viernes, 31 de mayo de 2019

TEMPORADA OPERÍSTICA 2019/2020 EN EL PALAU DE LES ARTS


Parece que algunos aficionados siempre nos estemos quejando de la tardanza con la que se anuncia la próxima temporada operística y que nos mostremos injustificadamente ansiosos por conocer las previsiones para el año venidero. Me consta además que es algo que al nuevo director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias, le fastidia especialmente y siempre dice que él es partidario de que la programación se haga oficial un poco más tarde para que luego no haya importantes cambios respecto a lo anunciado. Yo también prefiero que eso sea así, pero desde luego sigo situándome entre los ansiosos y creo que no es bueno para la imagen del teatro llegar siempre los últimos a anunciar los espectáculos de la próxima temporada.

Bueno, pues esta mañana, un día antes que el año pasado eso sí, se han dado a conocer en rueda de prensa los espectáculos que integrarán la temporada del Palau de les Arts 2019/2020. La presentación ha corrido a cargo del Conseller de Cultura en funciones, Vicent Marzà, la presidenta del Patronato de Les Arts, Susana Lloret, y el director artístico, Jesús Iglesias Noriega. El próximo martes, día 4 de junio, será Ramón Gener quien haga la presentación oficial abierta al público en el Auditori del teatro.

Esta es la primera temporada que realmente empieza a responder al proyecto del nuevo director artístico de Les Arts y hay detalles en ella que invitan al optimismo, desde el aumento de actividades en todos los espacios del recinto de Calatrava, la vuelta de la ópera germánica con un título esencial como la Elektra de Strauss, la acogida de los recitales y versiones concierto o semi escenificadas en la sala principal abandonando el infame Auditori, hasta una mayor diversificación de títulos, géneros y periodos compositivos. Tras la finalización del contrato de Roberto Abbado como director titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, este año ocupará el foso un director distinto para cada ópera y ahí encontraremos desde nombres menos conocidos hasta auténticas leyendas de la batuta, como es el caso de Michel Plasson. Hay cosas que me gustan menos, como que volvamos a tener que chuparnos el ballet dentro del abono y que los conciertos sinfónicos sigan ubicándose en el maldito Auditori, pero, en términos generales, creo que es una buena temporada que remonta el vuelo tras la línea plana de los últimos  años.

Jesús Iglesias ha declarado que este año no se va a distinguir entre pretemporada y temporada, aunque sí habrá precios populares para el inicio de este ejercicio operístico que tendrá lugar el viernes día 27 de septiembre, con una indiscutible obra maestra como Las bodas de Figaro, de W.A. Mozart que contará con la dirección musical del inglés Christopher Moulds, dirección de escena de Emilio Sagi y la participación prevista de Andrzej Filończyk, María José Moreno, Sabina Puértolas, Robert Gleadow, Cecilia Molinari, Susana Cordón y Valeriano Lanchas, en una coproducción del Teatro Real, ABAO y el Teatro Nacional de Ópera y Ballet de Lituania. Están previstas cinco funciones en la sala principal entre el 27 de septiembre y el 6 de octubre. Tras el escándalo vivido en Les Arts con la dirección escénica de La flauta mágica que inició la actual temporada, esta propuesta de Sagi atemperará los ánimos de los más clásicos con una puesta en escena realista, fiel al libreto y muy vistosa.

La inevitable dosis zarzuelera se cubrirá este año con cinco funciones, en la sala principal y con precios reducidos, de La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal, en una producción del Teatro de La Zarzuela, con dirección musical de Guillermo García-Calvo, dirección de escena de Mario Gas y las voces de Marina Monzó, Àngel Ódena, Antonio Gandía y Rubén Amoretti.

El 10 de noviembre se anuncia una única función, también con precios reducidos, y en versión semi escenificada, de otra ópera de W.A. Mozart, La finta giardiniera, que cuenta con el gran aliciente de venir servida por la Orquesta Les Arts Florissants con el gran William Christie a la batuta. Es una gran noticia, aunque confieso que hubiera preferido que la presencia de William Christie en Les Arts se hubiera producido con otra obra de más enjundia. Entre las voces se anuncian las de Mariasole Mainini, Lauren Lodge-Campbell, Deborah Cachet, Théo Imart, Moritz Kallenberg, Rory Carver y Sreten Manojlović.

También en esas fechas de lo que antes era la pretemporada, tendremos una exquisita curiosidad que me hace especial ilusión, como es la surrealista Les mamelles de Tirésias, de Francis Poulenc, en la adaptación para dos pianos que hiciera Benjamin Britten, con una coproducción del Snape Maltings de Aldeburgh, el Festival d’Aix-en-Provence y la Muziekkapel Konigin Elisabeth de Waterloo. Habrá seis funciones durante el mes de noviembre, dos de ellas didácticas, en el Teatre Martin i Soler, con Roger Vignoles y Jorge Giménez al piano y la participación de los cantantes del Centre Plácido Domingo. Espero que las jóvenes voces del Centre puedan estar a la altura de una obra complicada.

Los platos fuertes de la temporada operística comenzarán el 2 de diciembre con una coproducción de Washington National Opera, The Minnesota Opera y Opera Philadelphia de Nabucco, de Giuseppe Verdi. Se anuncian cinco funciones más los días 5, 8, 11, 14 y 16 de diciembre. La dirección musical correrá a cargo de Jordi Bernàcer y la escénica del norteamericano Thaddeus Strassberger, de quien vimos ya en Les Arts en 2013 su propuesta para otro Verdi, I due Foscari. El principal reclamo será la presencia en Valencia, un año más en vísperas de Navidad como El Almendro, de Plácido Domingo, quien se alternará en el papel protagonista con Amartuvshin Enkhbat, y estarán acompañados por la excelente Abigaille de Anna Pirozzi y Riccardo Zanellato, Arturo Chacón-Cruz y Alisa Kolosova, entre otros. Repetir otra vez Nabucco que ya se programó en 2015, no parece la mejor idea, por mucho que esté claro que está llamado a ser el título que posiblemente agote las entradas, por su popularidad y por el efecto Domingo.

Enero este año ya no se quedará en blanco como ha sido habitual durante la intendencia del señor Livermore. Y no sólo eso, sino que además los días 18, 21, 24, 27 y 30, podremos disfrutar de la joya de la temporada, con esa maravilla de ópera que es Elektra de Richard Strauss, un compositor que estaba demasiado ausente de la programación valenciana. La dirección musical correrá a cargo del alemán Marc Albrecht, un hombre muy experimentado dirigiendo Strauss, y de la escénica se encarga el prestigioso director canadiense Robert Carsen. Por si fuera poco, tendremos además, espero, una protagonista de auténtico lujo, como es Irene Theorin, quien estará acompañada por Sara Jakubiak, la veterana Doris Soffel, Štefan Margita y Derek Welton, en una producción de la Opéra National de Paris, basada en una coproducción original del Maggio Musicale Fiorentino y la Tokyo Opera Nomori. Ya estoy deseando que llegue el 18 de enero…

Este año el mes que casi se queda en blanco de ópera es febrero, aunque el 29 se estrenará en la sala principal, Il viaggio a Reims, de Gioachino Rossini, que se representará en cuatro funciones más los días 3, 6, 10 y 14 de marzo. De la dirección musical se encargará el italiano, desconocido para mí, Francesco Lanzillotta. Si que conocemos bien al director escénico de esta coproducción de la Dutch National Opera, la Royal Danish Opera Copenhagen y Opera Australia, que es Damiano Michieletto, autor de algunas de las mejores y de las peores cosas que han pasado por Les Arts escénicamente. Ya veremos. Y entre las voces tendremos a Mariangela Sicilia, la excelente Pamina del año pasado, Marina Viotti, Albina Shagimuratova, Ruth Iniesta, Ruzil Gatin, Sergey Romanovsky, Adrian Sâmpetrean, Misha Kiria y Fabio Capitanucci.

Los que me conocéis bien sabéis que el barroco no es precisamente mi pasión, pero me parece razonable que vuelva a la sala principal de Les Arts, sobre todo si lo hace con una obra que contiene momentos tan bellos como Ariodante de Georg Friedrich Händel. El estreno tendrá lugar el 30 de abril, con cuatro funciones más los días 3, 5, 8 y 10 de mayo. El director musical será un especialista en el género, el italiano Andrea Marcon. Se trata de una coproducción del Festival d’Aix-en-Provence, la Dutch National Opera, la Canadian Opera y la Lyric Opera de Chicago, con dirección de escena de Richard Jones, cuya propuesta a lo mejor le chirría un poco a los más tradicionales. Entre las voces principales se anuncian las de Andrea Mastroni, David Hansen, Jane Archibald, Juan Sancho, Christophe Dumaux y Francesca Aspromonte.

La única nueva producción de Les Arts que se estrenará esta temporada tendrá que esperar al 30 de mayo de 2020 y en la pequeña sala Martin i Soler, con una ópera precisamente del compositor que le pone el nombre, Vicente Martín i Soler, se trata de Il tutore burlato. La dirección de escena se ha encomendado al valenciano Jaume Policarpo y la musical le corresponderá a Cristóbal Soler. Los cantantes serán alumnos del Centre Plácido Domingo.

La temporada finalizará con otra de las grandes apuestas de la temporada, el Faust de Charles Gounod, cuyo principal atractivo se centra en la anunciada presencia en el foso de Les Arts del muy veterano (85 años) director francés, Michel Plasson, una leyenda viva de la dirección musical, especialmente en el repertorio francés que, a buen seguro, nos puede brindar unas magníficas interpretaciones de esta popular ópera. Se ha elegido para la ocasión una producción de la Semperoper de Dresde que contará con la dirección escénica del británico Keith Warner. Entre los intérpretes se anuncia una interesante pareja protagonista con John Osborn y Ailyn Pérez, acompañados por Alex Esposito y Paula Murrihy. Están programadas cinco funciones los días 18, 20, 23, 25 y 27 de junio.

Y hasta aquí el programa operístico, que para lo que ha sido la cosa estos años atrás no está nada mal: seis óperas en la sala principal, más otra semi escenificada, una zarzuela y dos óperas más en la sala Martin i Soler. Además tendremos 6 recitales con relevantes nombres como Piotr Beczała, Violeta Urmana, Philippe Jaroussky, Simon Keenlyside, Ainhoa Arteta y Joyce DiDonato, todos ellos en la sala principal. Eso sí,  no nos libramos del Auditori para los conciertos sinfónicos, donde también hay citas importantes, como ese Requiem de Verdi con Daniele Gatti, y la presencia de otros directores como Gustavo Gimeno, Juanjo Mena, Ivor Bolton, James Gaffigan y Michele Mariotti.

Como comentaba al comienzo, para mi desgracia el ballet vuelve a engrosar los abonos operísticos, con la programación de 17 representaciones danzarinas. Fuera de abono se abren ciclos de flamenco, bandas y otras músicas, así como representaciones musicales las mañanas de domingo en la sala principal a 5 euros a cargo de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, el Cor de la Generalitat y los cantantes del Centre Plácido Domingo, así como numerosas y diversas actividades y colaboraciones. Se dice que se han programado un 30% más de espectáculos con una ampliación del presupuesto del 5%. Podéis consultar toda la programación AQUÍ.

Tiempo sobrado habrá para comentar detenidamente esta nueva temporada y ver cómo se gestiona administrativamente el teatro y cómo funciona la relación con los abonados, porque así, a primera vista, me da la impresión que se le ofrecen menos ventajas que en años anteriores, además de haberse producido una ligerísima subida de precios. Lo estudiaremos. De momento, los espectáculos anunciados y el aumento de actividades en el recinto son más que bienvenidos e incitan al optimismo, ojalá esto sólo sea el inicio de un definitivo despegue y consolidación de nuestro teatro que hace bien poco parecía estar herido de muerte. Para ello será necesario también que la administración del Estado se implique definitivamente, haga acto de presencia en los órganos de gobierno de la Fundación Palau de les Arts y otorgue la ayuda económica que este teatro merece.

Y también los aficionados tendremos que responder llenando Les Arts no sólo cuando programen el AEIOU de lo ya conocido, sino especialmente cuando se hagan apuestas por la variedad y la calidad, como con la Elektra y el resto de espectáculos que se han anunciado hoy para la próxima temporada, demostrando así que todo este esfuerzo está justificado.  

domingo, 12 de mayo de 2019

"RIGOLETTO" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 11/05/19


Desde que se anunciase oficialmente la presente temporada operística valenciana hace ya casi un año, dos dudas rondaban la cabeza de los aficionados respecto a las funciones de este Rigoletto que se estrenó anoche. La primera era conocer si, finalmente, Leo Nucci pisaría por vez primera el escenario del Palau de les Arts, tras haber cancelado en 2015 su participación aquí en Nabucco y haber hecho lo mismo recientemente respecto a la Luisa Miller que se verá en el Liceu en julio. La segunda era ver si Nucci protagonizaría el primer bis de la historia de Les Arts, aunque adivinar esto estaba francamente chupado, estaba claro que si venía, bisaría. Nucci vino con el tiempo justo para el ensayo general, cantó a su manera y, por supuesto, bisó la Vendetta ante el delirio del respetable. E intuyo que, si no cancela la función del día 14, el teatro valenciano vivirá su segundo bis.

Supongo que mucho se hablará y escribirá sobre lo sucedido anoche y las crónicas dejarán para la posteridad el hito histórico del bis, el gran éxito obtenido por el veterano barítono italiano y el entusiasmo del público de Les Arts. Es indudable que la gente se lo pasó muy bien, incluido un servidor, pero el espectáculo fue bastante lamentable. Al menos como ejemplo de función de ópera. Si hablamos de circo o de cachondeo, está muy bien; como representación operística de un teatro de relieve internacional, se consiguieron unos muy buenos momentos, pero el show del bis lo prostituyó todo. Es cierto que esto no sólo pasa aquí. Teatro que pisa el señor Nucci, bis que te crió. La gente lo esperaba y supongo que si no se hubiera bisado hubiera habido protestas. Así de memos somos.

En términos generales, la repetición de un fragmento operístico ante los aplausos y la demanda unánime del público, podríamos discutir si debe admitirse o no. Lo cierto es que se corta radicalmente el desarrollo dramático de la representación y se interrumpe el hechizo conseguido en el espectador por las emociones del texto y el canto, impidiendo que el drama fluya con el ritmo buscado por el autor. Pero bueno, sabemos que cuando las emociones en el público son muy fuertes, las mismas ovaciones y bravos interrumpen de alguna forma la función, e históricamente se viene aceptando que cuando esa muestra de aprobación es intensa y mantenida en el tiempo, paralizando la representación, pueda obsequiarse al respetable con el bis.

Lo de ayer fue distinto. Fue el particular show de Leo Nucci que hace allá donde va. Yo recuerdo haber asistido en Londres a un Barbero de Sevilla con Juan Diego Flórez, con muchos, pero muchos, minutos de aplausos tras una de sus arias y el público en pie gritando bis, bis… y nada. Anoche, nada más acabar la Vendetta, hubo unos microsegundos de aplausos y Nucci ya se dio la vuelta, se puso a saludar como si del final de la función se tratase, agarró a la soprano, saludó al director, hizo levantar a la orquesta, saludaba a diestra y siniestra, la gente le siguió el rollete, consiguió que la platea se pusiera en pie… hizo la seña a Abbado y a por el bis. Prueba conseguida.

Todos contentos… Bueno, yo no. No porque sea un señor estirado y amargado; me divertí y disfruté del show, pero como show, no como ejemplo de lo que debe ser una función de ópera de una intensidad musical y dramática como la de esa obra maestra que es Rigoletto. Recuerdo que de niño me gustaba ver los partidos de los Harlem Globetrotters, pero como espectáculo circense; para ver buen baloncesto prefería los legendarios encuentros de los Celtic contra los Lakers. Pero bueno, como decía antes, ya habrá tiempo de sobra para seguir hablando del bis.

Lo cierto es que estas funciones de Rigoletto han generado una inusitada expectación entre el público valenciano y las entradas para todas las sesiones se encuentran ya agotadas desde hace meses. Sin duda se trata de la ópera estrella de la temporada en cuanto a taquilla, pero, aunque los resultados artísticos han de considerarse buenos, no creo que pueda merecer la valoración de la mejor producción de este año como algunos ya se han atrevido a calificarla. La próxima Lucia di Lammermoor tiene todos los números para superarla y la reciente Iolanta creo que fue mucho más redonda.

Para la ocasión se ha traído una producción de la ABAO y el teatro San Carlos de Lisboa que cuenta con la dirección escénica de Emilio Sagi y que tiene ya unos cuantos años de rodaje. En concreto, fue la que inició en 2006 en Bilbao el ciclo Tutto Verdi que todavía se sigue desarrollando en las temporadas de la capital vizcaína.

La propuesta de Sagi en esta ocasión no tiene el colorido y la luminosidad que han caracterizado otras producciones del director asturiano. Al contrario, la oscuridad y un cierto tenebrismo planean sobre este Rigoletto, con el propósito, parece ser, de dibujar la maldad e inmoralidad que preside la actuación de la mayoría de personajes de la obra. Planos inclinados y paneles movibles marcarán los diferentes ambientes en los que se desarrolla la acción, mientras que espacios muy abiertos y una escasa escenografía resaltarían a su vez la soledad e incomunicación de los protagonistas. Esta limitación escenográfica deja muchas veces a los personajes desnudos frente a la actuación dramática de sus intérpretes, haciendo que toda la atención del espectador se concentre en ellos y en cómo transmiten las intensas emociones que desprende la obra, y alcanzará su mayor expresión en el tercer acto, con el fondo de la caja escénica a la vista.

Esa opción por el escenario abierto por los laterales toda la obra, y además por el fondo en el último acto, más allá de que pueda resultar acertado o no para poner el énfasis en la soledad que rodea a los personajes, conlleva una carga demasiado pesada al perjudicar notablemente la proyección de las voces. Para mí este es el mayor inconveniente de la producción. Cada vez que los intérpretes se alejaban de la boca del escenario, las voces se perdían. El coro durante el primer acto fue el más perjudicado por ello, así como Monterone.

Como siempre ocurre con los planos inclinados, algunos espectadores nos pasamos gran parte de la velada sufriendo por los cantantes que da la impresión que van a salir rodando en cualquier momento. Y no digamos en el segundo cuadro del primer acto, cuando el septuagenario Nucci se puso a saltar entre los huecos que dejaban los citados paneles simulando las callejuelas. No me pareció tampoco acertado que los cambios escenográficos entre los dos cuadros del primer acto y entre el segundo y tercer acto, fueran tan lentos y se realizaran a telón levantado.

Aunque el enclave espacio temporal es indeterminado, el clasicismo de la propuesta es evidente y apenas existen transgresiones de relevancia al texto original. Quizás lo más llamativo sea la más que expresa insinuación de relación incestuosa entre Sparafucile y Maddalena, lo cual tampoco creo que aporte absolutamente nada, ni que sea preciso remarcar la inmoralidad de unos personajes que vienen ya suficientemente bien caracterizados en el libreto. No comprendí tampoco por qué, durante la escena de la tormenta, los miembros del coro que imitan el ulular del viento, en lugar de estar haciendo el coro interno, permanecen en la balconada asistiendo como espectadores a las depravaciones que ocurren en la posada.

Buen trabajo de iluminación de Eduardo Bravo que, pese a la penumbra generalizada, consigue algunos efectos visuales interesantes, especialmente en el tercer acto y en el segundo cuadro del primero, aquí con una representación escenográfica de la casa de Gilda algo cursi, pero con buena resolución del movimiento escénico en la escena del rapto, donde se acaba raptando a la chica con casa incluida. De cualquier modo, en general, creo que la propuesta de Sagi funciona correctamente, hay un trabajo dramatúrgico serio y ante las mamarrachadas que por ahí circulan, puede valer; aunque eso no quite para que, personalmente, esperase más.

El todavía director titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, Roberto Abbado, regresaba al foso de Les Arts para afrontar un final intenso de contrato y de temporada con este Rigoletto y la próxima Lucia. El trabajo que hizo ayer el director milanés tuvo muchísimo mérito. No me siento capacitado para valorar objetivamente su lectura hasta volver a asistir a alguna de las últimas funciones, porque ayer su labor consistió básicamente en perseguir a Nucci y adaptar sus tempi y dinámicas al ritmo y fraseo que marcaba el barítono y, en algunas ocasiones también, Celso Albelo, que ayer tuvo más de un descoordinación con la orquesta. Me gustó bastante la intensidad y el pulso que, pese a todo, impuso Abbado en momentos como el de la tormenta o en la gran escena de Rigoletto del segundo acto, pese a tener que ajustarse al particular fraseo y fiato de Nucci.

Excelente fue también el rendimiento de los atriles orquestales, pese a un dubitativo comienzo de los metales en el Preludio que corrigieron sobradamente a lo largo de una inspirada velada. Espectacular, como de costumbre, el acompañamiento de Christopher Bouwman al oboe en Tutte le feste al tempio; así como los violonchelos en la escena de Sparafucile; y concertino, flautas y flautín toda la noche.

Los componentes masculinos del Cor de la Generalitat realizaron la gran labor escénica y vocal a la que nos tienen acostumbrados, aunque, como ya he comentado, salieron bastante perjudicados con la distorsión acústica que provocaba la apertura de la caja escénica. También les afectó el variable ritmo orquestal que imponía el particular fraseo de Nucci, originando algún desajuste; pero estuvieron fantásticos en sus intervenciones, como en el Scorrendo uniti remota via del acto segundo.

Leo Nucci, a sus 77 años, que se dice pronto, y con más de 500 Rigoletto en su joroba, ya no interpreta Rigoletto, él es Rigoletto y parece completamente poseído por el personaje. Lo tiene interiorizado, sufre con él y consigue transmitir al espectador todas las emociones de este padre verdiano. Me sigue pareciendo antológica su entrega dramática, su capacidad actoral y la intensidad que desprende en su escena del acto segundo en el Cortigiani y el subsiguiente Ebben, piango, mucho más que en la Vendetta del bis garantizado. Sólo por esto y por el reconocimiento que sin duda merece la carrera y el recorrido de una figura operística de este relieve, ya se justifica el aplauso a Nucci. Pero eso no puede hacernos obviar otras consideraciones que se deben realizar si no se quiere ser injusto. Sigue asombrando el timbre baritonal y la potencia de una voz que brillan puntualmente, pero el fiato ha menguado notablemente y esto desdibuja una línea de canto irregular, con los finales de frase inaudibles y sometida a un continuo empujón y empleo del portamento y de más trucos que Juan Tamariz. Es verdad que ocasionalmente, como aquellos muletazos de Curro Romero, te enhebra una frase espectacular llena de sentido verdiano y emoción y te derrite, pero también hace sufrir. No pretendo desmerecer un éxito justo y merecido, pero sí ponerlo en su justa medida de acuerdo con lo que pienso, que no tiene por qué ser acertado.

Muy notable resultó Celso Albelo como el Duca di Mantova, aunque también he de confesar que quedé un tanto decepcionado. Desconozco si tenía algún problema puntual, pero después de haberme gustado mucho en este mismo papel en 2013 en la Maestranza, anoche le encontré mucho más corto de fiato, sin acabar de ligar las frases con la elegancia y maestría que siempre le han caracterizado. Empezó muy regular en un Questa o quella sin chispa, viniéndose claramente arriba en el dúo con Gilda, donde creo que ofreció los mejores momentos de la noche. Espero también a ver si puedo escucharle en alguna de las próximas funciones porque estoy convencido de que su rendimiento mejorará.

La mejor de la noche me pareció la Gilda de la soprano Maria Grazia Schiavo, que regresaba a Les Arts 13 años después de su Zerlina en el accidentado Don Giovanni de 2006. Voz cristalina y angelical que en el primer acto brilló en un Caro nome de muchos quilates, afrontando las agilidades con corrección y adornando con trinos y reguladores un fraseo lleno de musicalidad y sentimiento. En el segundo  y tercer acto mostró que su instrumento de soprano ligera no está exento de cuerpo y expresividad y resolvió con sobresaliente sus intensas escenas con el padre. Fue una lástima que en el forzado bis de Nucci calase ligeramente el sobreagudo, algo que no puede empañar de ninguna manera su merecidísimo éxito.

La mezzo georgiana Nino Surguladze cumplió como Maddalena, con una voz de atractivo color oscuro, aunque en las bajadas más extremas al grave mostrara algún apuro. Derrochó buen hacer escénico y sensualidad. Menos me gustó el bajo italiano Marco Spotti, un habitual en Les Arts, que compuso un entregado Sparafucile pero muy corto de gravedad y profundidad que no asustaba ni a los gatos del callejón.

Gabriele Sagona fue el encargado de interpretar a Monterone. También le faltaron voz y carácter. La limitación de su instrumento, la apertura de la caja escénica y su entrada en el primer acto desde el fondo, remataron la faena. Si en las dos intervenciones que tiene el personaje no consigues imponerte con una voz rotunda que estremezca cuando lance la maldición, no has cumplido tu papel. No entiendo muy bien por qué, siendo así, no se ha optado por acudir a alguno de los alumnos del Centre Plácido Domingo, como se hizo para el resto de comprimarios. Quizás que comparta representante con Nino Surguladze lo explique.

En esos otros papeles menores cumplieron más que correctamente los cantantes del Centre Plácido Domingo: Marta Di Stefano, Alberto Bonifazio, Mark Serdiuk, Arturo Espinosa, Olga Syniakova, Pau Armengol y Juliette Chauvet.

Prácticamente abarrotada se encontraba la sala principal de Les Arts con todo tipo de politiquetes, famosillos y un público que sabía a lo que iba. A regocijarse con el show de Nucci y seguirle el rollo para poder decir que estuvieron allí el día que se produjo el primer bis del teatro valenciano. Por si fuera poco, la salida de Nucci en los saludos finales fue acompañada de una lluvia de los consabidos papeles pequeñines de colores dando las gracias al barítono italiano por su presencia en Valencia, cosa a la que también habrá influido, digo yo, que se le abone el caché que pedía. Grandísimas ovaciones para el terceto protagonista y para la orquesta, mientras que la dirección escénica fue acogida con tibios aplausos y alguna protesta aislada.

Como todas las entradas están agotadas, esta vez no voy a animaros a acudir a Les Arts, aunque siempre quedará el 5% reservado por ley para cada función, Yo de hecho intentaré conseguir localidades para alguna de las últimas representaciones porque quiero ver cómo resulta este Rigoletto sin estar condicionado por el huracán Nucci.

Sí que me gustaría que alguien me informase, si lo sabe, por qué había ayer en el escenario una concha de apuntador. Entiendo que no era para Nucci que se lo sabe ya del revés, ni para Albelo que lo ha cantado en no pocas ocasiones. Así que supongo que sería para la soprano, pero, bueno, ya dirán quienes lo sepan.