece muy poco dedicar este espacio a tener que comentar las desgracias que nos asolan, y casi prefiero compartir un poco de música.

La última entrada que hice estaba dedicada a la noche de reyes, y hoy voy a volver a hablar de una Noche de Reyes, aunque en este caso se trata de la comedia del mismo título (bueno, en realidad el título original es Twelfth Night) escrita por William Shakespeare. Y es que, precisamente a esa obra, en concreto a la escena 4 del acto II, pertenecen los versos de la canción Come away, death, que canta el personaje de Feste y es la que quería que protagonizase hoy el blog.

Ya en alguna ocasión he comentado las versiones que diferentes compositores han hecho de un mismo texto. Y de eso va también hoy la cosa. Estos versos de Shakespeare no es que sean precisamente la alegría de la huerta, pero las adaptaciones musicales que se han hecho de los mismos me parecen realmente interesantes.

Aléjate, aléjate, muerte,
y bajo un lúgubre ciprés déjame yacer;
vuela lejos, vuela lejos, aliento;
una cruel dama me está asesinando.
Mi mortaja blanca, clavada con tejo
¡Oh, prepararla!
Mi sentido de la muerte, nadie lo compartía
con tanta verdad.
Ni una flor, ni una sola delicada flor,
se esparza en mi oscuro féretro;
ni un solo amigo, que ningún amigo acoja
mi mísero cadáver, en dónde mis huesos serán arrojados.
Mil, mil suspiros que ahorrarse.
Dejadme, oh donde
ningún triste amante pueda encontrar mi sepultura,
¡para sollozar sobre ella!

Han sido numerosos los músicos, especialmente ingleses, que se han inspirado en estos versos para componer una canción. Hoy os propongo escuchar a tres de ellos.

A algunas canciones del inglés Roger Quilter (1877-1953), interpretadas por Kathleen Ferrier, ya les dediqué en su día un post. Quilter es hoy conocido fundamentalmente por su repertorio de canciones, de las que llegó a escribir más de un centenar, alcanzando gran popularidad entre el público gracias a las emisiones radiofónicas. La crítica y algunos colegas no fueron tan amables con él, pues su música fue tildada de folklórica y sujeta a cánones pasados de moda, en unos años en los que las vanguardias caminaban claramente por derroteros mucho más innovadores.

Come away, death es la primera de las canciones que integran su opus 6, Three Shakespeare Songs (1905), constituyendo la primera composición que hizo Quilter basada en textos de William Shakespeare, aunque luego vendrían muchas más. Podemos escuchar esta hermosa canción de Quilter en la, siempre elegante, versión del tenor Ian Bostridge, acompañado al piano por Julius Drake:



Tampoco es la primera vez que visita el blog Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), un compositor por el que tengo debilidad, tanto en el campo de las bandas sonoras, como de la creación operística o en sus incursiones en el terreno del lied. Al igual que Quilter, Korngold también fue cuestionado por componer siguiendo unos cánones melódicos que se consideraban demasiado clásicos en la Viena de comienzos del siglo XX.

En 1929 trabó amistad con el escenógrafo Max Reinhardt quien le convenció para que, cinco años después, se trasladase a Hollywood, donde se encargaría de la banda sonora de El sueño de una noche de verano, película que dirigió Reinhardt junto a William Dieterle. En los años siguientes realizó esporádicas visitas a Europa, pero, ante la convulsa situación política que se vivía en Austria tras la anexión alemana, y dada su condición de judío, decidió permanecer trabajando en Estados Unidos, donde se centró en la composición de música para el cine, a excepción de alguna colección de lieder. Entre ellas está el ciclo Songs of the clown, su opus 29, integrado por cinco lieder que recogen los textos que canta el personaje de Feste en la Noche de Reyes de Shakespeare, siendo el primero de ellos Come away, death.

Aquí podemos escuchar la lectura que hace Korngold de Come away, death, en la voz de la mezzosoprano Angelika Kirchschlager acompañada al piano por Helmut Deutsch:


video de MrRobuso

Yo conocí al compositor inglés Gerald Finzi (1901-1956) gracias a una entrada que le dedicó Titus en su blog y a un CD que me hizo llegar con una grabación de varias de sus obras y que desde entonces escuchó con asiduidad. Como no podía ser de otro modo, también a Finzi le reprocharon que su obra se moviera dentro de unas líneas clásicas que se consideraban anticuadas. Comenzó a despuntar en el panorama musical de su país a raíz de la composición de una pequeña obra orquestal, A Severn Rhapsody (1923), demostrando que prefería seguir la estela de compositores como Parry, Elgar o Vaughan Williams, con partituras de carácter pastoril y amablemente melódicas, que aventurándose en propuestas más innovadoras y arriesgadas.

Su maestría en la composición de canciones hoy no se discute y la belleza de sus creaciones le ha colocado en el lugar que siempre mereció. Entre sus piezas más conocidas se encuentra el ciclo Let us garlands bring, en el que reúne cinco canciones sobre textos de William Shakespeare que compuso entre 1929 y 1942. La primera de ellas es Come away, death, posiblemente la más popular de todas, y con la que finalizo esta entrada de hoy animándoos a que dediquéis cuatro minutejos a escuchar esta exquisita muestra del buen hacer de Finzi, con la voz del barítono galés Bryn Terfel acompañado por el piano de Malcolm Martineau:


video de Paula Swafford

lunes, 18 de marzo de 2013

RUISEÑORES CONTRA PETARDOS

"El ruiseñor está cantando" - Mikhail Nesterov - 1918

Son ya demasiados días de fiestas falleras. Ya sé que están a punto de acabar, pero me estoy empezando a dar miedo a mí mismo, porque cada vez me deleito más fantaseando con mi imagen, metralleta en mano, convertido en un nuevo Michael Douglas en “Un día de furia”.
 
Respeto muchísimo a los que se lo están pasando bomba (nunca mejor dicho) a costa de fastidiar a los demás, pero ya se me ha encendido la luz de la reserva en mi límite de aguante del ruido permanente, el olor a aceite requemado y a orín, el pasodoble del maestro Padilla y las calles tomadas por carpas del tamaño de la catedral de Burgos y por legiones de seres sin raciocinio, moviéndose sin rumbo, que te hacen pensar que te has colado en un capítulo de “Walking Dead” (en este caso Walking Drunk).

Así que para intentar cambiar el chip, y mientras en el exterior parecen estar reproduciendo el ataque a Pearl Harbor, he pensado en traer una selección de canciones en diferentes idiomas que tienen como denominador común estar todas dedicadas al ruiseñor, ese pajarillo tan cursi al que, no obstante, me une cierto cariño por formar parte del título de la novela y película que dieron a conocer al auténtico Atticus Finch.

Además nos viene que ni pintado, pues una de las características de este ave es que no se calla ni de noche y que, cuanto más ruido ambiente hay, más aumenta el puñetero el volumen de sus trinos y silbidos para hacerse oír. En cualquier caso, el ruiseñor siempre ha sido símbolo de la perfección en el canto, de ahí que esté presente en innumerables composiciones a lo largo de toda la historia de la música. Hoy he querido traer al blog una pequeñísima muestra de algunas de ellas.

Podríamos empezar, por ejemplo, con uno de los más grandes compositores de lied que ha habido, como es Franz Schubert (1797-1828), quien, como no podía ser de otra forma, tiene entre sus páginas más conocidas varias canciones dedicadas al pajarito pesado este. Una de ellas es la breve pero bellísima “An die Nachtigall” (Al ruiseñor), basada en un texto de Matthias Claudius (1740-1815), y que podemos escuchar ahora cómo la cantaba nada menos que Christa Ludwig:


video de bert muzieklexicon

Otro de los lied que Schubert dedicó al ruiseñor, en este caso a su muerte, fue este “Auf den tod einer Nachtigall”, compuesto sobre un poema de Ludwig Heinrich Christoph Hölty (1748-1776), que nadie cantó mejor que el gran Dietrich Fischer-Dieskau:


video de sorrisoilparadiso

Otro reputado compositor de lied en lengua alemana fue Johannes Brahms (1833-1897), quien también dedicó al ruiseñor varias de sus canciones, la más popular de las cuales es posiblemente la titulada precisamente “Nachtigall” (Ruiseñor), con texto de Christian Reinhold (1813-1856), y que es la primera de las seis canciones que integran su Opus 97. Podemos escucharla ahora en la delicada versión que nos brinda Anneliese Rothenberger acompañada al piano por Gerald Moore:


video de NoeckesHarfenschall

Sin cambiar de idioma, damos un salto en el tiempo hasta 1907, año en que el austriaco Alban Berg (1885-1935) compondría, sobre un texto de Theodor Storm (1817-1888), esta joya titulada “Die Nachtigall”, perteneciente al conjunto de lieder publicado como “Siete canciones de juventud”. He elegido en esta ocasión la interpretación de la mezzosoprano sueca Anne Sofie von Otter:


video de jussibjorling

Dejando atrás el lied y adentrándonos en la mélodie o canción francesa, también encontramos aquí más de una referencia al ruiseñor, por ejemplo esta “Au rossignol” que compuso Charles Gounod (1818-1893) sobre un poema de Alphonse Marie Louis de Lamartine (1790-1869) y que cantaba así de bien la legendaria Ninon Vallin:


video de Alma Winemiller

No podía faltar hoy tampoco esta preciosidad titulada “Le rossignol des lilas”, que escribiese en 1913 el compositor de origen venezolano Reynaldo Hahn (1874-1947) sobre texto de Léopold Dauphin y que podemos disfrutar en la estupenda versión que ofrece la estadounidense Susan Graham acompañada al piano por Roger Vignoles:


video de MrRobuso

Siguiendo con ruiseñores en francés, pero en un tono menos poético y más pirotécnico y exhibicionista, tenemos esta aria del ruiseñor, perteneciente a la música incidental compuesta en 1902 para la obra “Parysatis” por Camille Saint-Saens (1835-1921) y que le escuchamos a la soprano Rita Streich. Reconozco que este fragmento me suele provocar el buscar una escopeta de perdigones:


video de inca48

También en el repertorio ruso nos encontramos con cantarines ruiseñores, como este “Solovej” (El ruiseñor) que compuso Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), sobre un poema de Aleksandr Pushkin (1799-1837) en 1866, dentro del conjunto de doce canciones que integran su opus 60. Aquí os dejo la versión que interpretase otra voz legendaria, la del bajo ruso Feodor Chaliapin:


video de operbathosa

Siguiendo con los pajaritos rusos tenemos también este “El ruiseñor y la rosa”, de Nikolai Rimsky-Korsakov (1844-1908). Se trata de la segunda de las cuatro canciones de su opus 2, escrita sobre un texto del poeta Aleksey Vasilievich Koltsov (1809-1842) y que interpreta en este video la también rusa Anna Netrebko:


video de Onegin65

Y en castellano no nos privamos tampoco de los gorgoritos del ruiseñor, por ejemplo con la romanza “Era una rosa que un jardín”, también conocida como “Canción del Ruiseñor”, de la zarzuela “Doña Francisquita” del compositor catalán Amadeo Vives (1871-1932), que nos canta aquí la soprano granadina Mariola Cantarero:


video de rexeterna

Bueno, pues creo que por hoy ya está bien de ruiseñores, que por menos de nada acabo trayendo a Joselito... Sé que se quedan muchos fuera, pero otra vez será. De momento espero que esta selección de pajaritos os compense un poco del estruendo fallero a los que lo estéis sufriendo.

Pum, pum… porropopum.
 

sábado, 5 de enero de 2013

MÚSICA PARA LA NOCHE DE REYES

“La Adoración de los Reyes Magos” – Peter Paul Rubens – Museo del Prado (Madrid)

Pese a que los tiempos que corren no son precisamente propicios para las testas coronadas y aunque la maldita crisis nos siga asfixiando, un año más parece que los magos de oriente, que cada vez demuestran ser más magos, conseguirán, pese a todo, hacer aflorar la ilusión en las caras de los más pequeños.

Como el autor de este blog ni es rey, ni mago, ni tiene presupuesto ni fuerzas para emular a los tres orientales repartidores de juguetes (me refiero a Melchor, Gaspar y Baltasar, no a la familia china del bazar de la esquina); os vais a tener que conformar con un regalo mucho más modesto, en el que he querido reunir a tres reyes de la composición que siempre consiguen hacer brotar la magia con su música. Además, los tres están de celebraciones centenarias y bicentenarias este año que acaba de comenzar y, aunque dentro de doce meses alguno posiblemente esté ya de ellos hasta el mismo gorro, creo que nunca hay excusa mala para escuchar música de Richard Wagner, Giuseppe Verdi o Benjamin Britten.

Por eso, aunque los tres sean conocidos sobre todo por su extraordinaria producción operística, ya que este año seguramente tendremos numerosas ocasiones de disfrutar de sus óperas, hoy he querido traer una muestra de la música de cada uno de ellos en otro terreno diferente, como es el de la canción.

La aportación al género por parte de Richard Wagner (1813-1883) tiene su indiscutible exponente en los maravillosos Wesendonck Lieder. Como es sabido, fueron compuestos por Wagner entre 1857 y 1858, al tiempo que trabajaba en la partitura del primer acto de “La Valquiria”, sobre cinco poemas escritos por Mathilde Wesendonck, esposa de Otto Wesendonck, mecenas del compositor. Si la relación entre Mathilde y Richard fue puramente platónica o llegó a mayores, ni lo sabemos ni nos importa demasiado, lo realmente trascendente no es lo que inspiró estas páginas sino la belleza inigualable que surgiría de las mismas.

La última de las canciones del ciclo es “Traüme” (Sueños), un título muy apropiado para la noche de hoy. Fue subtitulada por el propio Wagner como “Estudio para Tristan e Isolda” y su melodía será claramente identificable en el segundo acto de esta ópera. Compuesta originalmente para voz y piano, Wagner orquestó la pieza para ser interpretada un 23 de diciembre bajo la ventana de Mathilde Wesendonck como regalo de cumpleaños.

Aquí podemos escucharla en la voz de la legendaria Kirsten Flagstad, acompañada por la Filarmónica de Viena dirigida por el no menos legendario Hans Knappertsbusch:


video de violinthief
 

Dime ¿qué sueños maravillosos
retienen prisionera a mi alma,
sin desaparecer, como pompas de jabón,
en una nada desolada?

Sueños que a cada hora
de cada día florecen más hermosos.
Y que, con sus prefiguraciones del Cielo,
pasan felizmente a través de mi espíritu.

Sueños que, como rayos de gloria,
penetran en el alma
para pintar en ella una imagen eterna:
¡el olvido de todo! ¡el recuerdo único!

Sueños parecidos al sol de la primavera
cuyos besos hacen brotar las flores entre la nieve
y que, con una inimaginable felicidad,
acogen al nuevo día.

Y creciendo, y floreciendo,
y soñando, exhalan su perfume,
y se marchitan, dulcemente, sobre tu pecho
para descender después al sepulcro.

Las incursiones de Giuseppe Verdi (1813-1901) fuera del terreno puramente operístico no son demasiadas, aunque alguna creación, como el “Réquiem”, constituyan auténticas obras maestras. La mayoría de las canciones escritas por Verdi pertenecen sobre todo a su inicial etapa compositiva, antes del estreno de sus primeras óperas. Hoy traigo al blog una de esas creaciones de juventud, la canción La Seduzione, que fue escrita por Verdi a partir del texto que le facilitase Luigi Balestra, quien ejercía como médico en Buseto y que era amigo del compositor desde los años de infancia. La composición está fechada en 1839, mismo año en que se representaría en Milán su debut en el campo operístico, ”Oberto conde de San Bonifacio”. Aquí podemos escucharla en una de las voces más verdianas que ha habido, la del tenor Carlo Bergonzi, acompañado al piano por Vincenzo Scalera:


video de LaArsinoelV

Era bella como un ángel del cielo,
inocente en la flor de la edad,
y el primer pálpito de amor
un cruel le encendió en el corazón.

Inexperta, confió en las promesas,
se entregó al amante desleal.
¡Fue seducida! Y el anillo nupcial,
pobrecilla, en vano imploró.

A la infamia arrojada, al desprecio,
nueve lunas gimió traicionada;
luego, consumida de dolor su vida,
rogó venia al cruel y expiró.

Y el fruto de la vil traición
en el sepulcro colocó junto a ella;
no puso allí una cruz, un ciprés,
ni una piedra su nombre llevó.

El compositor británico Benjamin Britten (1913-1976) sí frecuentó con mayor asiduidad el género de la canción y cuenta en su producción con algunos ciclos francamente notables, como “Les Illuminations”, probablemente el más célebre de todos. Yo he traído hoy una pieza perteneciente a otro ciclo menos conocido, el dedicado a “Los sonetos sagrados de John Donne”, compuesto por nueve canciones escritas por Britten en el verano de 1945 tras su regreso a Inglaterra después de una gira de conciertos con el violinista Yehudi Menuhin por  Alemania, donde ofrecieron el consuelo de su arte a los presos recién liberados de los campos de exterminio.

Los textos del poeta inglés John Donne tienen un carácter profundamente íntimo y melancólico y fueron escritos tras la muerte de su esposa en 1617. De entre las canciones que componen el ciclo he elegido esta preciosa “Since she whom i loved” (Desde que ella, la que yo amaba) en la interpretación del tenor londinense Ian Bostridge acompañado al piano por Graham Johnson:


video de PakoChile

Pues nada más, tan sólo quiero desearos a todos que disfrutéis de un buen día de reyes y que si Sus Majestades de Oriente tienen a bien pasar por vuestras casas, os dejen alguna cosilla, o al menos que no hagan como otros colegas suyos de corona y se os lleven lo poco que tengáis.

jueves, 18 de octubre de 2012

LOS OJOS AZULES DE MI TESORO

“Mujer con ojos azules” – Amadeo Modigliani – 1918 – Museo Arte Moderno - Paris

"Die zwei blauen Augen von meinem Schatz" (Los ojos azules de mi tesoro) es la última de las cuatro canciones del ciclo Lieder eines fahrenden Gesellen” (Canciones de un camarada errante), del que ya he hablado en este blog en alguna otra ocasión, compuesto en 1884 por un joven Gustav Mahler que a la sazón contaba 24 añitos. La versión orquestal data de 1893 y el ciclo completo no se estrenaría hasta el 16 de marzo de 1896 en Berlín, donde se presentaría en su versión para orquesta, bajo la dirección del propio Mahler y con la voz del barítono holandés Anton Sistermans.

Königliches Theater - Kassel
La composición del ciclo coincide con la estancia de Mahler en la ciudad alemana de Kassel, donde ostentaba la dirección musical del Königliches Theater. El suceso que marcó con mayor fuerza su paso por Kassel y que está directamente vinculado al ciclo "Lieder eines fahrenden Gesellen" fue que se enamoró perdidamente de Johanna Richter, una soprano habitual del teatro de la ciudad. No se conoce muy bien hasta dónde llegó esta relación y si llegó a haber algo más que deseos contenidos y no especialmente correspondidos. Aparte de que en aquellos años una relación entre el director musical y la cantante de un pequeño teatro no habría pasado precisamente desapercibida para la siempre escandalizable sociedad alemana de la época.

En unas cartas dirigidas a su amigo Fritz Löhr, escritas en agosto de 1884 y enero de 1885, Mahler habla de sus sentimientos por una joven cuyo nombre no menciona, pero que nadie duda de que se trataba de Johanna Richter. Las canciones, escribía, “están dedicadas a ella... son como si un compañero errante, que ha tenido un infortunio, saliera a recorrer el mundo caminando”.

Mahler se opuso desde un principio a reconocer la autoría de los poemas que componen los textos de este ciclo de canciones, confesando tiempo después que la sencillez e inocencia de los versos surgidos de su apasionado amor le hacían sentir ridículo. La temática es típica del romanticismo, la figura del protagonista que, decepcionado por la cruel realidad, se lanza a vagar por los caminos, en comunión con la naturaleza, buscando un sentido a la existencia que no encontrará sino con la propia muerte.

Cuando Gustav Mahler escribe su revolucionaria Primera Sinfonía, “Titán”, obra que, como se sabe, nunca quiso llamar Sinfonía sino Poesía Sinfónica en dos partes (por respeto a Beethoven, decía), incorpora diversos fragmentos melódicos del ciclo "Lieder eines fahrenden Gesellen". Entre ellos, se pueden escuchar las notas de "Die zwei blauen Augen von meinem Schatz" en el tercer movimiento de la “Titán”. Quizás esta utilización del ciclo para formar parte de su obra sinfónica, el hecho de que se trate de canciones de juventud lejos todavía del Mahler más maduro, o que el propio compositor no fuese precisamente un ardiente defensor de estas piezas, ha originado que haya existido una cierta infravaloración de las mismas.

Si yo quería traer aquí hoy "Die zwei blauen Augen von meinem Schatz" es porque, aun reconociendo su aparente sencillez y que todavía se encuentra lejos de otras piezas liederisticas de más peso como los Rückert-Lieder o “La Canción de la Tierra”, reconozco que es uno de mis lieder favoritos de Gustav Mahler. Su melodía siempre me ha resultado emocionante y cautivadora, pues creo que transmite de forma espléndida la paz de espíritu que finalmente encuentra el protagonista. Además, ya se pueden atisbar en este lied muchos rasgos de su maestría compositiva en el género, que culminaría con “La Canción de la Tierra”, con cuyo último fragmento, Der Abschied”, guarda no pocas semejanzas.

Este lied es una marcha fúnebre que, no obstante, no acaba de mostrar este carácter sombrío ya que apenas se deja entrever envuelta en la agradable atmósfera que va creando la sosegada y dulce melodía. En el poema, el caminante finaliza su peregrinar al que le llevaron aquellos ojos azules que le enamoraron y encontrará la muerte bajo el árbol del tilo, al que se dirige con lentos y rítmicos pasos para olvidar el dolor de la vida.

Pero no estamos en este caso ante una muerte desesperada dominada por la tristeza y la frustración, sino llena de sosiego y resignación, encontrándose con “el amor y el dolor, y el mundo y el sueño”, todo lo cual nos es descrito perfectamente por la música, donde yo destacaría el emocionante sonido del arpa que surge tras un silencio de la orquesta, o ese lento apagarse, como la vida del protagonista, de las últimas notas de una música que transmite la paz eterna.

Este es uno de esos fragmentos en los que me parece un crimen imperdonable lanzarse a aplaudir nada más terminar la música. Creo que ese final merece unos segundos de reposo, de comunión con ese lamento resignado que hemos sentido como el nuestro propio a través de la música y el canto.

Os propongo en esta ocasión la escucha de tres versiones distintas. En primer lugar, tenemos una de las interpretaciones referenciales del ciclo, la protagonizada por el gran barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau, posiblemente el cantante que más grabaciones tenga en su haber de esta página mahleriana, acompañado en esta ocasión por la Orquesta Philharmonia dirigida por otro grande, Wilhelm Furtwängler, en 1952. Todo un ejemplo de dicción, expresividad y modulación:



Pese a que fue escrito para voz masculina, son muchas las mezzosopranos que han cantado el ciclo, como por ejemplo la genial Christa Ludwig, otro referente en el lied mahleriano. Sin embargo, yo quería traer hoy a la sueca Anne Sofie Von Otter, en esta grabación en la que está acompañada por John Eliot Gardiner al frente de la NDR-Sinfonieorchester, que, aunque ha sido cuestionada por algunos, a mí me parece una interpretación delicada y bellísima, al tiempo que derrocha expresividad y técnica vocal, sabiendo transmitirnos perfectamente ese resignado sosiego del protagonista:


  
Y finalizo con otro barítono alemán, esta vez Christian Gerhaher, todo un especialista en el género del lied y en Mahler y una de las voces baritonales más bellas que yo he escuchado en un teatro. Aquí podemos verle acompañado por la Gustav Mahler Jugendorchester, bajo la dirección de Herbert Blomstedt en un concierto de los londinenses PROMS de 2010:



Los ojos azules de mi tesoro
me han arrojado al ancho mundo.
¡Tuve que dejar
los lugares amados!
¡Oh, ojos azules! ¿Por qué tuvisteis que mirarme?
ahora tengo tristeza y pena eterna.

Partí en la noche tranquila
por la oscura pradera.
Nadie me dijo adiós.
¡Adiós! ¡El amor y el dolor son mi única compañía!

Ahí, junto al camino, hay un tilo.
¡Y ahí por fin encontré descanso en el sueño!
Bajo el tilo que nevaba
sus flores sobre mí.
¡Supe que  todo en la vida estaba bien otra vez!
¡Todo! ¡Todo, el amor y el dolor
y el mundo y el sueño!

martes, 22 de marzo de 2011

DEDICATORIA

"El árbol de la vida" - Gustav Klimt - 1905.

La entrada del blog de hoy va a ser un poco distinta. No voy a criticar a Helga Schmidt, ni a soltaros ningún rollo, sino que tan sólo quería compartir públicamente unas cuantas canciones, en un día que es especial para una persona muy cercana, con el propósito de que sirvan de agradecimiento y dedicatoria.

Una dedicatoria para alguien gracias a quien cada nuevo día se llena de sentido para mí y de ganas de vivir y de compartir con ella lo vivido.

Precisamente “Zueignung” (Dedicatoria) es el título del primero de los lieder que traigo. Fue compuesto por Richard Strauss a los 18 años sobre unos versos de Hermann von Gilm y es la primera de las ocho canciones que componen su Opus 10. He elegido la interpretación de Elizabeth Schwarzkopff, ya que, además de que lo hace estupendamente, fue la primera cantante a quien yo le escuché este lied:


video de saiserieht

“ZUEIGNUNG”
Sí, tú sabes, alma querida,
que lejos de ti me atormento,
el amor hace enfermar los corazones.
¡Te doy gracias!
Un día, borracho de libertad,
alcé en alto la copa de amatista
y tú bendecías la bebida.
¡Te doy gracias!
Conjuraste así los malos espíritus
hasta que yo, como nunca antes lo había estado,
santificado, santificado, caí sobre tu corazón.
¡Te doy gracias!


Vamos ahora atrás en el tiempo para encontrarnos nada menos que con Ludwig van Beethoven y su lied "Zärtliche Liebe" (Tierno amor), compuesto en 1795, cuando apenas contaba 25 años, con texto de Karl Friedrich Herrosee. Podemos escucharlo en la sensacional voz del barítono Dietrich Fischer-Dieskau acompañado al piano por Jörg Demus, en una grabación de 1966:


video de classicbinylbiz

“ZÄRTLICHE LIEBE”
Te amo como tú me amas
en la noche y en la mañana.
No hubo un día en el que nosotros
no compartiéramos nuestros problemas.
Y cuando lo hacemos
resultan más fáciles de llevar:
tú me confortas en el dolor
y yo hago míos tus lamentos.
Por ello, quiera Dios bendecirte
a ti, alegría de mi vida
Que Dios te proteja, te guarde para mí,
Que Dios nos proteja y nos guarde juntos.


“Du Bist die Ruh” (Tú eres el reposo) fue compuesto por Franz Schubert en 1823 sobre un poema de Friedrich Rückert. El lied es el tercero de los cuatro que componen su Opus 59, y la interpretación elegida en esta ocasión ha sido la de la excelente contralto británica Kathleen Ferrier:


video de Onegin65

“DU BIST DIE RUH”
Tú eres el reposo,
la paz agradable.
Tú eres la nostalgia
y lo que la aquieta.
A ti me consagro
lleno de dicha y de dolor.
Aquí hallarán su morada
mis ojos y mi corazón.
Entra en mi casa
y cierra tras de ti
las puertas
con cuidado.
¡Expulsa todo pesar
de este pecho!.
Que mi corazón se llene
con tu dicha.
Este templo ocular
lo ha iluminado
tu solo fulgor.
¡Oh, llénalo a rebosar!


Félix Mendelssohn compuso en 1835 "Auf Flügeln des Gesanges" (En las alas del canto), con textos de Heinrich Heine. Se trata posiblemente del lied más conocido de su autor, y podemos oírlo en la maravillosa interpretación de Victoria de los Ángeles:


video de c1wang

"AUF FLÜGELN DES GESANGES"
En las alas del canto,
amada mía, te llevaré
hacia las orillas del río Ganges,
donde conozco un lugar maravilloso.
Allí se encuentra un jardín teñido de rojo
bajo la silenciosa luz de la luna;
las flores de loto esperan
a su querida hermana.
Las violetas se divierten
y observan las estrellas;
secretamente se susurran
al oído cuentos perfumados.
Se acercan atentas
las mansas y discretas gacelas;
y a lo lejos corretean
las olas del río sagrado.
Allí nos posaremos
debajo de la palmera
para saborear el amor y la paz
y soñar sueños dichosos.


Y termino casi como empecé. Con Elisabeth Schwarzkopff interpretando otra “Dedicatoria”, en este caso “Widmung” (Dedicatoria), el lied que compuso Robert Schumann en 1840 sobre los versos de Friedrich Rückert:


video de themfromspace

"WIDMUNG"
Tú, alma mía; tú, mi corazón;
tú, mi deleite; oh, tú, mi sufrimiento;
tú eres el mundo en el que yo vivo,
el cielo en el que yo floto,
¡oh tú eres mi tumba, dentro de la que yo
enterraré para toda la eternidad mis preocupaciones!
Tú eres el reposo, tú eres la paz,
eres lo que el cielo me ha otorgado.
Que tú me ames, me hace digno,
tu mirada me transfigura,
amándome me elevas por encima de mí mismo,
¡mi espíritu bueno, mi mejor yo!