jueves, 25 de junio de 2009

LA VALQUIRIA DE PLACIDO DOMINGO. Palau de Les Arts. 24/06/09


El Palau de Les Arts de Valencia fue testigo anoche, de nuevo, de una jornada wagneriana épica. La representación de “Die Walküre”, dentro del segundo ciclo del “Anillo del Nibelungo” se esperaba con gran expectación por varios motivos. El primero de ellos era el gran éxito obtenido en la función del día 16, correspondiente al primer ciclo. El segundo, era la retransmisión del evento en directo a ocho ciudades europeas y a la propia ciudad de Valencia donde se había instalado una pantalla gigante junto a la Catedral.
El tercer motivo se llamaba Plácido Domingo. El tenor madrileño se presentaba a sus 68 años en el coliseo valenciano dispuesto a afrontar el difícil papel de Siegmund, haciendo pareja con la “extraterrestre” Eva-María Westbroek como Sieglinde.

Si nos atenemos a la respuesta del público, hay que concluir que las expectativas existentes se cumplieron sobradamente. La abarrotada platea se mostró absolutamente enardecida ante el espectáculo ofrecido y jaleó con entusiasmo, no sólo al madrileño, sino a todo el elenco vocal, a la magnífica Orquesta de la Comunitat Valenciana con Zubin Mehta al frente, y a Carlus Padrissa y La Fura dels Baus.

Y es que, sin duda, tuvimos anoche la oportunidad de asistir a otra función mágica, redonda, y emocionante de Arte (con mayúscula), que ni siquiera se vio empañada por la actuación inmisericorde de la abanicadora del 4º piso con su permanente “riiiis, raaas” con golpeado en la zona mamaria incluido.

La noche comenzó con un retraso inusual (más de diez minutos), no sé si por problemas con la retransmisión del evento o con el retraso de alguna autoridad; y con una buena noticia (que Milling me perdone) cuando anunciaron que Stephen Milling sería sustituido por Matti Salminen en el papel de Hunding.

“El viejo” Salminen no defraudó, y de nuevo asombró con su tremenda voz, componiendo un Hunding que ya es de referencia.

Eva-María Westbroek volvió a maravillar. Toda una lección de canto e interpretación de la holandesa. Es la encarnación misma de la belleza del arte operístico. Ya no se puede decir nada mejor de ella. Es Sieglinde y punto. Quien quiera aprender a cantar el papel que la vea y escuche. No digo más. Bueno, sí: Le ruego a Les Arts que hagan lo imposible por traer de vuelta a Valencia a la Westbroek cuanto antes.

Brillantísimo se mostró también el Wotan de Juha Uusitalo, que volvió a bordar su monólogo del acto segundo, toda una exhibición de cómo transmitir cantando los pensamientos, desbordando expresividad y matización, consiguiendo unos pianísimos de ensueño. Me cautiva el final de ese acto, cuando mata a Hunding con el gesto de desprecio marcado en el libreto acompañado de un “Geh'!... Geh'!” (¡vete!... ¡vete!) que no canta, sino apenas exhala en un golpe de aliento. Llegó el finlandés al acto tercero en plenitud vocal, logrando transmitir con su ancha voz toda la evolución del personaje, desde el Wotan iracundo y vengativo, al compasivo padre que mira a los ojos de su hija por última vez. ¡Bravísimo, Uusitalo!

Jennifer Wilson cada vez se muestra más convincente en el rol de Brünnhilde, especialmente en “Die Walküre” (ya veremos como responde el sábado en “Siegfried”). Se movió por los agudos con total seguridad, pero, sobre todo, ofreció en el acto tercero todo un recital de canto expresivo y emocionante, a pesar de acusar un tanto el cansancio en el tramo final.

Tanto la Fricka de Anna Larsson como las valquirias, me gustaron más que el día 16. Así como también me dio la impresión de que la Orquesta sonó más cálida y menos contundente.

La estrella de la noche, Plácido Domingo, hizo gala de su todavía muy generoso caudal, bello timbre y centro espectacular. Su voz no es la misma de hace 20 años (lógicamente, porque si no habría que llamar directamente a Roma para su canonización), pero sigue manteniendo una considerable frescura. En el primer acto pasó algún problema con los agudos y su fraseo denotaba síntomas evidentes de cansancio y problemas de fiato, llegando a desconcertar en algún momento a la orquesta a la que le costaba seguirle. Sus “Wälse!” fueron cortos, pero bastante dignos, especialmente el segundo.

El segundo acto de Domingo fue espectacular. Mucho más acorde a su estado de voz actual y a su estilo de canto, le permitió exhibirse en un derroche de canto ligado y lirismo asombrosos.
En presencia escénica y dominio de las tablas sigue sin tener rival. Dramáticamente, su actuación y la de Westbroek fueron impecables.

Su Siegmund, como en general los personajes wagnerianos que ha cantado, tienden a tener ese toque ‘a la italiana’ que caracteriza al madrileño. Un “Siegmund alla carbonara” quizás, pero rebosante de una poesía que se adapta perfectamente a la lectura impuesta por Mehta de la partitura.

¿Que emplea trucos para ocultar carencias?, pues sí, pero eso también hay que saber hacerlo con dignidad y pulcritud, y lo que nadie puede discutirle es el heroico arrojo de enfrentarse al personaje a los casi 70 años de edad. Y si, además, consigue hacer vibrar todavía de emoción al público (y a fe mía que lo consiguió), no sólo no hay que criticarle, sino que merece que nos quitemos el sombrero y nos hinquemos de hinojos en su presencia.

La calidad tan excepcional de lo vivido estos días nos lleva a preguntarnos, como dice hoy Fedora en su emocionada crónica: "¿y después de esto, qué?".

Para finalizar os dejo este video de Plácido Domingo junto a Waltraud Meier en el final del primer acto de "Die Wälkure" en el Teatro Real de Madrid en 2003:


video de Onegin65

Aquí podéis leer las crónicas de Fedora, Titus, Maac y Papagena.

lunes, 22 de junio de 2009

GRÜMMER CANTA MOZART


Hoy comienza en el Palau de Les Arts, con “Das Rheingold” el segundo ciclo de la tetralogía wagneriana “El Anillo del Nibelungo”, en el marco del II Festival del Mediterrani. Tras haber asistido al estreno de “Götterdämmerung” y a “Die Walküre” del primer ciclo y haber constatado la inmensa calidad de la propuesta musical presentada, se me avecinan unos días de enorme emoción y pasión wagneriana.

Para relajar un poco la cosa he querido traer hoy aquí la delicada voz de la alemana Elisabeth Grümmer cantando Mozart. Una auténtica exhibición de frescura, naturalidad y sentida poesía que espero que os guste.

En primer lugar podemos escuchar su interpretación del aria “Ach ich fühl’s” perteneciente a “La Flauta Mágica” del Festival de Salzburgo de 1956:


video de iforgeti

A continuación podemos ver a Grümmer, junto a Antón Dermota, en el “Non mi dir” del “Don Giovanni” del Festival de Salzburgo de 1954 dirigido por Wilhelm Furtwängler:


video de baritonoguapo

Por último, escucharemos la maravillosa interpretación de Elisabeth Grümmer del Lied "Abendempfindung", sobre un texto de Joachim Heinrich Campe:




ABENDEMPFINDUNG (SENSACIÓN NOCTURNA) K.523

Abend ist's, die Sonne ist verschwunden,
Und der Mond strahlt Silberglanz;
So entfliehn des Lebens schönste Stunden,
Fliehn vorüber wie im Tanz.

Bald entflieht des Lebens bunte Szene,
Und der Vorhang rollt herab;
Aus ist unser Spiel, des Freundes Träne
Fließet schon auf unser Grab.

Bald vielleicht (mir weht, wie Westwind leise,
Eine stille Ahnung zu),
Schließ ich dieses Lebens Pilgerreise,
Fliege in das Land der Ruh.

Werdet ihr dann an meinem Grabe weinen,
Trauernd meine Asche sehn,
Dann, o Freunde, will ich euch erscheinen
Und will himmelauf euch wehn.

Schenk auch du ein Tränchen mir
Und pflücke mir ein Veilchen auf mein Grab,
Und mit deinem seelenvollen Blicke
Sieh dann sanft auf mich herab.

Weih mir eine Träne, und ach! schäme
dich nur nicht, sie mir zu weihn;
Oh, sie wird in meinem Diademe
Dann die schönste Perle sein!

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Es de noche, el sol ha desaparecido
y la luna irradia un brillo de plata;
así huyen las horas más bellas de la vida,
pasan fugaces como en un baile.

Pronto huirá la abigarrada escena de la vida,
y el telón caerá;
se acabó nuestra representación, las lágrimas del amigo
corren ya sobre nuestra tumba.

Pronto, quizás, - un sosegado presentimiento
sopla hacia mí, como suave viento del oeste-
terminaré mi peregrinar por esta vida
y volaré al país del descanso.

Si entonces lloráis junto a mi tumba
y veis, entristecidos, mis cenizas,
entonces ¡oh, amigos! me apareceré a vosotros
y soplaré impulsándoros hacia el cielo.

Regálame también tú una lagrimita
y coge una violeta para mi tumba,
y con tu mirada llena de vida
mira abajo, suavemente hacia mí.

Conságrame una lágrima y ¡ay!,
no te avergüences de consagrármela;
¡Pues ella será entonces la perla
más bella en mi diadema!


Traducción de Simón Nevado 2005

jueves, 18 de junio de 2009

DIE WALKÜRE (Richard Wagner). Palau de Les Arts 16/06/09


A pesar de tener entradas para el segundo ciclo de la tetralogía del “Anillo del Nibelungo”, que empezará a representarse la próxima semana, el martes decidí asistir a la función de “Die Walküre” (La Valquiria) correspondiente al primer ciclo. Mi motivación principal era el interés en escuchar al tenor alemán Torsten Kerl en el papel de Siegmund, rol que desempeñará Plácido Domingo el próximo día 24.

Las perspectivas eran muy buenas, con un elenco de cantantes de gran nivel a priori. Yo no había visto en directo ni a Torsten Kerl ni a Eva-Maria Westbroek, pero tanto las grabaciones que había escuchado de ellos como las referencias obtenidas, hacían presagiar una gran velada de ópera con la maravillosa música compuesta por Richard Wagner.

Al final el resultado no fue el esperado.
Fue muchísimo mejor. Una grandiosa noche, llena de intensas emociones. Una función donde todos los dioses del Walhalla parecían haberse conjurado para que los allí presentes no olvidásemos nunca la fecha del 16 de junio de 2009. De hecho, cuando esto escribo, sigo profundamente conmovido por el espectáculo musical vivido el martes. Hacía muchísimo tiempo (por no decir nunca) que no asistía en directo a una representación con todos los cantantes a un nivel tan alto. Realmente aquello parecía una competición a ver quién lo hacía mejor y, según discurría la obra, en lugar de ir a menos, se seguían superando.

Este impacto emocional me llevó en principio a pensar que no iba a escribir sobre la representación. Simplemente porque me sentía incapaz de encontrar adjetivos apropiados. Sabía que, escribiese lo que escribiese, me quedaría muy lejos de poder transmitir todo lo que merecerían los tremendos artistas que nos obsequiaron con su infinito talento.
Pero aún así me parecía injusto dejar sin reseña un espectáculo como el vivido el martes. Sólo pido benevolencia ante mi pobreza expresiva si no soy capaz de analizar todo lo ocurrido ni trasladar toda la emoción sentida.

Sobre la puesta en escena de Carlus Padrissa y La Fura dels Baus, poco hay que decir. Más de lo mismo. Sin que suene peyorativo. Ya conocíamos su propuesta y la llevamos viendo estos últimos años. Siempre he dicho que me parece positiva y especialmente adecuada a las dos primeras entregas de la Tetralogía. Los defectos, los de siempre. Demasiada distracción visual y poca dirección escénica de actores. Pero hoy no es día de hablar de defectos.

La Orquesta de la Comunitat Valenciana, cuya calidad creciente nunca me canso de alabar, con Zubin Mehta al frente, funcionó mucho mejor que en el reciente “Götterdämmerung”. Volvió el director indio a abusar un poco del volumen, lo que se notó especialmente en la escena de las Valquirias que quedaban un tanto tapadas cuando no se movían por el registro agudo. Su sección de cuerda volvió a maravillar y ofreció algunos momentos excelsos, como el preludio y la escena final del primer acto, con cuyo último acorde el teatro no sólo prorrumpió en aplausos, como suele ser habitual, sino en un auténtico estallido de bravos, un grito unánime, apasionado, sin que el público pareciese querer descanso alguno.

La pareja Siegmund (Torsten Kerl) – Sieglinde (Eva-María Westbroek), estuvo inmensa. Perfecta. Su rendimiento es casi imposible de superar.
Torsten Kerl compuso un Siegmund impecable. Con más expresividad de la que suele hacer gala habitualmente. Mostró su conocida facilidad para el agudo, y lo que más me sorprendió de él fue su increíble dominio del registro grave, donde se movió con una autoridad y nitidez extremas.

Eva-Maria Westbroek merece, desde ya, un altarcito en Les Arts y sentida veneración. Su Sieglinde fue excelsa. Para mí, sin duda, la gran sorpresa de la noche. Me conquistó totalmente. Su atractivo timbre oscuro refulgió esplendoroso a pleno volumen en esas proyecciones sobrehumanas que exhibió la holandesa. La expresividad de su canto y su derroche actoral contribuyeron a que saliéramos convencidos de que ella ERA Sieglinde. Mostró cierta tirantez en el agudo, marca de la casa, pero su canto es un puro hechizo.

Os recomiendo visitar aqui la entrada que ha hecho Maac sobre la Westbroek, donde podéis escuchar como canta, entre otros papeles, el de Sieglinde.

Jennifer Wilson, no sé si motivada por la calidad de la pareja del primer acto, estuvo también deslumbrante. Sus agudos fueron limpios y seguros, y la entrada en escena de Brünhilde fue apabullante, con unos “¡Hojotoho!” perfectos. Pero es que además la valquiria-palo de otras ocasiones se movió en escena con soltura y derrrochó expresividad en su canto, con un fraseo impoluto, elegante, bellísimo.

El veterano Matti Salminen, vestido a lo Chewbacca, fue un malvado Hunding que, una vez más, enamoró a la platea con su profunda y poderosa voz y su presencia escénica. La anécdota de la noche estuvo en el traspiés que dio al tropezar con una de las tibias que conformaban su hogar y a un pelo estuvo de darse tremendo morrón.

El Wotan de Juha Uusitalo en las anteriores ocasiones que le había visto, sin llegar a estar mal, no me había convencido del todo. Pues bien, Uusitalo también dio lo mejor de si mismo y fue un Wotan de grandísimo nivel. Mostró una voz consistente y bien proyectada que supo administrar inteligentemente. Sus larguísimos 20 minutos de monólogo del segundo acto fueron espléndidos, desbordantes de riqueza expresiva y capacidad de matización, culminando con un “Das Ende” estremecedor. Dotó por fin al personaje de todo el carácter que requería.

Anna Larsson como Fricka fue la que menos brilló de los solistas principales, pero cumplió dignamente, como también lo hicieron las 8 Valquirias pese al volumen orquestal y tener que cantar subidas en unas grúas que no cesaban de moverse arriba y abajo.

La ovación final fue auténticamente apoteósica, quizás la más intensa que he escuchado en Les Arts, con todo el público puesto en pie reconociendo la excelencia del espectáculo ofrecido.

Ante tanta emoción y descarga adrenalínica costaba luego conciliar el sueño, pero ¿para qué quería dormir si ya estaba soñando?. Soñando que en Valencia habíamos visto una “Die Walküre” digna de Bayreuth.

Para finalizar os dejo con un fragmento del comienzo del Acto III, la cabalgata de las valquirias, en el ensayo general de hace dos años en Les Arts:



video de iTubeVlc