jueves, 29 de septiembre de 2011

"MARINA" (Emilio Arrieta) - Teatro Principal - Valencia 28/09/11


Ayer miércoles tuvo lugar en el Teatro Principal de Valencia el estreno de “Marina”, de Emilio Arrieta, dentro del primer Festival de Zarzuela de la Comunidad Valenciana (ZAR Valencia) del que ya os hablé en un post anterior.

El festival propiamente dicho comenzó el martes con un estupendo recital de fragmentos de zarzuelas a cargo de la soprano valenciana Isabel Rey, acompañada del Orfeó Valencià Navarro Reverter y L´Ensemble Orchestral de Valencia, bajo la dirección de Vicente Martínez Alpuente, donde la cantante conquistó al patio de butacas con su expresividad lírica y absoluta adecuación estilística, destacando especialmente en una maravillosa interpretación de las carceleras de “Las Hijas del Zebedeo” de Chapí.

Entrando ya en el comentario de esta versión operística de “Marina” estrenada ayer, lo primero que quiero destacar es la dirección de escena, que corrió a cargo de Alexander Herold, quien presenta una interesante propuesta inspirada en la obra pictórica de Joaquín Sorolla. La producción no deja de ser tremendamente clásica, pero estéticamente resulta atractiva, creándose unas llamativas estampas visuales, sobre todo en el tercer acto, gracias fundamentalmente al gran trabajo de iluminación de Juanjo Llorens y una escenografía de Luis Crespo que, pese a la excesiva evidencia del cartón piedra del primer acto, crea el ambiente adecuado, facilitando al mismo tiempo el fluir de la acción.

La dirección de actores, sin ninguna aportación más allá de lo que exige el natural desarrollo de una trama sencilla como la de esta obra, se ha trabajado especialmente con los miembros del Orfeó Valencià Navarro Reverter, un coro amateur que ofreció un excelente rendimiento en el movimiento escénico, asumiendo incluso los bailes, con desparpajo y soltura.

Me pareció muy positiva la decisión de colocar al coro distribuido entre el patio de butacas y los palcos altos al comienzo del acto primero, logrando un efecto sonoro interesante y evitando un abigarramiento en el escenario que hubiera perjudicado el intimismo del momento.

Por el contrario, no sé si Herold será el responsable de que en el libreto se haya cambiado “playa la de Lloret” por “playa la del Saler” en la celebérrima entrada de Jorge, pero no me pareció nada acertado.

El director valenciano Vicente Martínez Alpuente al frente de L´Ensemble Orchestral de Valencia demostró veteranía pese a su juventud, con conocimiento y dominio del género, ofreciendo una lectura en la que se dejaban ver con claridad las connotaciones belcantistas de la partitura, no descuidando tampoco en ningún momento lo que ocurría sobre el escenario, marcando todas las entradas de coro y solistas, a los que mimó especialmente, regulando siempre el volumen de la agrupación orquestal.

La ostensible pifia del trompa solista en el Preludio fue compensada sobradamente en el Interludio previo al tercer acto, donde el mismo músico pudo resarcirse en la ejecución de un fragmento complicado que solventó con maestría. La prestación de la orquesta, aunque se apreciaron algunos desajustes en el primer acto, fue yendo a mejor y acabó siendo más que correcta y todo apunta a que en sucesivas funciones puede mejorar aún más. Además de la trompa, los solistas de flauta y arpa tuvieron también ocasión para lucirse.

“Marina” es una obra en la que si el coro cojea, todo el armazón musical puede venirse abajo estrepitosamente. En esta ocasión se contaba también con el riesgo añadido de tratarse, como ya he dicho antes, de un coro amateur, el Orfeó Valencià Navarro Reverter dirigido por Josep Lluis Valldecabres, cuyos componentes, además de no ser profesionales del canto, no han cobrado ni un euro por estas funciones ni por los meses de trabajo previo que hayan requerido. Pues bien, el coro no sólo no falló sino que se convirtió en la columna vertebral de la obra, constituyendo a mi juicio lo más destacable de la noche.

Se mostró muy afinado, equilibrado, sólido y empastado, especialmente el masculino, y con una perfecta dicción. Su comportamiento escénico, como ya he comentado, fue espectacular y la gran ovación recibida al caer el telón fue justa recompensa a un trabajo muy meritorio.

Aquí podemos escuchar y medio-ver un video con un breve fragmento de una de las intervenciones del coro al comienzo del segundo acto en la función de estreno de ayer de esta “Marina”:


video de MrRobuso

Entre los solistas, yo destacaría el Roque que compuso el barítono alicantino Arturo Pastor, cantando con intención y muchísimo gusto, luciendo buena técnica y culminando con una Habanera magnífica.


El papel protagonista de Marina recayó en esta primera función en la guapa soprano María Rey-Joly que defendió aceptablemente bien su exigente papel con implicación dramática, voz de gran volumen y seguridad en la zona aguda, aunque allí el instrumento se mostrase demasiado oscilante. Su técnica respiratoria debería mejorar para no afear tanto el fraseo con sonoras inspiraciones.

El tenor ilicitano Javier Agulló fue un Jorge irregular. Presentó facilidad para el agudo, terreno en el que se mueve con más potencia, brillo y claridad que en su centro. Posiblemente ayer tuviese además algún problema de salud, ya que en su entrada “Costa la de Levante” directamente desafinó y se le quebró la voz de forma preocupante. Sin embargo, en el segundo acto estuvo muy seguro y alcanzó algunos agudos muy meritorios.

Gran dominio de la escena y profesionalidad se apreciaron en Miguel Sola, como Pascual y María José Martos como Teresa, ambos con mucha complicidad con los miembros del coro. Correcto estuvo también Vicente Antequera en su pequeño papel de Capitán.

Aunque el teatro presentaba una buena entrada, no llegó a llenarse. Posiblemente influyera el hecho de que a la misma hora el equipo de fútbol local se enfrentase contra el Chelsea en partido de Champions.

El público estuvo algo frío durante la representación, sobre todo en el patio de butacas. Desde luego bastante más de lo que el rendimiento artístico merecía, aunque al final si se tributaron calurosas ovaciones a todo el elenco, destacando en su premio al coro, a Rey-Joly y Arturo Pastor.

El partido de fútbol no fue el único evento social del día que afectó a la representación. En la puerta del Banco de España, en la acera de enfrente del teatro, se desarrolló una ruidosa manifestación de trabajadores de banca provistos de sirenas y bocinas varias, cuyas desacompasadas notas se percibieron demasiado claramente en el interior de la sala durante parte del primer acto, pero afortunadamente no duró demasiado la cosa.

Como ya manifesté en este mismo blog, considero que ZAR Valencia constituye una iniciativa muy valiente y loable que espero que pueda tener continuidad en los próximos años y podamos hablar pronto de un festival de zarzuela consolidado en nuestra ciudad, que ayude a dignificar y extender la afición por un género que merece, al menos, propuestas tan serias como esta “Marina” que está desarrollándose actualmente en Valencia, y  animo desde aquí a todo el que no la haya visto para que procure acercarse y disfrutar de la bella partitura de Arrieta.

No quisiera acabar sin compartir una tontería. Siempre que escucho “Marina” me acabo acordando del personaje, creado por el entrañable Josep Escobar, don Pantuflo Zapatilla, padre de Zipi y Zape, catedrático de filatelia y colombofilia y aficionado a la zarzuela y especialmente a esta composición de Arrieta que aparecía en muchas de sus historietas. Ayer, entre el ruido de la calle, el fútbol y “Marina” recordé una de ellas y, mira por donde, la he encontrado por la red. Así que por si a alguien le puede interesar aquí la dejo. Si pincháis se ampliarán las imágenes:


martes, 27 de septiembre de 2011

NOVEDADES EN EL FESTIVAL DEL MEDITERRANI DE 2012


La semana pasada la prensa se hacía eco del nuevo recorte del Gobierno valenciano sobre las arcas del Palau de les Arts, al reducir en tres millones de euros más su presupuesto (de 19 a 16 millones) para la temporada que se iniciará dentro de poco más de un mes, pese a estar ya presentada la misma. Entre las consecuencias que podían derivarse de esta decisión del ejecutivo valenciano, se especulaba con la posible desaparición del Festival de Mediterrani.

Bueno, pues como Helga nunca deja de sorprendernos, según la información remitida a los abonados hace unas horas, finalmente el V Festival del Mediterrani tendrá lugar entre el 26 de mayo y el 1 de julio de 2012, y, de momento, no sólo no parece que esté prevista su supresión, sino que se ha aumentado el número de óperas previstas, y se añaden un ballet y dos conciertos con relevantes directores.

En cuanto a las óperas, a las ya anunciadas “Il Trovatore”, de Verdi (los días 26 de mayo, 4, 10, 16, 19 y 22 de junio), y “Tristán e Isolda”, de Richard Wagner (los días 23 y 28 de junio), esta última en versión concierto, y ambas dirigidas por Zubin Mehta, se añade ahora “Medea”, de Luigi Cherubini (los días 12, 17, 21 y 24 de junio), con dirección musical del italiano Ottavio Dantone.

Por supuesto, de los repartos nada se sabe todavía y lo único que se dijo en su día oficialmente es que Jorge de León debutaría como Manrico en “Il Trovatore”. Los rumores apuntan a que podría estar acompañado por Oksana Dyka como Leonora y que la pareja protagonista de “Tristán e Isolda” podrían ser Peter Seiffert y Jennifer Wilson. Pero dejaremos de momento las especulaciones a un lado porque, a tan largo plazo, con los recortes económicos acechando permanentemente y la habilidad de Helga para modificar lo que anuncia, igual acaba cantando Chiquetete.

Los días 13, 14 y 15 de junio los amantes de la danza podremos disfrutar del Ballet Nacional de España en dos espectáculos, “Ángeles caídos”, con música de Salvador Niebla (aunque en el correo remitido por Les Arts se hable erróneamente de Santiago Niebla), y “Suite Sevilla”, con música de Rafael Riqueni.

El 26 de junio, Zubin Mehta dirigirá a la Orquesta de la Comunitat Valenciana en un concierto dedicado a Johaness Brahms; y el 1 de julio será un año más el francés Georges Prêtre quien se pondrá al frente de la agrupación orquestal titular de Les Arts, con un programa en el que se incluirán obras de Schubert y Gustav Mahler.

Hasta aquí las últimas informaciones del teatro valenciano. Mi consejo es que sigáis atentos a las sucesivas variaciones que permanentemente tienen lugar en su web, porque al final supongo que cualquier parecido de lo anunciado con lo que se ofrezca en realidad, será pura coincidencia.

Para ir ambientando musicalmente el tema dejo aquí tres videos. El primero pertenece a la producción de “Il Trovatore” ofrecida este mismo año en el MET neoyorquino, y en él podemos escuchar a una de las mejores Leonora de la actualidad, la norteamericana Sondra Radvanovsky que interpreta “D’amor sull’ali rose”:


video de coloraturafan

Ahora podemos ver a una pareja legendaria, Birgit Nilsson y Wolfgang Windgassen, dirigidos por Pierre Boulez, en un fragmento del dúo de amor del acto segundo de “Tristán e Isolda”, en una grabación del Festival de Osaka de 1967:


video de Oneguin65

Y, por último, es María Callas quien canta “Dei tuoi figli la madre”, del acto I de “Medea”, acompañada por la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino dirigida por Vittorio Gui, en la histórica grabación de Florencia de 1953:


video de diesis23


miércoles, 21 de septiembre de 2011

"EL ÁRBOL DE LA VIDA". MUSICA PARA UNA OBRA MAESTRA


Siempre he considerado que la persistencia, durante los días siguientes a la proyección, de las sensaciones provocadas por la contemplación de las imágenes de una película que has visto por primera vez, es un fiel indicador del valor de la misma. Al menos del valor que para ti tiene.


Si parto de esa premisa, a la reciente ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, “El Árbol de la Vida” (2011), dirigida por Terrence Malick, habré de considerarla como una de las mejores películas que he visto en los últimos años. O, al menos, una de las más memorables, en cuanto a persistentes en la memoria.

Este último trabajo del director estadounidense no está dejando indiferente a nadie y el público se divide claramente entre quienes opinan (opinamos) que nos encontramos ante una maravillosa obra maestra, y quienes la califican de soberano tostón o incluso directamente de desvergonzada tomadura de pelo.

No voy a ser yo quien defienda aquí la cinta de Malick. Reconozco que tiene muchos elementos que la hacen presa fácil de la crítica despiadada. ¿Es una película pretenciosa?, sin duda. Es larga, de ritmo moroso, desconcertante, narrada de forma poco convencional…

El cine de Malick probablemente no sea apto para todos los paladares, pero para poder disfrutar de él es imprescindible acercarse a la butaca de una forma distinta. Ir a ver una película suya puede ser lo más parecido a asistir a un recital de poesía visual de casi tres horas de duración, donde lo importante no es tanto lo que se cuenta, que también, sino cómo se cuenta. Al igual que ocurre cuando leemos un poema, es obvio que los mensajes que se quieren transmitir podrían surgir de manera más clara y concisa, pero probablemente no de forma más bella.

En esta película especialmente, el director norteamericano consigue hablarnos de la experiencia vital del ser humano y su comunión con la naturaleza, el universo y la trascendencia, en ocasiones quizás de forma demasiado abstracta y metafórica, pero con una belleza y una fuerza emocional difícilmente superables. Y lo consigue, además, no a base de apisonarnos con largos y complejos discursos, sino transmitiendo directamente sensaciones al espectador. Sensaciones que nos remiten sutilmente a nuestras propias experiencias de vida y nos hacen participar emocionalmente de esta inmensa obra maestra, a base de pura técnica cinematográfica esculpida con la paciencia y deleite que requiere la mutación del celuloide en poesía.

De cualquier forma no era mi intención entrar en un sesudo análisis de esta película en cuanto a sus valores puramente visuales o cinematográficos, sino que pretendía centrarme en un aspecto muy concreto, como es el de traer aquí algunos de los temas musicales incluidos en la misma, porque la música juega también un papel primordial a lo largo de todo el film. Contrariamente con lo que ocurre respecto a la escasez de diálogos, hay muy pocos momentos donde no se escuche la banda sonora.

Y es que una de las características del cine de Malick, melómano reconocido, como lo era también del de Stanley Kubrick, es el cuidado con el que emplea la música en sus trabajos y el acierto con el que suele elegir determinados fragmentos de música clásica que, a partir de entonces, suele ser difícil disociarlos de los fotogramas. Así ocurre con “Gassenhauer” de Carl Orff respecto de “Malas Tierras” (1973); con “El Acuario” de “El Carnaval de los Animales”, de Saint-Saëns, respecto de “Dias del Cielo” (1978); con “In Paradisum”, del “Réquiem” de Gabriel Fauré, respecto de “La Delgada Línea Roja” (1998); o con el inicio de “Das Rheingold”, de Richard Wagner, respecto a “El Nuevo Mundo” (2005).

La Banda Sonora original en esta ocasión corre a cargo del francés Alexandre Desplat, que ha compuesto una serie de temas de tono minimalista que se adaptan perfectamente a las poderosas imágenes de Malick, acompañándolas pero sin hacer perder el protagonismo a estas, y que se complementan a la perfección con los cortes clásicos incluidos por el director.

Son muchos, más de 30, y muy distintos, los fragmentos de música clásica que en algún momento suenan durante la proyección de “El Árbol de la Vida”, y quería proponer la escucha de algunos de ellos. Unos son tan conocidos como la Tocata y Fuga BWV 565 de J.S. Bach, la Sonata para piano KV 545 de Mozart, la Sinfonía nº 4 de Brahms, o este “Vltava” (El Moldava), el segundo de los seis poemas sinfónicos que componen “Ma Vlast” (Mi Patria) de Bedřich Smetana, y que podemos escuchar a continuación en la interpretación de la Filarmónica de Viena dirigida por Wilhelm Furtwängler:


video de addiobelpassato

También en diferentes momentos de la película se escucha el comienzo del primer movimiento de la Sinfonía nº 1 “Titán” de Gustav Mahler, cuyos primeros minutos os dejo en la interpretación, de nuevo, de la Filarmónica de Viena, esta vez bajo la batuta de Leonard Bernstein:


video de Tokkemon

Una de las secuencias finales del film transcurre al son de los acordes del impresionante “Agnus Dei”, de la “Grande Messe de Morts” del francés Héctor Berlioz, que podemos escuchar al Coro y Orquesta Sinfónica de Atlanta, dirigidos por Robert Shaw:


video de orincorr

Hacia 1930, Ottorino Respighi compuso la Suite III de sus “Arias y Danzas Antiguas”, transcribiendo libremente algunas piezas para laúd de los siglos XVI y XVII y convirtiéndolas en suite orquestal. La “Siciliana”, que también puede escucharse en “El Árbol de la Vida”, parece que se basó en una composición anónima:


Uno de los momentos más entrañables de la película, y al que pertenece la imagen que encabeza este post, es la secuencia en la que padre e hijo ensayan, al piano y guitarra respectivamente, esta pieza compuesta hacia 1717 por el francés François Couperin, originariamente para clavecín, y titulada “Las Barricadas Misteriosas”, que podemos escuchar en una versión para piano interpretada por Angela Hewitt:


video de oldedrum

En 1913, Gustav Holst, apenas un año antes de embarcarse en su gran obra “Los Planetas”, compuso este “Himno a Dionisos”, musicando un fragmento de “Las Bacantes” de Eurípides, traducido al inglés por Gilbert Murray. Esta pieza se caracteriza por sus continuos cambios de tempo que progresivamente van acercándose al desenfreno final, una vez que el dios Baco ha hecho acto de presencia. La versión que propongo es la del Royal College of Music Chamber Choir y la Royal Philharmonic Orchestra dirigidos por Sir David Willcocks:


video de 13Orcun

El compositor polaco Zbigniew Preisner, conocido sobre todo por sus trabajos para el cine (“Azul”, “El Jardín Secreto”, “La Doble Vida de Verónica”), estrenó en 1998 la obra “Réquiem para mi amigo”, dedicada póstumamente a la memoria del director de cine Krzysztof Kieslowski, a la cual pertenece este “Lacrimosa” que adquiere una importante presencia en la película de Malick y que podemos escuchar a continuación interpretado por la soprano Elzbieta Towarnicka, junto a la Sinfonia Varsovia y el Varsov Chamber Choir, dirigidos por Jacek Kaspszyk:


video de quickwear

Y, para ir acabando, os dejo otro de los momentos musicalmente más intensos de “El Árbol de la Vida”, se trata del segundo movimiento de la impactante Sinfonía nº 3 de Henryk Górecki, también conocida como “Sinfonía de las Lamentaciones”. Compuesta en 1976 para orquesta y soprano, en este segundo movimiento Górecki puso música a un texto escrito por una prisionera de 18 años en la pared de una celda de la Gestapo en Polonia y dirigido a su madre, en el que dice: “Mamá, no llores. Reina de los Cielos, protégeme siempre”. Podemos escucharlo en la versión de la London Sinfonietta y la soprano Dawn Upshaw, dirigidos por Davis Zinman:


video de whiskyboozer

Ahora sí, finalizo ya aquí este post de hoy con el tráiler de “El Árbol de la Vida”, de Terrence Malick:


video de trailers


viernes, 16 de septiembre de 2011

ZAR VALENCIA. FESTIVAL DE ZARZUELA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA


Entre los próximos días 27 de septiembre y 2 de octubre tendrá lugar en el Teatro Principal de Valencia, Zar Valencia, el Festival de Zarzuela de la Comunidad Valenciana del que, esperemos, esta sea tan sólo la primera edición de un evento que pueda consolidarse y devenir en una esperada cita anual para todos los amantes de la lírica.

En estos tiempos que corren es una grata sorpresa encontrarse todavía con personas que son capaces de seguir apostando por la cultura, afrontar los riesgos que ello conlleva y embarcarse en una locura francamente interesante. Esta iniciativa, de carácter privado, ha sido posible, independientemente de los distintos patrocinadores que se han podido conseguir, por el empeño personal de la presidenta del certamen, Querube Giménez, y el director artístico y musical del mismo, el director de orquesta valenciano Vicente Martínez Alpuente.

El propósito principal declarado por los organizadores es el de que la zarzuela vuelva a tener protagonismo en la Comunidad Valenciana, procurando una regeneración y actualización del género, no tanto porque se pretendan escenificar visiones transgresoras o vanguardistas de los títulos clásicos, sino porque estos sean objeto de unas producciones dignas, sin escatimar medios y con artistas de calidad, que aleje esa visión tópica de la zarzuela como algo caduco, pasado de moda y de segunda categoría, que sólo tiene futuro en giras por pequeños pueblos o funciones en residencias de la tercera edad.

El género tiene unos enormes valores que en nada tienen que envidiar a muchas óperas que son pieza habitual de repertorio en los principales teatros de España y en las que no se duda en invertir tiempo y dinero. Sin embargo, en los últimos años, quizás por un exceso de folclorismo y baja calidad de las producciones ofrecidas en épocas pasadas, se ha asistido a un menosprecio institucional que ha marginado el género, pese a que en las escasas ocasiones en las que se le ha dado voz, la demanda popular y la venta masiva de localidades indicaba un interés del público que no estaba siendo atendido.

Junto a este intento de dar un espacio a la lírica española en condiciones dignas, también se ha buscado reivindicar la calidad de muchos artistas valencianos que actúan regularmente en importantes teatros de todo el mundo y que en muchas ocasiones no tienen oportunidad de hacerlo en su propia tierra. Ahí tenemos el caso, por ejemplo, de la soprano Isabel Rey, una figura internacionalmente reconocida que no es precisamente habitual en su propia ciudad, y que inaugurará este Festival con un recital que tendrá lugar el 27 de septiembre, interpretando conocidos fragmentos de zarzuela.

El plato fuerte será la representación de “Marina”, de Emilio Arrieta, aunque se hará en su versión operística, y es que Arrieta compuso originariamente esta obra como una zarzuela, pero 16 años después, en 1871, la adaptó como ópera, con base en los cánones italianos entonces de moda, pero manteniendo unas características propias que la han llevado a ser considerada como una de las primeras óperas de la escuela española.

La dirección de escena correrá cargo de Alexander Herold quien parece que ha preparado una propuesta mediterránea y colorista donde los cuadros de Joaquín Sorolla cobrarán vida en el escenario, jugando también un papel preponderante la iluminación de Juanjo Llorens.

En el apartado de solistas vocales, el tenor ilicitano Javier Agulló y Alex Vicens se alternarán en el papel de Jorge, y en el de Marina lo harán la madrileña María Rey-Joly y Tina Gorina, que curiosamente fue la ganadora del primer premio en el Concurso Internacional de Canto Julián Gayarre, en el apartado femenino, el mismo año (2004) que lo hizo en el masculino el tinerfeño Jorge de León. Miguel Sola, Arturo Pastor y la veterana María José Martos, asumirán por su parte los papeles de Pascual, Roque y Teresa.

Se contará asimismo con la importante colaboración del Orfeó Valencià Navarro Reverter, una agrupación coral de carácter amateur dirigida por Josep Lluis Valldecabres; mientras que Vicente Martínez Alpuente se encargará de la dirección musical al frente de L’Ensemble Orchestral de Valencia.

El día 2 de octubre el Festival se clausurará con una gala lírica en la que distintos cantantes valencianos ofrecerán la interpretación de piezas del repertorio compuestas por músicos valencianos.

Las fechas elegidas para la celebración del certamen me parecen bastante acertadas, al concentrarse estas actuaciones durante este periodo en que la actividad del Palau de les Arts aún no ha comenzado y la del Palau de la Música acaba de iniciarse.

Esperemos que el esfuerzo que se ha hecho por poner en marcha esta iniciativa para dignificar y acercar el repertorio lírico español al público valenciano tenga éxito y podamos en los próximos años hablar de nuevas ediciones de este Festival.

Yo de momento procuraré contaros lo que ocurra en los próximos días. Las entradas pueden adquirirse ya en las taquillas del Teatro Principal o en la web entradas.com. Los precios de las localidades van de 18 a 45 euros.

Aquí os dejo el programa completo.

Martes 27 de septiembre de 2011
A solas con Isabel Rey
Isabel Rey, Soprano
Vicente Martínez Alpuente, Director
Orfeó Valencià Navarro Reverter
L´Ensemble Orchestral de Valencia

Del miércoles 28 de septiembre al sábado 1 de octubre
“Marina”, de Emilio Arrieta (Versión Ópera)
Vicente Martínez Alpuente, Dirección Musical
Alexander Herold, Director de Escena
Marina -María Rey-Joly (28 y 30) /Tina Gorina (29 y 1)
Jorge - Javier Agulló (28 y 30) / Alex Vicens (29 y 1)
Pascual - Miguel Sola
Roque - Arturo Pastor
Teresa - María José Martos
Capitán Alberto - Vicente Antequera
Orfeó Valencià Navarro Reverter
L´Ensemble Orchestral de Valencia
Escenografía - Luis Crespo
Iluminación - Juanjo Llorens
Vestuario - Fidel David
Producción - Jaime Martorell / Sandra Minguez
Asistente de dirección y Regiduría - Enric Gironés
Director Técnico - Manuel Martínez

Domingo 2 de octubre de 2011
Gala Lírica de Clausura - Nuestras voces
Amparo Navarro, Soprano
Maite Alberola, Soprano
María José Martos, Soprano
Javier Agulló, Tenor
Javier Galán, Barítono
Vicente Martínez Alpuente, Director
L´Ensemble Orchestral de Valencia

Para ir abriendo boca os dejo con el tango-habanera "Dichoso aquel que tiene", del acto III de "Marina", en la interpretación del barítono David Menéndez:


video de solimusi


Y aquí a don Alfredo Kraus cantando la famosísima entrada de Jorge, "Costa la de Levante...":


video de kraustrujillo

viernes, 9 de septiembre de 2011

EL RAH, LA ROH Y UNAS PINTAS CON MUSETTA (IIIª Parte)


Tras las andanzas londinenses de Atticus y sus amigos por el RAH y la ROH, de las que os hablé en los capítulos anteriores de esta miniserie, hoy finalizaré contando algo, por fin, acerca de las pintas con Musetta. Quizás me alargue un poco, pero ya no es cuestión de hacer más episodios.

Cuando ya nos habíamos hecho a la idea de quedarnos sin ver una ópera en Londres, una visita a mi buen amigo Simon, inglés residente en el barrio de Islington, cambió las cosas. Él nos comentó la existencia de un Pub del barrio donde representaban ópera en inglés y nos manifestó que pese a que hacía tiempo que tenía ilusión por haber ido, no lo había podido hacer. Estuvimos viendo el calendario de representaciones que nos facilitó y vimos que esa semana interpretaban “The Turn of the Screw” de Benjamín Britten, “L’Incoronazione di Poppea” de Monteverdi, y el día 5 de agosto, que coincidía con el cumpleaños de Simon, “La Bohème” de Puccini. Así que, tras los chistes y reticencias iniciales que nos provocaba eso de la ópera en el Pub, decidimos celebrar su cumpleaños escuchando una Bohème en directo mientras nos tomábamos unas pintas. Total, peor que Quixote no podía ser...

El Pub en cuestión es el King’s Head Theatre. Como he dicho, se ubica en el barrio de Islington, al norte de Londres, en el número 115 de Upper Street. En 1970 Dan Crawford lo convirtió en el primer Pub-teatro del Reino Unido, llegando a adquirir un gran prestigio. De hecho, por allí ha pasado gente como Ben Kingsley, Gary Oldman, Joana Lumley, Alan Rickman, Kenneth Brannagh o Imelda Staunton. En la zona de Pub hay actuaciones musicales en directo casi todos los días y en la trastienda las obras de teatro, generalmente de vanguardia, se alternan con funciones de ópera.

Desde el año pasado, Adam Spreadbury-Maher es el director artístico del King’s Head Theatre y parece ser el responsable de la actual denominación, magnífica, con la que se conoce popularmente al local: “London’s Little Opera House”, siendo el primer recinto destinado a ópera que se crea en la capital británica desde hace 40 años.

Spreadbury-Maher es también el director artístico de la compañía OperaUpClose, encargada de representar estas óperas con jóvenes cantantes, en lengua inglesa y con acompañamiento de un piano. “La Bohème” fue la primera ópera que estrenó esta compañía, habiendo alcanzado un enorme éxito de público y crítica, llegando incluso a obtener este año 2011 el prestigioso premio Laurence Olivier a la “Mejor Nueva Producción de Ópera” presentada en Londres esta temporada, compitiendo con las estrenadas en la mismísima ROH o en la English National Opera.

Así que llegó el día 5 y, con bastante escepticismo pero con espíritu abierto, nos dirigimos a Islington con nuestras entradas en la mano, que nos costaron al cambio unos 17 euros, y ganas de pasarlo bien. Al llegar al King’s Head mi cinefilia volvió a hacer acto de aparición y eso de entrar en el local y dirigirme directamente a una puerta trasera me llevó a recordar escenas memorables, como la del funeral de la abuelita de “Some Like it Hot” (Con faldas y a lo loco) o la sección porno de la librería de “El Sueño Eterno”. Aunque el caso es que la entrada a la trastienda del King’s Head de secreta no tenía nada.

Afortunadamente habíamos comprado las localidades con antelación porque cuando llegamos al Pub nos encontramos con el aforo totalmente vendido y con gente apuntada en una lista de espera por si se producía alguna baja o les colocaban en algún hueco.

La puerta trasera del Pub daba acceso a una pequeña sala, que supongo que sería en origen el almacén del local, con unas 7 u 8 filas de bancos corridos atravesadas por dos cortos pasillos ligerísimamente inclinados. En total calculamos que podría haber capacidad para unas 120 personas bien apretaditas. La insonorización del recinto era extraordinaria y allí dentro no se oía ni un ruido del bullicioso espacio contiguo destinado a Pub que se encontraba prácticamente lleno y con música ambiental incluida.

El público era bastante heterogéneo, aunque mayoritariamente joven. La gente entraba con sus pintas e incluso con botella de vino, copas y sacacorchos. Nosotros, los únicos guiris del local, nos agenciamos también nuestras pintas como los nativos, y nos insistieron muchísimo en que les dejásemos encargadas más bebidas para el intermedio y así las tendríamos dispuestas nada más salir. Así lo hicimos, no íbamos a ser menos.

La jefa de todo aquel tinglado parecía ser una dama con un preocupante parecido a doña Helga, tanto en la envergadura física como en los aires de gobernanta de campo de concentración con los que iba ordenando a la gente, según iban llegando, en los asientos sin numerar. Hasta que Helga-bis no finalizó sus tareas de apretujamiento del personal y comprobación de que todo estaba en orden, no comenzó la función.

El espacio reservado como escenario estaba amueblado representando un pequeño salón de un apartamento con un sofá, una silla, una mesita de centro, un perchero y una chimenea. Por allí se amontonaban los cuadros de Marcello, papeles y muchas botellas de licores varios. En un rincón, casi oculto, se hallaba un piano.

Ya desde que entramos en la pequeña sala uno de los intérpretes se encontraba actuando, sentado en el sofá, dando tragos de una botella de cerveza y consultando un ordenador portátil, ajeno al parloteo de la gente que nos íbamos acomodando y a las labores pseudomilitares de organización de Helga-bis. Digo que estaba actuando porque iba abrigadísimo y de vez en cuando simulaba tiritar de frío, pese al calorazo que hacía allí dentro. De repente, las luces se apagaron, se hizo un silencio digno de camposanto y desde el rincón del piano comenzaron a brotar las primeras y conocidísimas notas de la ópera de Puccini.

Acostumbrados al sonido de grandes orquestas aquello sonaba un poco raro. Luego vinieron las primeras frases en inglés de Marcello y Rodolfo y todo sonaba más raro aún, primero por el idioma y después porque las voces dejaban bastante que desear. De hecho, mi amigo Ennecus me comentó en el intermedio el primer pensamiento que tuvo cuando escuchó el principio de la ópera y coincidía exactamente con lo que pensé yo: “si salimos ahí nosotros, no sonaría mucho peor… La que nos espera. Quixote era un santo varón”.

Pero de repente, sin saber muy bien por qué, aquello empezó a rodar, a fluir con naturalidad. Todo cobraba sentido, nada se encontraba fuera de lugar y, lo que es más importante, la emoción de la música y el drama había brotado y la belleza de la obra concebida por Puccini había hecho acto de presencia, pese al entorno, pese a las voces, pese a no contar con el imprescindible soporte musical de una orquesta. Pero todo funcionaba. Era ópera.

Los que amamos esta locura de la ópera sabemos que hay días donde aparentemente nada está muy mal, pero la chispa no surge; y otros en los que una voz, una actuación dramática, el sonido de un oboe o una misteriosa conjunción de elementos, consiguen que de repente la electricidad recorra nuestra espina dorsal y todo haya valido la pena. Así ocurrió esta mágica tarde.

La dirección artística y adaptación del libreto es obra de Robin Norton-Hale. La acción estaba trasladada al Londres contemporáneo. Los bohemios protagonistas son veinteañeros, interpretados por veinteañeros, compartiendo un apartamento en Islington. Rodolfo en lugar de escribir en “Il Castoro” se encarga del mantenimiento de una página web, hay alusiones en el texto a los Pubs de Angel (en Islington) y algunas otras licencias más que se nos escaparían, pero nada chirrió. No había el más mínimo asomo de pretenciosidad o de lecturas rebuscadas, sino de cercanía. Todo estaba adaptado a la actualidad, pero la obra y el espíritu de Puccini y del libreto de Giacosa e Illica, estaban ahí y seguro que el compositor de Lucca no hubiese puesto muchos reparos y no lo hubiese visto tan lejano a sus años de estudiante compartiendo apartamento en Milan junto a Mascagni.

El nombre de OperaUpClose de la compañía no podía ser más apropiado. Esto es una ópera cercana. Esto es acercar el género al público joven, al público que ve la ópera como algo ajeno, para estirados, propio de los ricos y un coñazo protagonizado por gordos gritones. Y al mismo tiempo era algo perfectamente asumible por los fieles aficionados más ortodoxos, simplemente había que desprenderse de prejuicios y dejarse llevar.

Siento enormemente no tener la referencia de los nombres de todos los cantantes que participaron, pero no he podido conseguir los de los intérpretes masculinos. Marcello, Schaunard y Colline eran cantantes claramente formados en el terreno del teatro musical y presentaban bastantes carencias para un teatro de ópera, pero allí sonaban bien y la voluntad y empeño que le pusieron, y sobre todo la intensa entrega dramática derrochada, compensaban sobradamente cualquier reparo que pudiera hacerse. Rodolfo fue un caso especial. Su centro era problemático y sonaba estrangulado y temblón, parecía que no iba a llegar vivo ni a los dos minutos de función, pero conforme fue calentando, la voz fue mejorando poco a poco, y curiosamente brillaba más e impostaba mejor conforme se adentraba en la zona aguda, llegando por momentos a estar pletórico, dando todas las notas de la partitura de forma más que aceptable, incluido el do de pecho del aria del primer acto.

El papel de Mimí fue encarnado por Elinor Moran, quien con una voz algo más depurada que sus compañeros masculinos, defendió con tremenda dignidad el rol, dando también todas las notas y con un portentoso comportamiento como actriz, consiguiendo transmitir todos y cada uno de los matices del personaje.

Al llegar el final del primer acto las luces se encendieron, la trastienda del Pub se inundó de aplausos y nosotros nos miramos con una sonrisa emocionada y un gesto de cierta incredulidad. Aquello era buenísimo. Muy distinto, nada ortodoxo, pero era auténtico, era ópera en estado puro pese a no serlo. Nos pusimos a comentarlo todo, realmente emocionados y encantados con lo que estábamos viendo. Coincidimos en que, dadas las limitaciones escénicas, posiblemente suprimiesen el segundo acto o lo recortasen mucho, pero no importaba, estábamos disfrutando como niños. Una chica llegó entonces y nos pidió educadamente que saliésemos de allí y nos dirigiésemos a la zona de Pub a recoger nuestras nuevas bebidas. Miramos nuestros vasos todavía por la mitad, pero como se suponía que otras pintas nos estaban esperando fuera y la chica casi nos empujaba al exterior, no tuvimos más remedio que salir. Allí estaba nuestra nueva ronda de cervezas con nuestro nombre.

Yo aproveché la coyuntura para ir evacuando mi primera tanda de pintas por las vías urinarias y en eso que, estando todavía en faena, Ennecus acudió a decirme que aligerase porque el segundo acto había empezado ¡¡en el Pub!! Nosotros preocupados por si suprimían el segundo acto o por cómo podrían resolverlo debido a la limitación espacial de la pequeña sala, y la solución fue genial. El Pub King’s Head se transformó en el Café Momus de París y los clientes que se hallaban allí, así como los que habíamos salido en el descanso de la ópera, éramos los figurantes de ese segundo acto del que, no obstante, se suprimieron algunas partes, como todo lo relativo a Parpignol (que por cierto es lo que más me revienta de esa ópera).

Habían sacado el piano a un rincón de la zona de Pub y los cantantes que habían abandonado la escena al final del primer acto para dirigirse al Momus, entraron de la calle como si llegasen al local parisino. Una camarera hacía las partes del coro mientras servía a los clientes y cobraba los servicios. Musetta, interpretada por la guapa soprano Rosie Bell, entró con su Alcindoro, un bajo de voz potente que me comentaron que podría ser el dueño del Pub. Y la acción se desarrolló allí, entre los asistentes a la ópera, los borrachos del barrio y algún yuppie que había finalizado su jornada laboral, con Musetta cantando por encima de la barra con una voz de gran volumen mucho más apropiada para el género operístico, Marcello y sus compañeros bebiendo pintas y cantando, y todos nosotros interviniendo en la ópera involuntariamente y viviendo este segundo acto desde dentro.

Cuando finalizó el acto, yo me encontré absolutamente emocionado por el espectáculo y con dos pintas en la mano; y, al poco tiempo, nos volvieron a hacer entrar en la sala para presenciar los dos últimos actos, que se hicieron de un tirón.

Más allá de sus limitaciones vocales, los chicos y chicas lo hicieron francamente bien, sobre todo en su vertiente de actores, y, como ya he dicho, nada chirrió de forma que te fastidiasen el espectáculo. Todo lo contrario. En el último acto llegamos a emocionarnos, a hacerse el nudo en la garganta, cosa que hacía mucho tiempo que no me pasaba y menos con una Bohème. Sí, ya sé que habrá quien diga que llevar 2 pintas encima ayudaba, pero no sólo es eso. La cercanía, la autenticidad, la sinceridad con que se estaba haciendo todo aquello fue determinante.

Las pintas a lo que sí ayudaron fue a llegar más que apurados al final de la ópera, porque me temo que si llega a durar 15 minutos más la representación, a Mimí la lloran en barca. De hecho hubo quien se planteó rellenar los vasos vacíos y no precisamente con cerveza.

El público merece una mención aparte, también muy positiva. Pese a estar en la sala con las pintas, botellas de vino y todo tipo de bebedizos, se comportó mejor que gran parte del agropijismo de Les Arts, guardando un respetuosísimo silencio en todo momento, aplaudiendo lo justo cuando tocaba y viviendo el espectáculo con intensidad.

Al finalizar, enormes ovaciones fueron tributadas a todos los participantes, incluyendo a la joven pianista, de quien también lamento desconocer su nombre, que llevó a cabo un trabajo espléndido, consiguiendo con su instrumento llevar todo el peso musical de la obra y dotarla de los matices requeridos, dentro de las lógicas limitaciones.

Nosotros vivimos una experiencia nueva, muy interesante, que no nos esperábamos en absoluto y que nos devolvió, pese a sus peculiaridades, toda la magia y la emoción de las buenas noches de ópera.

Otra vez he vuelto a enrollarme demasiado, aunque al menos ahora ya os he contado lo de las pintas con Musetta… Aquí os dejo con un video de un breve fragmento de una de las representaciones de esa Bohème en el Pub:


video de fiphianh

martes, 6 de septiembre de 2011

EL RAH, LA ROH Y UNAS PINTAS CON MUSETTA (IIª Parte)


En el capítulo anterior dejamos al autor de este blog y sus 4 acompañantes bebiendo pintas en Londres tras haber asistido a uno de los conciertos de los PROMS de este verano en el Royal Albert Hall (RAH). Pero ahí no acabarían las andanzas musicales de estos intrépidos melómanos.

Cuando organizamos el viaje a Londres, por supuesto lo primero que miramos es si en esas fechas se representaba alguna ópera en el recinto operístico por excelencia de la capital, la Royal Opera House Covent Garden. Pero no hubo suerte. Nuestra visita coincidía con una gira del Ballet Mariinsky de San Petersburgo, que celebraba el 50 aniversario de su primera actuación en la ROH, y toda la semana estaba ocupada por funciones de ballet.

Los que me conocéis ya sabéis que el ballet me atrae casi tanto como introducir los pies en ácido sulfúrico al amanecer, así que la perspectiva no era muy halagüeña, pero como algunos de los amigos que me acompañaban no habían estado nunca en la ROH y siempre es un placer visitar mi teatro favorito, cometimos la imprudencia de sacarnos unas entradas baratas para una función de “Don Quixote” y así aprovechar para ver el ambientillo de la ROH y sus interioridades. Lo único malo es que había que tragarse el espectáculo danzarín.

Vaya por delante, antes de continuar, que respeto y envidio muchísimo a aquellas personas a las que les gusta el ballet. Yo me reconozco en ese campo un absoluto inculto con orejas y, por más que me empeño en acercarme a él con buenos ojos, siempre me acabo aburriendo soberanamente. Así que pido disculpas desde este momento a todos los amantes del género por mi atrevida ignorancia, y las opiniones que vierta a partir de ahora no son las de ningún tipo que va de listo, sino que casi podrían denominarse “Homer Simpson va al ballet”.

Bueno, pues el Quixote este cuenta con una historia y coreografías que se inventó en el año de la tos un tal Marius Petipa, que se ve que, como entonces no había muchos más entretenimientos que no fueran pecado, no se le ocurrió nada mejor al chavalote que dejar para la posteridad este mayúsculo pestiño, para el que juran y perjuran que se basó en la obra homónima de Miguel de Cervantes.

El responsable criminal de la música es el austriaco Ludwig Minkus. Realmente es muy apropiada para ballet y agradable al oído, pero aburrida, simple y previsible como la de un anuncio de salva slips. Está trufada de referencias hispanas, jota incluida, para darle el toque exótico, y llena de chim-pon para que el público tenga claro dónde tiene que aplaudir y la danseuse pueda hacer su posturita con el abanico. Para quince minutillos la cosa no está mal, pero dos horas de quixotismo sin una UVI móvil cerca, debería ser considerado deporte de alto riesgo.

Y digo yo que si una obra se llama “Don Quixote” y se supone que va del héroe cervantino, lo normal es que el protagonista del asunto sea Quixote, creencia que se reafirma si, como es el caso, en los carteles preside el reparto un sujeto llamado Vladimir Ponomarev que era el encargado de dar vida al personaje...Pues de eso nada... Aquello se llamaba “Don Quixote” como podía haberse llamado “La faja de la tía Lorenza” o “Los Bingueros”, y se parecía a la obra de Cervantes como Helga a Mónica Bellucci.

El artistazo este del Ponomarev deambulaba a cámara lenta por el escenario (perfectamente caracterizado de Alonso Quijano, eso sí) y toda su interpretación consistía en aparecer entre los bailarines de vez en cuando, echar la cabeza hacia arriba muy despacio con cara de lelo; ponerse la mano izquierda en la pechera, en la intertetal misma; y levantar el brazo derecho muy tieso hacia lo alto, también muy despacico, como si le fuese a cantar una saeta a la Esperanza de Triana. Durante toda la obra estuve esperando que en un momento dado Ponomarev-Quixote nos sorprendiese poniéndose a pegar saltos y se desvelase como un bailarín excepcional, pero no… del gesto de la mano en el pecho, el brazo en alto y la cara de lelo no pasó en toda la noche.

Aquí podéis ver (si tenéis bemoles) un video de esta producción de “Don Quixote”. Ojito al papelón del Quixote de turno, podéis verle al fondo, detrás de las monísimas bailarinas, aunque luego, a partir del minuto 4, avanza hacia las primeras filas para que no nos perdamos ni un detalle de su arte:


video de kabaiivansko

Desde luego, si D. Miguel de Cervantes levantase la cabeza y viese a su heroico hidalgo convertido en un pelele idiotizado, iba a empezar a repartir estopa y lo de Lepanto iba a parecer una fiesta infantil.

Los papeles protagonistas de verdad, los de brincar, hacer puntas, pas de deux y todas esas gaitas, fueron asumidos por Yevgenia Obraztsova y Alexei Timofeyev, dos jóvenes bailarines muy finos ellos, huesuditos, con la sonrisa de Joker puesta todo el tiempo… vamos, lo que toca. Yo ya digo que no entiendo una patata, pero parecía que lo hacían bien. Ella se movía de puntas por todo el escenario sin caerse ni nada y daba más vueltas que un tiovivo sin luego darle la risa tonta y vomitar, y la gente aplaudía un montón y ella se quedaba con la sonrisa petrificada como si hubiese visto a Rappel en tanga. El chico salía marcando nalgazas y paquetín y saltaba abriendo mucho las piernas como si le hubiesen puesto una guindilla en el escroto, pero sin hacer ni un mal gesto el tío, y cogía a la Yevgenia con una mano y la levantaba a lo alto como si fuese un camarero llevando una bandeja con cuatro cañas y unas bravas, y la otra allá arriba, abriendo el abanico muy digna y risueña al son del chim-pon, aunque el Alexei le estuviese clavando la uña larga del meñique en la misma sobaca.

Luego salía también Sofia Gumerova dando unas zancadas que ni el correcaminos. Saltaba girando en el aire y caía con todo su peso en un solo pie, que yo sólo de verla casi me hago un esguince de tobillo. Y también estaba Karen Ioanissiyan, un torero paquetero más apropiado para boy de “Victor/Victoria” que para saltar a un ruedo, y que menos torear hacía de todo: ponía posturitas, pegaba unos brincos tremendos como si le hubieran amenazado con tragarse la obra hasta el final, y manejaba la capa con mucho arte como si fuese el abanico de Locomía.

El apartado musical corrió a cargo de la Orquesta del Teatro Mariinsky dirigida por la veterana y experta batuta de Boris Gruzin. La excelente acústica de la ROH no pudo ocultar que el conjunto sonase con demasiada frecuencia un poco a banda, aunque en el apartado positivo hay que consignar la excelente coordinación del foso con la escena.

Los decorados y el vestuario eran muy vistosos y coloridos, aunque todo era un puro disparate y allí se mezclaban bandoleros, faralaes, toreros, caballeros con plumero, duendes, baturros, gitanos, Quixotes y tutús sin ton ni son. Aquí podéis ver otro video (si es que no habéis tenido bastante) con algunos momentos estelares de este montaje de “Don Quixote” en 2006 con otros protagonistas, para que os hagáis una idea de todo esto. A partir del minuto 3.10 aparece la impagable cuadrilla de toreros, que no se sabe si mueven capotes u orean la ropa interior de Helga:


video de patricalin118

Todo el público (mayoritariamente femenino), que llenaba la sala por completo, se lo pasó estupendamente por lo visto. Me quedé con la boca abierta (también es verdad que me pilló bostezando) cuando vi el entusiasmo y las cerradas ovaciones y bravos que la gente tributaba enloquecida a semejante ladrillo caravista desde su inicio. Pero el belfo me llegó ya al ombligo cuando después leí en el prestigioso The Times que, además de ensalzar el espectáculo como algo grandioso, el crítico arremetía con fiereza contra los responsables de que una maravilla como esta sólo se representase dos días. A éste le parecieron poco dos días de Quixote y yo sin embargo en el segundo descanso ya no pude más y me largué.

Sí, lo reconozco, soy un gañán sin sensibilidad, pero como no tenía hecho testamento opté por abandonar la sala antes del último acto por temor a estirar la pata en el anfiteatro de la ROH. Entre que el sopor me apabullaba, que a mi vecino de asiento, un portugués con halitosis que se debía aburrir tanto como un servidor, le dio por canturrear, y que dos de mis amigos pronunciaron las palabras mágicas “¿nos largamos?”, al finalizar el segundo descanso el grupo se dividió y tres de nosotros no retornamos a la localidad.

Nos quedamos paseando por la terraza y pasillos de la ROH deteniéndonos con tranquilidad en cada detalle, e intentando convencer a las amables acomodadoras, que se empeñaban en que si queríamos podíamos entrar a ver terminar la función, de que estábamos ya hasta los quixotes de tanto ballet.

Finalmente salimos de allí disfrutando del frescor de la noche y nos dirigimos a un Pub cercano a esperar con unas pintas al resto del grupo para ir a cenar.

Hablando de pintas, os dije que os hablaría de las pintas con Musetta y me he enrollado demasiado con la ROH, así que tendrá que ser en el siguiente capítulo.

TO BE CONTINUED