viernes, 13 de mayo de 2011

VIVAN LOS NOVIOS


Decía yo el otro día medio en broma, en el post sobre “Mefistofele”, que habría que ir buscando usos alternativos al infame Auditorio inaudible del Palau de les Arts. Pero hete aquí que su ilustre Intendente Helga, a la que siempre le gusta hacer todo a lo grande, se ha puesto manos a la obra y no sólo ha buscado nuevos destinos para el Auditorio, sino para todo el recinto calatravil.

Esta semana los principales medios de prensa han recogido la noticia de que el Palau de les Arts ha decidido alquilar sus espacios para la celebración de bodas. Y parece ser que la inauguración de esta nueva actividad tendrá lugar ya el próximo 17 de junio, día en que acogerá el banquete del enlace matrimonial del futbolista valenciano del Real Madrid Raúl Albiol.

En principio, todo lo que sea rentabilizar estas instalaciones culturales, especialmente en los momentos de crisis que vivimos que hacen peligrar su propia supervivencia, a mí no me parece mal, y no es este el único teatro de ópera que lo hace. Pero hay que reconocer que el tema suena a chiste.

Me consta que, no hace muchos meses, el recinto valenciano se ha negado a alquilar sus espacios a actividades parecidas de índole privada e incluso se han puesto múltiples problemas para la cesión remunerada de sus salas para actuaciones musicales; y ahora que la cosa aprieta lo único que se les ocurre es convertir el teatro de ópera de la ciudad en los Salones Kataoria. Lo cual en sí no es malo, si luego limpian el arroz y los jirones de corbatas, pero sería deseable que sus gestores y los faraónicos ideólogos de la construcción del monstruo hiciesen gala de una mayor imaginación para darle un uso cultural rentable a un edificio concebido a tal fin y que se nutre de fondos públicos.

Llevamos comentando desde hace mucho tiempo que no se entiende cómo Les Arts no incluye en su gestión algunas aportaciones que existen en cualquier recinto operístico de medio pelo y que le permitiría ofrecer un mejor servicio a sus visitantes y obtener algunos ingresos adicionales, aunque sean pequeños, pero directamente relacionados con su actividad, como por ejemplo aumentar el número de puestos de cafetería y catering o instalar una tienda donde vender su merchandising y sus propias producciones editadas en Cd o Dvd y que se pueden encontrar en cualquier establecimiento comercial de Europa, pero no en Casa Helga.

Me llama también la atención que se opte por este recinto para ofrecer banquetes, cuando siempre ha habido coincidencia en que una de las características de Les Arts es lo inhóspitos y poco acogedores que son sus espacios. Porque supongo que no les meterán en la sala principal con una bandeja tipo avión para cada uno con su menú, mientras siguen la letra de “La Conga de Jalisco” en las pantallas para subtítulos… pero en fin, eso ya es algo que tendrán que valorar los contrayentes, además de estar dispuestos a soltar los 10.000 euros del ala que dicen que van a cobrarles por el alquiler.

Y, ojo, que como la “Sección Bodas” de Les Arts funcione con la misma formalidad y precisión que la que gestiona los espectáculos operísticos, apañados van los novios, cuando en vez del cremoso de foie les den una lata de Apis y en lugar del Château Latour del 82 les saquen un Don Simón picao.

En cualquier caso, ya digo que no me parece mal todo lo que sea generar ingresos que permitan la subsistencia de la ópera en nuestra ciudad. Cosa distinta será lo que piensen los empresarios hosteleros dedicados a estos menesteres acerca de que un recinto cultural financiado con dinero público les haga la competencia.

Eso sí, esperemos que por lo menos no acabe la estupenda Orquestra de la Comunitat Valenciana, o lo que quede de ella a fin de temporada, subsistiendo a base de amenizar los casorios, con Wellber al frente, tocando “Paquito el Chocolatero” o “El Tiburón”.

Que se besen los padrinos.

miércoles, 11 de mayo de 2011

EL MÁGICO JARDÍN DE KLINGSOR

Jardines de Villa Rufolo – Ravello - Italia

“El mágico jardín de Klingsor ha sido encontrado”. Esa fue la frase que escribió Richard Wagner el 28 de mayo de 1880 en el libro de registro de visitantes ilustres de Villa Rufolo, en Ravello, una pequeña población de la región italiana de Campania a la que había acudido acompañado de Paul von Joukowsky, un pintor amigo de un hijo de Goethe, que había conocido al compositor pocos meses antes en Nápoles y que acabaría siendo quien diseñaría los decorados para el estreno de “Parsifal”.

Hay distintas versiones acerca de la auténtica influencia que la visión de los jardines de Villa Rufolo tuvo en la versión final de la genial ópera wagneriana. Encontramos desde quien sostiene que la belleza del lugar inspiró directamente al compositor la creación misma de todo el acto II, que se desarrolla en el castillo y jardines encantados de Klingsor; hasta quien afirma que la obra ya estaba prácticamente ultimada y que la frase escrita por Wagner no pasaba de ser más que una cortés muestra de lo mucho que le había gustado ese enclave.


Lo cierto es que Wagner comenzó la composición de “Parsifal”, en la residencia que le había sido cedida en Zurich por Otto von Wesendonck, en abril de 1857 (el día de Viernes Santo si nos atenemos a lo escrito por el propio compositor en su autobiografía “Mein Leben”). Wagner interrumpiría y retomaría la composición en varias ocasiones, hasta que en 1877 se dedicó ya de lleno a ella hasta su estreno en 1882.

Todo indica que cuando Wagner llegó a Ravello el diseño de “Parsifal” difería poco de su versión definitiva, al menos en lo esencial, por lo que no resulta muy creíble que el impresionante acto II se reescribiese a partir de la visión de Villa Rufolo. No es descartable que algún elemento concreto de la obra pudiera retocarse como consecuencia de esa visita, pero lo más razonable parece ser que la influencia del lugar se limitase en su caso al diseño de la escenografía de ese acto II. De hecho, se dice que fueron los dibujos de los jardines que hizo Paul von Joukowsky mientras visitaba Villa Rufolo junto a Wagner, los que llevaron a éste a encargarle el diseño del vestuario y decorados de su ópera.

Así que no sé cuál sería la trascendencia real que tuvo Ravello en Wagner para la creación de su “Parsifal”, pero lo que sí es indiscutible es la influencia que esa historia ha tenido sobre la localidad: calles con el nombre del compositor, establecimientos de lo más variopinto (bares, librerías, hoteles, agencias turísticas) que se llaman Klingsor, Wagner o Parsifal, un festival de música que se celebra todos los años en los jardines de Villa Rufolo en una terraza sobre el acantilado y referencias a la visita wagneriana en todo folleto turístico que se precie.


131 años después de que el genio de Leipzig llegase a Ravello, quise aprovechar mi escapada a la Costa Amalfitana para acercarme yo también a Villa Rufolo. Y la verdad es que la visita valió la pena, aunque nadie me pidiese firmar en el libro de ilustres visitantes ni me surgiese la inspiración para dedicarle a Helga un mísero pasodoble. Pero la experiencia de pasear por ese recinto en un momento en que estaba casi vacío, disfrutando de las increíbles vistas de la costa que se tienen desde los jardines, con la inmensidad del mar al frente, escuchando en mi Ipod el segundo acto de "Parsifal", mientras una fina lluvia comenzaba a caer, fue una vivencia inolvidable y, con o sin la intervención de Klingsor, realmente mágica.



Para finalizar, como no podía ser de otra forma, os dejo con la escena de las muchachas-flor del segundo acto de “Parsifal” de Richard Wagner, en la interpretación de la Orquesta del Festival de Bayreuth dirigida por el legendario Hans Knappertsbusch en 1962, con el tenor americano Jess Thomas como Parsifal y unas muchachas-flor de lujo: Gundula Janowitz, Anja Silja, Else-Margrete Gardelli, Dorothea Siebert, Rita Bartos y Sona Cervená:


video de thehappymonkey

martes, 3 de mayo de 2011

SURTIDO NAPOLITANO


Si blogger se porta como es debido, este post se habrá publicado automáticamente mientras yo paso unos días de vacaciones por tierras napolitanas y sorrentinas. Así que para compartirlo de algún modo con vosotros, os dejo en compañía de un ramillete bastante apañado de tenores interpretando canciones napolitanas. Espero que os guste.

Empezamos con un ilustre napolitano, Enrico Caruso, cantando “Fenesta che lucive”, una canción que parece atribuirse a Vincenzo Bellini:


video de tomfroekjaer

Ahora es Beniamino Gigli quien canta “Ti voglio tanto bene”, de Ernesto de Curtis:


video de OldMusic44

También de Ernesto de Curtis es esta “Non ti scordar di me”, que podemos escuchar en la interpretación de Carlo Bergonzi, en un recital en Tokio cuando contaba 62 añitos:


video de masacian

Y, una vez más, Ernesto de Curtis es el autor de “Tu ca nun chiagne”, que nos canta, en un playback muy discretito, el siempre excesivo Mario del Monaco:


video de Oneguin65

Es ahora Giuseppe di Stefano quien canta “Tutta pe’mme” de Lama y Fiore:


video de alfonsorama1

Luciano Pavarotti, acompañado al piano por James Levine, nos ofrece su versión de “Marechiare” de Tosti:


video de uncjim

Y finalizo con mi admirado Tito Schipa cantando “Torna a Surriento” de Ernesto y Gian Battista De Curtis:


video de macciboma