lunes, 3 de diciembre de 2018

"LA FLAUTA MÁGICA" (W.A. Mozart) - Palau de les Arts - 01/12/18


El sábado tuvo lugar el esperado inicio de la temporada operística 2018-2019 en el Palau de les Arts. Tras las decepcionantes funciones de la Turandot de pretemporada, los aficionados esperaban con ilusión la inauguración oficial del ejercicio lírico valenciano. Una inauguración que además contaba con todos los ingredientes para que se confiase en poder disfrutar de una intensa velada: una joya de la producción operística como es La Flauta Mágica, de W.A. Mozart; una sala con todo el papel vendido y abundante presencia de gente joven; e incluso una nutrida representación institucional, encabezada por el máximo responsable del Ministerio de Cultura (una institución lamentablemente demasiado ausente hasta ahora de nuestro teatro), la directora del INAEM, el conseller de Cultura, la consellera de Justicia y el President de la Generalitat, entre otros.

Bueno, pues desde luego intensa fue la velada, pero para mal… Intensamente decepcionante y por momentos, al menos para quien esto escribe, indignante. El gatillazo del Palau de les Arts en su estreno de temporada ha sido memorable y el principal culpable de ello es el señor Graham Vick, reputado y reconocido director escénico del que en Les Arts hemos visto algún trabajo muy digno, como su Lucia di Lammermoor, pero que en esta ocasión nos ha presentado una mamarrachada monumental y pretenciosa, con menos sentido que un discurso de Antonio Ozores y, lo peor de todo, que se convierte en única protagonista del espectáculo, avasallando el componente musical y mancillando sin recato una obra maestra mozartiana.

Sé que con esta crónica me granjearé (nunca mejor dicho ante tanto pollo) las críticas de aquellos a los que la función les encantó, que también los hubo; así como la incomprensión de quienes piensen que se trata del eterno debate entre puestas en escena clásicas o innovadoras, que no es el caso, o que es la típica reacción de los viejos abonados conservadores, elitistas y estirados, reticentes ante cualquier cosa que huela a renovación. No es así. Ni me considero elitista, ni menos aún conservador, ni me parece mal la renovación. Quienes me seguís sabéis que no me molestan en absoluto las puestas en escena transgresoras. Recientemente, por ejemplo, no me cansé de elogiar la dirección de Michieletto en una propuesta tan particular como la presentada en junio para La damnation de Faust. Así que si hoy alguien no comparte mis impresiones, lo siento; pero si no dijese lo que realmente pienso, este blog dejaría de tener el poco sentido que le pueda quedar.

El problema de la producción elegida para inaugurar la temporada en Les Arts no es su transposición espacio temporal, ni que se pase la historia del libreto por la intermuslar, ni que disfrace de mamarrachos a los cantantes, ni que rompa la cuarta pared y utilice todo el recinto de la sala principal para ambientar su historia, ni que llene el escenario de actores no profesionales, incluso ni que el discurso que transmita sea una imbecilidad propia de primer curso de Podemita. Lo criticable reside en que todo eso, más las ocurrencias con las que lo aliña, acaban por afectar muy negativamente a lo realmente importante en una ópera, a su columna vertebral que es la vertiente musical.

Antes de nada quiero advertir que si alguien va a ir a ver esta ópera y quiere dejarse sorprender por la producción, mejor que no siga leyendo porque voy a desvelar muchas de sus idioteces (o hacer spoiler que dicen ahora los yeyés).

Cuando se anunció en prensa que Les Arts iba a hacer una selección de 70 personas no profesionales para intervenir como figurantes en esta producción y subir al escenario de manera altruista, por un momento se me pasó por la cabeza la idea de presentarme y entiendo perfectamente que le hiciese ilusión a mucha gente. Inmediatamente deseché la opción de hacerlo, no por temor a la crítica de Justo Romero cuando viera lo mal que actúo, sino porque, sin poner en duda que en el fondo la intención de la convocatoria pudiera ser bienintencionada y realmente pretendiera acercar el mundo de la ópera a los ciudadanos mediante la participación del pueblo en una ópera popular, me parecía una falta de respeto a un colectivo profesional ya bastante maltratado como el de los actores, bailarines y demás personal habitual de figuración. Con ello no quiero criticar en absoluto a las personas que han participado y que han dado lo mejor de sí en esta producción por mero amor al arte, pero sí cuestiono la ocurrencia de Vick y sobre todo sus resultados.

El señor Vick no se ha limitado a llenar de figurantes el escenario y los pasillos de la platea y a que aquéllos interpreten sus papeles de “gente de la calle” (inmigrantes, ancianos, manguis, mendigos…), sino que además les hace hablar. Sí, amiguitos, el señor director de escena ha decidido, por sus santos atributos masculinos, que había que añadir texto al libreto de Schikaneder por si algunas cosas no quedaban claras para los espectadores tontitos y, sobre todo, para procurar suavizar algunos mensajes del texto machistas o racistas, en una búsqueda absurda de dar una lectura políticamente correcta, según los imbéciles parámetros del siglo XXI, de un texto del siglo XVIII. Intuyo que lo que Vick pretende es que ese colectivo no profesional represente y dé voz al pueblo, a modo de coro griego, advirtiendo a los personajes de las posibles consecuencias de sus acciones o reprochándoles su conducta.

La majadería es mastodóntica en sí misma, pero lo peor es que además esas frases las encomienda a estos actores no profesionales, resintiéndose la acción dramática de forma crítica, ya que muchos de ellos demostraron no estar a nivel de poder debutar ni en la función de Navidad de 2º de Primaria. Reconozco su esfuerzo y valoro su ilusión, pero el resultado es malo, sin paliativos. Me hubiera parecido estupendo que hubieran hecho funciones especiales con participación de estos actores gratuitos no profesionales y, ya puestos, con entrada general gratis para que el pueblo pueda disfrutar de la ópera como quiere Vick; pero no tiene perdón de Osiris que, cuando se ha pagado 135 castañas por una entrada de ópera, te la destrocen con una mala función de cole entre medias.

Por supuesto la intervención de los actores gratuitos no profesionales se hace en castellano, con lo que en muchas ocasiones asistimos a la charlotesca situación de diálogos entre figurantes y cantantes en castellano y alemán, respectivamente. No pude evitar acordarme de aquellos tiempos en que en televisión tenían la mala costumbre de no subtitular las canciones de las películas musicales, así que, cuando en medio de una canción en inglés alguno de los actores hablaba, lo hacía doblado al castellano sin que supieras a santo de qué venía aquello. Recuerdo en Guys and Dolls (Ellos y Ellas) cantando guachigüeriguachigüeriguachigua y de pronto decía Marlon Brando “¿química?”. Pues algo así pasaba ayer. Pumpfenbafffenbafftempenf y decía uno: “grilletes”… Patético. De risa, si no fuera porque es una función de inauguración de temporada de un teatro de ópera que pretende ser de primer nivel y con entradas a precio de temporada oficial.

No sólo a los actores gratuitos les hacen hablar en castellano, también a algunos cantantes e incluso en un instante concreto a los músicos de la orquesta. Todo muy guay, muy divertido, muy popular… pero alargando innecesariamente la duración de la función y cargándose la obra de Mozart en canal. Y, como me dijo alguien en el intermedio, convirtiendo La flauta mágica en Los perriflautis mágicos.

Las ocurrencias escénicas de Vickspraynasal atacan por todos los flancos la línea de flotación de la ópera, disturbando la escucha de música y voces de otras mil maneras aparte de lo comentado. Para empezar nos encontramos ante una labor escénica extraordinariamente ruidosa y molesta. La salida de la serpiente-excavadora con unas luces deslumbrantes y su posterior explosión, las varias mascletás de fondo, los correteos y destemplados gritos de la masa de figurantes, las reubicaciones escenográficas con operarios de por medio... y, como colofón, la disparatada caída de la escenografía como fichas de dominó en mitad del maravilloso coro final. Por otra parte, se ha colocado una pasarela rodeando el foso de la orquesta por el que los cantantes pululan durante la obra y cantan por delante del conjunto orquestal y fuera de la caja escénica, con los perversos resultados acústicos que eso conlleva; como también ocurre en las innumerables ocasiones en que los solistas salen por el patio de butacas o cuando se sitúa al coro en los pasillos de platea alta. Además, esa pasarela cierra el foso de la orquesta por su parte delantera, normalmente abierta, menguando notablemente el volumen de la música. Posiblemente ayer fuera una de las pocas funciones de la historia de Les Arts donde no creo que nadie pueda decir que la orquesta tapaba a las voces, casi ocurrió lo contrario y no estamos hablando de solistas de especial volumen.


La permanente salida de cantantes y personajes por distintos puntos de la sala es otro elemento que distrae al espectador de lo esencial y le incomoda sobremanera, ya que si estas ubicado en las zonas laterales del teatro no ves elementos de la acción que discurren debajo de ti y si estás situado en la primera mitad de la platea y no sabes alemán, si quieres saber lo que están cantando tienes que estar girando el cogote para ver al cantante, te fracturas las cervicales volviendo a buscar la pantalla de subtítulos y acabas con la cabeza como la niña del exorcista. Por cierto, ayer como novedad nos encontramos con una pantalla de sobretítulos sobre el escenario que ofrece la traducción al valenciano de los textos. Intuyo que esto no será cosa de Vick sino de los nuevos gestores, aunque no entiendo muy bien por qué después de haberse gastado el teatro una pasta en las pantallas individuales, tienen que meter ahora este elemento en danza, salvo que sea un guiño de valencianismo hacia los marzalitos.

Todas estas vertientes de la producción que he comentado hacen que el regista se convierta en el centro de la función y único protagonista y, en lugar de ser él quien adapte su puesta en escena a los requerimientos musicales y vocales para respetar, potenciar y engrandecer la obra, supedita la creación musical a sus ocurrencias y la coloca en un segundo plano inaceptable. Eso es lo que justifica mi rechazo y motivó ayer mi abucheo.

Menos importancia tienen para mí otros aspectos de la propuesta de Vick, como la exaltación del feísmo que estéticamente desprende o el tontorrón mensaje que pretende transmitir. Incluso pienso que si se hubiera limitado a dejar la acción en el escenario y hubiera prescindido de los actores gratis, hasta hubiera tenido su gracia la cosa.

El mensajillo politiquero es muy primario. En lugar de los tres pilares del templo nos presidirán toda la acción los edificios del Banco Central Europeo, la Basílica de San Pedro y una tienda Apple, simbolizando, supongo, la tiranía del poder económico, del religioso y del de la informática. Frente a ellos, la masa de actores gratis representa al pueblo desfavorecido que acampa en los laterales del escenario y protesta frente a los poderosos y los niños pijos. La sala principal de Les Arts se la encuentra el espectador al entrar llena de pancartas reivindicativas de todo tipo de cuestiones, desde los desahucios a la corrupción, la violencia machista o las pensiones, y los figurantes se pasean por escena también con mensajes de toda índole.  Por supuesto todo ello con una corrección política mayúscula. Cuando se critica a las religiones salen todas representadas, cuando Papageno y Pamina cantan el precioso dúo elogiando el amor de hombre y mujer, los figurantes se encargan de enseñarnos que las parejas pueden ser también de hombre-hombre y mujer-mujer o cuando Sarastro reprende a Monostatos y le dice que tiene el alma tan negra como su piel, los actores gratis le llaman racista y le dicen que la culpa es de la sociedad. Sonrojante y lamentable. Somos adultos y comprendemos que la época en que fue escrita la obra no es esta, no nos vamos a escandalizar por esas cosas. Es más, nos da igual. Lo importante es la música. Y el señor Vick se la carga con desvergüenza.

Que Papageno salga caracterizado de gigantesco pollo cual reclamo comercial de tienda de pollos asados, no me molesta. Peor me parece el cutre aspecto de Tamino con gorra de tontaco del revés, chándal de Casa de la Caridad y mochilica con escudo del Valencia CF; o una Pamina infantil e idiotizada en la primera mitad de la obra. Si tuviera que decir lo que más me convenció de la puesta en escena creo que sería el indiscutible trabajo de dirección de actores que hay detrás de toda esta memez, la primera salida de los tres niños en patinete eléctrico y el ridículo baile final de todo el elenco que, ya en pleno destarifo y desparrame, acaba por tener su gracia… sobre todo porque ya se acaba todo.

Si Carlos Saura no hubiera cometido aquel crimen de lesa humanidad y mayúscula caradura con su impresentable Carmen, Graham Vick estaría sin duda pugnando por la medalla de oro de los mojones escénicos de la historia del Palau de les Arts.

Veo que llevo escrito tanto o más que sobre cualquiera de mis crónicas operísticas habituales y todavía no he dicho una sola palabra sobre la vertiente musical. Lamento haber concedido tanta importancia a una dirección de escena que no merecería ser protagonista más que de una portada de página de sucesos, pero es que el sábado todo lo demás que ocurrió estuvo condicionado por la defecación mental del amigo Vick y, lamentablemente, como ya he dicho, lo musical acabó por quedar en un segundo plano. Así que procuraré ser breve.

La dirección musical corrió a cargo de Lothar Koenigs, quien se ponía por primera vez al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Venía con el marchamo de ser un especialista en el repertorio mozartiano y me dejó con un mal sabor de boca. Era complicado destacar ante el cúmulo de cagarrutas escénicas que se desarrollaban, pero la verdad es que la dirección del alemán fue también de una insulsez soberana. Me imagino que viendo aquel desfile de pollos y figurantes gratis por diestra, siniestra, delante y detrás, con ruidos, gritos y todo tipo de inconvenientes, resultara complicado centrarse, pero no hubo ni un solo detalle que desvelase una propuesta medianamente interesante. Lectura plana, fofa, desvaída, sin alma y con importantes caídas de tensión. Mero acompañamiento al servicio de los delirios escénicos. Únicamente puedo decir en su favor la atención que prestaba a marcar las entradas de los cantantes y coro, aunque se le desmandaran en más de una ocasión. Me sorprendió, por lo inhabitual, ver por primera vez en mucho tiempo a un número importante de miembros de la orquesta bostezando. Les comprendo. Ha de destacarse por encima de todo la soberbia labor de Magdalena Martínez a la flauta y del solista de glockenspiel y las intervenciones de Pierre Antoine Escoffier al oboe, Joan Enric Lluna al clarinete o unos estupendos fagots.

Más que solvente, como siempre, el Cor de la Generalitat que, pese a no tener una extensa participación, volvió a dejar constancia de su profesionalidad, asumiendo las idioteces escénicas sin perder la compostura (debe ser muy complicado conservar la dignidad teniendo que cantar disfrazado de gurú pintarrajeado), con unos coros masculinos espléndidos y dejando dos finales de acto vocalmente excelentes. Fue una pena que no aprovecharan el desvarío escénico de Vick para colgar alguna pancarta con sus reivindicaciones.

Hay que lamentar el desastre escénico y la poca relevancia de la dirección musical porque en el apartado vocal el nivel no estuvo nada mal. Tampoco es que fuera la pera, pero al lado de todo lo demás fue lo más destacable.

Me gustó el Tamino de Dmitry Korchak. Comenzó un tanto destemplado en su aria de entrada, Dies Bildnis ist bezaubernd schön, temblón y llegando a desafinar, pero fue yendo a más y, pese a la lamentable pinta con que la dirección escénica le había castigado, tuvo una más que buena actuación. Quizás le falto refinamiento en algunos momentos en que se mostró algo tosco, pero en general cumplió con solidez y potencia en el registro agudo y algunos detalles de buen gusto.

Estupenda también la Pamina que compuso Mariangela Sicilia. La soprano italiana tiene una preciosa voz lírica que adorna regulando con elegancia en los momentos más intimistas con distinción. Me pareció preciosa la resolución de su aria del segundo acto Ach, ich fühl's, es ist verschwunden, y durante toda la función tuvo una entrega escénica magnífica. Aunque si de comportamiento escénico hablamos creo que el premio principal ha de concederse al Papageno del barítono británico Mark Stone. Toda la velada disfrazado de pollo, haciendo mil y una tonterías, incluido el tener que hablar en castellano, y, aun así, manteniendo siempre el nivel vocal sin perder las plumas.

Otra de las triunfadoras de la velada fue la Reina de la Noche de la soprano ucraniana Tetiana Zhuravel. Tuvo un pequeñísimo desliz en una de las notas de su endiablada coloratura, pero fue un mero accidente puntual. Una notable prestación vocal a la que sólo se le podría poner la pega de una cierta frialdad y a la que le faltaba ese puntito de poderío y maldad que debe acompañar al personaje, si bien es cierto que la dirección escénica la pintaba como una de las buenas de la película.

Bien en lo vocal y en lo escénico, paseándose por toda la sala y hablando en castellano las majaderías escritas por Vick, estuvo también el Sarastro de Wilhelm Schwinghammer, aunque le faltase profundidad y rotundidad en los graves.

Cumplidor, como de costumbre, Moisés Marín como Monostatos, así como Vicent Romero y Richard Wiegold como Armados y entregadísimas escénicamente y con una más que aceptable prestación vocal, las Damas del Centre de Perfeccionament, Camila Titinger, Olga Syniakova y Marta Di Stefano. Menos me gustó el Primer Sacerdote de Dejan Vatchkov.

Mención aparte merece la Papagena de Júlia Farrés-Llongueras por su gran labor actoral y la sabiduría escénica con la que solventó la situación cuando se le enganchó una de las mangas de su pollochaqueta. Y estupendos también los tres niños Lucas Tino David Rebato, Kiran Sundip Patel y Dionysios Sevastakis.

La sala principal de Les Arts, pese a tener todas las entradas vendidas, presentaba algunos huecos, no sé si debido al partido de fútbol entre el Real Madrid y el Valencia, a los cortes previstos en la ciudad por el maratón del día siguiente o por gente que vio fotos de lo que se preparaba y prefirió desertar. Aun así se registro una magnífica entrada. Durante la representación se aplaudieron los momentos habituales y nada más apagarse las luces y extinguirse las últimas notas ya se escucharon los primeros abucheos. Una cantidad muy notable de personas abandonó la sala en ese momento, algunos por la mala educación de costumbre y otros como protesta ante lo visto en escena. En los saludos finales hubo aplausos para todos, salvo para la dirección escénica que cosechó un mayoritario abucheo contestado por aplausos por una parte de los espectadores.

Bueno, pues hasta aquí mi crónica de la primera representación de la temporada. Fue una lástima que para una vez que viene el Ministro de Cultura tuviera que tragarse el esperpento de Vick. Nosotros llevamos años esperando que vengan a integrarse en el Patronato de Les Arts y a aportar una asignación presupuestaria justa e igual cuando vuelva a Madrid lo que pide es que pongan barricadas en las vías del AVE para evitar que los pollos y los actores gratis invadan la meseta.


27 comentarios:

  1. ¡Querido y admirado Atticus! ¡Gran lástima que no te decidieras a ser figurante flautero por temor a mi bien reconocida maldad! ¡Hubieras sido lo mejor de la mamarrachada, quizá incluso te habría sacado en el titular!: "¡Atticus salva la flauta!".
    Suscribo casi milimétricamente tu larga y detallada crítica, con el único desacuerdo relativo a la "Reina de la nit". Un buen abrazo y lo dicho, la próxima vez, ¡a escena, Atticus! (aunque si me permites un consejo de colega, nunca de la mano de "Vickspraynasal"). Justo Romero

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu injustificada confianza, amigo Justo, pero me temo que si hubiera tenido la osadía de unirme a la Corte de los Milagros del señor Vick, me hubieras vapuleado con toda la razón.
      Un abrazo y enhorabuena por tu magnifica y divertida crítica.

      Eliminar
  2. Coincido contigo en cuanto a la puesta en escena y en que si le hubiera quitado las interrupciones vocales de los figurantes y alguna otra cosa podría hasta haber tenido su gracia. En lo que no coincido es en tu benevolencia en lo musical. Una ópera maravillosa se convirtió en un auténtico peñazo en gran parte debido al director qaue no supo mantener el pulso y aburrió hasta a las piedras. La reina de la noche hizo sus gorgoritos regular pero como si fuera un pajarito. Ningún dramatismo, ninguna expresión, nada. Die Holle Rache se convirtió en unos trinos sin sentido. Encontré varios desajustes en los dúos. Korchak no creo que tenga una voz adecuada y para nada dotó a su personaje de la nobleza y carácter que requiere. Stone (Papageno) estuvo bien en lo actoral peró tampoco destacó en lo vocal. Tampoco encontré mucha emoción en Sicilia, posiblemente lastrada por la dirección y la puesta en escena.
    En fin, una inauguración de temporada para huir (como comentaban a veces en la Turia). Yo he llegado a pensar que este gobierno autonómico quería cargarse la ópera y quizás sea cierto. Ésta, desde luego, se la han cargado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues ya veo que te gustó bastante menos que a mí... La dirección musical no la defiendo en absoluto, fue fofa y aburrida. Algunos solistas como Sicilia y Korchak pienso que, sin ser Popp y Wunderlich, sí me dejaron un buen sabor de boca. Y, sinceramente, no creo que el gobierno autonómico tenga nada que ver en el desastre vivido.

      Eliminar
  3. Gran crónica una vez más.
    Yo que soy de los que suele repetir las óperas dos, tres y hasta cuatro veces, me parece que ésta vez no voy a ir ni el día que me corresponde.
    Me fastidian mucho éstos montajes visionarios, y en La Flauta Mágica más.
    Está claro que la ópera a los actuales mandatarios no les gusta y si pudiesen incluso la eliminarían de Valencia.
    Saludos.
    Vicente Llevantis

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Vicente.
      Yo, a pesar de todo, te recomendaría echarle valor, ir y formarte tu propia opinión. Y te digo como a César, independientemente de que a los mandatarios actuales les importe un bledo la ópera, no creo que sean responsables de los dislates de esta producción ni de su contratación.
      Un saludo

      Eliminar
    2. Querido Llevantis, discrepo en tu comentario, creo que no hay necesidad de politizar tanto las cosas, ya que esto es mucho más sencillo, es arte, y como para gustos colores suele traer polémica.
      Aunque no nos guste (y puede que yo sea uno de ellos, el día 13 te lo diré=, Graham Vick es un reputado escenógrafo que trabaja por medio mundo. ¿Acaso a los mandatarios de Berlín, Milán, Verona, Londres, Bolonia, Chicago... no les gusta la ópera y la quieren eliminar?
      Comparto el consejo de Atticus, anímate a ir a verla!! Por cierto amigo Atticus, eres genial. Un abrazo.
      Radamés-

      Eliminar
    3. Gracias por tu comentario, Radamés, lo suscribo al 99% (excepto lo de mi genialidad). Un abrazo.

      Eliminar
  4. Molt bon comentari, just i encertat. Gràcies, Atticus. No com el d'alguns que han demanat dimissions polítiques per la posada en escena. Quins frívols! Per l'escena de Carmen o Don Giovanni, en proporció, haurien d'haver il.legalitzat el PP de Camps.
    Jo l'he vista i he sobreviscut, i a estones he gaudit del cant. I tornaré. La veritat és que en la primera part encara la salvava, però la segona se'm va fer impassable.
    Esperem que hi haja més desastres perquè voldrà dir que podrem tindre més grans dies.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tens tota la raó, no crec que calga barrejar les produccions fallides amb la responsabilitat política, ni abans ni ara.
      El missatge polític de la proposta és responsabilitat de Vick i el seu desencert escènic també.
      Açò sí, espere que no hi haja molts més desastres del mateix calibre.
      Una abraçada

      Eliminar
  5. Jose Ramón López3/12/18 17:30

    Buena crónica y, como siempre, ácida y divertida. A mi me sobraron sobre todo las morcillas y las tonterías en castellano de los figurantes. Como bien dices, sin los figurantes ni los añadidos al texto habría quedado como una puesta en escena hasta interesante en algunos momentos. El primer acto tenía un pase, el segundo se me hizo insoportable porque ya era incapaz de ver ni pensar en nada que no fuese esperar la siguiente salvajada a perpetrar. Echo de menos, además, que por una vez nos dejen oír una obertura sin vídeo, bailarines, actores paseando o actividades extrañas en el escenario ¿piensan acaso que si hay música sin nada en escena nos aburriremos? lamentablemente el sabotaje a la música instrumental es ya algo habitual en el Palau.
    Tal vez porque iba muy predispuesto a que no me iba a gustar nada en absoluto lo toleré un poco; aunque suelo repetir alguna ópera, en esta desde luego no me volverán a ver el pelo ni aunque me regalen la entrada. Un espectáculo para olvidar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de amenizarnos las oberturas es una guerra que ya doy por perdida. No hay manera. Y las escasísimas veces en que algún director de escena las medio respeta, entonces suelen ser los vecinos de butaca quienes aprovechan para parlotear o mirar en el móvil cómo va el Valencia.
      Creo que a mí me indigno lo de ayer más que a ti, pero fíjate que me están entrando ganicas de repetir un día de estos...
      Un abrazo y gracias por tu comentario

      Eliminar
  6. Gran y divertida crónica la tuya, Atticus.
    Y, aunque con matices, creo que es la primera vez que coinciden las críticas de Levante, Valencia Plaza, El País, Las Provincias, ABC y la tuya (las he leído todas)
    Tengo la mala costumbre de buscar información antes de acudir al teatro, salvo que sea un estreno absoluto porque no hay nada que leer, claro.
    Esta se estrenó este verano en Macerata, Italia; busqué y encontré críticas, vídeos de Vick hablando de su propuesta, fotos y fragmentos de la ópera...y me quedé bastante fastidiado (por decirlo finamente) porque veía el desastre llegar a Valencia.
    No he ido aún, pensaba hacerlo el viernes y estoy dudando, no sé qué haré porque no me apetece sufrir en una ópera que me gusta tanto.
    Y lo que no puedo entender es que alguien con tantas tablas como Vick, que conoce esta obra a la perfección, una vez estrenada y visto lo visto, no haya modificado todo aquello que no funciona, no haya plegado velas y hecho un replanteamiento importante; hubiera sido una auténtica muestra de inteligencia.
    Ya diré algo más si finalmente voy a verla. Un saludo.
    (el consuelo de esta semana para mí fue el recital de Piotr Beczala en el Palau de la Música)
    Ah, coincido plenamente contigo en que no veo qué tiene que ver el gobierno autónomo con este desastre; esta temporada creo que será mayoritariamente herencia de Livermore, pero ni él es responsable del patinazo de Vick.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo siempre recomiendo asistir y opinar. Además siempre se encuentra algún aspecto positivo y en este caso cuando te dejan disfrutar de la música y las voces hay algún buen momento que vale la pena.
      Igual me equivoco, pero yo creo que tampoco será Livermore responsable de la actual temporada aunque dejara apuntados algunos proyectos.
      La única responsabilidad de este fracaso hay que achacársela a Vick, un buen director que ha sido contratado con las máximas expectativas pero que esta vez ha patinado.
      Un saludo y quedamos a la espera de tus impresiones si finalmente te animas a ir.

      Eliminar
  7. Anoche (4 dic) no hubo apenas abucheos, pero si algunos abandonos en el descanso y salida impetuosa de un buen grupo de personas al finalizar la representación. No soy partidario de abuchear salvo en el caso de una manifiesta falta de calidad o profesionalidad en el espectáculo, cosa que ni de lejos se puede considerar que pasara anoche. Si alguien no está de acuerdo con la propuesta escénica o con cualquier otro apartado de los muchos que se dan en una ópera creo que es suficiente con no aplaudir y salir de forma ordenada y correcta de la sala, máxime cuando un porcentaje muy elevado de espectadores está aplaudiendo con ganas y durante varios minutos. Y esto precisamente es lo que trasmite el montaje visto ayer: conocimiento, educación y respeto es lo que necesita la sociedad para que las personas puedan sentirse mínimamente felices.
    Aprecio el tono distendido e irónico de las crónicas de Atticus y lo primero que hago al llegar a casa tras asistir a la representación es abrir el blog y conocer su opinión con la que coincido muy frecuentemente. Pero esta vez tengo que decir que el término “mamarrachada pretenciosa” me parece excesivo e injusto. Yo criticaría muchos aspectos de la versión que vimos anoche (alguna escena confusa en la segunda parte, masificación en el escenario, demasiadas pancartas en las gradas, entre otras) pero no veo motivos para tamaña descalificación. Y desde luego me decepciona profundamente que, tal y como él mismo reconoce, se sumara a los abucheos.
    Fui acompañado de dos menores de treinta años a los que intento poco a poco interesar en la ópera y tengo que decir que no solo les gustó y disfrutaron, sino que ya están esperando con gran interés y curiosidad la siguiente cita (que será I Masnadieri).
    Para mí el principal error ha sido programar este montaje como inauguración de la temporada, quizá hubiera sido mas adecuado empezar con algo mas convencional y dejar las frivolidades para más adelante. Aunque nunca se sabe…
    ¡Larga vida a Les Arts ¡

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues lamento haberte decepcionado por haber abucheado en el estreno esta dirección escénica, pero lo haría de nuevo sin dudar, aunque, por supuesto, respeto profundamente a todo aquel a quien le haya convencido y considere que es merecedora de aplauso o de respetuoso silencio. No es mi caso.
      Ojo, estoy hablando del abucheo en el estreno dirigido a los responsables de la dirección escénica cuando salieron a saludar; no a lo ocurrido anoche día 4 (yo también estaba presente) cuando se abucheó y protestó al finalizar la función de forma importante sin distinguir si se protestaba la escena, la música, las voces o todo...
      Yo tampoco soy partidario del abucheo cuando hay un trabajo detrás importante (aquí lo hay) coherente (aquí muy poco) y que aunque resulte fallido no altera la percepción de la música y las voces (aquí se las perjudica enormemente por puro exhibicionismo escénico, y eso es a mi juicio lo imperdonable).
      Yo también fui acompañado de dos menores, no ya de treinta, sino de quince años, y también les gustó el espectáculo y se lo pasaron bien. Perfecto. Pero me hubiera gustado mucho más que se les hubiera ofrecido la ópera sin atentar a la música, a las voces y al libreto original, injustificadamente ampliado y corregido por la voluntad del regista que es algo así como si mañana decido pintarle yo bigote a la Mona Lisa .
      Yo siempre he mantenido que prefiero que la gente se aficione a la música clásica y la ópera en su formato original, sin perversiones. Para entendernos, con una acción divulgativa como la del desaparecido Clásicos Populares, no con adaptaciones discotequeras de Luis Cobos o con Il Divo.
      El error, en mi opinión, no es que este montaje inaugure temporada, es todo él un error de concepto en sí mismo con un resultado que atenta a la obra de Mozart, por mucho trabajo que lleve detrás, que lo lleva.
      Sí coincido contigo en algo, largarse en estampida es una falta de educación. Creo que es justo quedarse y reconocer o protestar el trabajo de quienes han participado.
      En cualquier caso, gracias por dejarnos tu opinión. Las diferencias siempre pueden ser enriquecedoras.
      Un saludo y... ¡larga vida a Les Arts!

      Eliminar
  8. Hola a tots. L'he vista per segona vegada, des d'una posició més alta, i el so de l'orquestra millorava. Els cantants estigueren bé, a pesar de la indisposició anunciada de Sicilia, que no va ser evident. He tingut la mateixa sensació que la primera sobre la qüestió escènica. En el primer acte podia assumir, sense gens d'entusiasme, la proposta. En el segon, l'obra de teatre es menjava la part cantada i la confusió sobre el sentit dels personatges -no sana ambigüitat- feren que m'avorrira. En resum, em la meua opinió, un proposta fallida, però que no és per a tant de rebombori, ni per a un intent de motí d'un senyor del tercer pis en el primer acte, que secundaren mitja dotzena i feren callar els espectadors que s'estimen l'òpera (Tamino anava a cantar la seua primera ària). Menció per Korchak que, crec, millorà la seua actuació de l'estrena. Una abraçada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Doncs sí, tan reprotxable és la labor del director d'escena quan pel seu ego menysprea l'apartat musical de l'obra; com la reacció dels espectadors enfadats quan amb les seues protestes enmig de la funció molesten a la resta del públic i falten al respecte ells també als artistes. M'han dit que ahir es va esbroncar l'obertura, em sembla intolerable.

      Eliminar
  9. Amolaopera6/12/18 19:23

    Aunque no he asistido todavia a esta representación de La flauta mágica (voy el dia 15), después de ver algún video del estreno del Festival de Macerata, otros de Les Arts y la opinión de algunos amigos asistentes, quiero dar mi opinón sobre la “genialidad” de estos “artistas”.
    Estos “genios “, amparándose en que hay que innovar, en muchos casos hacen aberraciones como la presente en la que se distorsiona todo lo que en su momente quiso transmitir Mozart que era mucho, entre otras cosas por las connotaciones masónicas que incluía.
    No deberia estar permitida la manipulación que se hace de ellas, en estos casos suelo poner también el ejemplo de la Mona Lisa. ¿Que nos parecería si un “genio” de estos, por considerar que hay que denunciar la tristeza de parte de nuestro mundo, le cambiara su famosa sonrisa por una mueca de tristeza y unas lágrimas?. Seguramente nos parecería una aberración. Si alguien quiere presentar una visión distinta, lo que tiene que hacer es crear la suya propia, en cuyo caso no habria mas que decir, pero de ninguna manera se deberia modificar la obra de otros autores, que además es un timo para las personas que compramos nuestra entrada pensando que vamos a ver un espectáculo que se nos escamotea porque el “artista” de turno que se cree un genio lo manipula. Viene a ser como si uno va a un restaurante, pide paella y le dan arroz con leche. Me gustaría ver lo que dirían los Mozart, Verdi, Puccini y compañía. En fin, una moniatada mas de las que por desgracia abundan hoy en dia. Un abrazo. Amolaopera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mi juicio lo malo no es que se distorsione el presunto simbolismo masónico que recorre la obra, cosa que han hecho el 90% de las puestas en escena de La Flauta, como que esta producción no ha pensado ni un solo momento en la música y voces dejándolos en un segundo plano.
      Si al final vas el día 15 ya nos comentarás tus impresiones.
      Gracias por tu comentario, un abrazo.

      Eliminar
  10. Lo que dice Amolaopera es de pura lógica, y lo llevamos diciendo muchos desde hace tiempo. Los cambios que desvirtúan una obra de arte en aras a la supuesta libertad del regista para darnos el coñazo con sus ideas políticas (que serán muy importantes para él, pero al resto de la Humanidad nos la soplan) es, sencillamente, un fraude, y como tal, debería estar penado por la Ley. joseluis

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hombre, joseluis, la tipificación penal de la idiocia regista me parece excesiva... jajaja...

      Eliminar
  11. Hola:
    Yo estuve en el estreno del día 4 y los abucheos fueron evidentes. Creo profundamente que el derecho al pataleo (sin sobrepasar nunca la ofensa personal o rozar la violencia) forman parte de la esencia misma del teatro y considero que tendemos a tolerar lo intolerable (y no me refiero solo a propuestas escénicas de gusto dudoso, sino al nivel de muchas interpretaciones que se premian con "bravos" cuando deberían ser castigadas gravemente). La magia y el peligro del teatro radican precisamente en que el artista está expuesto a la reacción directa del espectador y eso implica el aplauso pero también la repulsa. La propuesta escénica me pareció ridícula por ir en contra de la obra y de su mensaje humanista y elitista y sobre todo me ofendió que se vendiera el montaje como "reivindicación de la mujer" cuando las solistas femeninas o son idiotas (como Pamina en todo el primer acto) o son putas (como tales aparecen las damas y la Reina de la Noche, nunca mejor dicho). Reivindicar el papel de la mujer haciendo que el reparto femenino se pasee en bragas y sujetador por el escenario es como mínimo contradictorio (por mucho que hiciera salir el coro de mujeres silenciadas que luchaban por hacerse oír en un coro masculino). Pero la Flauta es reflejo del pensamiento masón del siglo XVIII y, por muy racional y justo que quiera ser, ese mundo era misógino hasta la médula igual que era racista y clasista..., y ya no podemos hacer nada para cambiarlo, queda como testimonio de una época. El problema es que algunos hoy en día siguen pensando así...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Completamente de acuerdo, Catalina, Tanto en lo que se refiere a la exposición del artista al juicio popular como a la visión machista que en el fondo subyace en esta puesta en escena. En el colmo del despropósito de esta producción se vende como mensaje feminista al tiempo que presenta unos personajes femeninos con unos estereotipos sexistas dignos del peor Mariano Ozores.
      Un saludo.

      Eliminar
  12. Comparto todo lo expresado !!!!!
    Que pena ....que pena ....
    Una temporada de cinco operas .....y una es esto ????
    Espero que la temporada próxima cambie (para bien )!!!!!



    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esperemos que incluso en esta temporada todo vaya a mejor.

      Eliminar
  13. Nada que hacer con esta obra. Era dificil hacerlo tan mal, pero lo han conseguido. Un precio alto para ver una obra tan pésima que deja al papel musical en el banquillo de la sinrazón.

    ResponderEliminar